Abrir menú principal

Historia de Francia

narración y estudio de los hechos allí acontecidos o que afectan a ese país

Francia es uno de los países más antiguos de Europa, aunque solo aparece con tal nombre a partir de la Edad Media en una fecha difícil de precisar de manera irrefutable. Se reconoce cabalmente a la Galia como antecedente histórico de Francia, si bien la Galia ocupaba una superficie europea ligeramente más extensa que la Francia actual.

En las guerras hegemónicas europeas, Francia intentó imponerse varias veces y por ello en distintas épocas hubo de enfrentarse a casi toda Europa (por separado, o junta como contrapeso al expansionismo francés). Así sucedió con Carlos I «El Magno» en el siglo IX, Luis XIV «El Rey Sol» en el siglo XVII, y Napoleón I Bonaparte «El Grande» en el siglo XIX.

PrehistoriaEditar

Se ha encontrado utillaje de la industria achelense del homo erectus de hace 900 000 años en la gruta Le Vallonnet,(generación de la clarisa) en el sur de Francia.

Existen importantes restos del paleolítico inferior en el río Somme y los Pirineos tradicionales (Hombre de Neanderthal), así como en La Chapelle-aux-Saints, Le Moustier y La Ferrasie. Del paleolítico superior hay abundantes vestigios de los hombres de Cro-Magnon, Grimaldi y Chancelade, datados en unos 25 000 años de antigüedad, los cuales están ubicados en el valle de Dordoña.[1]​ Entre las más famosas pinturas rupestres del mundo están las de Lascaux y de Font de Gaume, en los Pirineos franceses.

En el mesolítico algunas actividades agropecuarias fueron reemplazando en importancia a las cuevas, y en el neolítico (desde el III milenio a. C.) surgió la cultura megalítica (que empleó menhires, dólmenes y enterramientos). Desde alrededor de 1500 a. C. se inicia la edad del bronce, desarrollándose rutas comerciales.

La edad del hierro y las culturas celtas se ubican dentro del I milenio a. C.

ProtohistoriaEditar

Los primeros celtasEditar

 
Carro funerario galo, utilizado entre los siglos VIII a.C. y VI a.C.

Aunque existen pocas pruebas tangibles, existe una teoría según la cual la colonización de la futura Galia por los celtas originarios de Europa Central comenzó hacia el año 1300 a.C., a finales de la Edad del Bronce, con la cultura de los campos de urnas y terminó hacia el año 700 a.C. Otra teoría sugiere que los primeros pueblos celtas corresponden a la cultura arqueológica de Hallstatt (800-400 a.C) que se desarrolló en Europa Central, incluido el este de Francia y se corresponde con los inicios de la Edad del Hierro. Hacia finales del siglo VIII a.C. se extiende la metalurgia del hierro y se constituye una aristocracia guerrera gracias a la aparición de espadas de hierro y al combate a caballo. Los príncipes y princesas celtas eran enterrados con armas y carros de gala, como en la tumba de Vix (550 a.C.-450 a.C.), en el departamento de Côte-d'Or.

Según Tito Livio, las abundantes poblaciones de guerreros de las tribus de biturigios, arvernos, heduos, ambarros, carnutos y aulercos bajo el mando del legendario biturigio Beloveso invadieron la llanura del Po y se unieron a los ínsubres para fundar la ciudad de Mediolanum (Milán) hacia 600 a.C.

La Galia prerromana (siglo V - 51 a.C.)Editar

 
El jefe galo Breno y Marco Furio Camilo durante el saqueo de Roma de 390 a.C.
Civilización gala
Opidio celta (siglo I a.C.)
Reconstrucción de la muralla de Bibracte
Granja gala
moneda sécuana

La Galia, tal como fue definida por Julio César, era el territorio donde habitaban los galos, e incluía los territorios actuales de Francia, Bélgica, Luxemburgo, norte de Italia, así como partes de Suiza, Alemania y Países Bajos. Los pueblos galos se corresponden con la cultura arqueológica de La Tène, que es considerada como el apogeo de la cultura celta. Los galos fueron un conglomerado de tribus celtas que hablaban dialectos de un idioma común, pero no formaron una unidad política, sino rivalizaron entre sí. Además de los galos, los romanos identificaban dos pueblos más: los aquitanos en el suroeste de la Francia actual y los belgas en el noreste.

