María I de Inglaterra

reina de Inglaterra e Irlanda y Reina consorte de España

María I (18 de febrero de 1516-17 de noviembre de 1558) fue reina de Inglaterra e Irlanda desde el 6/19 de julio de 1553[i]​ hasta su muerte. Es conocida por su intento agresivo de deshacer la Reforma anglicana, que había comenzado durante el reinado de su padre Enrique VIII. Las ejecuciones que marcaron su intento de restaurar el catolicismo en Inglaterra e Irlanda suscitaron a que fuera apodada «María la Sanguinaria» (Bloody Mary en inglés) por sus opositores protestantes.[5]

María I de Inglaterra
Maria Tudor1.jpg
La reina María de Inglaterra, segunda mujer de Felipe II. Retrato por Antonio Moro (1554) en el Museo del Prado, Madrid.[1]
Reina de Inglaterra
(junto a Felipe I desde 1554)
6/19 de julio de 1553-17 de noviembre de 1558
Predecesor Juana I (disputado) o Eduardo VI
Sucesor Isabel I
Reina consorte de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, duquesa consorte de Milán y Borgoña y soberana consorte de los Países Bajos
16 de enero de 1556-17 de noviembre de 1558
Predecesor Isabel de Portugal
Sucesor Isabel de Francia
Información personal
Coronación 9 de octubre de 1553
Nacimiento 18 de febrero de 1516
palacio de Placentia, Greenwich, Inglaterra
Fallecimiento 17 de noviembre de 1558
(42 años)
palacio de St James, Londres, Inglaterra
Entierro abadía de Westminster
(14 de diciembre de 1558)
Religión católica
Familia
Casa real Tudor
Padre Enrique VIII de Inglaterra
Madre Catalina de Aragón
Consorte Felipe II de España (matr. 1554; viu. 1558)

Firma Firma de María I de Inglaterra
Coat of Arms of England (1554-1558).svg
Veritas temporis filia[2]
[La verdad es hija del tiempo][3]

Era la única hija de Enrique VIII con su primera esposa —Catalina de Aragón— en sobrevivir hasta la edad adulta. Su hermanastro Eduardo VI (hijo de Enrique VIII y Juana Seymour) sucedió a su padre en 1547 a la edad de nueve años. Cuando Eduardo VI enfermó de muerte en 1553, intentó sacarla de la línea de sucesión porque supuso que daría marcha atrás las reformas protestantes que había comenzado durante su reinado. A su muerte, los principales políticos trataron de proclamar a Juana Grey reina de Inglaterra. María reunió a sus seguidores en Anglia Oriental y depuso a Juana I, quien tiempo después fue decapitada. Fue la primera reina de Inglaterra por derecho propio, excluyendo los disputados reinados de Juana I y Matilde I. En 1554, contrajo matrimonio con Felipe II de España, convirtiéndose en reina consorte de la Monarquía Hispánica a su ascenso en 1556, aunque nunca visitó España.

Durante su reinado de cinco años, más de 280 disidentes religiosos murieron quemados en la hoguera en las llamadas persecuciones marianas. Después de su muerte en 1558, el restablecimiento del catolicismo en el país fue revertido por su hermanastra más joven y sucesora, Isabel I —hija de Enrique VIII y Ana Bolena—, al comienzo de su reinado de 45 años.

Índice

Nacimiento y familiaEditar

Nació el 18 de febrero de 1516 en el palacio de Placentia en Greenwich, Inglaterra. Era la única hija del rey Enrique VIII y su primera esposa —Catalina de Aragón— en sobrevivir la infancia. Su madre había sufrido muchos abortos involuntarios.[6][7]​ Antes de su nacimiento, cuatro embarazos previos habían resultado en una hija muerta y tres hijos de corta vida o nacidos muertos, como Enrique, duque de Cornualles.[8][9]

Fue bautizada en la fe católica en la Iglesia de los Frailes Observantes en Greenwich tres días después de su nacimiento.[10][6][11]​ Entre sus padrinos estaban el lord canciller Thomas Wolsey, su tía abuela Catalina de York, condesa de Devon, y Agnes Howard, duquesa de Norfolk.[12][13]Margarita Pole, condesa de Salisbury y tía segunda de Enrique VIII, patrocinó la confirmación de María, que se realizó inmediatamente después del bautismo.[10][13][11]​ Al año siguiente, María actuó de madrina cuando fue nombrada una de las patrocinadoras de su prima Frances Brandon.[14][15]​ En 1520, la condesa de Salisbury fue designada institutriz de María.[16][17][18][19]​ John Hussey, más tarde lord Hussey, fue su chambelán desde 1530; su esposa, lady Anne —hija de George Grey, conde de Kent— fue una de las asistentes de María.[20]

Educación y planes de matrimonioEditar

 
María en el momento de su compromiso con Carlos I de España. Portaba un broche rectangular con la inscripción «El Emperador» (The Emperour).[21]

María era una niña precoz.[22]​ En julio de 1520, con apenas cuatro años y medio, entretuvo a una delegación francesa invitada con un espectáculo de virginal (un tipo de clavecín).[23][24]​ Una gran parte de su educación inicial provino de su madre, quien consultaba al humanista español Juan Luis Vives en busca de consejo y le encomendó que escribiera un tratado sobre la instrucción de las niñas, De institutione feminae christianae (Educación de la mujer cristiana).[25][26]​ A la edad de nueve años, María podía leer y escribir en latín.[14][22]​ Estudió francés, español, música, danza y posiblemente griego.[27]​ Enrique VIII adoraba a su hija; incluso se jactó ante el embajador veneciano Sebastian Giustiniani en una ocasión: «Esta niña nunca llora».[28][ii]​ Además, en el retrato en miniatura de sus espectáculos, María tenía al igual que sus padres una tez muy blanca, ojos de color azul claro y cabello rojo o rojizo dorado. También tenía mejillas rubicundas, un rasgo que heredó de su padre.[29]

