Cláusula Filioque

Parte de la declaración del Credo Niceno-Constantinopolitano, base de la Doctrina de la Iglesia Católica
Icono de la Santísima Trinidad en el Monasterio de Vatopedi del Monte Athos.

Filioque (en latín), que se traduce como «y del Hijo», es una cláusula insertada por la teología cristiana en la versión latina del Símbolo Niceno-Constantinopolitano del Concilio de Constantinopla I del año 381. La misma no está presente en la versión griega del símbolo, en la que simplemente se lee que el Espíritu Santo procede «del Padre».

Καὶ εἰς τὸ Πνεῦμα τὸ Ἅγιον, τὸ κύριον, τὸ ζωοποιόν, τὸ ἐκ τοῦ Πατρὸς ἐκπορευόμενον[1]
Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre
Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem, qui ex Patre Filioque procedit
Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo[2]

Se considera que la cláusula Filioque fue insertada en la versión latina del Credo Niceno-Constantinopolitano durante el III Concilio de Toledo en 589 y que se extendió espontáneamente[3]​ por todo el pueblo franco. En el siglo IX, el papa León III aceptó la doctrina del origen del Espíritu Santo del Padre y del Hijo, aunque se opuso a la adopción de la cláusula Filioque. Sin embargo, en 1014 en Roma, fue adoptado el canto del credo con Filioque en la misa.[4]

La posición a favor de la inserción de esta cláusula, llamada filioquismo, se inspiró en la doctrina tradicional de occidente, así como, en la doctrina recogida en Alejandría. Fue proclamado dogma de la Iglesia por el papa León I en 447.[5]​ En oposición a este dogma se encuentra la doctrina del monopatrismo, formulada por el patriarca de Constantinopla Focio en el siglo IX. Focio sostuvo que la frase «que procede del Padre» (τὸ ἐκ τοῦ Πατρὸς ἐκτορευόμενον) debe ser del Credo Niceno-Constantinopolitano, interpretado en el sentido de «quien procede solo del Padre» (τὸ ἐκ μόνου τοῦ Πατρὸς ἐκπορευόμενον).[6][7][8]​ Esta doctrina fue una de las causas que llevaron al breve cisma de Focio, precedente del Gran Cisma de 1054.[9]​ Las diferencias entre los defensores de las dos doctrinas constituyen aún hoy un obstáculo en los intentos de reunir a las Iglesias católica y ortodoxa.[5][10]

CláusulaEditar

El texto del símbolo Símbolo Niceno-Constantinopolitano, confirmado por los Padres de la Iglesia en el Concilio de Constantinopla I del año 381 recoge que el Espíritu Santo procede «del Padre».[1]

Καὶ εἰς τὸ Πνεῦμα τὸ Ἅγιον, τὸ κύριον, τὸ ζωοποιόν, τὸ ἐκ τοῦ Πατρὸς ἐκπορευόμενον
Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre

Por su parte, la versión latina del mismo inserta la cláusula «y del Hijo», significando que el Espíritu Santo procede «del Padre y del Hijo»;[2][5]​ siendo este el origen de la controversia entre las diversas denominaciones cristianas. Todo ello, debido a que la inclusión de la cláusula ha llevado a la postulación de diferentes interpretaciones teológicas, que se traducen en desacuerdos entre las iglesias cristianas.[11]

Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem, qui ex Patre Filioque procedit
Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo

ControversiaEditar

La controversia en torno a la cláusula Filioque proviene de cuatro desacuerdos diferenciados:

  • sobre el término en sí,
  • sobre la ortodoxia de la doctrina de la procesión del Espíritu Santo del Padre y del Hijo, a la que se refiere,
  • sobre la legitimidad de insertar el término en el Credo Niceno-Constantinopolitano, y
  • sobre la autoridad del Papa para definir la ortodoxia de la doctrina o para insertar el término en el Credo Niceno-Constantinopolitano.

Aunque el desacuerdo sobre la doctrina precedió al desacuerdo sobre la inserción en el Credo, ambos se vincularon con el tercero cuando el Papa aprobó la inserción de la cláusula en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano en el siglo XI. «En última instancia, lo que estaba en juego no era solo la naturaleza trinitaria de Dios, sino también la naturaleza de la Iglesia, su autoridad docente y la distribución del poder entre sus líderes».[12]

Se identifican dos opiniones ortodoxas orientales opuestas sobre la cláusula Filioque. Una visión «liberal», considera que la controversia es, en gran medida, una cuestión de falta de comunicación y malentendidos mutuos. Desde este punto de vista, tanto Oriente como Occidente tienen la culpa de no permitir una mayor «pluralidad de teologías». Cada parte se desvió al considerar su marco teológico como el único que era doctrinalmente válido y aplicable. Por lo tanto, ninguna de las partes acepta que la controversia no se trata tanto de un conflicto dogmático, sino de un punto de vista diferente de un «teologoumenón» o perspectiva teológica. A pesar de que todos los cristianos deben estar de acuerdo en cuestiones dogmáticas, hay opción para la diversidad en los enfoques teológicos. Esta opinión es rechazada por aquellos que tienen una visión «rigorista» dentro de la Iglesia ortodoxa. Para ellos, al igual que para Focio o Marcos de Éfeso, la cláusula Filioque es una cuestión dogmática que no pueden descartar como un simple enfoque teológico diferente. Así, muchos consideran que la Iglesia latina subestima el papel del Espíritu Santo, lo que conduce a un grave error doctrinal.[13]

Durante el siglo XI la cláusula Filioque fue utilizada como un arma en la lucha de poder entre Roma y Constantinopla. Para muchos involucrados en la disputa, los problemas teológicos superaron con creces las preocupaciones eclesiológicas. De este modo, se cuestiona si el cristianismo oriental y el occidental han terminado por desarrollar «enseñanzas diferentes e incompatibles sobre la naturaleza de Dios», acentuado desde el siglo VIII o el siglo IX, cuando los cristianos de ambas partes de la disputa, comenzaron a creer que las diferencias eran irreconciliables. Así, desde el punto de vista latíno, el rechazo oriental a la cláusula Filioque, suponía la negación de la consustancialidad del Padre y del Hijo, y era considerado una forma oculta de arrianismo. Por su parte, en Oriente, la interpolación de la cláusula Filioque, indicaba que Occidente estaba enseñando una «fe sustancialmente diferente».A pesar de que el poder y la autoridad fueron temas centrales en el debate, la fuerza de las emociones se elevaron incluso al nivel del odio, atribuyendo la creencia de que la otra parte «destruyó la pureza de la fe negándose a aceptar las enseñanzas de los padres sobre la procesión del Espíritu Santo».[14]

HistoriaEditar

Nuevo testamentoEditar

En el Diccionario Oxford de la Iglesia cristiana a partir de Jn 16,13-15, en el que Jesús dice que el Espíritu Santo «(...) recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará» se interpreta que en las relaciones entre las Personas de la Trinidad, uno de ellos no podría «tomar» o «recibir» (en griego: λήψεται) ninguno de los otros, sino que «proceden» uno de los otros.[15]​ Versículos como Jn 20,22: «Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo"», fueron vistos por los Padres de la Iglesia, especialmente Atanasio de Alejandría, Cirilo de Alejandría y Epifanio de Salamina, como base para decir que el Espíritu Santo «procede sustancialmente de ambos», del Padre y del Hijo.[16]​ Otros pasajes que se han utilizado en el debate incluyen Rm 8,9, Gá 4,6 y Flp 1,19, en los que el Espíritu Santo se identifica como «Espíritu de Cristo», «Espíritu de su Hijo» y «Espíritu de Jesucristo». Del mismo modo, el Diccionario Oxford de la Iglesia cristiana describe versículos del Evangelio de Juan (Jn 14,16, Jn 15,26 y Jn 16,7) en los que Jesús envía el Espíritu Santo.[15]​ Además, en Ap 22,1, el río del agua de la Vida (identificando el Agua de la Vida como el Espíritu Santo de Jn 7,39) brota del trono de Dios y del Cordero (siendo Cristo el Cordero en Jn 1,29), lo que se puede interpretar como el Espíritu Santo que procede tanto del Padre como del Hijo.

El Nuevo Testamento no declara explícitamente el origen del Espíritu Santo como la teología comprende y define la doctrina. A pesar de esto, hay ciertos principios establecidos en el Nuevo Testamento que dieron forma a la teología trinitaria y, en particular, textos que tanto latinos como griegos usaron para apoyar sus respectivas posiciones frente a la controversia de la cláusula Filioque.
Anthony E. Siecienski[17]

Padres de la IglesiaEditar

Desde el siglo III, antes de que se celebrara el Concilio de Constantinopla y de que el Símbolo Niceno-Constantinopolitano se conociera en Occidente, teólogos cristianos de Occidente hablaban explícitamente del Espíritu Santo como «del Padre y del Hijo» o «del Padre a través del Hijo». Todo ello, mientras los Padres de la Iglesia griegos debatían por encontrar un lenguaje capaz de expresar la naturaleza misteriosa de la relación del Hijo con el Espíritu. Incluso durante la vida de Cirilo de Alejandría, los teólogos latinos afirmaban que el Espíritu Santo procede del Padre y el Hijo (ex Patre et Filio procedentem).[18]​ Esta diferencia entre la Iglesia latina y la griega permanece aún en debate.[19]

A principios del siglo III en la provincia romana de África, Tertuliano enfatizaba que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo comparten una misma substancia divina, un mismo grado y una misma potestad.[20]​ Él concibe como que fluye del Padre y se transmite por el Hijo a el Espíritu.[21]​ Usando las metáforas de la raíz, el brote y el fruto; la primavera, el río y la corriente; y el sol, el rayo y el punto de luz; para la unidad con distinción en la Trinidad. Así, «el Espíritu, entonces, es tercero de Dios y del Hijo...»[22]

A principio del siglo IV, Mario Victorino conectó fuertemente al Hijo y al Espíritu en sus argumentos contra el arrianismo.[23][24]​ A mediados de siglo, Hilario de Poitiers escribió que el Espíritu «proviene del Padre» y es «enviado por el Hijo»,[25]​ es enviado «del Padre a través del Hijo» y «tiene al Padre y al Hijo como fuente».[26]​ Por otro lado, cuestiona si «recibir del Hijo es lo mismo que proceder del Padre», en referencia a Jn 16, 15.[27]​ A finales de siglo, Ambrosio de Milán afirmó que el Espíritu «procede del (procedit a) Padre y del Hijo», sin separarse jamás de ninguno de los dos.[28]​ Escribe, «Dios Todopoderoso, tu Hijo es la fuente de la vida, es decir, la fuente del Espíritu Santo. Porque el Espíritu es vida...».[29]​ Estos autores no reflexionan sobre el origen del Espíritu, sino que enfatizan la igualdad de las personas de la Trinidad como Dios, reconociendo al Padre como fuente de Dios eterno.[30]

En ese mismo siglo, los padres capadocios también escribieron sobre las tres personas de la Trinidad. Así, Basilio de Cesarea indicaba que «a través del Hijo único [el Espíritu Santo] se une al Padre»[31]​ y «la bondad natural, la santidad inherente y la dignidad real llegan del Padre a través del unigénito (διὰ τοῦ Μονογενοῦς) al Espíritu».[32]​ Sin embargo, sus textos no se pueden considerar defensores del Filioque.[33]Gregorio Nacianceno distinguió entre los dos verbos griegos procedencia, ἐκπορεύεσθαι, tal y como se utiliza en la versión griega original del símbolo Niceno-Constantinopolitano y προϊέναι. En su Oración sobre la Candelaria indica que «El Espíritu Santo es el verdadero Espíritu que procede (προϊέναι) del Padre, de hecho, pero no de la misma manera que el Hijo, porque no fue por generación, sino por procesión (ἐκπορεύεσθαι)».[34]​ Por su parte Gregorio de Nisa, indica que «el uno (es decir, el Hijo) es directamente del Primero y el otro (es decir, el Espíritu) es a través del que es directamente del Primero (τὸ δὲ ἐκ τοῦ προσεχῶς ἐκ τοῦ πρώτου) con el resultado de que el Unigénito permanece en el Hijo y no niega el ser del Espíritu del Padre ya que la posición media del Hijo protege su distinción como Unigénito y no excluye al Espíritu de su relación natural con el Padre».[35][36]