Los celtas provenientes de regiones del Rin, el Danubio o el Bosque Hercínico extendieron su autoridad sobre el resto de la Galia a finales del siglo VI a.C. y principios del siglo V a.C., en la época conocida como segunda edad del hierro o período de la cultura de La Tène. Este nuevo período de expansión corresponde a transformaciones económicas y sociales. Los guerreros aristócratas, poco numerosos, fueron remplazados por campesinos soldados reagrupados en torno a un jefe de clan. El arado con reja de hierro remplazó al arado de madera y permitió labrar los suelos pesados del centro y norte de la Francia actual. Lo anterior explica en gran medida la colonización de tierras nuevas, el crecimiento demográfico y las nuevas invasiones resultantes.

A inicios de 390 a.C., el jefe Breno llevó guerreros galos (senones, cenómanos, lingones, entre otros) a Italia del norte, donde se unieron a otros pueblos celtas (ínsubres, boyos y carnios). Roma fue tomada en 390 a.C. Los romanos contuvieron a estos invasores a partir de finales de 349 a.C.

Los celtas comenzaron a comerciar con las colonias griegas del sur de la Galia desde el siglo VII a.C., como Massalia (Marsella). Este comercio fue interrumpido durante las invasiones del siglo V a.C., pero fueron retomadas vigorosamente a finales del siglo IV a.C. Durante este período se encuentran monedas griegas en todo el valle del Ródano, los Alpes e incluso en Lorena.

La civilización gala experimentó un período especialmente floreciente entre 290 a.C. y 52 a.C. Características de esta civilización son el surgimiento de verdaderas ciudades fortificadas (oppida) de dimensiones mucho mayores que las fortalezas de períodos anteriores y el uso de la moneda.

En el siglo II a.C. se establece una relativa hegemonía arverna caracterizada por un fuerte poderío militar y una gran riqueza de sus jefes. Al mismo tiempo aumenta la influencia romana en el sur de la Galia, que se manifiesta inicialmente en el ámbito comercial. Las investigaciones arqueológicas muestran que en el transcurso del siglo II a.C. las ánforas italianas remplazaron poco a poco las procedentes de Grecia en el comercio marsellés. En varias ocasiones, Marsella acudió a Roma para que la defendiera de las amenazas de las tribus celto-ligures y las presiones de los arvernos.

 
Vercingetórix depone las armas ante Julio César tras la batalla de Alesia.

El sureste de la Galia, en particular las regiones actuales del Languedoc y la Provenza, fue conquistado por Roma antes del fin del siglo II a.C. y formó la provincia romana de Galia Narbonense. Esta región, que iba de los Pirineos a los Alpes y atravesaba el valle del Ródano, era un territorio estratégico para unir Italia con Hispania, la cual había sido conquistada durante la segunda guerra púnica (finales del siglo III a.C.) La conquista de la Narbonense se logró en 118 a.C. después de la derrota de los arvernos y alóbroges y la alianza de Roma con los heduos. Tras la caída de la hegemonía arverna bajo la presión de los romanos, los grandes pueblos de la Galia —en particular heduos y sécuanos— rivalizaron fuertemente entre ellos.

En 58 a.C., Julio César utilizó la amenaza que representaban los pueblos germánicos para los galos para intervenir en auxilio de los heduos, aliados de Roma. La guerra de las Galias fue larga y en enero de 52 a.C., con el ascenso al poder de Vercingetórix, los arvernos y sus aliados se rebelaron contra el ejército del procónsul. Julio César enfrentó la determinación de los galos, cuyo levantamiento fue casi generalizado. La guerra, que incluyó asedios, incendios de ciudades, tierra quemada, masacres y deportaciones en esclavitud, terminó en 51 a.C. con la victoria romana frente al ímpetu desorganizado de los galos.

Edad AntiguaEditar

Colonias griegasEditar

 
Moneda de plata de Massalia con leyenda en griego (siglos V-III a.C.).

Hacia 600 a.C., griegos jonios procedentes de la ciudad de Focea fundaron la colonia de Massalia (la Marsella actual) en la costa del mar Mediterráneo, lo que convierte a Marsella en la ciudad más antigua de Francia. Al mismo tiempo, algunas tribus celtas penetraron las partes orientales del territorio actual de Francia, pero esta ocupación se extendió por el resto de Francia sólo entre los siglos V y III a.C.

