Mar Cantábrico

mar litoral del océano Atlántico que baña la costa norte de España y el extremo suroeste de la costa atlántica de Francia
(Redirigido desde «Cantábrico»)

El mar Cantábrico es el mar litoral del océano Atlántico que baña la mayor parte de la costa norte de España y el extremo suroeste de la costa atlántica de Francia; supone la zona sur del golfo de Vizcaya.[1]​ Tradicionalmente se ha considerado que se extiende desde el cabo Ortegal (43°46′N 7°52′O / 43.767, -7.867), en la provincia de La Coruña, hasta la desembocadura del río Adur, cerca de la ciudad de Bayona, en la costa del departamento de Pirineos Atlánticos, en el País Vasco Francés.[nota 1][1][2][3]​ Baña 800 kilómetros de costa compartida por las provincias de La Coruña y Lugo (Galicia), Asturias, Cantabria, Vizcaya y Guipúzcoa (País Vasco), y el departamento francés de Pirineos Atlánticos.

Mar Cantábrico
Cantabricus Oceanus / Mar Cantábrico / Mer Cantabrique / Mar Cantábricu / Kantauri itsasoa
Golfe de gascogne-bay of biscay-fr.svg
Mapa del mar Cantábrico
Ubicación geográfica
Continente Europa
Cuenca cuenca del Cantábrico
Coordenadas 44°01′56″N 4°21′02″O / 44.0323, -4.35059
Ubicación administrativa
País EspañaBandera de España España
Bandera de Francia Francia
Accidentes geográficos
Golfos y bahías Bahía de Santander, bahía de Santoña, bahía de La Concha
Cabos Estaca de Bares, cabo de Ajo, cabo Higuer, cabo Machichaco, cabo de Peñas, cabo Vidio
Cuerpo de agua
Mares próximos Océano Atlántico, Golfo de Vizcaya, Mar Céltico, Canal de la Mancha
Ríos drenados Sor, Landro, Ouro, Masma, Eo, Porcía, Navia, Negro, Esva, Nalón-Narcea, Piles, Sella-Piloña, Cares-Deva, Nansa, Escudo, Saja-Besaya, Pas, Miera, Asón-Agüera, Nervión-Ibaizabal, Deba, Urola, Oria, Urumea, Bidasoa y Adur.
Longitud 800 km
Profundidad Máxima: 4750 m
Ciudades ribereñas Mañón, Gijón, Santander, Bilbao, San Sebastián, Bayona
Mapa de localización
El mar Cantábrico en el océano Atlántico
Proliferación de fitoplancton en el mar Cantábrico, en una imagen de satélite de mayo de 2004.

Características físicasEditar

El mar Cantábrico es en realidad una cubeta marina que se formó por la colisión entre las placas indoeuropea e ibérica hace entre 115 a 75 millones de años. Hoy día esas placas aún están en movimiento, de hecho, Galicia y la Bretaña francesa se separan unos pocos centímetros al año, y el cañón submarino que forman se abre cada vez más. Topográficamente hablando la plataforma continental del Cantábrico se puede dividir en dos partes:

  • La primera se extiende desde la desembocadura del río Bidasoa hasta el cabo Vidio, y se caracteriza por tener una orientación Norte-Sur y ser extremadamente estrecha, con una pendiente poco acusada y afectada por floraciones rocosas a menor escala. A lo largo de la costa cantábrica la plataforma se puede reducir hasta menos de 10 km (8 km frente a cabo de Ajo) ensanchándose hacia el oeste. El talud continental, una zona de transición entre la plataforma y la profundidad del mar, es muy pronunciado con una pendiente de alrededor de 10‐12%, cayendo hasta los 4000 m de profundidad y está cruzado por numerosos cañones.[1]
  • La plataforma en la zona que va desde cabo Vidio hasta la desembocadura del río Miño, es más ancha y uniforme. La anchura máxima, de 80 km, se alcanza frente a La Coruña, mientras que frente a cabo Ortegal se reduce hasta los 30 km.[1]

El fondo marino se divide en unidades por la presencia de montes y bancos submarinos, así como de profundos cañones submarinos. Entre los cañones submarinos más característicos de esta zona destacan los de Capbreton, Santander, Torrelavega, Llanes, Lastres y Avilés. Algunos de estos cañones son muy pronunciados, como el de Capbretón, donde el fondo marino desciende 1000 metros a menos de 3 km de la costa.[1]

GeografíaEditar

La línea de costa cantábrica es rectilínea y alargada, con una fuerte pendiente hacia el mar, abundantes acantilados, pocas playas y rías pequeñas. Los depósitos son generalmente de piedra y cascajos, los sedimentos se sitúan dentro de las rías, en la desembocadura de los ríos o en las ensenadas. El oleaje del sector Noroeste determina el sentido neto del transporte litoral en dirección Este.[4]​ Esta zona del litoral mantiene enclaves de alto valor ecológico y paisajes excepcionales, como son los acantilados, los cordones dunares y las marismas.[4]​ En este sentido destaca El Cachucho, una área marina protegida de 235.000 hectáreas situada frente a la localidad asturiana de Ribadesella y a una distancia de 65 km de la costa en la longitud 5ºW.[5]

El tamaño del grano de los sedimentos decrece con la profundidad, con arenas medias y finas en las aguas someras y limos a mayor profundidad. Los sedimentos más finos, tales como los limos, se localizan en el talud continental.

El fondo marino alterna entre roca, grava y fango. Durante los primeros kilómetros mar adentro la plataforma continental mantiene profundidades entre 200 y 300 m, hasta llegar al talud continental donde cae hasta los 4000 m de profundidad.