En la primera mitad del siglo V, Cirilo de Alejandría legó en sus enseñanzas que el Espíritu Santo procede del Padre y el Hijo utilizando los verbos griegos προϊέναι (en latín procedere) y προχεῖσθαι (viene de), y no el verbo ἐκπορεύεσθαι que aparece en el texto griego del símbolo de Nicea.[15][37]​ También habla del Espíritu Santo que viene del Padre a través del Hijo, dos expresiones diferentes que para él son complementarias: la procesión del Espíritu Santo del Padre no excluye la mediación del Hijo y el Hijo recibe del Padre una participación en la venida del Espíritu Santo.[38]​ La Iglesia católica acepta ambas frases, y considera que no afectan la realidad de la misma fe, expresando la misma verdad de maneras ligeramente diferentes.[11][39][40]

A las enseñanzas de Cirilo de Alejandría se opuso Teodoreto de Ciro que se negaba a respaldar la deposición de Nestorio en el Concilio de Éfeso de 431.[41]​ Además, acusó a Cirilo de enseñar que el Hijo tiene un papel en el origen del Espíritu Santo,[42]​ negando que el Hijo tuviera alguna participación en la procedencia del Espíritu Santo.[43][44]​ Teodoreto también atacó los Doce Anatemas de Cirilo. El noveno afirmaba que el Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús,[45]​ lo cual era considerado blasfemia por Teodoreto, puesto que esta consideración inspiraba la idea de que el Espíritu tiene su origen a través del Hijo.[46]​ Ante este planteamiento Cirilo reafirmó que este mismo Espíritu, que es el Espíritu de Dios Padre, es también el Espíritu del Hijo: procede del Padre, pero no como si fuera ajeno al Hijo.[47]​ Finalmente, bajo la presión de los Padres de la Iglesia presentes en el Concilio de Calcedonia de 451, Teodoreto pronunció anatema contra Nestorio.[48][49]​ Falleció seis años después, en 457. Casi un siglo después, el Concilio de Constantinopla II de 553 declaró anatema sobre cualquiera que defendiera los escritos de Teodoreto contra Cirilo y sus Doce anti-Anatemas, incluyendo su ataque al noveno anatema de Cirilo.[43][50][51]

Las obras de Agustín de Hipona son la base de la teología trinitaria occidental y de la cláusula Filioque.[52][53]​ Agustín hizo popular la frase «producto del Padre a través del Hijo» en todo occidente.[54]​ También fue utilizado en oriente «a través del Hijo», aunque fue abandonado o rechazado posteriormente por ser equivalente a «del Hijo» o «y el Hijo».[55]​ Del mismo modo, Epifanio de Salamina recoge en sus escritos que el Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, sin el Padre y del Hijo, del Padre y sin el Hijo, de ambos, de una misma esencia como el Padre y el Hijo, y así sucesivamente. De esta forma, «la enseñanza patrística del siglo IV carece de la exclusividad que caracterizó a la teología ortodoxa después de Focio para la repulsa de la doctrina Filioque. Aunque aquí no se encuentra el Filioque puro que consideran los teólogos católicos, tampoco (...) se encuentra esa oposición al Filioque que se convirtió en una especie de dogma ortodoxo o, más bien, anticatólico».[56]​ Por su parte, los escritos del papa León I[57]​ son ambiguos en cuanto a la cláusula, ya que fueron utilizados tanto por latinos como por griegos para defender sus posturas. En una de sus epístolas indica que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo.[5][58]​ Además, probablemente a mediados de este siglo V[59]​ surgió el Símbolo Quicumque.[60][61]

El papa Gregorio I,[62]​ en la Homilía 26 del Evangelio, señala que el Hijo es «enviado» por el Padre, tanto en el sentido de una generación eterna como de una encarnación temporal. Así, indica que el Espíritu es «enviado» por el Hijo desde el Padre tanto para una procedencia eterna como para una misión temporal. «El envío del Espíritu es esa procedencia por la cual procede del Padre y del Hijo».[63]​ En su comentario Moralia, sive Expositio in Job escribió: «El mediador entre Dios y los hombres, el Hombre Cristo Jesús, en todas las cosas lo tiene (el Espíritu Santo) siempre y continuamente presente. Porque el mismo Espíritu, incluso en sustancia, procede de Él (quia et ex illo isdem Spiritus per substantiam profertur). Y así, aunque Él (el Espíritu) permanece en los santos profetas, se dice justamente que permanece en el Mediador de una manera especial, por eso en ellos Él procede de la gracia de forma particular, pero en Él permanece sustancialmente para todos los fines».[64]​ Posteriormente, en Dialogues, dio por sentada la cláusula Filioque al citar Jn 16, 7, «es cierto que el Espíritu Paráclito siempre procede del Padre y del Hijo, ¿por qué dice el Hijo que está a punto de irse para que [el Espíritu] que nunca deja al Hijo pueda venir?».[65]​ El texto propone una procesión eterna tanto del Padre como del Hijo mediante el uso de la palabra «siempre» (sempre). El uso de recessurumy recedit es significativo para la divina procedencia porque aunque el Espíritu siempre procede (semper procedat) del Padre y del Hijo, el Espíritu nunca deja (numquam recedit) al Hijo por esta procedencia eterna.[66]​ Los textos de Gregorio fueron traducidos erróneamente al griego por el papa Zacarías, ya que sustituyó «proceder del Hijo» por «persistir en el Hijo». Este hecho provocó que los teólogos orientales definieran a Gregorio como contrarío a la cláusula Filioque.[67]

Ninguno de estos autores hizo del origen de Espíritu Santo un objeto de especial reflexión. Todos están interesados en enfatizar el estatus igualitario de las tres personas divinas como Dios y todos reconocen que solo el Padre es la fuente del ser eterno de Dios.[30]​ A pesar de que los sacerdotes orientales sabían que en Occidente se estaba enseñando el origen del Espíritu Santo del Padre y del Hijo, generalmente no consideraban el tema como herético,[68]​ «toda una generación de escritores occidentales, incluidos los papas que fueron venerados como santos por la iglesia oriental, confesaron el origen del Espíritu también del Hijo; no existiendo prácticamente desacuerdo sobre esta teoría».[69]

Concilios ecuménicosEditar

 
Icono del Concilio de Nicea. Aparece el texto original del Símbolo Niceno-Constantinopolitano en griego.

El primer concilio ecuménico fue el Concilio de Nicea en el año 325. En el se fijó el primer credo litúrgico, el Símbolo Niceno. Este símbolo intentaba presentar la doctrina de la Iglesia en lo referente a la figura de Jesucristo frente al arrianismo.[23]​ Por ello, se incluyeron frases como «engendrado, no creado»[70]​ y «consubstancial al Padre». No hacía más que una simple mención del Espíritu Santo, sin referencia a su origen, con las palabras «y en el Espíritu Santo».[71][72]

Creemos en un Dios Padre todopoderoso, creador de todas las cosas, tanto visibles como invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, el unigénito engendrado del Padre, que es de la sustancia [Gr. ousias, Lat. substantia] del Padre, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado [Gr. gennethenta, Lat. natum] no hecho [Gr. poethenta, Lat. factum], CONSUBSTANCIAL [Gr. homoousion, Lat. unius substantiae (quod Graeci dicunt homousion)] con el Padre, a través del cual todas las cosas llegaron a ser, tanto las del cielo como las de la tierra; para nosotros los humanos y para nuestra salvación, él bajó y se encarnó, se hizo humano, sufrió y se levantó al tercer día, subió al cielo, viene a juzgar a los vivos y a los muertos. Y en el Espíritu Santo.
La profesión de los 318 Padres.

El segundo, fue el Concilio de Constantinopla en 381,[73]​ concebido inicialmente como sínodo local,[74]​ Fue convocado por Teodosio I, entonces emperador solo del Imperio romano de Oriente,[75]​ Participaron 150 obispos únicamente de su dominio. No se convocó a los obispos occidentales, entre ellos al de Roma, que hasta el siglo VI no reconoció este concilio como ecuménico.[76][77]​ Este concilio amplió la cita al Espíritu Santo con «procede del Padre» (en griego: ἐκ τοῦ Πατρὸς ἐκπορευόμενον). Esta ampliación se basa en la cita de Jn 15, 26 (en griego: ὃ παρὰ τοῦ πατρὸς ἐκπορεύεται). Se incluyó la variación ἐκ en lugar de παρά del evangelio.[78]

Πιστεύομεν εἰς ἕνα θεὸν [...] καὶ εἰς τὸ Πνεῦμα τὸ Ἅγιον [...] τὸ ἐκ τοῦ Πατρὸς ἐκπορευόμενον
Creemos en un solo Dios [...] y en el Espíritu Santo [...] que procede del Padre

Este texto es conocido como Símbolo Niceno-Constantinopolitano.[73]​ Sin embargo, no tuvo carácter normativo, puesto que en el Concilio de Éfeso del año 431,[79]​ se citó el credo en su forma original de 325 y no de 381.[80]

Es ilegal que cualquiera presente, escriba o componga un credo diferente que rivalice con el establecido por los santos sacerdotes reunidos con el Espíritu Santo en Nicea. Y aquellos que se atreven a componer una profesión de fe diferente o presentarla u ofrecerla a las personas que desean convertirse para reconocer la verdad, ya sea del paganismo o el judaísmo o cualquier otra herejía, deben ser depuestos, ya sean obispos o clero; obispos episcopados y clérigos del sacerdocio; y si son laicos, deben ser anatemas.[79]
 
III Concilio de Toledo. Conversión de Recadero, Antonio Munoz Degrain (1888).

A pesar de la prohibición del Concilio de Éfeso, fue el credo del segundo concilio el que se adoptó litúrgicamente en oriente y, más tarde, con una variación latina, en occidente. La variación occidental contenía dos adiciones: «Dios de Dios» (en latín: Deum de Deo) y «y del Hijo» (en latín: Filioque).[81]

Recientes descubrimientos demuestran que la cláusula Filioque se utilizó en el Concilio de Seleucia-Ctesifonte en Persía en el año 410.[82]​Esto lo sitúa con anterioridad al cisma nestoriano, por el que la Iglesia del Oriente, Iglesia cristiana del Imperio sasánida, se separó de la Iglesia católica.[83]​ La Iglesia del Oriente no incluye la cláusula en su versión del credo.[84]

El cuarto concilio ecuménico fue el Concilio de Calcedonia de 451. En sus actos cita el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, como «el credo ... de los 150 padres santos reunidos en Constantinopla», y lo trató formalmente como obligatorio junto con el Símbolo Niceno, siendo recibido y reconocido por León I.[30][85][86][87][88]

A principios del siglo VI, este símbolo fue ampliamente utilizado en la liturgia oriental y, a fines del mismo siglo, en partes de occidente, algo que pudo haber comenzado con el III Concilio de Toledo en 589.[30]​ En este concilio, los visigodos renunciaron al arrianismo, aceptando el catolicismo. Este concilio toledano mandó el canto del Símbolo en la misa, como ya era costumbre en el Oriente. Se le atribuye la inserción de la cláusula Filioque en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, pero no todos los manuscritos de los actos del concilio incluyen esta cláusula en el texto del Símbolo. Mientras que si la incluyen en la profesión de fe que los conversos del arrianismo debían pronunciar.[89][90][91]​ La inclusión de la cláusula se extendió desde el reino visigodo al Reino Franco, que adoptó la fe católica en 496,[92]​ y a Inglaterra, donde el Concilio de Hatfield lo acepto en 680 como respuesta al monotelismo.[93]​ Sin embargo, no fue adoptado en Roma.

Primeras oposiciones orientalesEditar

 
Icono de Máximo, el Confesor.