Massalia fue una ciudad próspera que fundó más ciudades en el Mediterráneo, como Agathe (Agde), Nikaia (Niza) y Antipolis (Antibes). Piteas, originario de Massalia, exploró el norte de Europa y llegó hasta el círculo polar ártico hacia 325 a.C. Las colonias griegas mantuvieron un lucrativo comercio con los galos, como da cuenta la presencia de monedas y ánforas griegas en diversas partes de la Galia. Las monedas griegas influyeron en el estilo de las monedas galas, quienes utilizaron el alfabeto griego en las pocas evidencias que hay de su escritura. Las colonias griegas fueron amenazadas constantemente por las tribus galas, por lo que Massalia tuvo que recurrir a la alianza con Roma. La ciudad perdió su independencia frente a los romanos en 49 a.C.

Galia romanaEditar

 
Las provincias galas dentro del imperio romano, a principios del siglo II.
Monumentos romanos en Francia
Anfiteatro de las Tres Galias (Lyon)
Templo de Augusto y Livia (Vienne)

El emperador Augusto organizó la Galia en cuatro provincias: a la Narbonense, suficientemente romanizada para convertirse en provincia senatorial, agregó la Galia Aquitania, la Galia Lionesa y la Galia Bélgica. Los límites de las Galias sobrepasaban los de la Francia actual, principalmente en lo concerniente a la Galia Bélgica que rodeaba al río Rin. Tras la conquista de la Galia, los romanos forzaron desplazamientos de nativos para evitar que se convirtieran en una amenaza, tanto dentro de las provincias galas como fuera de ellas. Además del gran número de nativos, la Galia se volvió la patria de ciudadanos romanos llegados de otros lugares y de pueblos germánicos que migraron al imperio.

Culturalmente ocurrió un sincretismo entre la cultura romana de la nueva clase gobernante con la cultura celta nativa, lo que dio origen a la cultura galorromana. Las prácticas religiosas fueron una combinación romana y celta, con dioses celtas sujetos a la interpretatio romana.[2]​ Junto con el latín, los galos continuaron usando su idioma, pero cambiaron el alfabeto griego por el latino[3]​ y se considera que su lengua se usó en Francia hasta el siglo VI.[4]​ Algunas influencias celtas permearon la cultura del imperio romano: la caracalla, una capa que le dio apodo a un emperador romano;[5]​ el tonel,[6]​ más resistente que la ánfora romana, y la cota de malla,[7]​ el casco imperial galo y las braccae,[8]​ adoptados por el ejército romano. Los galos se integraron cada vez más dentro del imperio. Por ejemplo, los generales Marco Antonio Primo y Cneo Julio Agrícola [9]​ y los emperadores Claudio y Caracalla[10]​ nacieron en las Galias. También el emperador Antonino Pío era de familia gala.[11]

Las vías romanas retomaron en gran parte las vías galas, que eran numerosas y en buen estado, lo que explica la gran rapidez de desplazamieno de las legiones romanas. La pacificación del Rin y Britania favorecieron el auge económico. La urbanización fue generalizada y se desarrollaron numerosas ciudades, organizadas bajo el modelo de los municipia italianos, que aún perduran, mientras que los campos se cubrieron de pueblos (vici) y de grandes explotaciones agrícolas (villae). La Galia, junto con Egipto, era la región más poblada del imperio romano, con una población estimada de 7 millones de habitantes.[12]​ En 48, el emperador Claudio dio acceso al Senado romano a los notables galos, como se muestra en la tabla de Lyon.[13]

 
Martín de Tours, difusor del cristianismo en la Galia durante el siglo IV.

El desarrollo económico ocasionó siglos de Pax Romana: se cultivaron viñedos en Aquitania, los valles del Ródano, del Saona y del Mosela y los vinos galos competían con los vinos italianos.[14]​ A imitación de la terra sigillata itálica se creó una industria de cerámica sellada (por ejemplo en La Graufesenque).[15]​ Los artesanos galos producían también en abundancia objetos de madera y tejidos de lana que se exportaban hacia los grandes centros de consumo en Italia, el Rin y el alto Danubio. Los intercambios no se limitaron a los bienes materiales: además del culto popular de la religión gala y su sincretismo romano, que es prohibido por Claudio (41-54), aparecieron en las ciudades otras religiones de origen oriental: el culto de Mitra, de Cibeles y finalmente el cristianismo.