A pesar de su afecto por María, Enrique VIII estaba profundamente decepcionado de que su matrimonio no hubiera producido hijos varones.[30]​ Para cuando ella tenía nueve años, era evidente que Enrique VIII y Catalina no tendrían más hijos varones, por lo que el rey inglés estaba sin un heredero varón legítimo.[31][32][33]​ En 1525, Enrique VIII envió a María a la frontera de Gales para presidir, supuestamente de manera nominal, el Consejo de Gales y las Marcas.[32][33]​ Le dieron su propia corte con sede en el castillo de Ludlow y muchas de las prerrogativas reales normalmente reservadas para el príncipe de Gales. Vives y otros la llamaban «princesa de Gales», aunque técnicamente nunca fue investida con el título.[34]​ Aparentemente pasó tres años en las Marcas Galesas, haciendo visitas regulares a la corte de su padre, antes de regresar permanentemente a los condados adyacentes de Londres a mediados de 1528.[35]

A lo largo de su infancia, Enrique VIII negoció futuros matrimonios para ella. Cuando tenía dos años de edad, fue prometida a Francisco, hijo menor del rey Francisco I de Francia, pero el acuerdo fue repudiado tres años después.[36][37][38]​ En 1522, a la edad de seis años, se acordó el matrimonio con su primo hermano de 22 años, el emperador teutón y rey español Carlos I.[39][40][41][21]​ Sin embargo, Carlos I rompió el compromiso unos pocos años con la aprobación de Enrique VIII.[42]

El cardenal Thomas Wolsey —consejero en jefe del rey inglés— entonces reanudó las negociaciones matrimoniales con los franceses; Enrique VIII sugirió que María se casara con el padre del delfín, el propio Francisco I, quien estaba ansioso por una alianza con Inglaterra.[43]​ Se firmó un tratado de matrimonio que establecía que ella se casaría con Francisco I o con su segundo hijo, Enrique, duque de Orleans,[44]​ pero Wolsey consiguió una alianza con Francia sin tal matrimonio.[45]​ Según el veneciano Mario Savorgnano, en ese momento María se estaba convirtiendo en una «jovencita bonita, bien proporcionada y de buena complexión».[46][47]

JuventudEditar

Mientras tanto, el matrimonio de sus padres estaba en peligro. Decepcionado por la falta de un heredero varón y con ansias de volverse a casar, Enrique VIII intentó que se anulara su matrimonio con Catalina, pero el papa Clemente VII rechazó su solicitud. Enrique VIII afirmó, citando pasajes bíblicos (Levítico 20:21), que su matrimonio con Catalina era «inmundo» porque ella era viuda de su hermano Arturo (tío de María). Catalina indicó que su matrimonio con Arturo nunca se consumó, por lo que no era un enlace válido.[48]​ Su primer matrimonio había sido anulado por un papa anterior, Julio II, sobre esa base. Clemente VII posiblemente era renuente a intervenir debido a la intimidación de Carlos I, sobrino de Catalina y antiguo prometido de María, cuyas tropas habían rodeado y ocupado Roma en la Guerra de la Liga de Cognac.[49][50]

Desde 1531, María se enfermaba frecuentemente de menstruación irregular y depresión, aunque no está claro si esto era causado por el estrés, la pubertad o una patología subyacente.[51]​ No se le permitió ver a su madre, a quien Enrique VIII había enviado a vivir lejos de la corte real.[52][53]​ A principios de 1533, su padre se casó con Ana Bolena —quien estaba embarazada de su próximo hijo— y, en mayo, Thomas Cranmer, arzobispo de Canterbury, formalmente anuló el matrimonio con Catalina y validó el enlace con Ana.[54]​ Enrique VIII rechazó la autoridad papa y se declaró jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra. Catalina fue degradada a princesa viuda de Gales (título que habría tenido como viuda de Arturo) y María fue considerada ilegítima. Era llamada «la dama María» (The Lady Mary) en lugar de su tratamiento de alteza real y sus derechos en la línea de sucesión fueron transferidos a su hermanastra recién nacida, Isabel, hija de Ana.[55][56][57]​ Su casa fue disuelta,[58][55][59][60]​ sus sirvientes —como la condesa de Salisbury— despedidos y, en diciembre de 1533, María integrada en la casa de crianza de Isabel en Hatfield.[61][59][62]​ También fue abandonado un intento de casarla con algún pariente de su madrastra.[63]

 
Retratada en 1544.

María rehusó firmemente reconocer Ana como reina o a Isabel como princesa, lo que enfureció aún más a Enrique VIII.[64][65][66]​ Bajo tensión y con sus restricción de movimiento, frecuentemente se enfermaba, algo que el médico real William Butts atribuyó a sus «malos tratos».[67]​ También porque tenía miedo de que la envenenaran,[68]​ ya que Ana la consideraba una amenaza a sus intereses.[69]​ El embajador teutón Eustace Chapuys se volvió su consejero cercano e intercedió, sin éxito, por ella en la corte.[70][71]​ La relación entre María y su padre empeoró; no se hablaron durante tres años.[72]​ Aunque tanto ella como su madre estaban enfermas, a María le negaron el permiso para visitar a Catalina.[73][74]​ Cuando su madre murió en 1536, María estaba «inconsolable»[75]​ e insegura por su futuro.[76]​ Catalina fue enterrada en la catedral de Peterborough; después de esto, María pasó un tiempo en reclusión voluntaria en Hunsdon.[77][78]