TemperaturaEditar

El Cantábrico constituye un mar de transición entre los mares fríos del norte y los templados del trópico, lo que hace que sea ecotono de especies vegetales y animales de aguas frías. El afloramiento de aguas profundas y frías existente frente a las costas gallegas hace que la temperatura del agua aumente conforme nos desplazamos hacia el Este. Esa temperatura del agua superficial presenta una acusada estacionalidad, así durante el invierno la temperatura del agua puede bajar hasta los 10 °C, mientras que en verano alcanza los 22 °C aproximadamente.[6]​ Estas temperaturas son inusualmente altas dada la región geográfica que ocupa el mar Cantábrico, y se deben a los efectos cálidos de la corriente del Golfo.[6]

En invierno la agitación de las olas hace que el gradiente de temperatura a medida que descendemos sea prácticamente nulo y haya que bajar hasta los 1000 m de profundidad para que la temperatura caiga hasta los 10 ºC. Pero en verano la relativa tranquilidad del mar fomenta la formación de termoclinas, la capa superficial se calienta mucho pero el calor no llega a las capas inferiores, produciéndose esos cambios bruscos de temperatura. Así, existe una termoclina permanente a unos 200 m de profundidad, casi coincidiendo con la plataforma continental. A partir de los 1000 m de profundidad la temperatura es de 5 ºC todo el año.[6]

SalinidadEditar

La salinidad media del Cantábrico es de 35 g/L, aunque varía ligeramente en función del régimen de lluvias, la mayor o menor cercanía a la costa y la presencia de desembocaduras de ríos caudalosos.[6]​ La salinidad varía también con la profundidad y experimenta una haloclina o caída importante a unos 700 m de profundidad. [6]

MareasEditar

Tiene una significativa amplitud de marea, pudiendo ser de 4,5 m como máximo, especialmente en las mareas vivas de marzo.[7]​ El rango de marea de la costa norte de España difiere significativamente de las que se dan en el mar Mediterráneo, por lo que las tablas de mareas son muy tenidas en cuenta en el mar Cantábrico para la planificación de actividades marítimas.

VientosEditar

Durante el invierno en la cornisa cantábrica predominan los vientos de Noroeste y Suroeste, siendo el primero, por su repercusión en las corrientes marítimas y por su intensidad, el de mayor impacto sobre la navegación. El Noroeste oceánico es el causante de los grandes temporales del litoral, y por tanto, el que dificulta la navegación costera en invierno.[8]

Los fuertes vientos, del Noroeste preferentemente, que soplan sobre el mar Cantábrico tienen su origen en las bajas presiones centradas sobre las islas británicas y el mar del Norte en combinación con el anticiclón de las Azores. La distancia recorrida por el viento y el mantenimiento de su dirección y velocidad constantes hacen que se generen olas de 2 a 3 m de altura, lo que origina un mar bastante agitado. En condiciones muy particulares, más propicias en los meses de abril-mayo y septiembre-octubre, los vientos del Oeste pueden alcanzar magnitudes de galerna con olas que llegan a superar los 7 m de altura.[7]

Durante la primavera soplan vientos del Norte que en verano adquieren una componente Noreste. Su baja intensidad y su dirección facilita la navegación.[8]

En este esquema general de vientos destaca el que tiene una componente Sur, que ha de salvar la cordillera Cantábrica, originándose en el descenso desde las cimas a la costa el fenómeno conocido como efecto Foehn, que lo reseca y recalienta extraordinariamente.[6]​ Este viento, activo tanto en invierno como en verano, tiene notable incidencia en la navegación de cabotaje y, sobre todo, en las maniobras de aproximación y atraque en puerto. [8]

La frecuencia de vientos fuertes es mucho mayor en invierno y finales de otoño, aunque hay ocasiones en que la temida galerna se presenta en verano, sobre todo en el mes de Julio.[6]

CorrientesEditar

De forma genérica, en las zonas con predominio de los vientos del Oeste, como es el caso del mar Cantábrico, el agua se mueve lentamente en dirección Este, por lo que se ha venido denominando corriente del viento del Oeste. Más concretamente, las corrientes del golfo de Vizcaya se caracterizan por ser derivaciones de la gran corriente del viento Oeste en el Atlántico Norte y, por lo tanto, suelen ser irregulares en intensidad y dirección, dependiendo en gran medida de los vientos dominantes. Así las corrientes más intensas se producen fundamentalmente en invierno, con una clara componente hacia el Este. En los meses de verano, cuando el predominio de los vientos del Oeste se debilita, la circulación superficial de las aguas cantábricas fluye de Norte a Sur, desde Bretaña hasta las costas de Aquitania, y de Este a Oeste a lo largo de la costa cantábrica para unirse con la circulación general del Sur en la zona de cabo Finisterre.[8]

BiodiversidadEditar

Como se ha mencionado el mar Cantábrico forma la zona de transición subtropical/boreal del Atlántico oriental, donde se encuentran especies típicas de aguas templadas del sur junto con las de origen norte. Como consecuencia, existen altos índices de biodiversidad en comparación con las áreas adyacentes. A ello debemos añadir que la complejidad topográfica y la amplia gama de sustratos en su plataforma continental dan como resultado muchos tipos diferentes de hábitat. También es la zona de desove en invierno y primavera de algunas especies, como la merluza, el gallo, el besugo, la caballa, el jurel y la anchoa, y la zona de alimentación de otras, por ejemplo, el atún.[3]​ Estas especies junto con el rape y la cigala son los principales componentes de las capturas de la flota pesquera que faena estas aguas.[3]

El número de especies de peces disminuye progresivamente con la profundidad, siendo las aguas costeras las que tienen una mayor productividad en contraste con los fenómenos inversos que aparecen en los invertebrados, que prefieren aguas más profundas y sustratos fangosos debido a su predominio de hábitos alimentarios detritívoros.[3]

Industria pesqueraEditar

 
Fileteado de la anchoa. La mano de obra en esta industria está ocupada fundamentalmente por mujeres. La industria conservera cantábrica cuenta con un importante peso en la elaboración de conservas de bonito del norte y de anchoas. El proceso de elaboración de estos productos sigue siendo un trabajo manual muy meticuloso.