En 638, el emperador bizantino Heraclio, con el apoyo del patriarca Sergio I de Constantinopla, publicó Ekthesis, que definió la forma imperial del monotelismo como la oficial del cristianismo, una doctrina que afirma que Jesús tiene dos naturalezas, la humana y la divina, y una única voluntad, la divina.[94][95]​ Antes de que Ekthesis llegara a Roma, falleció el papa Honorio I, que parecía apoyar el monotelismo. Su sucesor, Severino, condenó la doctrina de inmediato por lo que no pudo tomar el trono hasta 640, por la negativa del emperador. Su sucesor, el papa Juan IV, también rechazó completamente la doctrina. Esto condujo a un gran cisma entre Occidente y Oriente, que fue resuelto en Tercer Concilio de Constantinopla de 681.[96][97]

Mientras tanto, Máximo el Confesor, un monje que desarrollaba su servicio en África, emprendió una fuerte campaña contra el monotelismo. Declaró que estaba mal condenar el uso romano de «y el Hijo». También indicó que las diferencias entre el latín y el griego eran un obstáculo para el entendimiento mutuo, ya que «ellos no pueden reproducir su idea en un idioma y en palabras que les son extrañas como pueden hacerlo en su lengua materna, tal como nosotros tampoco podemos hacerlo».[16]

Ellos [los romanos] produjeron evidencia unánime sobre los padres latinos y también de Cirilo de Alejandría, a partir de su estudio del Evangelio de Juan. En base a estos textos, mostraron que no hicieron del Hijo el origen del Espíritu; saben en verdad que el Padre es el único origen del Hijo y el Espíritu, el primero por generación y el otro por procedencia, sino que manifestaron solo la procedencia a través de Él y, de este modo, mostraron la unidad e identidad de la esencia. Por lo tanto, han sido acusados de exactamente lo que estaría mal hacer, mientras que los primeros [los bizantinos] han sido acusados de lo que estaría bien hacer [ser monotelitas].
Carta a Marinus. Máximo el Confesor.[16]

En 646, convenció a los concilios africanos para que propusieran un manifiesto contra la doctrina. Envió este manifiesto a Teodoro I, quien, a su vez, escribió al patriarca Pablo II de Constantinopla explicando la naturaleza herética de la doctrina. Pablo por su parte, era un devoto monotelita, y ordenó al papa adherirse a la doctrina de la voluntad única, acusándolo de utilizar la cláusula Filioque.[98]​ La respuesta papal llegó en 649 con la excomunión del patriarca,[99]​ declarándolo herético por haber publicado en nombre del emperador Constante II, en 647 o 648, el edicto Tipos. En este edicto, Pablo prohibía cualquier mención de uno o dos voluntades en Cristo. El resultado del edicto fue el contrario al que proponía Pablo, ya que implicaba que ninguna de las dos doctrinas era mejor que la otra. El papa Teodoro convocó, al margen del emperador, el Concilio de Letrán de 649 que estuvo presidido su sucesor Martín I. Este concilio condenó tanto la doctrina monotelita, como Typos. El papa informó al emperador de las conclusiones del concilio exigiéndole su adhesión al mismo.[100]​ Por su parte, el emperador ordenó la detención tanto del papa como de Máximo el Confesor, siendo trasladados a Constantinopla. El papa fue condenado a muerte y desterrado al Quersoneso Táurico donde falleció a causa de la tortura sufrida, por lo que es el último papa venerado como mártir.[101][102]​ Por su parte, Máximo también fue condenado y exiliado tras cortarle la lengua y la mano derecha.[103]

Desarrollo posteriorEditar

 
Carlomagno, Agostino Cornacchini (1725).

En occidente se generalizó el uso del la cláusula Filioque, lo que fue cuestionado por los enviados del emperador bizantino Constantino V al Concilio de Gentilly del año 767.[104][105]​ Debido a las protestas de los enviados existen dudas de la inclusión de la misma en las conclusiones del concilo.[106]​ El uso de la cláusula fue defendido por el patriarca Paulino de Aquilea durante el concilio de Friuli de 796 o 797.[107]

Durante el siglo VIII se extendió por todo occidente la práctica de cantar el Credo latino durante la misa, por lo que la cláusula Filioque se convirtió en parte del rito romano. Inicialmente, esta práctica fue adoptada en la corte del emperador Carlomagno desde 798.[90][108]

Los esfuerzos occidentales para lograr que el papa León III aprobara la incorporación de la cláusula Filioque al símbolo, se debían al deseo de Carlomagno de acusar a oriente de herejía. La negativa del papa a aprobar la interpolación impidió que estallara un conflicto con el imperio oriental. Posteriormente, Carlomagno acusó al patriarca Tarasio de Constantinopla de no ser fiel al símbolo de nicea, ya que no profesaba la fe de la procedencia del Espíritu Santo del Padre «y del Hijo», sino solo «por el Hijo». Esta acusación fue rechazada ferozmente por Roma. Después de un intercambio de correspondencia, en torno a 790, el emperador encargó el texto Libri Carolini para refutar las posiciones tanto del concilio de Hieria de 754 como del Segundo concilio de Nicea de 787 sobre la iconodulia y la iconoclasia.[109]​ Las conclusiones del segundo concilio de Nicea no fueron correctamente entendidas en occidente, puesto que la traducción fue de baja calidad. El texto enfatizaba de nuevo en el punto de vista de Carlomagno sobre la cláusula Filioque, reforzando la tesis occidental de que fue incluida en el símbolo niceno-constantinopolitano en el concilio de 381.[30][110][111][112]

El papa León III declaró ortodoxo lo que la cláusula Filioque profesa, pero se opuso a agregarla al Credo, indicando que no es necesario exprimir todas las verdades en el Credo y sugiriendo seguir el ejemplo de Roma al no incluir el Credo en la celebración de la misa.[4][113][114]​ También ordenó grabar en griego y en latín el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sin la cláusula, en dos discos de plata que expuso en la Basílica de San Pedro,[30][115]​ añadiendo la inscripción «Haec Leo posui amore et cautela orthodoxae fidei (Yo, León, coloqué estos discos por amor y para proteger la fe ortodoxa)».[116][117]

Paralelamente, en el año 808, la controversia resurgió en Jerusalén entre los monjes griegos de un monasterio y los monjes benedictinos francos de otro. Los griegos amonestaron a los benedictinos por cantar el credo con la cláusula Filioque, entre otras cosas. En el concilio de Aquisgrán de 809, convocado por el emperador, se ordenó la inclusión de la cláusula en la liturgia,[4]​ fijando así la práctica y dando respuesta a los monjes griegos de Jerusalén.[30][113][116][118][119]​ Desde entonces, se extendió por el Sacro Imperio Romano Germánico. A pesar de que también se utilizada en algunas partes de Italia, la Santa Sede no la aceptó hasta 1014.[90][108]

Controversia de FocioEditar

 
Icono de Ignacio de Constantinopla.

Con anterioridad a Focio, entorno al año 750, Juan Damasceno trató la relación del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo. La posición de Juan es que el origen del Espíritu es solo el Padre, con el Hijo como mediador.[120]​ Por lo que difiere de Focio, mientras que no respalda la cláusula Filioque.[55]

Con respecto al Espíritu Santo, ambos decimos que Él vino del Padre y lo llamamos el Espíritu del Padre. Al mismo tiempo, tontamente, decimos que vino del Hijo y lo llamamos solo el Espíritu del Hijo.
Juan Damasceno.

En torno al año 860, la controversia sobre la cláusula Filioque llegó a su punto más álgido durante las disputas entre los patriarcas de Constantinopla, Focio e Ignacio. En 867 Focio, como patriarca, emitió una Encíclica al resto de Patriarcas Orientales y los convocaba a un concilio en Constantinopla. En este concilio, Focio acusó a la Iglesia Occidental de herejía y cisma, debido a las diferencias en diversas prácticas, en particular, en relación al uso de la cláusula Filioque[9]​ y a la autoridad papal.[121]​ Estas acusaciones llevaron a un cambio en el enfoque del concilio, trasladando las cuestiones de jurisdicción y costumbre a otra sobre dogma. Este concilio declaró un anatema contra el papa Nicolás I, llevando a excomulgarlo y deponerlo.[122]

Focio excluyó «y al Hijo» y también «a través del Hijo» con respecto al origen eterno del Espíritu Santo. Para él, «a través del Hijo» se aplicaba solo a la misión temporal del Espíritu Santo (enviándolo al tiempo).[55][123][124]​ Sostuvo que el origen eterno del Espíritu Santo es «solo del Padre». Esta frase fue, verbalmente, una novedad. Sin embargo, los teólogos ortodoxos orientales generalmente sostienen que, en esencia, la frase es solo una reafirmación de la enseñanza tradicional.[125][126]​ Focio argumenta en Mistagogia del Espíritu Santo que, cualquier adición al símbolo de Nicea complicaría y confundiría una definición ya muy clara y simple de la ontología del Espíritu Santo que el consejo ecuménico ya nos había dado. Esta doctrina de Focio es «una novedad para la iglesia oriental».[127]

El punto de vista de Focio ha sido visto como una reafirmación de la doctrina de la monarquía del Padre. Su posición de que el Espíritu Santo vendría solo del Padre también se ha descrito como una reafirmación de los pensamientos de la Escuela de Antioquía de los Padres Capadocios,[125][128]​ (en contraste con la Escuela neoplatónica de Alejandría)[129][130][131]​ sobre la «monarquía del Padre».[125]​ «Los Capadocios expresaron una sola idea: la monarquía del Padre y, en consecuencia, la procesión del Espíritu Santo precisamente del Padre. Sin embargo, nunca transmitieron en esta idea, la exclusividad que adquirió en la época de las disputas de Filioque después de Focio, en el sentido de ek monou tou Patros (solo del Padre)».[132][133]​ En este contexto, el término «monarquía» se refiere al Padre no en el sentido de que Él es único gobernante sino el único origen, el único principio (ἀρχή, arche) de todo. En este sentido, la Iglesia occidental también mantiene la monarquía del Padre, así el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos indica que «La doctrina del Filioque debe ser entendida y presentada por la Iglesia católica, de tal manera que parezca que no puede contradecir a la Monarquía del Padre, ni el hecho de que Él es la única fuente (ἀρχή, αἰτία) de la ἐκπόρευσις del Espíritu».[129]​ Igualmente, el Catecismo de la Iglesia Católica recoge que «el orden eterno de las personas divinas en su comunión consubstancial implica que el Padre sea el origen primero del Espíritu en tanto que "principio sin principio"».[11]

El Concilio de Constantinopla de 867, fue convocado por Focio. A continuación, la Santa Sede convocó el Concilio de Constantinopla de 869-870, cuarto para la Iglesia católica que anulaba el anterior.[134]​ Por su parte, Focio convocó el Concilio de Constantinopla de 879-880, cuarto para la Iglesia ortodoxa oriental. En ellos se trató la decisión del emperador bizantino Miguel III de cesar a Focio y nombrar patriarca a Ignacio I, se abordó la cuestión de la primacía papal sobre todas las iglesias y sus patriarcas, además del uso de la cláusula Filioque.[135][136][137][138]​ Al último concilio, asistieron como legados apostólicos el cardenal Pietro de San Crisogono, Paulus obispo de Ancona y Eugenio obispo de Ostia, quienes aprobaron los cánones del concilio aunque no está claro si llegaron a ser promulgados por la Santa Sede.[139]

 
Coronación de Enrique II como emperador.

Adopción en el ritual romanoEditar

En 1014, Enrique II fue coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en Roma por el papa Benedicto VIII. La coronación tuvo lugar en Roma por la ayuda prestada por Enrique II a la restauración en el trono papal de Benedicto VIII, tras el golpe del antipapa Gregorio. El emperador pidió al papa recitar el símbolo con la cláusula Filioque, siendo así la primera vez que se utilizó en Roma.[90]​ Desde entonces quedó incorporado en el rito romano,[129]​ no siendo así en las Iglesias católicas orientales.[140]

Después del Gran CismaEditar

La oposición oriental a la cláusula Filioque quedó reforzada el Gran Cisma de 1054. Por su parte, la posición occidental fue reforzada en los concilios de Letrán.

El Padre no se origina de nadie; el Hijo se origina solo del Padre; y el Espíritu Santo se origina tanto del Padre como del Hijo por igual.

Para tratar de resolver las diferencias, se celebraron los concilios de Lyon y de Florencia.

 
Emperador Miguel VIII.