Desde el siglo II ya había una importante comunidad cristiana en Lugdunum (Lyon), de donde son los primeros mártires[16]​ (177) y el primer obispado de la Galia,[17]​ donde ejercería san Ireneo. El cristianismo, cuyos orígenes se remontan a la diáspora judía, se extiende por las ciudades gracias a los comerciantes de oriente y al ejército, y después del Edicto de Milán se extiende por los pueblos, donde el evangelizador emblemático es san Martín de Tours (316-397), a quien se atribuye también la fundación del monacato en Francia.[18]​ Hacia 250, de acuerdo con Cipriano de Cartago, la Galia contaba con ocho obispados (Lyon, Arlés, Tolosa, Narbona, Vienne, Reims, París y Tréveris)[17]​ y con 120 a finales del siglo IV. En 314 el emperador Constantino convoca al primer concilio de Arlés, el primero celebrado en la Galia.

Cinco siglos de romanización dejaron una huella profunda en las Galias: las lenguas derivadas del latín (occitano y francés), un derecho escrito, ciudades, arquitectura monumental, la religión católica y costumbres cotidianas, como el consumo del pan y el vino.[19]

Invasiones germánicasEditar

 
Mapa de Galia a finales del siglo V      Reino de Soissons      Reino Franco      Reino de los alamanes      Reino de los burgundios      Reino visigodo de Tolosa      Armórica

Durante las crisis del siglo III se sucedieron guerras civiles en suelo galo. A mediados de este siglo, francos y alamanes, ambos pueblos germánicos, atraviesan el Rin y saquean la Galia en varias ocasiones. El general Póstumo creó el llamado Imperio galo (260-274), independiente de Roma. La Galia fue afectada por las rebeliones bagaudas que asolarían sobre todo el norte de la región desde el siglo III hasta el siglo V. Los romanos permitieron el establecimiento de laeti (colonias bárbaras) en la Galia en los siglos IV y V. Los sistemas defensivos del Rin incorporaron cada vez más contingentes germánicos. Grupos de francos en Galia Bélgica y de alamanes en Alsacia sirvieron como tropas auxiliares federadas, y ciertos oficiales francos llevaron carreras brillantes en el imperio romano. Una migración celta apareció en Armórica en el siglo IV formada por refugiados de Britania, quienes permanecieron independientes del resto de la Galia hasta 939.

En la noche del 31 de diciembre de 406 vándalos, suevos, alanos y otros pueblos germánicos atravesaron la frontera del Rin,[20][21]​ pese a la defensa de los auxiliares francos. En 412, los visigodos cruzaron los Alpes y llegaron a Aquitania.[21]​ El imperio romano les cedió territorios hasta su desaparición en 476. A medida que las estructuras imperiales se deshacían, el poder político pasó a manos de reinos bárbaros con sus propias leyes y su propia religión, el arrianismo[20]​ o el politeísmo.[22]​ El peligro que representaron los hunos provocó una alianza temporal de los ocupantes de la Galia. En 451, el patricio y generalísimo Flavio Aecio se puso a la cabeza de una coalición galorromana y franca que detuvo las incursiones de los hunos comandados por Atila en los Campos Cataláunicos.

En medio de varios reinos bárbaros, Aecio fue uno de los últimos militares romanos en intentar la reorganización política de la Galia, como también lo fue el general Egidio y su hijo Siagrio. Egidio, en alianza con los francos, logró algunas victorias contra los visigodos y los burgundios y en 457 logró controlar militarmente un territorio entre el Sena y el Loira, que la historia ha llamado "el reino de Soissons" una suerte de enclave del imperio romano que sobrevivió a la caída de éste. Este "reino" perduraría con su hijo Siagrio, quien se autonombró "rey de los romanos", pero finalmente fue conquistado por Clodoveo, rey de los francos, en 486.[23]​ Las elites nobles galorromanas, aún presentes en las ciudades, mantuvieron la autoridad local y nombraron obispos, que fueron representantes y protectores de sus comunidades e interlocutores de los reyes germánicos y los últimos representantes de la cultura romana.[24]​ Entre estos se puede citar a Avito de Vienne, Niceto de Lyon, Remigio de Reims y Gregorio de Tours.