Las pesquerías, que operan desde hace siglos en este mar y por extensión en el Golfo de Vizcaya, se han industrializado especialmente desde mediados del siglo XX. Mientras que en el norte de España para la transformación y conservación del pescado se empleaba especialmente el escabeche, en el Mediterráneo el salazón es el que tenía un notable arraigo. A finales del siglo XIX la llegada de italianos atraídos por la riqueza del Cantábrico supuso una transformación de facto que incidió y condicionó tanto el desarrollo del sector manufacturero como del propio sector extractivo, e incluso el crecimiento de las diferentes poblaciones costeras donde deciden asentarse. Fueron estos industriales italianos quienes introdujeron en España el salazón de anchoa y enseñaron a la población cantábrica la elaboración de los conocidos filetes de anchoa en aceite.[9]

Los arrastreros operan en los fondos fangosos de la plataforma continental, mientras que los palangreros trabajan principalmente en la parte inferior de la plataforma y las redes de enmalle se utilizan en terrenos rocosos cerca de la costa y la plataforma. También existen pesquerías pelágicas estacionales de anchoa (cerco), caballa (línea de mano, arrastre, cerco) y atunes (curricán y cebo) durante sus migraciones en primavera y verano.[3]

Las pesquerías han tenido un fuerte impacto en las comunidades del fondo marinos y han inducido cambios en su estructura. Este impacto ha sido principalmente directo (mortalidad por pesca de especies objetivo y captura incidental) e indirecto mediante modificaciones del hábitat por erosión del sedimento y daño al bentos por diferentes elementos de artes pesqueras. Los descartes de la pesca, que en 2009 constituían más del 20% del total de capturas en el Cantábrico, también impactan indirectamente provocando cambios en las interacciones biológicas.[3]​ Una de las principales consecuencias de la presión pesquera sobre la estructura de las comunidades es que beneficia especies con altas tasas de crecimiento y amplia distribución, mientras que se eliminan las más especializadas y aquellas con bajas tasas de desarrollo, resultando en una simplificación de las comunidades. Asociado a ello viene un aumento en los valores de dominancia y una caída en la biodiversidad, ambos de los cuales se han recogido en informes científicos sobre las comunidades de peces del mar Cantábrico.[10]

El impacto de la pesca en el mar Cantábrico es comparable al de los ecosistemas de plataforma templada más intensamente explotados del mundo. La mayoría de las poblaciones de plataforma continental comercialmente importantes de la zona están totalmente explotadas o sobreexplotadas, y se espera que los desembarques disminuyan con la presión pesquera actual. Esto se refleja en una transición gradual de los desembarques de peces de fondo piscívoros de alto nivel trófico y longevos (merluza, rape, gallo) hacia peces planctívoros de nivel trófico inferior (bacaladilla, jurel). Según estudios científicos desde 1993 no ha habido más disminución y es posible que las pesquerías hayan alcanzado ese año su límite histórico más bajo de nivel trófico.[11]

Transporte marítimoEditar

El golfo de Vizcaya, y por ende el mar Cantábrico, se encuentra en la ruta principal de los superpetroleros que transportan petróleo desde Oriente Medio y África a los puertos de la Unión Europea (UE). Más del 70% del total de petróleo consumido en la UE se transporta a través del paso de Finisterre directamente hacia el Canal de la Mancha y luego al destino final en diferentes puertos europeos. Por ello el riesgo de vertidos ha sido siempre importante y ha convertido a esta región en la más afectada por este tipo de accidentes en el mundo, con importantes naufragios desde 1976 y en algunos casos en intervalos de menos de una década, como el del Mar Egeo (1992), el Erika (1999) y el Prestige (2002).[3]

HistoriaEditar

Las comunidades humanas del flanco atlántico de la Cornisa Cantábrica han estado históricamente condicionadas por las restricciones de una orografía y un ecosistema que les ha obligado a depender en materia alimentaria, sobre todo cerealística, de espacios foráneos. Los territorios de los que se abastecían han sido históricamente dos, a cada cual más complicado: de un lado, la meseta Norte, a cuyo acceso se interponía la cadena montañosa de la cordillera Cantábrica; y del otro la Galicia atlántica y especialmente el interior de Aquitania, cuyo acceso se encontraba limitado por la travesía de un mar relativamente difícil.[12]

En este sentido el Cantábrico ha sido considerado tradicionalmente un mare tenebrosum, cerrado, peligroso y de difícil tránsito. No obstante, las investigaciones arqueológicas actualmente están cuestionando esta visión.[13]​ Desde finales del siglo I d. C., de sus resguardadas bahías y ensenadas surgieron asentamientos que con el tiempo llegaron a tener gran importancia, como demuestra el surgimiento de la Hermandad de las Cuatro Villas o de la de las Marismas, federaciones de puertos que conformaron un poder naval y económico de primer orden en el Arco Atlántico.

La navegación durante la Edad del BronceEditar

El mar Cantábrico fue bautizado por los romanos en el siglo I a. C. como Cantabricus Oceanus en referencia a uno de los pueblos que poblaban sus costas: los cántabros. En otras citas clásicas más antiguas aparece con el nombre de Britannicus Oceanus y Gallicus Oceanus.[14]

Desde antiguo ha existido una idea generalizada de que los conocimientos sobre navegación en la Europa de la prehistoria reciente eran muy rudimentarios en comparación con las grandes civilizaciones comerciales mediterráneas. Por ello se consideraba poco probable que los pueblos atlánticos pudiesen llevar a cabo la navegación de altura con anterioridad a la Edad del Hierro. Esta imagen procede de la noción de la Europa bárbara frente al Oriente civilizado desarrollada por los historiadores coetáneos a la conquista romana. No obstante hay que tener en cuenta que en los países atlánticos las comunicaciones por tierra fueron complicadas hasta la llegada del ferrocarril, y que el transporte marítimo era el más habitual en los desplazamientos.[15]

En las costas del mar Cantábrico surgieron asentamientos humanos de tribus de astures, cántabros, autrigones, caristios y várdulos que hicieron de la pesca su principal actividad económica, aunque esta en esos tiempos primitivos no fue muy importante.