AdultezEditar

En 1536, Ana Bolena perdió el favor del rey inglés —supuestamente por un aborto involuntario ese mismo año—[79]​ y fue decapitada. Isabel —al igual que María— fue declarada ilegítima y despojada de sus derechos de sucesión.[80]​ A las dos semanas de la ejecución de Ana, Enrique VIII se casó con Juana Seymour, quien instó a su esposo a hacer las paces con María.[81][82][83]​ El rey inglés insistió en que ella le reconociera como cabeza de la Iglesia de Inglaterra, repudiara la autoridad papal, aceptara que el matrimonio entre sus padres era ilegal, así como su propia ilegitimidad. María intentó reconciliarse con su padre, sometiéndose a su autoridad en la medida en que «Dios y mi conciencia» se lo permitieron, pero finalmente fue intimidada a firmar un documento en el que acataba las demandas de Enrique VIII.[84][85][86]​ Reconciliada con su padre, reasumió su lugar en la corte.[84][85][87]​ Enrique VIII le concedió una casa real (que incluía la reincorporación de Susan Clarencieux, la favorita de María).[88]​ Los gastos de María en este período demuestran que Hatfield House, el palacio de Beaulieu (también llamado Newhall), Richmond y Hunsdon estaban entre sus lugares preferidos de residencia, así como los palacios de Enrique VIII en Greenwich, Westminster y Hampton Court.[89][90]​ Sus gastos incluían ropa fina y juegos de cartas, uno de sus pasatiempos favoritos.[91][92]​ Los rebeldes en el norte de Inglaterra —como lord Hussey, exchambelán de María— hicieron campaña contra las reformas religiosas de Enrique VIII; una de sus demandas era que se declarara legítima a María. La rebelión —conocida como la Peregrinación de Gracia— fue reprimida despiadadamente.[93]​ Al igual que otros rebeldes, Hussey fue ejecutado, pero no hubo ningún indicio de que María estuviera directamente involucrada.[94]​ Al año siguiente, 1537, Juana murió después de dar a luz a un hijo Eduardo. María fue madrina de su hermanastro y actuó de deuda más cercana en el funeral de la reina consorte.[95][96][97]

María fue cortejada por el duque Felipe de Baviera desde finales de 1539, pero él era luterano y la petición de su mano en matrimonio no tuvo éxito.[98][99][100][101]​ En 1539, el primer ministro del rey, Thomas Cromwell, negoció una posible alianza con el Ducado de Cléveris. Las sugerencias de que María se casara con el duque de Cléveris, que tenía la misma edad, fracasaron, pero se llegó a un acuerdo entre Enrique VIII y la hermana del duque, Ana.[102][101]​ El rey inglés la conoció por primera vez a finales de diciembre de 1539, pero, a una semana antes de la boda programada, no se sentía atraído hacia ella, pero no pudo cancelar el matrimonio por razones diplomáticas y ante la falta de un pretexto adecuado.[103]​ Cromwell cayó en desgracia y fue arrestado por traición en junio de 1540; uno de los cargos improbables en su contra era que había planeado casarse con la propia María.[104]​ Ana consintió la nulidad del matrimonio —que no se había consumado— y Cromwell fue decapitado.[105]

 
Enrique VIII y su hija María en un grabado de Will Sommers (c. XVI).

En 1541, Enrique VIII ordenó que la condesa de Salisbury —antigua institutriz y madrina de María— fuera ejecutada bajo la acusación de un complot católico, en el cual estaba implicado su hijo Reginald Pole.[106][107]​ Según las crónicas, su verdugo era «un joven miserable y desatinado» que «literalmente cortó la cabeza y los hombros en trocitos».[108]​ En 1542, después de la ejecución de la quinta esposa de Enrique VIII, Catalina Howard, el monarca soltero invitó a María a asistir a las festividades reales de Navidad.[109]​ En la corte, mientras su padre estaba entre casados y sin consorte, María actuaba de anfitriona.[110]​ En 1543, Enrique VIII se casó con su sexta y última esposa, Catalina Parr, quien fue capaz de acercar a la familia.[111][112]​ Enrique VIII reincorporó a sus dos hijas en la línea de sucesión, a través de la Ley de Sucesión de 1544 y las situó después de Eduardo. Sin embargo, ambas permanecieron legalmente ilegítimas.[113][100][114]

Enrique VIII murió en 1547 y Eduardo VI le sucedió. María heredó propiedades en Norfolk, Suffolk y Essex y también le fueron concedidas Hunsdon y Beaulieu.[115][116]​ Debido que Eduardo VI aún era niño, el poder pasó a un consejo de regencia dominado por protestantes, que intentaron establecer su fe en el país. Por ejemplo, la Ley de Uniformidad de 1549 prescribió ritos protestantes para los servicios de la iglesia, como el uso del nuevo Libro de Oración Común de Thomas Cranmer. María permaneció fiel al catolicismo romano y celebró desafiantemente la misa tradicional en su propia capilla. Hizo un llamado a su primo Carlos I para que aplicara presión diplomática exigiendo que se le permitiera practicar su religión.[117][118][119]

Durante la mayor parte del reinado de Eduardo VI, María permaneció en sus propiedades y rara vez asistió a la corte.[120][121]​ Entre mayo y julio de 1550, Carlos I planeó sacarla sigilosamente de Inglaterra con tres barcos a la corte de su hermana en los Países Bajos, pero María vaciló.[122][123][124][125][126]​ Las diferencias religiosas entre ella y su hermanastro continuaron. A la edad de treinta años, María asistió a una reunión con Eduardo VI e Isabel durante la Navidad de 1550, donde el rey inglés (de 13 años) la humilló reprendiéndola públicamente por ignorar sus leyes con respecto a la adoración, lo que la hizo llorar frente a la corte.[127][128]​ María rechazó repetidamente las demandas de su hermanastro de que abandonara el catolicismo, mientras él persistentemente rehusó desistir en sus demandas.[129][130]

ReinadoEditar

Ascenso al tronoEditar

 
María entrando en Londres para tomar el poder en 1553, acompañada de su hermanastra Isabel. Pintura de Byam Shaw (1910).

El 6 de julio de 1553, a la edad de 15 años, Eduardo VI murió de una infección pulmonar, posiblemente tuberculosis.[131]​ No deseaba que la Corona fuera a parar a María, porque temía que ella restaurara el catolicismo y anulara sus reforma y las de Enrique VIII, por lo que planeaba excluirla de la línea de sucesión. Sin embargo, sus consejeros le dijeron que no podía desheredar solo a una de sus hermanastras, ya que también tendría que privar de sus derechos a Isabel, a pesar de que era protestante. Guiado por el duque de Northumberland —John Dudley— y posiblemente otros, Eduardo VI excluyó a ambas de la línea de sucesión en su testamento.[132]​ Contradiciendo la Ley de Sucesión —que restauró a María e Isabel en la línea de sucesión—, Eduardo VI nombró a la nuera de Dudley y nieta de la hermana menor de su padre María, Juana Grey, como su sucesora. La madre de Juana era Frances Brandon, prima y ahijada de María.