El Segundo Concilio de Lyon de 1274 aceptó la profesión de fe del emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo sobre el Espíritu Santo «procedente del Padre y del Hijo».[143]​ Los participantes griegos, incluido el patriarca José I de Constantinopla, cantaron tres veces el símbolo con la cláusula Filioque incluida. La mayoría de los cristianos bizantinos se negaron a aceptar los acuerdos de Lyon, puesto que aún se encontraban disgustados y recuperándose de la conquista de Constantinopla por parte de los cruzados latinos en 1204. Por lo que el patriarca abdicó. El sucesor de José I fue Juan XI de Constantinopla, quien estaba convencido de que la enseñanza de los sacerdotes griegos era compatible con la de los latinos, se vio obligado a renunciar en 1282 con el fallecimiento del emperador Miguel VIII. Fue reemplazado por Gregorio II de Constantinopla, un firme opositor de la reunificación.[144]

El concilio acordó que las iglesias orientales que deseaban reunirse con Roma aceptaran la cláusula Filioque como expresión legítima de la fe. Por el contrario no obligaba a acoger la costumbre litúrgica de recitar el credo durante la misa. El acuerdo también condenó a «todos aquellos que presumen negar que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, o que afirmen que el Espíritu procede del Padre y del Hijo como dos principios y no uno solo [doble procedencia]».[30][145][146]

El obispo Gregorio Palamás trató el tema de la cláusula Filioque en 1351. Remarcó claramente las distinciones entre las opiniones de las iglesias occidentales y orientales sobre el origen del Espíritu Santo. Continuó la tradición oriental sobre lo que se había tratado en el símbolo de Nicea, aclarando también lo que algunas frases divergentes en las que los teólogos orientales parecían apoyar la cláusula Filioque, así como, cuál era la distinción que realmente hicieron los autores orientales que se oponían a la cláusula:[147]

El gran Máximo, el sagrado Tarasio e incluso San Juan (Damasceno) reconocieron que el Espíritu Santo procede del Padre, de quien subsiste en términos de su hipóstasis y es la causa de su ser. Al mismo tiempo, reconocen que el Espíritu es dado, revelado y manifestado, viene y es conocido por el Hijo.

En el siglo XV se realizó un nuevo intento de reunificación en el Concilio de Florencia. Al mismo, asistieron el emperador bizantino Juan VIII Paleólogo, el patriarca José II de Constantinopla y otros obispos orientales con la esperanza de obtener ayuda militar occidental contra el amenazante Imperio Otomano. Se celebraron trece sesiones públicas en Ferrara entre el 8 de octubre y el 13 de diciembre de 1438 y se discutió la cuestión de la cláusula Filioque sin llegar a un acuerdo. Los griegos argumentaron que cualquier adición al credo, incluso si era doctrinalmente correcta, estaba prohibida por el Primer Concilio de Éfeso de 431. Por su parte, los latinos afirmaban que esta prohibición hacia mención solamente al significado y no las palabras escogidas.[148][149]

 
Laetentur Caeli: Bulla Unionis Graecorum.

Durante el concilio de 1439, el acuerdo continuó resultando imposible, hasta que, entre los propios griegos, prevaleció la idea de que, aunque los santos latinos y griegos profesaban su fe de manera diferente, coincidían en lo esencial, ya que los santos no podían equivocarse en la fe.[150]​ Finalmente, el 8 de junio, los griegos aceptaron la doctrina latina. El 10 de junio falleció el patriarca José II. El decreto de la unión, Laetentur Caeli,[151]​ incluyó un afirmación sobre la cláusula Filioque.[152]​ Se firmó debidamente el 5 de julio de 1439 y se promulgó al día siguiente, con la única oposición de Marcos de Éfeso que se negó a firmar.[148][149][153]

El Padre no fue engendrado; el Hijo fue engendrado por el Padre; el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. [...] El Espíritu Santo es eternamente del Padre y del Hijo y tiene su naturaleza y subsistencia a la vez (en latín: simul, junto) del Padre y del Hijo. Procede eternamente de ambos como de un principio único y a través de una inspiración (...) Y, dado que el Padre dio a Su Hijo Unigénito, al generarlo, todo lo que Él tiene, excepto ser el Padre mismo, así el Hijo recibió del Padre, por quien fue engendrado eternamente, esto también, a saber, el hecho de que el Espíritu Santo procede del Hijo. [...] Declaramos que cuando los santos sacerdotes y doctores afirman que el Espíritu Santo procede del Padre a través del Hijo, esto implica que, por lo tanto, el Hijo también debe ser entendido, de acuerdo con los griegos como una causa, y con los latinos como un principio subsistencia del Espíritu Santo, al igual que el Padre.[154][155]

Por su parte, la Iglesia del Este se negó a considerar el acuerdo alcanzado en Florencia como obligatorio, debido a que el fallecimiento de José II los había dejado sin la representación del patriarca de Constantinopla. En oriente hubo una fuerte oposición a la declaración y acrecentada cuando en 1453, catorce años después del acuerdo, la ayuda militar prometida por occidente no había llegado y Constantinopla cayó frente a los turcos. De este modo, ni los cristianos orientales ni sus nuevos gobernantes deseaban más la unión con occidente.[148][149][156][157]

Concilios ortodoxos de JerusalénEditar

El Concilio de Jerusalén de 1583 condenó a aquellos que no creían que el Espíritu Santo procede del Padre en esencia, y del Padre y del Hijo en el tiempo. Además, este sínodo se reafirmó en las decisiones de del primer Concilio de Nicea. Más tarde, el Concilio de Jerusalén de 1672 reafirmó de manera similar la procedencia del Espíritu Santo únicamente del Padre.[158]

Reforma protestanteEditar

A pesar de que la Reforma protestante desafió una serie de doctrinas de la iglesia, aceptaron la cláusula Filioque sin reservas. Sin embargo, no tenían una insistencia polémica en la visión occidental de la Trinidad.

En la segunda mitad del siglo XVI, los teólogos luteranos de la Universidad de Tübingen iniciaron conversaciones con el patriarca ortodoxo de Constantinopla Jeremías II Tranos, en ellas, los luteranos defendieron la cláusula Filioque argumentando que, sin ella, «la doctrina de la Trinidad perdería su justificación epistemológica en la historia de la Revelación». En los siglos siguientes, los teólogos protestantes, consideraron la cláusula Filioque un componente clave de la doctrina de la Trinidad, sin ser un pilar de la teología protestante.[159]​ Así, algunos autores indican que los protestantes se encuentran «en la misma confusión que los teólogos del siglo IV que no pudieron distinguir entre los dos tipos de procesión, "procediendo de" y "enviado por"».[160]

Posición de las diferentes denominaciones cristianasEditar

 
Disputa sobre la Santísima Trinidad, Andrea del Sarto.

Iglesia católicaEditar

La doctrina de la Iglesia católica indica «que el Espíritu procede del Padre y del Hijo». Esto fue afirmado dogmáticamente ya en el año 447 por el papa León I el Magno, se basa en el testimonio de los Padres de la Iglesia tanto latinos como alejandrinos[5]​ y significa que el Espíritu Santo procede del Padre en cuanto Padre del Hijo.[11][161]​ Las Iglesias católicas orientales por su parte, aunque no usan la cláusula Filioque en el Credo, están en plena comunión con la Santa Sede.[162]

La Iglesia católica reconoce como justas tres maneras de hablar del origen del Espíritu Santo:[163][164][165][166]

  • El Espíritu Santo procede del Padre (la fórmula en el texto original del Símbolo niceno-constantinopolitano),[73]
  • El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (definición de, por ejemplo, el Concilio de Lyon II)[145]​ y
  • El Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo (definición de, por ejemplo, el Concilio de Florencia).[149]

La Iglesia católica enseña que las expresiones de fe griegas y latinas sobre este tema no son contradictorias, sino complementarias:

La tradición oriental expresa en primer lugar el carácter de origen primero del Padre por relación al Espíritu Santo. Al confesar al Espíritu como "salido del Padre" (Jn 15,26), esa tradición afirma que éste procede del Padre por el Hijo (cf. AG 2). La tradición occidental expresa en primer lugar la comunión consubstancial entre el Padre y el Hijo diciendo que el Espíritu procede del Padre y del Hijo (Filioque). Lo dice "de manera legítima y razonable" (Concilio de Florencia, 1439: DS 1302), porque el orden eterno de las personas divinas en su comunión consubstancial implica que el Padre sea el origen primero del Espíritu en tanto que "principio sin principio" (Concilio de Florencia 1442: DS 1331), pero también que, en cuanto Padre del Hijo Único, sea con él "el único principio de que procede el Espíritu Santo" (Concilio de Lyon II, año 1274: DS 850). Esta legítima complementariedad, si no se desorbita, no afecta a la identidad de la fe en la realidad del mismo misterio confesado.

La Iglesia católica no pretende que la expresión Filioque sea parte del texto original del Símbolo Niceno-Constantinopolitano: no lo incluye cuando cita el Símbolo, como por ejemplo en el documento Dominus Iesus,[167]​ publicado el 6 de agosto de 2000. En la liturgia, la Iglesia católica no incluye la frase correspondiente a Filioque (καὶ τοῦ Υἱοῦ) en el texto en idioma griego del símbolo, incluso para los católicos de rito latino.[129]​ Lo papas Juan Pablo II y Benedicto XVI recitaron el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, junto con los patriarcas de Constantinopla Demetrio I y Bartolomé I respectivamente, en griego y sin la cláusula Filioque.[168]​ Además, las Iglesias católicas orientales no necesariamente incluyen a Filioque en sus versiones del Símbolo Niceno-Constantinopolitano. Incluso aquellas Iglesias católicas que no son de tradición griega y que incorporaron a Filioque en su recitación del credo están oficialmente animadas a omitirlo. Entre ellas, la Iglesia católica caldea, derivada del cisma de la Iglesia del Oriente en 1552 y una de las 24 Iglesias sui iuris integrantes de la Iglesia católica, ha solicitado recientemente a la Santa Sede eliminar la cláusula Filioque de su versión del credo.[162]

El acuerdo alcanzado en la Unión de Brest de 1595, recogió expresamente que todos los que entraron en plena comunión con Roma «deberían quedarse con todo lo que les fuera legado en la Biblia, en el Evangelio y en las obras de los santos doctores griegos, es decir, que el Espíritu Santo procede, no de dos fuentes y no por doble origen, sino de un origen, del Padre a través del Hijo».[11][140]

La creencia de que el Espíritu Santo procede, en este sentido, «del Padre y el Hijo» se mantuvo en occidente en las primeras etapas del conflicto. Hilario de Poitiers, que era conocido como el «Atanasio de Occidente», y Agustín de Hipona son «las principales fuentes patrísticas de la doctrina latina de Filioque».[169]​ Incluso antes de que Roma y el Concilio de Calcedonia de 451 recibieran y reconocieran el Símbolo Niceno-Constantinopolitano con su expresión «del Padre»,[86][87][88]​ el papa León I declaró en 446, que el Espíritu Santo procede tanto del Padre como del Hijo.[5]​ Así, la doctrina de la procedencia del Espíritu Santo del Padre y del Hijo ya se profesaba por unanimidad en occidente.[16][170][171]​ La Iglesia católica reconoce que, en idioma griego, la palabra usada en el Credo Niceno-Constantinopolitano para definir la procedencia del Espíritu Santo no se puede usar correctamente con respecto al Hijo, sino solo con respecto al Padre, una dificultad que no aparece en otros idiomas.[129]

El papa León III estaba repitiendo así, las enseñanzas de León I. El Concilio de Calcedonia adoptó como decisiva la forma del Tomus Leonis escrito por el papa León I en 447, de modo que, la doctrina de la cláusula Filioque se había confesado como dogma, con anterioridad a que lo establecieran los merovingios.[5]

La Iglesia católica defiende, del mismo modo, la doctrina de la monarquía del Padre. Esta doctrina es defendida tanto por lo que teólogos que definen que el Espíritu Santo proviene del Padre, como los que definen que provienen del Padre y del Hijo y los que definen que proviene del Padre a través del Hijo.[172][173]​ Así, lo defendieron también Máximo el Confesor,[174]​ el Concilio de Worms,[175]Buenaventura de Fidanza[176]​ o Basilio Besarión.[177][178]​ Por ello, la Iglesia católica, rechaza la noción de que el Espíritu Santo procede juntos e igualmente de dos principios (Padre e Hijo), en cambio, enseña dogmáticamente que «el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo, no como dos principios, sino como uno solo».[145]​ Así esta recogido en el Catecismo de la Iglesia Católica, el Padre es el primer origen del Espíritu, como un «principio sin principio», pero también, como Padre del Hijo Único, es con él «el único principio del que procede el Espíritu Santo».[11]

Iglesias de los dos conciliosEditar

Dos de las iglesias actuales derivadas del cisma de la Iglesia del Oriente en 1552, la Iglesia asiria del Oriente[179]​ y la Antigua Iglesia del Oriente,[180]​ no utilizan la cláusula Filioque cuando recitan el símbolo de Nicea.

Iglesia ortodoxaEditar

 
El Espíritu Santo enviado en Pentecostés. Pentecostés, El Greco.