 
Reconstrucción de un currach del siglo I realizado en mimbre y cubierto con tres pieles de vaca, capaz de transportar hasta diez personas.

Julio César, Estrabón o Avieno citan el uso por lusitanos, galaicos y britones de embarcaciones de cuero (similares a los currach irlandeses o a los coracles galeses), lo que ha llevado a algunos autores a sostener que las poblaciones indígenas del norte de la península ibérica también las utilizaban, siempre relacionadas con la pesca, la navegación interior o de pequeños trayectos costeros.[16][15]

No obstante existen factores que juegan en contra de la teoría de que los navegantes de la Edad del Bronce utilizaran embarcaciones de cuero, como es el enorme coste que supone el uso de cubrir el casco de una embarcación con pieles, o la necesidad de recaladas para dejar secar el cuero y volver a impermeabilizarlo (lo que limita seriamente las distancias y duración de los recorridos). Por otro lado, hay evidencias de embarcaciones de madera para la navegación fluvial, lo que hace lógico pensar que también se utilizasen en la navegación marítima por su robustez y capacidad de carga.[15]

La presencia de determinados restos arqueológicos anteriores a la conquista romana, así como investigaciones en el campo de la genética, demuestran la existencia de contactos marítimos más allá de las costas cantábricas.[17]​ Durante el período prerromano la población trasmontana alcanzó cierto nivel de desarrollo y se dejó sentir el problema alimentario. La solución consistió en entrabar contacto con el escenario menos complejo y costoso: el espacio aquitano. A mediados del siglo I a. C. la interrelación con dicho territorio parecía haber alcanzado ya cierta consistencia.[12]​ Hallazgos como el del caldero de Cabárceno, similar a los encontrados cerca de Battersea (Londres) o en Dublín (Irlanda), o la diadema de Moñes, con representaciones de la mitología celta irlandesa y galesa, parecen evidenciar que existieron intercambios comerciales marítimos al menos 600 años antes de la llegada de los romanos entre los pobladores de la zona norte de la Península y los de la zona atlántica europea, especialmente con los habitantes de las Islas Británicas.[18]

El final de la primavera y toda la estación estival sería el único periodo apto para la navegación de gran cabotaje y de altura. Durante el resto del año los trayectos cubrirían cortas distancias, dedicadas fundamentalmente a la pesca, y nunca lejos de la costa. En las costas del noroeste de Europa, los temporales de fuerza 7 son ocho veces más frecuentes en invierno, y la media de días con mar gruesa es cuatro veces mayor que en verano. Por ello, lo más prudente para los navegantes de la Edad del Bronce era realizar sus viajes en verano. Se ha estimado que una embarcación de cuadernas podría resistir temporales de fuerza 5 (brisa fresca de 20 nudos), y una de cuero, incluso podría manejarse en una tempestad de grado 6 (22 a 27 nudos). [16]

Durante este periodo la navegación sería de tipo no instrumental, fundamentada en la observación de fenómenos naturales -como vientos, corriente y mareas- o el movimiento de estrellas y planetas.[15]

El comercio marítimo durante la época romanaEditar

Los datos arqueológicos indican que la evolución cronológica de los puertos cantábricos presenta notables similitudes. Así, ningún dato avala su existencia durante el controvertido período de las Guerras Cántabras y el momento inmediatamente posterior.[13]​ No obstante sí debió existir la disponibilidad de una infraestructura portuaria capaz de acoger en un momento dado nada menos que el desembarco de la Classis Aquitanica, probablemente en un momento en que las vías terrestres eran formalmente inexistentes.[12]​ No sería hasta la época de Tiberio, del año 14 al 37, cuando se puede fijar el comienzo de una actividad comercial constatada.[13]

Durante el período de la dinastía Julio-Claudia tendrá lugar el crecimiento de enclaves como Gijón, un asentamiento indígena romanizado, y la aparición de otros de menor entidad a lo largo del litoral cantábrico. No obstante no será hasta los emperadores flavios cuando se produzca la articulación definitiva de los puertos del Cantábrico, con el despegue o consolidación de asentamientos como Flavium Brigantium, Noega, Portus Samanum-Flaviobriga, Oiasso y Portus Victoriae, emplazamientos estratégicos elegidos bien por estar situados al abrigo del los vientos del norte y noroeste o bien por ser importantes conexiones con calzadas romanas que daban acceso al interior de la península ibérica. [13]​ Este proceso normalizaría el sistema de navegación de altura y la integración del espacio marítimo cantábrico en el área del dominio naval romano. [19][12]

Durante el siglo II d. C. todos los puertos mencionados disfrutarían de su máximo esplendor. Tras la profunda crisis imperial del siglo III, se produce una recuperación a principios del siglo VI, en la que se aprecia una recuperación en la importación de productos foráneos.[13]

La región de Aquitania sería durante el imperio uno de los grandes graneros del mundo romano y, sin lugar a dudas, el más capacitado del entorno litoral cantábrico.[12]​ La génesis y desarrollo comercial de todos estos puertos cantábricos seguiría una expansión de Este a Oeste si atendemos a la cronología de los materiales arqueológicos encontrados en Oiasso (Irún) y Flaviobriga (Castro Urdiales), lugares próximos al importante puerto exportador aquitano de Burdigala (la actual Burdeos). Así, todos ellos quedarían enlazados desde finales de época julio-claudia y, sin duda, a partir de época flavia, por una ruta marítima específicamente cantábrica, como parte de un sistema de navegación de altura que conectaría el Mediterráneo con el Atlántico Norte.[13]

No obstante la mitad occidental de la región cantábrica —Galicia y Asturias— quedó condicionada por la distancia a la región aquitana para poder abastecerse de alimentos, y se vio obligada a desarrollar en la propia costa un sistema vilicario de cierta importancia sobre el que recaía la producción agraria, parcialmente apoyado en el interior meseteño. Por el contrario, la mitad oriental —Cantabria y Vasconia— prescindió radicalmente de tal posibilidad por su inmediatez al granero abastecedor de Aquitania. Hasta tal punto llegó a asentarse la interrelación que en época imperial el Sinus Aquitanus funcionó como un auténtico «lago romano».[12]