Justo antes de la muerte de Eduardo VI, María fue convocada a Londres para visitar a su hermanastro moribundo. No obstante, sus consejeros le advirtieron que la convocatoria era un pretexto para capturarla y facilitar así el ascenso de Juana al trono.[133][134]​ Por tanto, en lugar de dirigirse a Londres desde su residencia en Hunsdon, huyó a Anglia Oriental, donde poseía extensas propiedades y Dudley había suprimido cruelmente la rebelíón de Robert Kett. Muchos adherentes a la fe católica y oponentes de Dudley vivían allí.[135][136]​ El 9 de julio, desde Kenninghall, escribió al consejo privado ordenando su proclamación como sucesora de Eduardo VI.[137][138][139][140]

El 10 de julio de 1553, Dudley y sus partidarios proclamaron reina a Juana y ese mismo día llegó a Londres la carta de María al consejo privado. Para el 12 de julio, María y sus seguidores habían reunido una fuerza militar en el castillo de Framlingham en Suffolk.[141][142]​ El apoyo de Dudley colapsó, mientras el de María creció.[143][144][145][146]​ Juana I fue derrocada el 19 de julio;[147][148]​ ella y Dudley fueron recluidos en la Torre de Londres. El 3 de agosto de 1553, María cabalgó triunfalmente por Londres rodeada de una ola de apoyo popular. Era acompañada por su hermanastra Isabel y una procesión de más de 800 nobles y caballeros.[149]

Una de las primeras acciones de María al llegar al poder fue ordenar la liberación del católico duque de Norfolk y Stephen Gardiner de su encarcelamiento en la Torre, así como de su pariente Edward Courtenay.[150][151]​ María dedujo que la joven Juan era precisamente un peón en el plan de Dudley, quien al final fue el único conspirador de alto rango en morir ejecutado por alta traición inmediatamente después del golpe. Aunque Juana y su marido Guilford Dudley fueron declarados culpables, estuvieron bajo custodia en la Torre en lugar de ser ejecutados inmediatamente, mientras que el padre de Juana, Henry Grey, duque de Suffolk, fue liberado.[152][153]​ María se encontraba en una situación difícil, ya que casi todos los consejeros privados estuvieron implicados en el plan para colocar a Juana en el trono.[154]​ Nominó a Gardiner para el consejo privado y le designó obispo de Winchester y lord canciller, cargos que ocupó hasta su muerte en noviembre de 1555; Susan Clarencieux fue nombrada señora de las ropajes.[155]​ El 1 de octubre de 1553, Gardiner coronó a María en la abadía de Westminster.[156][157]

Matrimonio con Felipe IIEditar

 
Retrato de Felipe de España por Tiziano (c. 1550).

A los 37 años, María volvió su atención a encontrar un marido y engendrar su heredero, lo que evitaría que la protestante Isabel (aún próxima en la línea de sucesión bajo los términos del testamento de Enrique VIII y la Ley de Sucesión de 1544) consiguiera el trono. Edward Courtenay y Reginald Pole fueron mencionados como posibles pretendientes, pero su primo Carlos I sugirió que se casara con su único hijo, el príncipe Felipe de España.[158][159]​ quien ya tenía un hijo de un matrimonio previo y era heredero de vastos territorios en la Europa continental y el Nuevo Mundo. Como parte de las negociaciones matrimoniales, la reina inglesa recibió un retrato del príncipe español por Tiziano en la segunda mitad de 1553.[160]

El lord canciller Gardiner y la Cámara de los Comunes le solicitaron infructuosamente que considerara casarse con un inglés, por temor a que Inglaterra quedara relegada a una dependencia de los Habsburgo.[161][162][163]​ Este matrimonio era impopular entre los ingleses;[164]​ Gardiner y sus aliados se opusieron sobre la base del patriotismo, mientras que los protestantes eran motivados por temor al retorno del catolicismo.[165]​ Estallaron insurrecciones por la insistencia de María en casarse con Felipe. Thomas Wyatt «el Joven» lideró una fuerza de Kent para deponerla a favor de su hermanastra, como parte de una conspiración más amplia conocida como la rebelión de Wyatt, que también involucró al duque de Suffolk, padre de Juana.[166][167]​ La reina inglesa anunció públicamente que convocaría al Parlamento para discutir el matrimonio y si este decidía que la propuesta no era ventajosa para el reino entonces ella se abstendría de continuar.[168][169][170]​ Al llegar a Londres, Wyatt fue derrotado y capturado. El duque de Suffolk, su hija Juana, su marido Guilford Dudley y Wyatt fueron ejecutados. Courtenay —también implicado en la trama— fue encarcelado y luego exiliado. Aunque protestó por su inocencia en el caso de Wyatt, Isabel estuvo recluida en la Torre de Londres durante dos meses y luego puesta bajo arresto domiciliario en el palacio de Woodstock.[171][172]