En el cristianismo ortodoxo, la teología comienza con la persona o hipóstasis del Padre y no con la esencia de Dios,[181]​ ya que en la Biblia el término «Dios» casi siempre se usa como un nombre para el Padre, Hijo como «Hijo de Dios», y el Espíritu Santo como «Espíritu de Dios». El Hijo nace del Padre y el Espíritu procede del Padre, cada uno en la misma acción atemporal y eterna en el ser del Padre.[182]​ El ser o esencia de Dios, no creado, se define en griego como ousia.[183]​ El Hijo y el Espíritu Santo comparten la misma naturaleza que el Padre, son «consustanciales» al Padre. Todos los atributos de la divinidad que pertenecen al Padre también pertenecen absoluta e idénticamente al Hijo y al Espíritu: vida, amor, sabiduría, verdad, etc.[184]

En terminología ortodoxa, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son las tres personas divinas. En este contexto, la palabra «persona o «hipóstasis» significa «sujeto de existencia». Cada persona o hipóstasis es divina con la misma divinidad, pero cada una es divina a su manera. Como la divinidad no creada tiene tres sujetos divinos, también cada acción divina tiene tres actores divinos. Hay tres sujetos divinos para cada acción de Dios, pero la acción sigue siendo la misma. Los tres viven y actúan por la misma perfección divina, pero cada uno de acuerdo con su propia distinción personal y singularidad.[181]

Es esta inmanencia de la Trinidad la que se definió en el Símbolo Niceno-Constantinopolitano del año 381. La actividad y la realidad de la Trinidad en la creación son nombradas como las energías de Dios, porque Dios, como creador, es la luz y esta luz no creada (energía) es la fuente de la cual todas las otras cosas derivan su existencia.[185]​ La «economía de Dios», la forma en que se expresa en la realidad (sus energías), no fue el tema directo del credo, así como no lo fueron los detalles de las interrelaciones entre los sujetos de la existencia de Dios, las personas divinas.[186]​ El intento de usar el Símbolo de Nicea para explicar las energías de Dios reduciendo las hipóstasis a meras energías (realidades, actividades, potencialidades) puede percibirse como una forma de herejía semimodalista.[187][188]​ Algunos teólogos ortodoxos afirman que aquí radica el problema en la enseñanza de los teólogos católicos sobre el llamado actus purus.[189]

La interpretación de la Iglesia ortodoxa es que el Espíritu Santo procede solo del Padre.[182][190]​ Focio afirmó que Filioque confunde la teología como se define en el primer concilio de Constantinopla.[191]​ La idea de que la frase «el Espíritu procede del Padre y del Hijo», significa que el Espíritu Santo tiene dos orígenes, y fue rechazada por los occidentales en el Concilio de Florencia. En ese momento, la Iglesia católica declaró que la expresión «por el Hijo» debe entenderse en el sentido de que el Espíritu Santo tiene la causa de su subsistencia en el Padre y también en el Hijo.[192]

La cláusula Filioque fue calificada como herejía por algunos santos de la Iglesia ortodoxa, como Focio,[9]Gregorio Palamás o Marcos de Éfeso, los considerados «tres pilares de la ortodoxia».[193]​ Actualmente, el metropolitano Hierotheos (Vlachos) de Nafpaktos, teólogo ortodoxo, afirma que la elección de las palabras del símbolo sobre el Espíritu Santo son parte de la tradición ortodoxa. Estas palabras, tal y como se utilizan en oriente, son las redactadas y presentadas por Gregorio de Nisa durante el Concilio de Constantinopla de 381.[194]​ Fueron aceptadas por el concilio, sin embargo, Gregorio de Nisa no realiza ninguna indicación explícita en el símbolo que indique que respaldara la cláusula Filioque tal y como se entendió posteriormente en occidente.[195]

Otros santos orientales de la Iglesia ortodoxa, como Epifanio de Salamina o Cirilo de Alejandría indicaban que el Espíritu Santo procedía del Padre y del Hijo. Además, la Iglesia ortodoxa reconoce como santos a Padres de la Iglesia Occidental como Hilario de Poitiers, Ambrosio de Milán, Agustín de Hipona o el papa León I, el último de los cuales admitió la doctrina Filioque como dogmática en 447.[5]​ Posteriormente, antes de la inserción de la cláusula en el símbolo, otro santo oriental, Máximo el Confesor defendió la doctrina occidental.[44][68]

Michael Pomazansky argumenta que el Símbolo de Nicea, como símbolo de fe y dogma, debe abordar y definir la teología de la iglesia, específicamente la comprensión ortodoxa de la trinidad de Dios. La hipóstasis del Padre en el Símbolo de Nicea es el origen de todo. De hecho, durante el período bizantino, los ortodoxos acusaron a los latinos que apoyaron la cláusula Filioque, de introducir «dos dioses», precisamente porque creían que la cláusula implicaba dos causas, no solo dos fuentes o principios, en la Santísima Trinidad. Tradición patrística griega desde los padres capadocios, identifica a Dios con la persona del Padre, mientras que Agustín de Hipona parece identificarlo con la «substancia divina» (deitas o divinitas).[52][196]​ Los teólogos ortodoxos también afirman que los pasajes del Nuevo Testamento, citados generalmente por los latinos, tratan sobre la economía en lugar de la ontología del Espíritu Santo y que, para resolver este conflicto, los teólogos occidentales han realizado otros cambios en la doctrina, incluida la declaración de que todas las personas en la Trinidad tiene su origen en la esencia de Dios (lo que sería la herejía del sabelianismo).[197]

El Padre es la realidad eterna, infinita e increada. Tanto Cristo como el Espíritu Santo también serían eternos, infinitos y no creados, en el sentido de que su origen no está en la «sustancia» (ousia) de Dios, sino en la hipóstasis de Dios Padre. El doble origen del Espíritu es similar a las enseñanzas de Macedonio I de Constantinopla y su secta de los pneumatómacos, en el sentido de que el Espíritu Santo sería creado por el Hijo, siendo así, inferior al Padre y al Hijo.[198]​ Esta posición de Macedonio fue lo que provocó que Gregorio de Nisa eligiera específicamente las palabras en la sección sobre el Espíritu Santo que se recogen en la versión final del Símbolo de Nicea.[199]

A juicio de estos ortodoxos, la Iglesia católica, enseña como dogma que el Espíritu Santo deriva su origen y su ser igualmente del Padre y del Hijo, haciendo de Filioque la expresión del doble origen.[200][201]​ Esto es exactamente lo que Máximo el Confesor defendió como un error, ya que es algo que occidente no estaría haciendo.[202]

No todos los teólogos ortodoxos comparten la opinión de Vladimir Lossky, Dumitru Stăniloae, John Romanides y Michael Pomazansky, quienes condenan el uso de la cláusula Filioque. Hay una visión liberal en la tradición ortodoxa que es más receptiva a Filioque.[203]​ La Enciclopedia de la Teología Cristiana, obra de Vasily Bolotov, Paul Evdokimov, I. Voronov y Sergei Bulgakov, define Filioque como una opinión teológica permisible, o theologoumenon.[204][205]​ Como un theologoumenon es una opinión sobre lo que se define fuera del dogma, en el caso de los teólogos ortodoxos receptivos a Filioque, no está claro si alguna vez aceptarán que se agregue al Símbolo para toda la Iglesia o si lo entienden solo como algo exclusivo de la Iglesia católica.[173]​ Para Vasily Bolotov, esta opinión es confirmada por otras fuentes,[206]​ al igual que las que no defienden explícitamente esta posición. Sin embargo, Bolotov rechaza firmemente Filioque, puesto que, defiende que el Espíritu procede del Padre.[207]

«a través del Hijo» y «por el Hijo» son opiniones teológicas que se dogmatizaron prematura y erróneamente. No existe un dogma sobre la relación del Espíritu con el Padre y, por lo tanto, las opiniones particulares sobre este tema no son herejías, sino solo hipótesis dogmáticas que fueron transformadas en herejías por el espíritu cismático establecido en la Iglesia y que explora todas las formas de diferencias litúrgicas e incluso culturales.
The Conforter, Sergei Bulgakov.[208]

Boris Bobrinskoy observa que Filioque tiene un contenido teológico positivo.[206][209]​ El obispo Kallistos Ware sugiere que el problema radica en la semántica más que una diferencia teológica básica.[203][210]

Varios teólogos ortodoxos estudiaron la cláusula Filioque nuevamente, con el objetivo de posibilitar la reconciliación entre Oriente y Occidente. Theodore Stylianopoulos propuso en 1986, una visión general, extensa y académica de esta discusión contemporánea.[173]​ El metropolitano Kallistos Ware cambió de opinión, veinte años después de escribir la primera edición de su libro La Iglesia ortodoxa (en 1975), afirmando que «El problema está más en el área de la semántica y en el énfasis diferente que en las diferencias doctrinales básicas: 'el Espíritu Santo procede solo del Padre' y 'el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo' pueden 'ambos' tener significados ortodoxos si la palabra 'proceder' tiene diferentes significados».[211]​ Por lo tanto, para algunos ortodoxos, Filioque, aunque todavía es un tema de disputa, no sería un obstáculo para la comunión completa de las iglesias católica y ortodoxa si se resuelven los elementos restantes de la contienda. Pero muchos otros creen que Filioque está en contradicción flagrante con las palabras de Cristo en el Evangelio, fue específicamente condenado por la Iglesia ortodoxa y sigue siendo una enseñanza herética que divide a Occidente y Oriente.[212]

Los cristianos ortodoxos también argumentan que, incluso si se puede defender la doctrina Filioque, su interpolación en el Símbolo es anti-canónica.[212]​ La Iglesia católica, al igual que la Iglesia ortodoxa, considera que las enseñanzas de los consejos ecuménicos son infalibles, «reconoce el valor conciliar, ecuménico, normativo e irrevocable, como una expresión de la única fe común de la Iglesia y de todos los cristianos, del Símbolo profesado en griego por el Segundo Concilio Ecuménico celebrado en Constantinopla en 381. Ninguna profesión de fe propia de una tradición litúrgica particular puede contradecir esta expresión de fe enseñada y profesada por la Iglesia indivisa»,[129]​ pero considera admisibles las adiciones que aclaran la enseñanza, sin contradecirla de ninguna manera y que no pretendan tener, con base en su inserción, la misma autoridad que pertenece únicamente al original.[213]​ También permite el uso del Símbolo de los Apóstoles además del Símbolo Niceno-Constantinopolitano y no ve ninguna diferencia esencial entre recitar en la liturgia un símbolo con adiciones ortodoxas y una profesión de fe fuera de la liturgia como la del patriarca Tarasio de Constantinopla, quien presentó una forma del Credo Niceno-Constantinopolitano como sigue: el Espíritu Santo, el Señor y dador de vida, que procede del Padre a través del Hijo.[129]

Iglesias ortodoxas orientalesEditar

Todas las Iglesias ortodoxas orientales usan el texto original del símbolo niceno-constantinopolitano,[214][215]​ sin la cláusula Filioque.[216][217]

ProtestantismoEditar

Los teólogos protestantes del siglo XX están divididos entre los que quieren eliminar la cláusula, los que quieren dejarla de usar para favorecer la unión de las Iglesias cristianas y los defensores que quieren mantenerla. Por su parte, la Iglesia de Moravia nunca ha utilizado la cláusula Filioque.[204][218]

Iglesias anglicanasEditar

Las Iglesias anglicanas actualmente incorporan la cláusula Filioque en el símbolo Niceno-Constantinopolitano, puesto que no se ha implementado el consejo de las Conferencias de Lambeth de 1978 y 1988,[219][220]​ ni la resolución de los primados anglicanos y el Consejo Consultivo Anglicano de 1993. Las conferencias Lambeth de 1998 y 2008 no incluyeron la recomendación.[221]

La Convención General de la Iglesia episcopal en los Estados Unidos de 1985 recomendó eliminar la cláusula Filioque del símbolo si la conferencia Lambeth de 1988 lo aprobaba.[222]​ En consecuencia, la Convención General de 1994 reafirmó su intención de eliminar la cláusula próxima revisión de su Libro de Oración Común.[223]​ La última revisión del libro fue en 1979 y no ha sido revisado desde entonces. Por su parte, la Iglesia episcopal escocesa no incluye la cláusula de Filioque en sus liturgias lingüísticas modernas.

Situación actualEditar

 
Dios Padre es el origen de las personas de la Santísima Trinidad según católicos y ortodoxos. Visión de Ezequiel, Rafael Sanzio.