Edad MediaEditar

La nación de Francia no aparece más que muy progresivamente a lo largo de los siglos. Algunos consideran que no se puede hablar de Francia más que a partir del Tratado de Verdún, que sería también el origen de Alemania; otros que a partir del acceso de Hugo Capeto al poder y algún otro incluso más tarde. La tradición de las escuelas primarias en Francia, remontan el origen del país a la unificación de los francos, de modo que la Francia de hoy es heredera del reino franco de Clodoveo, y existe sin discontinuidad desde el año 486 hasta nuestros días, donde francos, burgundios (borgoñones), vikingos (normandos), y también britanos (bretones), se fundieron con los galos en el crisol que hoy se llama Francia.

Sobre los territorios que componían la Francia de la Edad Media reinaron las siguientes dinastías:

Los merovingiosEditar

 
Bautismo de Clodoveo, rey de los francos, por el obispo Remigio de Reims. Relieve en marfil del último cuarto del siglo IX.

La Dinastía Merovingia gobernó la actual Francia y parte de Alemania entre los siglos V y VIII. En medio del crisol de pueblos que habitaban la Galia, los francos salios, instalados en el norte de la Galia, y los francos ripuarios, instalados en los ríos Rin y Mosela, conquistaron una gran parte del territorio galo entre 486[25]​ y 507 bajo la autoridad de su rey Clodoveo I (456-511). Clodoveo comprendió que su reinado no duraría sin el consentimiento de los pueblos romanizados y se convirtió al cristianismo ortodoxo (por oposición a la herejía arriana) al ser bautizado en Reims hacia el 496[26]​ obteniendo el apoyo de las élites galo-romanas y estableciendo un importante lazo histórico entre la corona francesa y la Iglesia Católica.[25]​ Clodoveo fue el fundador de la primera dinastía duradera en el territorio de la Francia actual, la dinastía Merovingia.

En época de los merovingios desapareció la noción de Estado —o sea el «bien público» heredado de la Roma antigua—, una institución desconocida entre los pueblos germanos e impera la confusión entre los bienes del tesoro del estado y los bienes privados del soberano. Esto provocó que a la muerte de un rey, el reino era dividido entre cada uno de sus hijos. No será hasta mucho más tarde cuando se recupere el Derecho Romano y aumente el poder del monarca para que renazca la noción de Estado y la monarquía sea hereditaria.

 
Carlos Martel en la batalla de Poitiers contra los musulmanes.

Aunque se instauró una división política entre el oeste (Neustria) y el este (Austrasia), el nombre de la Galia siguió usándose entre los cristianos hasta la dinastía siguiente de los Carolingios. A partir de principios del siglo VII, el poder real se debilita en beneficio de la aristocracia franca y sobre todo de los "mayordomos de palacio" (major domus), una especie de primeros ministros. No teniendo más tierras que distribuir entre sus guerreros, los reyes merovingios son abandonados por éstos. La familia de los Pipínidas, originaria de Austrasia, se apoderó de las mayordomías de palacio de Austrasia y posteriormente de las de Neustria. Esta familia colocó nuevamente a Provenza, Borgoña y Aquitania, regiones entonces casi independientes, dentro de la órbita merovingia y emprendió la conquista de Frisia, al norte del reino. Uno de los mayordomos de palacio más famosos, Carlos Martel, rechazó en 732 a un ejército musulmán no lejos de Poitiers. Para recompensar a sus fieles, Martel confiscó inmensos territorios a la Iglesia y los redistribuyó. Esto le permitió asegurar la fidelidad de sus hombres sin deshacerse de sus propios bienes. Su hijo Pipino el breve encerró en un convento al último rey merovingio, Childerico III, y posteriormente se hizo elegir rey entre los guerreros francos en 751. Pipino tomó la precaución de ser coronado en 754 por el papa. Este evento le proporcionó una nueva legitimidad, la de ser elegido de Dios, un privilegio superior a la de la ser elegido por los guerreros francos.

Los carolingiosEditar

 
Carlomagno según una ilustración de Alberto Durero (1511).
 
El reino franco en tiempos de Carlomagno.
 
La división del reino franco con el tratado de Verdún (843). En rojo, Francia Occidental, antecedente de la actual Francia; en amarillo, Francia Oriental, antecedente de la actual Alemania; en verde, Francia Media, que sería dividida entre las dos anteriores.