María era —si se excluyen los breves y disputados reinados de Matilde I y Juana I— reina de Inglaterra por derecho propio.[173]​ Asimismo, bajo la doctrina del derecho consuetudinario inglés sobre el iure uxoris, la propiedad y los títulos pertenecientes a una mujer se hacían propios de esposo al casarse y, por tanto, se temía que cualquier hombre con el que se casara la reina se convirtiera de este modo en rey de Inglaterra de facto y en nombre.[174][175]​ Mientras que los abuelos de María —Fernando e Isabel— habían conservado la soberanía de sus propios reinos durante su matrimonio, no existían precedentes a seguir en Inglaterra.[176][177]​ De acuerdo a los términos de la Ley de Matrimonio de la reina María, Felipe debía llamarse «rey de Inglaterra», los documentos oficiales (así como las leyes del Parlamento) iban a ser titulados con los nombres de ambos y el Parlamento debía ser convocado bajo la autoridad conjunta de la pareja, solo mientras María viviera. Inglaterra no estaría obligada a proporcionar apoyo militar al padre de Felipe en ninguna guerra y él no podría actuar sin el consentimiento de su esposa ni nombrar extranjeros en cargos en Inglaterra.[178][177][179]​ Felipe estaba descontento con las condiciones impuestas, pero aún así las aceptó el bien de asegurar su matrimonio.[180][181]​ No tenía sentimientos amorosos hacia ella y solo buscó este matrimonio por intereses políticos y estratégicos; el 29 de julio de 1554, Ruy Gómez de Silva —ayudante de Felipe— escribió a Francisco de Eraso en Bruselas: «El matrimonio finalizó sin ninguna consideración carnal, sino con el propósito de remediar los desórdenes de este reino y preservar los Países Bajos».[182][183][184][185]

 
María y su esposo Felipe (c. 1558).

Para elevar a su hijo al rango de María, Carlos I cedió a Felipe la Corona de Nápoles, así como su derecho al Reino de Jerusalén. Por tanto, María se convirtió en reina de Nápoles y reina titular de Jerusalén al casarse.[186][187][188]​ Su boda en la catedral de Winchester el 25 de julio de 1554 tuvo lugar tan solo dos días después de su primera reunión.[189][190][191][192]​ Felipe no sabía hablar inglés, por lo que se comunicaban en una mezcla de español, francés y latín.[193][194]

Embarazo falsoEditar

En septiembre de 1554, María dejó de menstruar. Aumentó de peso y sentía náuseas por las mañanas. Por estos motivos, casi la totalidad de su corte, incluidos sus médicos, creían que estaba embarazada[195][196]​ El Parlamento aprobó una ley que designó a Felipe regente en caso de la muerte de la reina inglesa en el parto.[197]​ En la última semana de abril de 1555, Isabel fue liberada del arresto domiciliario y llamó a la corte como testigo del nacimiento, el cual acaecería inminentemente.[198][199][200]​ Según Giovanni Michieli, el embajador veneciano, Felipe pudo haber planeado casarse con Isabel en caso de la muerte de María en el parto,[201]​ pero en una misiva fechada el 25 de abril de 1554 a su cuñado Maximiliano de Austria, Felipe expresó incertidumbre sobre si su esposa estaba embarazada: «El embarazo de la reina resulta que no ha sido tan certero como pensábamos».[202][203]

A finales de abril, se llevaron a cabo los servicios de acción de gracias en la diócesis de Londres, luego de falsos rumores de que María había dado a luz a un hijo se habían esparcido por Europa.[199][204]​ Durante mayo y junio, la aparente demora en el parto alimentó los rumores de que ella no estaba embarazada.[205]​ Susan Clarencieux expresó sus dudas al embajador francés Antoine de Noailles.[206]​ La reina inglesa continuó mostrando signos de embarazo hasta julio de 1555, cuando su abdomen se hundió. Como no había bebé, Michieli desdeñosamente ridiculizó el embarazo como algo que «termina en viento en lugar de cualquier otra cosa».[207][208]​ Probablemente se trataba de un embarazo psicológico, posiblemente inducido por el deseo abrumador de María de tener un hijo.[209][210]​ En agosto, poco después de su desgracia —que la reina inglesa percibió como el «castigo de Dios» por haber «tolerado herejes» en su reino—, Felipe partió de Inglaterra a comandar sus ejércitos contra Francia en Flandes.[211]​ María estaba desconsolada y cayó en una profunda depresión. Michieli se conmovió por el dolor de la reina y escribió que ella estaba «extraordinariamente enamorada» de su marido y acongojada por su partida.[212][213]

Isabel permaneció en la corte hasta octubre, aparentemente con su favor de la reina restaurado, según Antoine de Noailles.[214]​ A falta de hijos, Felipe estaba preocupado que uno de los aspirantes al trono inglés después de su cuñada Isabel fuese la reina de Escocia, que estaba comprometida con el delfín de Francia. Felipe persuadió a su esposa de que Isabel debía casarse con su primo Manuel Filiberto, duque de Saboya, para asegurar la sucesión católica y preservar el interés de los Habsburgo en Inglaterra, pero Isabel rehusó cumplir esto; además, el consentimiento parlamentario era poco probable.[215]

Política religiosaEditar

En el mes siguiente a su ascenso, María emitió un edicto en el que no obligaría a ninguno de sus súbditos a seguir su religión, pero para finales de septiembre los líderes eclesiásticos protestantes —John Bradford, John Rogers, John Hooper, Hugh Latimer y Thomas Cranmer, entre otros— fueron encarcelados.[216][217]​ El primer parlamento de su reinado —que se reunió a principios de octubre de 1553— declaró válido el matrimonio de sus padres y abolió las leyes religiosas de Eduardo VI.[218][219][220]​ La doctrina de la iglesia fue restaurada a la forma que había tomado en los «seis artículos» de 1539, que, entre otras cosas, reafirmaban el celibato clerical. Los sacerdotes casados fueron privados de sus beneficios.[221][222]

María siempre había rechazado la ruptura con la Santa Sede instituida por su padre y el establecimiento del protestantismo por parte de los regentes de su hermanastro. Felipe convenció al Parlamento inglés de derogar las leyes religiosas de Enrique VIII y así devolver la iglesia en Inglaterra a la jurisdicción romana. Alcanzar a este acuerdo tomó muchos meses y la reina inglesa y el papa Julio III tuvieron que hacer una importante concesión: las tierras de monasterios confiscadas durante el reinado de Enrique VIII no serían devueltas a la iglesia sino que permanecerían en manos de sus nuevos propietarios, entre los que habían muchos parlamentarios.[223]​ A finales de 1554, el papa había aprobado el acuerdo, mientras en Inglaterra se revivieron las llamadas Leyes de Herejía,[224]​ aplicadas en Inglaterra siglos antes.[225]