En estos tiempos la navegación en invierno seguía siendo casi nula, declarándose mare clausum o mar cerrado, que refleja claramente la paralización de la actividad marítima romana en época invernal o hiems, en contraposición a la buena estación estival o aestas. El término mare clausum no indica que la navegación estuviera realmente prohibida, sino que se trataba de una práctica poco recomendada entre los meses de noviembre a marzo.[8]

Alta Edad MediaEditar

Con la decadencia romana se inicia un periodo convulso y con escasas fuentes historiográficas. El obispo Hidacio señala en su crónica que hacia el año 456 d. C. la costa fue devastada por expediciones de hérulos.[20]​ Durante este periodo el litoral cantábrico eran costas indefensas frente a las razzias de los pueblos del norte de Europa. Aunque el mar probablemente sí estaría abierto a la navegación de cabotaje, no se tiene constancia de la existencia de comercio o intercambios marítimos. Se desconoce si los puertos romanos seguían aún activos, estaban abandonados o únicamente daban servicio a intercambios locales.[21]

Autores como Sean McGrail consideran que la tónica en la Europa occidental no fue la existencia de puertos, que no se generalizaron hasta bien entrada la edad histórica, sino que debieron existir lugares de atraque más informales, por ejemplo playas recogidas, sin apenas modificaciones por la mano del hombre. [15]

Durante este periodo y a pesar de la presencia de piratas, el litoral septentrional cantábrico mantuvo su dependencia del mundo aquitano. En este sentido sabemos por Gregorio de Tours que hacia el año 580 un cántabro llamado Maurano emprendió un viaje de peregrinación al santuario de Martín de Tours, en Francia, en demanda de curación. Para dicha travesía embarco en una de las tres naves que partían para Burdeos desde un importante puerto de Cantabria.[22]

Hasta comienzos del siglo VII, la evolución histórica de la región costera cantábrica apenas se puede identificar con la del interior peninsular, cuyo contexto y transformación siguió otros derroteros. Durante ese largo periodo de tiempo la costa oriental cantábrica materializó su peculiar desarrollo histórico, entablando relación directa con los francos, aunque probablemente su dependencia se circunscribiría a una pura tributación como signo de reconocimiento.[12]

Posteriormente se registra la primera llegada de los vikingos a la península ibérica a través del mar Cantábrico en el año 844, siendo el segundo en el 858. [23]​ Según menciona la Crónica Silense, los escandinavos intentaron asaltar y saquear numerosos pueblos costeros, aunque fueron derrotados en numerosas ocasiones e inicialmente por Ramiro I de Asturias.[24]

Baja Edad MediaEditar

 
Rutas comerciales y pesquerías de la Hermandad de las Cuatro Villas.

Los siglos de la Alta Edad Media habían desarticulado la trama económica y humana heredada de la Antigüedad, y habría que esperar al siglo XII para ver un nuevo periodo de prosperidad en las sociedades cantábricas que dieran lugar a un crecimiento urbano y económico por medio de la actividad pesquera y comercial a través del mar. [25]​ Las alternativas al comercio y la pesca eran escasas en el Cantábrico central y oriental. Los testimonios de la época hablan del entorno de los puertos del norte peninsular como una región pobre, deficitaria en cereal y con suelos infértiles, incapaces de producir alimentos en cantidad suficiente para la población. Por tanto, era clave para el sustento económico arriesgarse a viajar por el Atlántico para importar alimentos a través del comercio marítimo o recurrir a la pesca para satisfacer la demanda interna y vender los excedentes.[26]

Los privilegios y libertades concedidos por los monarcas mediante de los fueros otorgados a las villas portuarias cantábricas, propiciaron un rápido incremento de la actividad pesquera y mercantil, lo que proporcionó la fuerza naval suficiente como para colaborar significativamente en el avance de la llamada Reconquista hacia el sur, siendo clave en la incorporación de los reinos de Murcia y Andalucía a Castilla.[27]

La importante fuerza naval que apareció a mediados del siglo XIII procedente del litoral del mar Cantábrico desbordó hacia el resto del arco atlántico europeo, y no hizo sino crecer y afianzarse, hasta constituirse en un poder preponderante en aguas atlánticas durante los siglos posteriores.[28]​ Durante este siglo La Rochelle, el principal puerto francés en el Golfo de Vizcaya, es ya frecuentado por las naves que hacían la ruta atlántica hasta Inglaterra y Flandes. [29]

Surge en estos momentos las potentes confederaciones de villas portuarias del cantábrico, tales cómo la Hermandad de las Cuatro Villas o la Hermandad de las Marismas, que conformaron un poder marítimo de primer orden al servicio de la Corona de Castilla, manteniendo una autonomía en sus relaciones comerciales internacionales. Los puertos de la Hermandad se constituyen en importantes focos del comercio marítimo o en arsenales navales, siendo una pieza fundamental de la economía de la Corona de Castilla. Lentamente en sus inicios a finales del siglo XII y a mayor velocidad desde finales del siglo XIV, se creó con mucho esfuerzo una ruta de comercio que en sentido transversal unía los puertos cantábricos con los del Mar del Norte.[29]

En el siglo XIV desde puertos cantábricos se abrieron rutas regulares hacia los puertos mediterráneos y del Mar del Norte, y se acudía con periodicidad anual a las pesquerías de altura en Francia, Irlanda o las islas Canarias, a donde se aventuraban las naos a la captura de especies pelágicas ventajosas desde el punto de vista económico.[30]

A lo largo de los siglos XIV y XV los pequeños puertos aforados cantábricos siguieron afirmando su presencia en el arco marítimo que abarcaba desde el Mediterráneo occidental hasta el mar del Norte, conformando un poderío marítimo con aspecto de hegemónico, capaz de actuar como árbitro entre las demás naciones marítimas durante la Guerra de los Cien Años y de frenar las pretensiones expansivas de una entidad tan potente como la Liga Hanseática.[30]