Pipino el Breve, el primer monarca carolingio, conquistó la provincia de Aquitania, que se había independizado, y la Septimania, que se había convertido en una de las cinco provincias musulmanas de Al-Andalus entre 719 y 759. También intervino fuera de sus fronteras y conquistó tierras lombardas, con las que crearía los Estados de la Iglesia, también conocidos como los Estados Pontificios o "Patrimonio de San Pedro", pues se los donó al Papa y se declaró al mismo tiempo garante de los mismos.[27]​ A su muerte, de acuerdo con la tradición franca, repartió su reino entre sus dos hijos, Carlomán y Carlos, pero la muerte precoz de Carlomán permitió a Carlos reinar sobre un reino franco unificado. El reino de los francos conoció su más grande expansión durante el reinado de Carlos, más conocido como Carlomagno.

Carlomagno extendió las fronteras del reino franco, a costa de veinte años de guerra, a Sajonia, Bretaña, Vasconia, Lombardía, Baviera y el reino ávaro. Sin embargo, estas conquistas no serían definitivas y las regiones de Bretaña y Vasconia fueron sacudidas por numerosas rebeliones. Carlomagno estableció territorios conocidos como "marcas", que eran zonas militarizadas que permitieron controlar los ataques de bretones y vascones. Esta política de conquista, así como el apoyo que proporcionó al papado, tuvo como consecuencia la coronación de Carlomagno como emperador de los romanos el 25 de diciembre de 800 por el papa León III en la basílica de san Pedro. Hasta entonces, los emperadores bizantinos eran considerados los únicos herederos del imperio romano, por lo que la coronación de Carlomagno representó un conflicto entre el reino franco y el Imperio bizantino. Después de que los francos se apoderaron de territorio bizantino en el adriático, el emperador Miguel envió delegados a la corte de Carlomagno en Aquisgrán en 812 para reconocerlo como emperador de occidente. Los contemporáneos quisieron ver en esta circunstancia el renacimiento del Imperio romano de Occidente. Sin embargo, el imperio carolingio estuvo centrado en las regiones de Galia y Germania y su linaje era de origen germánico y no romano.

Los reinados de Carlomagno y su hijo Luis el Piadoso fueron testigos de dos oleadas de invasiones, pero fueron también un período de reforzamiento del poder real y de renacimiento de las artes y la cultura.

Luis el Piadoso, emperador entre 814 y 840, renunció a confiscar las tierras de la Iglesia para donarlas a sus fieles como recompensa. Al hacer esto, quedó obligado a utilizar sus propios bienes y por ende debilitaría el poder de los carolingios. Luis mantuvo el imperio unido, pero éste no sobreviviría a su muerte. Dos de sus hijos –Carlos el Calvo y Luis el Germánico– se aliaron en contra de su hermano Lotario en los juramentos de Estrasburgo. Finalmente, los tres hijos llegaron a un acuerdo en el tratado de Verdún (843) y el imperio fue dividido en tres partes: Francia Occidental para Carlos el Calvo, Francia Media para Lotario y Francia Oriental para Luis el Germánico. Esta es la primera ocasión que el nombre de Galia es sustituido por el de Francia occidental. Lotario ostentó el título de emperador, pero en 869 su reino se repartiría entre sus dos hermanos. De esta manera, dos entidades quedaron como herederas del antiguo imperio carolingio: Francia Occidental y Francia Oriental, que serían el germen de las actuales Francia y Alemania, respectivamente. Las dos Francias se reunificaron brevemente entre 884 y 887 bajo Carlos el Gordo. A su muerte, los reyes francos perdieron el título de emperador romano.

Durante los siglos IX y X, Francia occidental estuvo amenazada con la ruptura. Bretaña, bajo el liderazgo de Nominoe, reafirmó su independencia, y la reincorporación de Aquitania al reino no fue más que algo puramente teórico. La segunda ola de invasión de vikingos, sarracenos y húngaros acentuó la disgregación de la autoridad real. Los soberanos, impotentes para defender sus territorios, se resignaron a ver pasar el poder de sus manos a las de poderosos señores, quienes constituyeron principados, vastos territorios semi independientes. Para frenar la amenaza vikinga, el rey Carlos el Simple se vio obligado a ceder Normandía al jefe vikingo Rollo en 911.