Con los Leyes de Herejía, numerosos protestantes fueron ejecutados en las llamadas persecuciones marianas. Alrededor de 800 protestantes acaudalados —como John Foxe— eligieron el exilio a quedarse.[226]​ Las primeras ejecuciones se realizaron en un período de cinco días a principios de febrero de 1555: John Rogers el 4 de febrero, Laurence Saunders el 8 de febrero y Rowland Taylor y John Hooper el 9 de febrero.[227]​ Thomas Cranmer, arzobispo de Canterbury en detención, fue obligado a ver a los obispos Ridley y Latimer arder en la hoguera. Cranmer se retractó, repudió la teología protestante y se reincorporó a la fe católica.[228][229][230]​ Según el proceso establecido en las leyes, debió haber sido absuelto por arrepentimiento; sin embargo, María rehusó indultarlo. El día de su incineración, retiró dramáticamente su retractación.[231][230][232]​ En total, 283 fueron ejecutados, la mayoría en la hoguera.[233][234][235]​ Las quemas resultaron tan impopulares que incluso Alfonso de Castro —uno de los miembros del personal eclesiástico de Felipe— las condenó[236][237][238]​ y un consejero —Simon Renard— advirtió a la reina que esa «ejecución cruel» podría «provocar una revuelta».[239]

La reina inglesa persistió con esta política,[iii]​ que continuó hasta su muerte, exacerbando el sentimiento anticatólico y antiespañol entre los ingleses.[241][238]​ Las víctimas de las persecuciones eran tratadas como mártires.[242]​ Una de las grandes dificultades que la reina inglesa enfrentó era que habían pocos clérigos que cumplían con sus estándares, ya que no habían recibido educación sistemática del clero durante el reinado de su hermanastro y muchos estaban casados.[243]​ Rápidamente quedó claro que la quema de los líderes no sería suficiente para erradicar el protestantismo. La reintroducción del catolicismo tuvo una fuerte resistencia en las comunidades. También María carecía de dinero para adaptar a las iglesias parroquiales a los estándares católicos. Muchas comunidades no pudieron adquirir altares de piedra, túnicas sacerdotales y vasos sagrado y rehusaron cooperar con los ministros de la reina inglesa.[244]

Reginald Pole —hijo de la institutriz ejecutada de María y una vez considerado pretendiente— regresó como legado papal en noviembre de 1554.[245][246]​ Fue ordenado sacerdote y nombrado arzobispo de Canterbury inmediatamente después de la ejecución de Cranmer en marzo de 1556.[247][iv]

Política exteriorEditar

 
Retrato de Hans Eworth (1554). Luce un collar con la perla Peregrina entre dos diamantes.

Continuando con la reconquista Tudor de Irlanda, durante el reinado de María y Felipe los colonos ingleses se asentaron en las Tierras Medias irlandesas. Se fundaron los condados de Queen's y King's (ahora condados de Laois y Offaly) y se construyeron nuevos asentamientos.[249]​ Sus ciudades principales fueron llamadas respectivamente Maryborough (ahora Portlaoise) y Philipstown (Daingean).[250]

En enero de 1556, el suegro de María abdicó. Ella y Felipe aún estaban separados; él fue declarado rey de España en Bruselas, pero María permaneció en Inglaterra. Felipe negoció una inestable tregua con los franceses en febrero de 1556. Al mes siguiente, el embajador francés en Inglaterra —Antoine de Noailles— estuvo implicado en un complot contra la reina inglesa, en el que Henry Dudley —primo segundo del ejecutado duque de Northumberland— intentó armar una tropa de invasión en Francia. La trama —conocida como la conspiración de Dudley— fue traicionada y los conspiradores en Inglaterra fueron arrestados. Dudley permaneció en el exilio en Francia y Noailles abandonó prudentemente Gran Bretaña.[251]

Felipe estuvo en Inglaterra de marzo a julio de 1557 para convencer a María de que apoyara a España en una nueva guerra contra Francia. Ella estaba a favor de declarar la guerra, pero sus consejeros se opusieron porque el comercio francés estaría en peligro, aparte que contravenía el tratado matrimonial y porque el precario legado económico de su hermanastro Eduardo VI y una serie de malas cosechas hicieron que Inglaterra careciese de suministros y finanzas.[252]​ La guerra se declaró en junio de 1557 cuando el sobrino de Reginald Pole —Thomas Stafford— invadió Inglaterra y se apoderó del castillo de Scarborough con ayuda francesa en un intento fallido de destronar a María.[253][254][255]​ Como resultado del conflicto bélico, las relaciones entre Inglaterra y el papado se tensaron, ya que el papa Pablo IV se alió con Enrique II de Francia.[256]​ En agosto, las fuerzas inglesas salieron victoriosas de la batalla de San Quintín, de la que un testigo declaró: «Ambos bandos lucharon de manera muy selecta y el inglés era el mejor de todos».[257]​ No obstante, las celebraciones fueron breves, ya que, en enero de 1558, tropas francesas tomaron Calais, la única posesión restante de Inglaterra en el continente europeo. Aunque el mantenimiento de ese territorio era financieramente costoso, era una pérdida ideológica que dañó el prestigio de María.[258][259][260]​ Según las Crónicas de Holinshed, la reina inglesa luego lamentó: «Cuando esté muerta y descubierta, encontrarán “Calais” dentro en mi corazón», aunque esto pudo ser apócrifo.[261]

Comercio e ingresosEditar

 
Un groat irlandés con la efigie de Felipe y María.