En las últimas décadas se ven pasos significativos hacia una situación en la que la cláusula Filioque no sea un obstáculo para la plena comunión entre las Iglesias católica y ortodoxa.[224]​ El Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos publicó en 1995 Las tradiciones griega y latina en relación a la procesión del Espíritu Santo, que clarifica la posición católica y explica su contexto.[129]​ En general fue bien recibida en los círculos ortodoxos,[225]​ aunque también teólogos ortodoxos que han refutado minuciosamente los argumentos del documento.[129][226]​ En 2003, una declaración conjunta de teólogos católicos y ortodoxos en los Estados Unidos,[30]​ reiteró que para los católicos el Filioque se refiere no a la ἐκπόρευσις del Espíritu emitido del Padre, única fuente de la Trinidad, sino a su προϊέναι (processio) en la comunión consustancial del Padre y del Hijo, y además se preguntó si sería posible para la Iglesia ortodoxa aceptar esta interpretación de la processio del Espíritu Santo y para la Iglesia católica omitir el Filioque.[227][228]

En un simposio celebrado en la Ciudad del Vaticano en el año 1982, se prestó especial atención a la idea de omitir la cláusula Filioque, lo que concretamente hicieron algunos papas al recitar el Símbolo en griego, idioma en el que el texto del Símbolo usado por los católicos en Grecia es idéntico al de los griegos ortodoxos.[229]

La Encyclopedia of Eastern Orthodox Christianity señala que los teólogos ortodoxos, mientras se oponen por unanimidad a la inclusión de la cláusula Filioque en el Símbolo niceno-constantinopolitano, han encontrado posibilidades de conciliación en los campos fraseológico y doctrinal.[230]​ La mayoría[231][232]​ de los teólogos ortodoxos consideran que la cláusula Filioque no se debe considerar ni un dogma, ni una herejía, sino una «theologoumenon», es decir, una opinión teológica aceptable.[233]

No todos los teólogos ortodoxos comparten esta opinión. Según el obispo ortodoxo Kallistos Ware, que por algún tiempo fue un feroz oponente de la cláusula Filioque, el problema no radica tanto en el área de las diferencias doctrinales fundamentales como en el campo de la diversidad semántica y de énfasis; indica que además de muchas «palomas», hay también «halcones» para los que el Filioque es una herejía.[188][234][235][236]​ Algunos autores ven en la cláusula Filioque la raíz de todos los problemas de las relaciones dogmáticas entre Oriente y Occidente,[237]​ siendo la cuestión de la procesión del Espíritu Santo, la única razón dogmática para la separación entre Oriente y Occidente, así, el resto de desacuerdos doctrinales no serían más que el resultado de esta.[238][239]

ReferenciasEditar

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    Cualquiera que se atreva a componer o presentar o producir otro credo en beneficio de aquellos que deseen pasar del helenismo o el judaísmo o alguna otra herejía al conocimiento de la verdad, si son obispos o clérigos deben ser privados de sus respectivos cargos. y si son laicos , deben ser anatematizados.
    Del mismo modo, si se descubriera alguno, ya sean obispos, clérigos o laicos, pensando o enseñando las opiniones expresadas en su declaración por el sacerdote Charisius sobre la encarnación del unigénito Hijo de Dios o las opiniones desagradables y perversas de Nestorio, que subyacen en ellos, estos deberían estar sujetos a la condena de este sínodo sagrado y ecuménico. Un obispo claramente debe ser despojado de su obispado y depuesto, un clérigo debe ser depuesto del clero, y un laico debe ser anatematizado, como se dijo antes.»
     
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    la preeminencia pertenece a la exposición del credo correcto e inmaculado de los 318 padres santos y bendecidos que se reunieron en Nicea cuando Constantino de memoria piadosa era emperador; y que
    esos decretos también siguen vigentes y fueron emitidos en Constantinopla por los 150 santos padres para destruir las herejías que entonces abundan y confirmar este mismo credo católico y apostólico.
    El credo de los 318 padres en Nicea.
    Y lo mismo de los 150 padres santos reunidos en Constantinopla.»
     
  86. a b Riestra, 2002, p. 391 «Jesús no es Dios en sentido metafórico o místico, sino que es el Dios vivo y verdadero que existe antes de la creación del mundo, "Dios de Dios" y "luz de luz", como ya se había señalado anteriormente en el Concilio de Nicea».
  87. a b Sánchez Ortiz, 2018, §1 «El 1500 aniversario del Concilio de Calcedonia contribuyó a resaltar el valor de la humanidad de Jesucristo».
  88. a b Tavolaro, 2014, §1 «Poco después del Concilio de Calcedonia, el emperador Zenón (425-491) emitió el llamado Henotikon -482-, intento de conciliación- entre el monofisismo eutiquiano y la doctrina ortodoxa, tratando de apaciguar las diferentes facciones. Esto no fue suficiente para resolver disputas».
  89. Legislative Reference Bureau, ed. (1931). «La questione storica nella controversia del «Filioque»». Civiltà Cattolica (en italiano) I: 313-316. 
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  124. Meyendorff, 1986, §2 «Nicéforo Blemmidas [...] estaba comprometido con la [...] unidad de la iglesia y defendió la idea de que la imagen de la procesión del Espíritu "a través del Hijo", puede servir como un puente entre las dos teologías. [...] Él recopiló textos patrísticos usando la fórmula 'a través del Hijo' y atacó a aquellos griegos que por celo anti-latino, se negaban a darle suficiente importancia. En general, y ya desde Focio, la posición griega consistía en distinguir la procesión eterna del Hijo del Padre, y el envío temporal del Espíritu a través del Hijo y por el Hijo. Esta distinción entre las procesiones eternas y las manifestaciones temporales fue entre los bizantinos la explicación estándar de los numerosos pasajes del Nuevo Testamento, donde se describe a Cristo como "dar" y "enviar" el Espíritu, y donde se habla del Espíritu como el "Espíritu de el Hijo". En sus cartas, [...] Blemmidas [...] evitaba la distinción entre eternidad y tiempo: la fórmula patrística "a través del Hijo" reflejaba tanto las relaciones eternas de las Personas divinas como el nivel de la "economía" en el tiempo.»
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  140. a b Unión de Brest (1596). «Treaty Of Brest Document» [Documento de la Unión de Brest]. www.ewtn.com (en inglés). Consultado el 4 de abril de 2020. «Art. 1. Dado que hay una disputa entre los romanos y los griegos acerca de la procesión del Espíritu Santo, que realmente impide la unidad realmente por ninguna otra razón que no sea que no nos comprendamos, pedimos que no seamos obligados a cualquier otro credo, pero que debemos permanecer con lo que nos fue transmitido en las Sagradas Escrituras, en el Evangelio y en los escritos de los santos doctores griegos, es decir, que el Espíritu Santo procede, no de dos fuentes y no por una doble procesión, pero de un origen, desde el Padre hasta el Hijo.» 
  141. Padres conciliares (1215). «Fourth Lateran Council: 1215» [Cuarto Concilio de Letrán: 1215]. www.papalencyclicals.net (en inglés). Consultado el 15 de abril de 2020. «1. Confesión de fe
    Creemos firmemente y simplemente confesamos que hay un solo Dios verdadero, eterno e inconmensurable, todopoderoso, inmutable, incomprensible e inefable, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas, pero una esencia, sustancia o naturaleza absolutamente simple {1}. El Padre no es de nadie, el Hijo solo del Padre, y el Espíritu Santo de ambos por igual, eternamente sin principio ni fin; el Padre genera, el Hijo nace y el Espíritu Santo procede; consustancial y coequal, co-omnipotente y coeterno; un principio de todas las cosas, creador de todas las cosas invisibles y visibles, espirituales y corporales; quien por su poder todopoderoso al principio del tiempo creó de la nada criaturas tanto espirituales como corporales, es decir, angelicales y terrenales, y luego creó seres humanos compuestos como si fueran de espíritu y cuerpo en común. El diablo y otros demonios fueron creados por Dios naturalmente buenos, pero se volvieron malos por su propia acción. El hombre, sin embargo, pecó a instancias del diablo.»
     
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  153. Orlandis, 2004, p. 254 «El máximo intento en el camino de la reunificación tuvo lugar a mediado del siglo XV, en el marco del concilio de Ferrara-Florencia. (...) Los dos principales teólogos de la época, eren fervientes partidarios de la Unión. Todas las dogmáticas y disciplinares que separaban a las dos Cristiandades de oriente y occidente -desde el Filioque hasta el Primado papal- fueron examinadas, debatidas y aclaradas de modo exhaustivo; y el propio patriarca de Constantinopla, José II, que falleció en Florencia durante el concilio, suscribió antes de morir una profesión de fe en el Primado del "Soberano Pontífice y Vicario de Nuestro Señor Jesucristo". El 7 de julio de 1439, fue fue proclamada el acta de la Unión y todos lo padres latinos y griegos, con la excepción del metropolita Marco Eugenio de Éfeso, dieron su placet
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  157. Orlandis, 2004, p. 254 «Constantino XI, promulgó el acta de Unión en Santa Sofía, el 12 de diciembre de 1452. La agitación popular lanzó a las masas a las calles de la ciudad al grito de "¡antes el turbante de los turcos que la mitra de los latinos!". Eslogan que se hizo realidad el 29 de mayo de 1453, los turcos asaltaron Constantinopla, Constantino XI murió en la pelea y el Imperio Cristiano de Oriente desapareció para siempre.»
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  165. Juan Pablo II (7 de noviembre de 1990). «El Espíritu que "procede del Padre y del Hijo"». www.vatican.va. Consultado el 16 de abril de 2020. «8. Así, parecían superadas las dificultades de orden terminológico y aclaradas las intenciones, hasta el punto de que ambas partes ―griegos y latinos― en la sesión sexta (6 de julio de 1439) pudieron firmar la definición común: “En el nombre de la Santa Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, con la aprobación de este sagrado y universal concilio Florentino, establecemos que esta verdad de fe sea creída y aceptada por todos los cristianos: y, por ello, todos deben profesar que el Espíritu Santo es eternamente del Padre y del Hijo, que tiene su esencia y su ser subsistente juntamente del Padre y del Hijo, y que procede eternamente del uno y del otro como de un único principio y de una única espiración” (Denz-S., 1300).
    He aquí una ulterior puntualización, a la que ya santo Tomás había dedicado un artículo de la Summa (“Utrum Spiritus Sanctus procedat a Patre per Filium”: I, q. 36, a. 3): “Declaramos ―se lee en el concilio― que lo que afirman los santos Doctores y Padres, ―(o sea) que el Espíritu Santo procede del Padre por medio del Hijo― tiende a hacer comprender y quiere significar que también el Hijo, como el Padre, es causa, según los griegos, principio, según los latinos, de la subsistencia del Espíritu Santo. Y, dado que todas las cosas que son del Padre, el Padre mismo las ha dado al Hijo con la generación, menos el ser Padre: esta misma procesión del Espíritu Santo del Hijo, el Hijo mismo la tiene eternamente del Padre, del que también ha sido engendrado eternamente” (Denz-S., 1301).»
     
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  173. a b c Stylianopoulos, Theodore (1986). «The Filioque: Dogma, Theologoumenon or Error?» [Filioque: Dogma, ¿theologoumenon o error?]. The Greek Orthodox Theological Review (en inglés) 31 (3-4): 255-288. «De manera similar, Jürgen Moltmann señala que "Filioque nunca fue dirigido contra la monarquía del Padre y que los principios de la monarquía nunca fueron cuestionados por los teólogos de la Iglesia occidental". Si los teólogos occidentales aceptaran hoy estas frases, en todo su sentido, al hacer justicia al principio de la monarquía del Padre, que es tan importante para la triadología oriental, entonces los temores teológicos de los orientales sobre Filioque serían completamente negados. En consecuencia, los teólogos podrían aceptar virtualmente cualquiera de las fórmulas alternativas del 'Memorando' en lugar de Filioque sobre la base de la evaluación positiva anterior de ella, que está en línea con la interpretación de Máximo el Confesor de ella. Como Juan Zizioulas concluye, la "regla de oro" debe ser la explicación de Máximo de la neumología occidental: cuando profesan Filioque, nuestros hermanos occidentales no desean introducir otro αἴτονla existencia de Dios más allá de la del Padre y un papel mediador del Hijo en el origen del Hijo no debe estar limitada por la economía divina, sino por la divina οὐσία». 
  174. Siecienski, 2010, p. 81 «Máximo afirmó que la enseñanza latina no violaba en modo alguno la monarquía del Padre, que seguía siendo la única causa ( μία αἰτἰα ) tanto del Hijo como del Espíritu».
  175. Siecienski, 2010, p. 105 «Aunque la monarquía del Padre afirma claramente, que sigue siendo la "fuente y origen de toda la Trinidad", también lo es la doctrina latina».
  176. Siecienski, 2010, p. 127 «Al abogar por el filioque, Buenaventura tuvo cuidado de proteger a la monarquía del Padre, afirmando que el "Padre es propiamente el que no tiene un creador, ... el Principio que no procede de ningún otro, el Padre como tal"».
  177. Siecienski, 2010, p. 163 «Esta enseñanza no niega la monarquía del Padre (que sigue siendo la causa principal) y ni siquiera implica dos causas, ya que los latinos afirman que el Hijo es, con el Padre, un principio inspirador único».
  178. Todisco, Orlando (2019). «Il platonismo di Bessarione e di bonaventura. Riflessi nella vicenda del "Filioque"» [El platonismo de Besarión y Buenaventura. Reflexiones en la historia del "Filioque"]. Miscellanea francescana: Rivista di Scienze Teologiche e Studi Francescani (en italiano) 119 (1-2): 9-42. ISSN 0026-587X. Consultado el 1 de mayo de 2020. 
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    Lucas 11:13 - Si entonces, que eres malvado, sabes cómo dar buenos regalos a tus hijos, ¡cuánto más dará el Padre celestial el Espíritu Santo a quienes lo pidan! Juan 15:26 - Pero cuando el Consejero viene, a quien te enviaré del Padre, incluso el Espíritu de verdad, que procede del Padre, él me dará testimonio; 1 Corintios 15:45 - Así está escrito: "El primer hombre Adán se convirtió en un viviente siendo"; El último Adán se convirtió en un espíritu vivificante.»
     