 
Miniatura francesa de la batalla naval de La Rochelle. En 1372, durante la Guerra de los Cien Años, la flota castellana compuesta por 22 galeras obtiene una victoria decisiva frente a una flota inglesa superior en número. A partir de entonces el control del Canal de la Mancha pasa a manos de Castilla y los puertos del Cantábrico se llenan de mercantes ingleses apresados en acciones de piratería.[31]

Las importantes flotas necesarias para el sostenimiento de toda esa actividad marítima fueron concebidas para navegar por las difíciles aguas de la fachada atlántica europea. Esto hizo aparecer una actividad astillera a los largo de las bahías y ensenadas del litoral cantábrico en la que se depuró las tradicionales técnicas de construcción de barcos de vela medieval, incorporando nuevas tecnologías que permitiesen llevar a cabo travesías de altura y lograr la expansión geográfica renacentista de siglos posteriores. Todo ello además de la mano de una escuela de hábiles marineros y pilotos surgidos en las citadas villas y curtidos en las complicadas aguas atlánticas.[30]

Esta potencia naval se mantuvo con ciertos altibajos durante el siglo XV poniendo las bases necesarias, en cuanto a marinos, naves y conocimientos náuticos, para lograr la gesta del Descubrimiento.[32]

La pesca se convirtió en una actividad económica fundamental para las comunidades dependientes del mar Cantábrico, especialmente las capturas de ballenas, hoy extintas en la región. Durante la Baja Edad Media tuvo lugar el inicio de la caza de ballenas en estas aguas. Se generaliza la caza de la ballena franca entre los puertos del País Vasco, Cantabria, Asturias y Galicia, llegando esta actividad a marcar la cultura y personalidad de muchas de estas poblaciones a lo largo de los siglos. Aún hoy en día algunos de estos municipios llevan en sus escudos la ballena como emblema.

La ballena franca se mueve en aguas poco profundas cerca de la costa, acercándose a bahías y ensenadas, lo que favorecía su caza y explotación. En el Atlántico oriental esta especie emigraba en invierno hacia aguas situadas entre los archipiélagos de Azores y Madeira, el golfo de Vizcaya y las costas del Sahara Occidental. En verano se desplazaban hacia los mares situados entre Islandia, Svalbard y las costas de Noruega.[33]

La primera cita documental de la caza de rorcuales en el mar Cantábrico procede del País Vasco francés (Bayona) y corresponde al año 1059, seguido por una de Santoña, datada en 1190 y otra de Motrico de 1200. [34][33]​ En Asturias el primer documento conocido está fechado en 1232 y en Galicia la primera mención ballenera se remonta al año 1371.[33]​ Aunque existen evidencias arqueológicas de la utilización de restos óseos de la especie de ballena gris en época prerromana en el castro de Campa Torres (Gijón) en el siglo IV a. C. o III a. C., no se puede asegurar que se cazasen activamente o si más bien su aprovechamiento procediese de varamientos ocasionales, por lo que no está probada la caza de ballenas en las costas cantábricas durante la Edad Antigua.[nota 2][35][33]

De la ballena se obtenía principalmente el saín o grasa, destinada al alumbrado, y las barbas, material apreciado por su flexibilidad, productos estos que por no ser perecederos se podían trasportar al interior de la península ibérica en una época en que, como ya se ha mencionado, las rutas a través de la Cordillera Cantábrica eran complicadas. La carne apenas se consumía en España y se exportaba al País Vasco francés conservada en salmuera.[33]

Los historiadores sitúan el apogeo de la pesca de la ballena en el Cantábrico entre los siglos XIII y XIV.[33]​ Durante los primeros tiempos las diferentes poblaciones costeras construían atalayas desde las que vigilar el mar y avistar los resoplidos de las ballenas durante la temporada de cría, entre octubre y marzo.[36]​ La caza se llevaba a cabo desde pinazas o chalupas de unos ocho componentes, entre remeros, arponero y timonel. Tras ser arponeada la ballena huía sumergiéndose en las profundidades marinas, arrastrando la frágil chalupa a la que se unía mediante una estacha, en un peligroso lance que tenía algo de épico. Una vez muerto, el cetáceo era remolcado hasta el puerto de origen de la embarcación, donde se varaba en la playa procediendo a su despiece.[37][36]

Con el paso del tiempo la captura de ballenas llegó a ser cada vez de mayor alcance, como desmuestra la importancia que tuvieron las pesquerías trasatlánticas a Terranova. Hacia el año 1520 se establecieron balleneros vascos en la península del Labrador (Canadá) para la caza de los rorcuales.[38]​ Especialistas de estos siglos sostienen que los viajes y pesquerías de bajura por el Cantábrico, junto con las realizadas en Irlanda e Inglaterra, sirvieron en cierto modo como preparación y adiestramiento para las posteriores travesías trasatlánticas a las costas de Terranova.[39]

La ballena franca se estuvo cazando en el mar Cantábrico al menos a lo largo de ocho siglos hasta su extinción. Actualmente casi ha desaparecido del Atlántico oriental donde se la puede ver solo esporádicamente, concentrando ahora sus efectivos en la costa norteamericana.[36]

Edad ModernaEditar

A finales del siglo XIV y comienzos del XV las tormentas en el Atlántico fueron frecuentes y de gran intensidad. Coincide con el inicio del periodo denominado Pequeña Edad de Hielo y en él se registran numerosos testimonios de catástrofes relacionadas con tormentas. El mar tenía una naturaleza hostil y la pérdida de vidas humanas trascendía más allá del ámbito marítimo, amenazando directamente a las poblaciones de los litorales cantábrico cuando se desataba tormenta. La cantidad de muertos en el mar cada año no es fácil de contabilizar, los vecinos de San Vicente de la Barquera aseguraron que perdieron unos 100 hombres entre 1515 y 1516, unos años especialmente catastróficos en lo que a tragedias en el mar se refiere. [26]