Los años de su reinado fueron consistentemente lluviosos. Las precipitaciones persistentes y las inundaciones posteriores condujeron a la hambruna.[262][263]​ Otro problema era la disminución del comercio de telas de Amberes.[264]​ A pesar de su matrimonio con Felipe, Inglaterra no se benefició del comercio desmesuradamente lucrativo de España con el Nuevo Mundo.[265]​ Los españoles custodiaban celosamente sus rutas comerciales y la reina inglesa no podía tolerar el comercio ilícito o la piratería contra su marido.[266]​ En un intento por aumentar el comercio y rescatar la economía inglesa, los consejeros de María continuaron la política de Northumberland de buscar nuevas rutas comerciales. La reina inglesa otorgó una carta real a la Compañía de Moscovia, cuyo primer gobernador fue Sebastián Caboto;[267]​ se encargó un atlas mundial a Diogo Homem.[268]​ Aventureros como John Lok y William Towerson navegaron al sur en un intento de desarrollar vínculos con la costa africana.[269]

Financieramente, el régimen de María intentó reconciliar alguna forma moderna de gobierno —con un gasto correspondientemente más alto— con el sistema medieval de recaudación de impuestos y derechos.[270][271]​ La reina inglesa conservó a William Paulet, marqués de Winchester, en el cargo de lord gran tesorero —posición en la que se desempeñaba desde el reinado de Eduardo VI— y le asignó supervisar el sistema de recaudación de impuestos. Ante la falta de aplicación de los nuevos aranceles a las nuevas formas de importaciones, se descuidó una fuente importante de ingresos. Para resolver este problema, el gobierno de María publicó un «libro de tasas» revisado (1558), que enumeraba los aranceles e impuestos para cada importación. Esta publicación no fue revisada exhaustivamente hasta 1604.[272]

La moneda inglesa había experimentado problemas tanto en el reinado de Enrique VIII como en el de Eduardo VI. María preparó planes para la reforma monetaria, pero no se implementaron hasta después de su muerte.[272][273]

MuerteEditar

Después de la visita de su marido en 1557, pensó que estaba embarazada de nuevo y que su bebé iba a nacer en marzo de 1558.[274][275][276]​ Estableció en su testamento que su esposo sería el regente durante la minoría de su hijo.[277]​ Sin embargo, no nació ningún niño, por lo que la reina inglesa se vio forzada a reconocer a Isabel como su sucesora legítima.[278]

María se sentía débil y enferma desde mayo de 1558.[279][280]​ Sufriendo dolor, posiblemente por quistes ováricos o cáncer uterino,[281]​ murió el 17 de noviembre de 1558, a los 42 años, en el palacio de St James durante una epidemia de gripe que también cobró la vida de Reginald Pole ese mismo día. Fue sucedida por su hermanastra Isabel I. En Bruselas, Felipe escribió a su hermana Juana: «Sentí un arrepentimiento razonable por su muerte».[282][283][284][285]

 
Tumba de Isabel y María en la capilla mariana de la abadía de Westminster.

Aunque en su testamento declaró que deseaba ser enterrada al lado de su madre, fue inhumada, el 14 de diciembre, en la capilla mariana de Enrique VII de la abadía de Westminster en una tumba que finalmente compartiría con Isabel. La inscripción latina en su tumba dice Regno consortes et urna, hic obdormimus Elizabetha et Maria sorores, in spe resurrectionis (colocada por Jacobo I cuando sucedió a Isabel I) y se traduce: «Compañeras en el trono y la tumba, aquí descansan, Isabel y María, hermanas, en la esperanza de la resurrección» (Consorts in realm and tomb, we, sisters Elizabeth and Mary, here lie down to sleep in hope of resurrection).[286][287]

LegadoEditar

En su servicio fúnebre, John White, obispo de Winchester, elogió a María: «Era hija de un rey, era hermana de un rey, era esposa de un rey. Era una reina y por el mismo título un rey también».[288][289]​ Fue la primera mujer en reclamar exitosamente el trono de Inglaterra; a pesar de la competencia reñida y una oposición decidida, disfrutó del apoyo popular y la simpatía durante los primeros años de su reinado, especialmente con los católicos de Inglaterra.[290]

Los escritores protestantes de la época y de años posteriores, frecuentemente han tenido una visión muy negativa del reinado de María. En el siglo XVII, el recuerdo de sus persecuciones religiosas llevó a la adopción de su sobrenombre «María la Sanguinaria»[5]​ (Bloody Mary).[291]John Knox la condenó en su First blast of the trumpet against the monstrous regiment of women (1558) y fue vilipendiada duramente por John Foxe en Actes and monuments (1563). Las ediciones subsiguientes del libro de Foxe siguieron siendo populares a lo largo de los siglos y ayudaron a dar forma a percepciones perdurables sobre ella como un tirana sangrienta.[292][293]

En el siglo XXI es recordada por sus esfuerzos de restaurar la primacía del catolicismo en Inglaterra después del ascenso de la influencia protestante en el efímero reinado de su hermanastro Eduardo VI. Los historiadores protestantes han denigrado durante mucho tiempo su reinado e indican que en solo cinco años envió a la hoguera a varios cientos de protestantes durante las persecuciones marianas. A mediados del siglo XX, H. F. M. Prescott intentó corregir la tradición de que María era intolerante y autoritaria; por esto, la erudición desde entonces ha tendido a tratar las evaluaciones más antiguas y sencillas de María con mayores reservas.[294]​ Un revisionismo historiográfico desde los años 1980 ha mejorado hasta cierto punto su reputación entre los académicos.[295]Christopher Haigh arguyó que la reactivación de las festividades religiosas y las prácticas católicas fueron bien recibidos por el público en general.[296][297]​ Haigh concluyó que «los últimos años del reinado de María no fueron una preparación horrible para la victoria protestante, sino una consolidación continua de la resistencia católica».[296]

También persiste el debate sobre quién tuvo la responsabilidad real de las muertes en la hoguera. John Foxe consideró a Edmund Bonner, obispo de Londres, uno de los cazadores de herejes más infames, pero Bonner estaba más interesado en que los sospechosos se retractaran en lugar de quemarlos.[298][240]​ Aunque el arzobispo Pole confiaba en las quemas para demostrar que no era hereje ante el nuevo papa Pablo IV, Foxe indicó que Pole «no [era] uno de esos sangrientos y crueles papistas».[298]​ Pole se dio cuenta bastante rápido de lo impopulares que eran las ejecuciones. Sin embargo, Prescott criticó que él tampoco hizo ningún intento por influenciar a la reina inglés en este sentido, que siempre daba gran estima a su consejo.[299]​ Aunque deseoso de restaurar el viejo orden, Gardiner votó a favor de la reintroducción de las Leyes de Herejía, pero se retiró de la caza del herejes tras la quema en la hoguera de los principales protestantes.[300]​ Por tanto, es muy posible que María haya decretado personalmente estas ejecuciones. En una orden real a Bonner el 24 de mayo de 1555 le exigió proceder más rápido contra los herejes y no perder el tiempo. Sin embargo, Prescott mencionó que María ya se había retirado de los asuntos estatales durante el falso embarazo. Existe la posibilidad de que, al menos durante este período, las órdenes reales hayan sido aprobadas por Felipe y el consejo privado.[301]