  180. Antigua Iglesia del Este - Parroquia de San Jorge, Glendale, Arizona (30 de junio de 2020). «Prayers - Creed» [Oraciones - Credo]. www.stgeorgearizona.com (en inglés). Archivado desde el original el 16 de marzo de 2016. Consultado el 30 de junio de 2020. 
  181. a b Hopko, Thomas John (1981). «The Holy Trinity. The Three Divine persons» [La Santísima Trinidad. Las tres personas Divinas]. En Iglesia ortodoxa en América, ed. The Orthodox Faith (en inglés) (SVS Press). I - Doctrina y Escritura. ISBN 978-0-86642-087-7. Consultado el 25 de abril de 2020. «La persona se define aquí simplemente como el sujeto de la existencia y la vida: hipóstasis en el lenguaje tradicional de la iglesia.
    Como el ser, la esencia o la naturaleza de una realidad responde a la pregunta "¿qué?", La persona de una realidad responde a la pregunta "¿cuál?" ¿o quién?" Entonces, cuando preguntamos "¿Qué es Dios?" Respondemos que Dios es lo divino, perfecto, eterno, absoluto... y cuando preguntamos "¿Quién es Dios?" Respondemos que Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.»
     
  182. a b Hopko, Thomas John (1981). «The Holy Trinity. One God, One Father» [La Santísima Trinidad. Un solo Dios, un solo Padre]. En Iglesia ortodoxa en América, ed. The Orthodox Faith (en inglés) (SVS Press). I - Doctrina y Escritura. ISBN 978-0-86642-087-7. Consultado el 25 de abril de 2020. «En la Biblia, el término "Dios" con muy pocas excepciones se usa principalmente como un nombre para el Padre. Así, el Hijo es el "Hijo de Dios", y el Espíritu es el "Espíritu de Dios". El Hijo nace del Padre, y el Espíritu procede del Padre, tanto en la misma acción eterna como eterna del propio ser del Padre.
    Desde este punto de vista, el Hijo y el Espíritu son uno con Dios y de ninguna manera están separados de Él. Por lo tanto, la Unidad Divina consiste en el Padre, con Su Hijo y Su Espíritu distintos de Él y aun así perfectamente unidos en Él.»
     
  183. McGuckin, John Anthony (2010). «Fatherhood of Good» [Paternidad de Dios]. The Encyclopedia of Eastern Orthodox Christianity (en inglés). Nueva York: John Wiley & Sons. p. 312. ISBN 9781444392548. Consultado el 25 de abril de 2020. 
  184. Hopko, Thomas John (1981). «The Holy Trinity. One God: One Divine Nature and Being» [La Santísima Trinidad. Un Dios: una naturaleza y ser divinos]. En Iglesia ortodoxa en América, ed. The Orthodox Faith (en inglés) (SVS Press). I - Doctrina y Escritura. ISBN 978-0-86642-087-7. Consultado el 25 de abril de 2020. «Lo que es el Padre, el Hijo y el Espíritu también lo son. Esta es la enseñanza de la Iglesia. El Hijo, nacido del Padre, y el Espíritu, proveniente de Él, comparten la naturaleza divina con Dios, siendo "de una esencia" con Él.
    Así, como el Padre es "inefable, inconcebible, invisible, incomprensible, siempre existente y eternamente el mismo" (Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo), así el Hijo y el Espíritu son exactamente lo mismo. Cada atributo de la divinidad que pertenece a Dios el Padre (vida, amor, sabiduría, verdad, bendición, santidad, poder, pureza, alegría) pertenece igualmente al Hijo y al Espíritu Santo. El ser, la naturaleza, la esencia, la existencia y la vida de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son absoluta e idénticamente uno y lo mismo.»
     
  185. Efthymios, Nicolaidis (2011). Science and Eastern Orthodoxy: from the Greek Fathers to the Age of Globalizatio [Ciencia y ortodoxia oriental: de los padres griegos a la era de la globalización] (en inglés). Baltimore, Maryland: The Johns Hopkins University Press. ISBN 9781421402987. 
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  188. a b Ware, Kallistos (Timothy) (1993). The Orthodox Church: An Introduction to Eastern Christianity [La iglesia ortodoxa: una introducción al cristianismo oriental] (en inglés). Penguin. ISBN 978-0-14-192500-4. 
  189. Meyendorff, John (1996). Rome, Constantinople, Moscow: Historical and Theological Studies [Roma, Constantinopla, Moscú: estudios históricos y teológicos] (en inglés). St. Vladimir's Seminary Press. ISBN 9780881411348. 
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  191. Focio (1987). The Mystagogy of the Holy Spirit [Mistagogía del Espíritu Santo] (en inglés). Universidad de Míchigan: Holy Cross Orthodox Press. ISBN 9780916586881. «89. Así, estos hombres brillaron con piedad, dando fe de que el Espíritu procede del Padre, como lo hizo mi Juan [Papa Juan VIII, 872-882, quien firmó los decretos del Octavo Sínodo Ecuménico que se reunió en Constantinopla, 879-880 y acordó prohibir al Filioque del Símbolo de la Fe, terminando con el cisma], él es mío porque, además de otras razones, estaba más en armonía con otros que son nuestros Padres. Nuestro Juan, siendo valiente en mente y piedad, y valiente porque aborrece y rechaza la injusticia y toda clase de impiedad, pudo prevalecer tanto en las leyes sagradas como civiles y transformar el desorden en orden. Este hombre, favorecido entre los arzobispos romanos por sus legados más que ilustres y que sirven a Dios, Pablo, Eugenio y Pedro (obispos y sacerdotes de Dios), quienes estuvieron con nosotros en el sínodo [el Octavo Sínodo Ecuménico que se reunió en Constantinopla, 879-880], este obispo lleno de gracia de la [antigua] Roma aceptó el Símbolo de la Fe de la Iglesia católica de Dios, como los obispos de la [antigua] Roma lo había hecho antes que él. Lo confirmó y suscribió con dichos maravillosos y notables, con lengua y mano sagradas a través de esos hombres muy ilustres y admirables antes mencionados. Sí, y después de eso, el santo Adriano III, su sucesor, nos envió una carta sinódica según la prescripción de la antigua costumbre, enviándonos la misma doctrina, testificando por la misma teología, a saber, que el Espíritu procede del Padre. En consecuencia, esos obispos sagrados y bendecidos de la [antigua] Roma creyeron y enseñaron así durante toda su vida y permanecieron en la misma confesión hasta que pasaron de esta vida perecedera a lo imperecedero. ¿Cuál de estos obispos de la [antigua] Roma, por vida, pensamiento o enseñanza, alteró la profesión de la vida inmortal al decir la palabra herética y enferma [Filioque]? ¿Pueden los enfermos de enfermedad herética afirmar que bebieron el veneno mortal de una impiedad tan grande de cualquiera de los mencionados sin convertirse inmediatamente en adversarios de aquellos que iluminaron triunfalmente las tierras occidentales con la ortodoxia?» 
  192. Eugenio IV (6 de julio de 1439). «Laetentur caeli: Bolla sull'unione con i greci» [Laetentur caeli: Bula de la unión con los griegos]. www.vatican.va (en italiano). Ciudad del Vaticano. Consultado el 25 de abril de 2020. «Después de haber informado los testimonios extraídos de las Sagradas Escrituras y de muchos pasajes de los santos doctores: del este y del oeste, ya que algunos dicen que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, y el otro, en cambio, procede del Padre a través de el Hijo, pero queriendo que todos expresen lo mismo con diferentes formulaciones, los griegos han asegurado que, al decir que el Espíritu Santo procede del Padre, no tienen la intención de excluir al Hijo; pero al parecer, como dicen, que los latinos profesaron que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como por dos principios y dos espiraciones, se abstuvieron de decir que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. En cuanto a los latinos, declararon que al decir que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no tenían la intención de negar que el Padre es la fuente y el principio de toda divinidad, es decir, del Hijo y del Espíritu Santo; ni querían argumentar que el Hijo no tiene del Padre el hecho de que el Espíritu Santo procede del Hijo, ni finalmente admitir dos principios o dos espiraciones, sino afirmar un principio único y una sola espiración del Espíritu Santo, como siempre han afirmado. Y dado que de todas estas expresiones fluye una verdad única e idéntica, finalmente han entendido y acordado, por unanimidad, con el mismo espíritu y en una interpretación igual, la siguiente fórmula de unión santa y agradable a Dios. pero para afirmar un principio único y una sola espiración del Espíritu Santo, como siempre lo han mantenido. Y dado que de todas estas expresiones fluye una verdad única e idéntica, finalmente han entendido y acordado, por unanimidad, con el mismo espíritu y en una interpretación igual, la siguiente fórmula de unión santa y agradable a Dios. Pero para afirmar un principio único y una sola espiración del Espíritu Santo, como siempre lo han mantenido. Y dado que de todas estas expresiones fluye una verdad única e idéntica, finalmente han entendido y acordado, por unanimidad, con el mismo espíritu y en una interpretación igual, la siguiente fórmula de unión santa y agradable a Dios.» 
  193. Eparquía serbia de Buenos Aires (20 de febrero de 2016). «San Focio, patriarca de Constantinopla. Pilar de la Ortodoxia». www.iglesiaortodoxaserbiasca.org. Consultado el 26 de abril de 2020. «San Focio, San Gregorio Palamas y San Marko de Efeso son considerados los Pilares de la Ortodoxia». 
  194. Hierotheos (Vlachos) de Nafpaktos (4 de diciembre de 1993). «Live after death» [Vida después de la muerte]. www.pelagia.org (en inglés). Archivado desde el original el 9 de abril de 2019. Consultado el 26 de abril de 2020. «En el Segundo Concilio Ecuménico fue reconocido por todos como el teólogo por excelencia. Leyó el discurso de apertura en el Sínodo, pronunció la oración fúnebre a Melecio de Antioquía, quien era presidente del Consejo, pronunció el discurso en la entronización de San Gregorio el Teólogo en Constantinopla y, como se cree, fue quien dio la forma final al Credo y formuló el artículo sobre el Espíritu Santo: "Y en el Espíritu Santo, el Señor, el dador de la vida; quien procede del Padre; quien con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, quién habló por los profetas". En particular, se dice que en la iconografía del Segundo Concilio Ecuménico se presenta a San Gregorio como el secretario del Concilio.» 
  195. Siecienski, 2010, pp. 44-45
  196. Zizoulas, John. «One single source: an orthodox response to de clarifcation on the Filioque» [Una sola fuente: una respuesta ortodoxa a la aclaración de Filique]. www.orthodoxresearchinstitute.org (en inglés). Archivado desde el original el 13 de enero de 2013. Consultado el 26 de abril de 2020. «En el período bizantino, el lado ortodoxo acusó a los cristianos de habla latina, que apoyaban a Filioque, de introducir dos dioses, precisamente porque creían que Filioque implicaba dos causas, no simplemente dos fuentes o principios, en la Santísima Trinidad. La tradición patrística griega, al menos desde los Padres Capadocios, identificó al único Dios con la persona del Padre, mientras que San Agustín parece identificarlo con la única sustancia divina (las deitas o divinitas).» 
  197. Lossky, Vladimir (1976). The Mystical Theology of the Eastern Church [La teología mística de la iglesia oriental] (en inglés). St. Vladimir's Seminary Press. pp. 48-57. ISBN 9780913836316. 
  198. Focio (1987). The Mystagogy of the Holy Spirit [Mistagogía del Espíritu Santo] (en inglés). Universidad de Míchigan: Holy Cross Orthodox Press. ISBN 9780916586881. «32. Y nuevamente, si el Espíritu procede del Padre y así se discierne la propiedad hipostática del Espíritu; y el Hijo es engendrado por el Padre y así se discierne la propiedad hipostática del Hijo; entonces si -¡si tuviera el este mismo delirio que ellos!- el Espíritu también procede del Hijo, entonces el Espíritu se diferencia del Padre por más propiedades hipostáticas que el Hijo del Padre. Ambas emanan del Padre, y aunque el Hijo es engendrando y el Espíritu en procesión, sin embargo, uno de las dos formas diferencia a ambos de la hipóstasis del Padre. Pero si el Espíritu se diferencia aún más por dos distinciones producidas por la procesión dual, entonces el Espíritu no solo se diferencia por más distinciones que el Hijo del Padre, sino que el Hijo está más cerca del Padre la esencia y la dignidad igual del Espíritu serán blasfemadas como inferiores al Hijo con respecto al parentesco consustancial con el Padre, debido a dos propiedades específicas que distinguen al Espíritu. Así, la locura macedonia contra el Espíritu surge nuevamente; sin embargo, su renacimiento también recordará la derrota de su impiedad.» 
  199. Pomazansky, Michael (1984). Orthodox Dogmatic Theology: A Concise Exposition [Teología dogmática ortodoxa: una exposición concisa] (en inglés). Saint Herman of Alaska Brotherhood. ISBN 9780938635697. «Sin embargo, el principal hereje que distorsionó la enseñanza apostólica sobre el Espíritu Santo fue Macedonio, que ocupó la presidencia de Constantinopla como arzobispo en el siglo IV y encontró seguidores entre los antiguos arios y semiarrios. Predicó que el Espíritu Santo sería una creación del Hijo y un sirviente del Padre y del Hijo. Los opositores de esta herejía fueron los Padres de la Iglesia de la talla de San Basilio el Grande, San Gregorio Nacianceno, San Atanasio, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio, San Anfiloquio de Iconio, Diodoro de Tarso y otros, que escribieron contra los herejes. La falsa enseñanza de Macedonio fue refutada primero en una serie de consejos locales y, finalmente, en el Segundo Consejo Ecuménico (381) en Constantinopla. Al preservar la ortodoxia doctrinal, el Segundo Concilio Ecuménico completó el Símbolo de Nicea y creó el Símbolo Niceno-Constantinopolitano». 
  200. Lossky, 1974, p. 78 «Si el Espíritu Santo procede únicamente del Padre, como la causa hipostática de las hipóstasis consustanciales, concluimos que la "Trinidad simple", donde la monarquía del Padre condiciona la diversidad de las personas de la Trinidad mientras expresa su unidad esencial.»
  201. Witte, John; Alexander, Frank S. (2007). The Teachings of Modern Orthodox Christianity on Law, Politics, and Human Nature [Las enseñanzas del cristianismo ortodoxo moderno sobre derecho, política y naturaleza humana] (en inglés). Columbia University Press. ISBN 9780231142656. 
  202. Romanides, John S. (1981). «The Filioque». Franks, Romans, feudalism and doctrine (en inglés) (Holy Cross Orthodox Press). Consultado el 26 de abril de 2020. «Durante los siglos siguientes a la controversia, los francos no solo forzaron la tradición patrística a adoptar un molde agustiniano, sino que confundieron la terminología trinitaria de Agustín con la del Padre del Primer y Segundo Sínodo Ecuménico. Esto no es tan evidente en el manejo latino de la descripción de Máximo el Confesor, compuesta en 650, de la Filioque ortodoxa romana occidental en el Concilio de Florencia (1438-42). Los romanos orientales dudaron en presentar la carta de Máximo a Marinos sobre este Filioque ortodoxo romano occidental porque la carta no sobrevivió en su forma completa. Sin embargo, quedaron gratamente sorprendidos cuando Andrés, el obispo latino de Rodas, citó la carta en griego para demostrar que en la época de Máximo no había objeción a que Filioque estuviera en el Credo. Por supuesto, Filioque aún no estaba en el Credo. Luego Andrés procedió a traducir Máximo al latín en beneficio del Papa. Sin embargo, el traductor oficial intervino y desafió la interpretación. Una vez que se estableció la traducción correcta, los francos cuestionaron la autenticidad del texto. Asumieron que su propio Filioque era el único en Occidente, por lo que rechazaron por este motivo el texto de Máximo como base de la unión.
    Cuando Máximo habló sobre el Filioque ortodoxo, con el apoyo de los pasajes de los Padres Romanos, no se refería a aquellos que llegaron a ser conocidos como Padres Latinos, y por eso incluyeron entre ellos a San Cirilo de Alejandría.
    (...) Es obvio que Anastasio el Bibliotecario no entendió al principio al franco Filioque, ya que en esta pregunta reprende a los "griegos" por sus objeciones y los acusa de no aceptar la explicación de Máximo el Confesor de que hay dos usos del término; el que por procesión significa misión esencial, en donde el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (en cuyo caso el Espíritu Santo participó en el acto de enviar, de modo que este es un acto común de toda la Trinidad), y el segundo, por el cual procesión significa relación casual en la que se deriva la existencia del Espíritu Santo. En este último sentido, Máximo asegura a Marinos (a quien le está escribiendo) que los romanos occidentales aceptan que el Espíritu Santo procede casualmente del Padre y que el Hijo no es la causa.
    (...) Esta interpretación del Filioque, dada por Máximo el Confesor y Anastasio el Bibliotecario, es la posición consistente de los papas romanos, y claramente en el caso de León III. Las actas de la conversación celebrada en 810 entre los tres apocrisiario de Carlomagno y el papa León III, mantenidas por el monje franco Esmaragdo, confirman esta coherencia en la política papal. León acepta la enseñanza de los Padres, citada por los francos, de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, como lo enseñaron Agustín y Ambrosio. Sin embargo, el Filioque no debe agregarse al Credo como lo hicieron los francos, quienes obtuvieron permiso para cantar el Credo de León, pero no para agregarlo al Credo.»
     