Con el descubrimiento de América en 1492, la activa participación de los hombres de la región cantábrica en la gran expansión oceánica protagonizada por la Monarquía Hispánica, a través de los barcos construidos en sus riberas y de los hombres que los pilotaron, incrementó las relaciones con comunidades de otras latitudes. Ello tuvo la virtud de imprimir hondas huellas en las mentes de la población de las zonas más próximas al litoral, puesta de manifiesto en una notable capacidad de adaptación y abierta actitud receptiva ante las novedades.[40]

Los puertos cantábricos desempeñaron un papel clave en esta actividad comercial castellana en pleno auge, sobre todo a partir del XV. Gracias a sus naves, los marineros permitieron conectar Castilla con las diferentes plazas mercantiles europeas transportando los productos de consumo necesarios para satisfacer una demanda cada vez mayor. El auge del comercio tuvo por consecuencia el desarrollo del transporte marítimo en los puertos cantábricos.

Este éxito comercial de mediados del siglo XV está relacionado con factores como una coyuntura económica al alza; la formación de asociaciones de mercaderes como el consulado de Burgos y, posteriormente, el de Bilbao; la generalización de las nuevas técnicas comerciales italianas; y el establecimiento de amplias redes de compañías comerciales asentadas en las principales plazas europeas. [41]

A la exportación del hierro vizcaíno se añade progresivamente la lana, que va sustituyendo a la inglesa en el abastecimiento de la industria textil flamenca. A este importante nexo comercial se añaden otros tráficos y otros destinos como son la costa francesa de la Bretaña, Nantes, los puertos normandos de Ruán y Calais y los puertos ingleses.[41]​ El comercio cantábrico se sostiene fundamentalmente de mercancías procedentes no sólo de los puertos atlánticos sino también de los situados en el Mar del Norte y del Báltico, y que tenían como destino Castilla.[42]

Durante este periodo Bilbao ostenta la indiscutible supremacía en el conjunto del tráfico cantábrico, pese a que ciertos artículos de exportación e importación tuviesen mejor acomodo en otros puertos como Laredo o Santander. La escasa importancia de los puertos de Asturias respecto al resto de las comunidades cantábricas se explica por el relativo aislamiento que la disposición del relieve imponía a este territorio. El transporte de mercancías llegadas a los puertos asturianos hacia el interior presentaba aún mayores dificultades que para los otros territorios costeros cantábricos, incrementando los costes de los transportes, cuando no los imposibilitaba absolutamente durante los inviernos que hacían intransitables los pasos de montaña.[41]

CiudadesEditar

Principales municipios a la orilla del mar Cantábrico:

NotasEditar

  1. Hay autores que extiende el límite Oeste hasta el cabo Finisterre, a 43° N de latitud, en con el fin de obtener un análisis más consistente de sus características oceanográficas, geomorfológicas y biológicas.
  2. Esta especie de ballena gris (Eubalaena robustus) actualmente solo sobrevive en el norte del Océano Pacífico tras haber desaparecido del Océano Atlántico en torno al siglo XVI.