Los historiadores católicos, como John Lingard, estimaron que las políticas de María fracasaron no porque estuvieron equivocadas, sino porque ella tuvo un reinado demasiado breve para consolidarlas y por desastres naturales que escaparon de su control.[302]​ En otros países, la Contrarreforma católica era encabezada por misioneros jesuitas; el principal consejero religioso de María, el cardenal Reginald Pole, denegó el ingreso de los jesuitas a Inglaterra.[303]​ Su matrimonio con Felipe no era popular entre sus súbditos y sus políticas religiosas resultaron en un profundo resentimiento.[304][290]​ Sus contemporáneos se quejaban principalmente de que su matrimonio había puesto a Inglaterra «bajo el yugo español».[305]​ La pérdida militar de Calais en Francia fue una amarga humillación para el orgullo inglés y las cosechas fallidas aumentaron el descontento público.[306]​ Felipe pasó la mayor parte de su tiempo en el extranjero, mientras su esposa permaneció en Inglaterra, deprimida por su ausencia y quebrantada por su incapacidad de tener hijos. Después de la muerte de María, Felipe intentó casarse con Isabel I, pero ella le rechazó.[307]​ Aunque el gobierno de María fue fundamentalmente ineficaz e impopular, las políticas de reforma fiscal, expansión naval y exploración colonial —que luego se trataron como éxitos isabelinos— iniciaron durante su reinado.[308][294]

TitulaturaEditar

 
Retrato por Hans Eworth (c. 1555).

Al momento de su ascenso al trono, fue proclamada con el mismo estilo oficial que Enrique VIII y Eduardo VI: «María, por la Gracia de Dios, reina de Inglaterra, Francia e Irlanda, defensora de la fe y jefa suprema de la Iglesia de Inglaterra y de Irlanda sobre la Tierra» (Mary, by the Grace of God, Queen of England, France and Ireland, Defender of the Faith, and of the Church of England and of Ireland on Earth Supreme Head). El título de jefa suprema de la Iglesia de Inglaterra era repugnante para el catolicismo de María, por lo que lo omitió después de la Navidad de 1553.[309]

Según el tratado matrimonial de María con Felipe, el estilo oficial conjunto reflejaba no solo los dominios y reclamos de ella, sino también los de su nuevo esposo: «Felipe y María, por la gracia de Dios, rey y reina de Inglaterra, Francia, Nápoles, Jerusalén e Irlanda, defensores de la fe, príncipes de España y Sicilia, archiduques de Austria, duques de Milán, Borgoña y Brabante, condes de Habsburgo, Flandes y el Tirol» (Philip and Mary, by the grace of God, King and Queen of England, France, Naples, Jerusalem, and Ireland, Defenders of the Faith, Princes of Spain and Sicily, Archdukes of Austria, Dukes of Milan, Burgundy and Brabant, Counts of Habsburg, Flanders and Tyrol).[186][187][188]​ Este estilo —en uso desde 1554— fue sustituido en 1556 cuando Felipe heredó la Corona española: «Felipe y María, por la Gracia de Dios, rey y reina de Inglaterra, España, Francia, ambas Sicilias, Jerusalén e Irlanda, defensores de la fe, archiduques de Austria, duques de Borgoña, Milán y Brabante, condes de Habsburgo, Flandes y el Tirol» (Philip and Mary, by the Grace of God King and Queen of England, Spain, France, both the Sicilies, Jerusalem and Ireland, Defenders of the Faith, Archdukes of Austria, Dukes of Burgundy, Milan and Brabant, Counts of Habsburg, Flanders and Tyrol).[310]

El escudo de armas de María era semejante al utilizado por sus predecesores desde Enrique IV: cuartelado, el primer y tercer cuartel en campo de azur tres flores de lis de oro [por Francia] y el segundo y cuarto cuartel en campo de gules tres leones pasantes de oro (por Inglaterra). Algunas veces, sus armas eran empaladas (representadas una al lado de la otra) con las de su esposo. María adoptó el dicho «La verdad es hija del tiempo» (en latín, Veritas temporis filia)[v]​ como su lema personal.[311][312]

AncestrosEditar

NotasEditar

  1. Su hermanastro murió Eduardo VI el 6 de julio; fue proclamada su sucesora en Londres el 19 de julio; sus años de reinado se cuentan desde el 24 de julio.[4]
  2. La cita en latín es Domine Orator, per Deum immortalem, ista puella nunquam plorat.[28]
  3. En algunas ocasiones, las autoridades seculares fueron mucho más activas en la caza de herejes que el clero.[235]​ Prescott señaló que en los primeros seis meses de persecución mariana, los obispos eran reprendidos por la Corona por su presunta pereza, mientras que varios jueces seculares y gobernadores civiles tuvieron la fama de «perversos» cazadores de herejes.[240]
  4. Antes de esa fecha se desempeñaba como díacono dentro de la Iglesia católica y no fue ordenado sacerdote hasta un día antes de su consagración como arzobispo.[248]
  5. Proviene de un pasaje de Noches áticas de Aulo Gelio: Alius quidam veterum poetarum, cuius nomen mihi nunc / memoriae non est, Veritatem Temporis filiam esse dixit («Uno de los poetas antiguos, cuyo nombre no recuerdo ahora, dijo que la verdad es hija del tiempo»).[3]

ReferenciasEditar

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Enlaces externosEditar