  203. a b Ware, Kallistos (1980). Hubert Cunliffe-Jones, ed. A History of Christian Doctrine. Christian Theology in the East [Una historia de la doctrina cristiana. Teología cristiana orientel] (en inglés). Filadelfia: Fortress Press. p. 208. «Una Declaración Común Luterana-Ortodoxa sobre la Fe en la Santísima Trinidad, párrafo 11: Esto parece ser lo que Kallistos Ware llama una posición "estricta" dentro de la Iglesia ortodoxa. Ware sostiene que también se mantiene una posición más "liberal" sobre el asunto por muchos ortodoxos de hoy. Escribe que "Según la visión liberal, la doctrina de los griegos y latinos sobre la procedencia del Espíritu Santo también puede considerarse como teológicamente defendible. Los griegos afirman que el Espíritu procede del Padre a través del Hijo, los latinos que viene del Padre y del Hijo. Pero cuando se aplican a la relación entre el Padre y el Espíritu, estas dos preposiciones, 'a través' y 'hacer' significarían lo mismo".» 
  204. a b Jean-Yves Lacoste, ed. (2005). «Filioque». Enciclopedia de teología cristiana 1. Nueva York. p. 583. ISBN 9780203319017. 
  205. Collins, Kenneth J. «Theologoumenon». www.kencollins.com (en inglés). Consultado el 29 de abril de 2020. «Un theologoumenon es una opinión teológica. Esta palabra a menudo se aplica a argumentos opuestos en un debate teológico, donde ambas partes son rigurosamente ortodoxas. Esto sucede porque poseemos suficiente conocimiento para asegurar nuestra salvación, pero no poseemos todo el conocimiento y no podemos satisfacer nuestra curiosidad sobre cada asunto.» 
  206. a b Del Cole, Ralph (1997). «Reflections on the Filioque» [Reflexiones sobre Filioque]. Journal of Ecumenical Studies (en inglés) 34 (2). 
  207. Moltmann, Jürgen (1981). The Trinity and the Kingdom [La Trinidad y el Reino] (en inglés). Fortress Press. p. 180. ISBN 9781451412062. 
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  209. Loski, Nikolái (1991). Lancelot Andrewes the Preacher (1555-1626): The Origins of the Mystical Theology of the Church of England [Lancelot Andrewes el Predicador (1555-1626): Los orígenes de la teología mística en la Iglesia de Inglaterra] (en inglés). Universidad de Míchigan: Clarendon Press. p. 236. ISBN 9780198261858. 
  210. Zoghby, Elias (1992). A Voice From the Byzantine East [Una vox en el este bizantino]. p. 43. «La controversia sobre el filioque, que nos separó durante tantos siglos, es más que un simple tecnicismo, pero no es insoluble. Calificando la posición firme que tomé cuando escribí "La Iglesia ortodoxa" hace veinte años, ahora creo, después de más estudios, que el problema está más en el área de la semántica que en alguna diferencia doctrinal básica. Obispo Kallistos Ware.» 
  211. Ware, Kallistos (1996). «The Father as the Source of the Whole Trinity» [El Padre como fuente de la toda la Trinidad]. Catholic International magazine (en inglés) 7 (1): 36-49. Archivado desde el original el 25 de octubre de 2009. Consultado el 30 de abril de 2020. 
  212. a b Loski, Nikolái (1969). History of Russian Philosophy [Historia de la filosofía rusa] (en inglés). International Universities PressInc. p. 87. ISBN 978-0-8236-8074-0. «El formalismo legal y el racionalismo lógico Iglesia católica tiene sus raíces en el estado romano. Estas características han desarrollado con más fuerza que nunca cuando la iglesia occidental sin el consentimiento del Este, introdujo el Credo Niceno la cláusula Filioque. Este cambio arbitrario de credo es una expresión de orgullo y falta de amor por los demás creyentes no debe ser considerada un cisma en la Iglesia, el romanismo se vio obligado a dar al obispo de Roma infalibilidad absoluta. De esta manera, el catolicismo se separó de la Iglesia en su conjunto y se convirtió en una organización basada en una autoridad externa. Su unidad es similar a la unidad del este: no es súperracional, sino racional y legalmente formal. El racionalismo condujo a la doctrina de las obras de superrogación, estableció un equilibrio de derechos y deberes entre Dios y el hombre, sopesando en el equilibrio los pecados y las oraciones, las transgresiones y los actos de expiación; adoptó la idea de transferir deudas y créditos de una persona a otra y legalizó el intercambio de méritos supuestos; en resumen, introdujo el mecanismo de una casa bancaria en el santuario de la fe.» 
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  216. Gregorios, Paulos (18 de mayo de 2017). «How Different is The Eastern Orthodox Church?» [¿Qué tan diferente es la Iglesia ortodoxa oriental?]. paulosmargregorios.in (en inglés). Consultado el 3 de abril de 2020. «Nos oponemos a ciertas adiciones posteriores hechas por los católicos romanos, por ejemplo, la adición de la palabra filioque en el credo latino. Ellos, por ejemplo, enseñan que el Espíritu Santo, una de las Tres Personas de la Trinidad, procede del Padre y del Hijo (filioque significa "y del Hijo"). Nosotros no enseñamos eso. El Hijo es engendrado por el Padre; El Espíritu procede del Padre. Las palabras "engendrado" y "proceder" delinean la diferencia entre el Hijo y el Espíritu en su relación con el Padre. En siglos posteriores, especialmente después del siglo V, cuando la Iglesia occidental se separó de los amarres asiático-africanos, no entendió la palabra 'proceder' en relación con la venida del Espíritu en la Iglesia en Pentecostés. Esta venida, por supuesto, es del Padre y del Hijo, pero eso no es lo que se entiende por 'proceder'. En la dimensión eterna no podemos decir que el Espíritu procede del Padre y del Hijo. Por lo tanto, 'filioque' está fuera de lugar, equivocado y engañoso.» 
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BibliografíaEditar

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