ReferenciasEditar

  1. a b c d e Alicia Lavín et al. (2012). «Estrategia marina. Demarcación marina Noratlántica. Parte I. Marco general evaluación inicial y buen estado ambiental.» (pdf). Consultado el 22 de enero de 2021. 
  2. «Limits of Oceans and Seas, 3rd edition + corrections». International Hydrographic Organization. 1971. p. 42 [corrections to page 13]. Archivado desde el original el 8 October 2011. Consultado el 28 December 2020. 
  3. a b c d e f g Le Cann, Bernard; Serpette, Alain (2009-04). «Intense warm and saline upper ocean inflow in the southern Bay of Biscay in autumn–winter 2006–2007». Continental Shelf Research 29 (8): 1014-1025. ISSN 0278-4343. doi:10.1016/j.csr.2008.11.015. Consultado el 26 de septiembre de 2021. 
  4. a b «Caracterización del litoral». www.miteco.gob.es. 
  5. «Área Marina Protegida y Zona Especial de Conservación en la Demarcación Marina Noratlántica: El Cachucho». www.miteco.gob.es. 
  6. a b c d e f g José., Hellín Medina, (2009). Análisis climatológico del Mar Cantábrico y su influencia en la navegación. OCLC 804271785. Consultado el 18 de septiembre de 2021. 
  7. a b Cantabria., Editorial (1985). Gran enciclopedia de Cantabria. Cantabria. ISBN 84-86420-00-8. OCLC 435264243. Consultado el 18 de septiembre de 2021. 
  8. a b c d e Manuel., Iglesias Gil, Jose. Las Comunicaciones en la Cantabria Romana. Ediciones de Libreria Estudio. ISBN 84-87412-90-4. OCLC 964093477. Consultado el 18 de septiembre de 2021. 
  9. Escudero Domínguez, Luís Javier. Los italianos y la industria de salazón. Primera aportaciones a su aparición en el Cantábrico. Consultado el 06-11-2021. 
  10. Francisco., Sanchez, (1993). Las comunidades de peces de la plataforma del Cantabrico. Ministerio de agricultura, pesca y alimentacion. ISBN 84-491-0020-8. OCLC 853070042. Consultado el 26 de septiembre de 2021. 
  11. Sánchez, Francisco; Olaso, Ignacio (2004-03). «Effects of fisheries on the Cantabrian Sea shelf ecosystem». Ecological Modelling 172 (2-4): 151-174. ISSN 0304-3800. doi:10.1016/j.ecolmodel.2003.09.005. Consultado el 26 de septiembre de 2021. 
  12. a b c d e f g Juan José García González y Ignacio Fernández de Mata (1998). «La Cantabria trasmontana en épocas romana y visigoda» (pdf). ISBN 8489362327. Consultado el 29 de octubre de 2020. 
  13. a b c d e f Carmen Fernández Ochoa; Ángel Morillo Cerdan (2008). «La ruta marítima del Cantábrico en época romana» (pdf). Consultado el 4 de diciembre de 2013. 
  14. Plinio el Viejo, III, 6; y IV, 114
  15. a b c d e Jesús Lavín Martínez (2018). «La metalurgia de la Edad del Bronce en la Región Cantábrica: Tecnología, tipología y significado» (pdf). Consultado el 29 de octubre de 2020. 
  16. a b Ruiz-Gálvez Priego, Marisa (1994). La Europa atlántica en la Edad del Bronce: un viaje a las raíces de la Europa occidental (1º edición). Barcelona: Crítica. p. 390. ISBN 9788474239065. 
  17. «Ramón Sainero: “Los celtas más antiguos se encuentran en la Península Ibérica”». Diario de Ferrol. 10 de agosto de 2014. Consultado el 28 de junio de 2018. 
  18. «El Caldero de Cabárceno». Regio Cantabrorum. Consultado el 28 de junio de 2018. 
  19. Bello Diéguez et al., José María (1991). Ciudad y torre: Roma y la Ilustración en La Coruña (1º edición). La Coruña: Ayuntamiento de La Coruña. p. 389. 
  20. Márquez Castro, Benito (2015). «Los Hérulos en la Crónica del obispo Hidacio de Aquae Flaviae (mediados de s. V)». BRATHAIR. Revista de Estudos Celtas e Germanicos. Consultado el 01-11-2021. 
  21. Javier Arce (2013). Bárbaros y romanos en Hispania: (400-507 A.D.). Marcial Pons Historia. ISBN 9788496467576. 
  22. Joaquín., González Echegaray, (1998). Cantabria en la transición al medievo : los siglos oscuros, IV-IX. Librería Estudio. ISBN 84-87934-63-3. OCLC 432638560. Consultado el 17 de septiembre de 2021. 
  23. Morales Romero, Eduardo (2004). Historia de los vikingos en España: ataques e incursiones contra los reinos cristianos y musulmanes de la Península Ibérica en los siglos IX-XI. Miraguano Ediciones. ISBN 84-7813-270-8. OCLC 56330520. Consultado el 28 de mayo de 2021. 
  24. Esparza, José Javier (2009). La gran aventura del Reino de Asturias : así empezó la Reconquista. La esfera de los libros. ISBN 978-84-9734-887-4. OCLC 465205730. Consultado el 28 de mayo de 2021. 
  25. Miguel Calleja Puerta (2004). «Los privilegios fundacionales de las villas marítimas del Cantábrico: Una perspectiva diplomática» (pdf). Consultado el 4 de diciembre de 2020. 
  26. a b Valladolid, Añíbarro Rodríguez, Javier Ediciones Universidad de (2016). Peligros marítimos de marineros del norte de la corona de Castilla a finales de la Edad Media. OCLC 1125052232. Consultado el 18 de septiembre de 2021. 
  27. José Luis Casado Soto (1998). «Santander y Cantabria en la conquista de Sevilla» (pdf). Consultado el 4 de diciembre de 2020. 
  28. Luis Suárez Fernández (1960). «Navegación y comercio en el golfo de Vizcaya» (pdf). Consultado el 4 de diciembre de 2020. 
  29. a b Favreau, Robert (1986). «La Rochelle, port français sur l'Atlantique au XIIIe siècle». Actes de la Société des historiens médiévistes de l'enseignement supérieur public 17 (1): 49-76. ISSN 1261-9078. doi:10.3406/shmes.1986.1451. Consultado el 17 de septiembre de 2021. 
  30. a b c José Luis Casado Soto (2008). «Los barcos del Cantábrico ante la expansión oceánica renacentista» (pdf). Consultado el 4 de diciembre de 2020. 
  31. «La batalla que humilló a los ingleses y puso el Canal de la Mancha bajo control castellano». El portal de los profesionales de seguridad y emergencias. 23 de mayo de 2020. Consultado el 22 de septiembre de 2021. 
  32. Luis Higuera Soldevilla (2004). «Cantabria y la Armada española: breve relato de una intensa relación». Consultado el 4 de diciembre de 2020. 
  33. a b c d e f Alfredo Salvador; Carlos Nores (2011). «Ballena de los vascos – Eubalaena glacialis» (pdf). Consultado el 19 de diciembre de 2020. 
  34. José de Jesús Gutiérrez Álvarez. «La Ballena frente a las costas Tolanas». Consultado el 19 de diciembre de 2020. 
  35. Carlos Nores; José Antonio Pis Millán (Abril de 2001). «Determinación de la escápula de ballena encontrada en la Campa Torres» (pdf). Consultado el 19 de diciembre de 2020. 
  36. a b c Crónicas de Fauna (28 de junio de 2018). «La caza de la ballena en España». Consultado el 19 de diciembre de 2020. 
  37. Naturea Cantabria (24 de julio de 2017). «La caza de la ballena franca en el cantábrico». Consultado el 19 de diciembre de 2020. 
  38. Luis Javier Escudero (Enero de 2006). «Presencia vasca en el desarrollo de la pesca en el Cantábrico: ¿una importancia cuestionable?» (pdf). Consultado el 19 de diciembre de 2020. 
  39. Michael Barkham Huxley (1998). «Las pequeñas embarcaciones costeras vascas en el siglo XVI» (pdf). Consultado el 19 de diciembre de 2020. 
  40. «Reseña histórica - Puertos de Cantabria - cantabria.es». www.puertosdecantabria.es. Consultado el 17 de septiembre de 2021. 
  41. a b c López Vela, Roberto (2019). El comercio internacional castellano a través del puerto de Laredo en la época de Felipe II. ISBN 978-84-8102-910-9. OCLC 1184757738. Consultado el 17 de septiembre de 2021. 
  42. Grafe, R. (1 de agosto de 2002). «Northern Spain between the Iberian and the Atlantic worlds: Trade and regional specialisation, 1550-1650». European Review of Economic History 6 (2): 269-275. ISSN 1361-4916. doi:10.1017/s1361491602000138. Consultado el 17 de septiembre de 2021.