El título de rey se volvió electivo y los carolingios tuvieron que ceder la corona al conde Odón de París, entre 888 y 898, a su hermano Roberto I entre 922 y 923, y a Raúl de Borgoña entre 923 y 936. En 987 Hugo Capeto, duque de los francos y descendiente de Odón, fue preferido como rey al pretendiente carolingio Carlos de Baja Lotaringia gracias a la activa intervención del arzobispo Adalberón de Reims.

Los CapetosEditar

La Dinastía de los Capetos (o Capeta) llegó a gobernar Francia, que se fue subdividiendo sucesivamente cada vez más, característica que se ha denominado "feudalismo clásico". En todo este periodo el rey hubo de enfrentarse continuamente a los demás nobles de su reino, en teoría sus vasallos, pero que a veces adquirían demasiado poder como para desafiar abiertamente la autoridad real. En este periodo se produjeron las cruzadas y la guerra de los Cien Años. Francia inventó el arte gótico, y hubo tiempo en el que con toda Europa fue víctima de la peste bubónica, epidemia que fue llamada la "peste negra". También participó del humanismo que sería precursor del Renacimiento.

La autoridad de los primeros Capetos se limitaba a su dominio real, reducido a una zona entre Beauvais y Orleans, vestigio del ducado de Francia de Roberto I, mientras que varios vasallos tenían posesiones mucho mayores. Gracias a una política hábil de la mayoría de ellos, pudieron asegurar el crecimiento de sus dominios. Frente a sus vasallos, que eran casi independientes, los reyes Capetos tuvieron las siguientes ventajas:

  • Hicieron hereditario su linaje al elegir y consagrar a sus hijos en vida y asociarlos al trono, un uso que se siguió hasta Felipe Augusto.
  • Estaban en la cima de la jerarquía feudal y todos los señores feudales del reino le debían homenaje.
  • La consagración real les permitió adquirir un derecho divino a través de la unción con el aceite de la santa ampolla, que según la tradición fue un regalo del Espíritu Santo al primer rey franco, Clodoveo. De esta manera el rey, cuyo poder procedía directamente de Dios, contó con la alianza de la Iglesia.

Varias regiones disfrutaban de una autoridad local comparable a la de un reino. Varias dinastías de origen francés incluso expandieron sus territorios fuera de Francia: los Normandos, Plantagenet, Lusignan, Hauteville, Poitiers y Tolosa. La más importante de estas conquistas fue la Conquista normanda de Inglaterra por Guillermo el conquistador. Este evento mantendría a Inglaterra conectada con Francia durante el resto de la Edad Media y sería motivo de conflicto entre ambos reinos. Los reyes de Inglaterra serían los vasallos más poderosos del rey de Francia y llegarían a aspirar al trono francés.

Los primeros CapetosEditar

 
El reino de los francos bajo Hugo Capeto (940-996). Los dominios del rey, en azul.

La fundación del estado francés inició con la elección de Hugo Capeto en Reims en 987. Capeto, llamado hasta entonces "duque de los francos". pasó a ser "rey de los francos". El territorio de Hugo se extendía en una pequeña área de escasa relevancia que contrastaba con los territorios de los barones que lo habían elegido. La figura de Hugo Capeto no se encuentra bien documentada en la historia; su mayor logro fue sobrevivir como rey y derrotar al candidato carolingio, lo que le permitió establecer la que se convertiría siglos después en una de las dinastías reales más poderosas de Europa.

 
Godofredo de Bouillon, caballero franco, uno de los líderes de la primera cruzada y fundador del reino de Jerusalén.

El hijo de Hugo, Roberto II el Piadoso, fue coronado rey antes de la muerte de su padre. Hugo Capeto así lo decidió para asegurar la sucesión. Roberto II se reunió con el emperador Enrique II en la frontera entre ambos reinos. Los monarcas acordaron poner fin a los reclamos territoriales mutuos. Aunque Roberto II fue un rey débil, sus esfuerzos fueron considerables. Se apoyó en la iglesia para gobernar Francia en mucho mayor medida que lo que su padre lo hizo. Aunque vivió con una amante y fue excomulgado debido a ello, fue visto como modelo de piedad; de ahí su apodo, el Piadoso. A partir de Roberto II se atribuyeron poderes milagrosos a los reyes de Francia, quienes podían curar la escrófula con el simple tacto. Su reinado es también recordado por la paz y tregua de Dios (que comenzó en 989) y la reforma cluniacense.

Durante el reinado extraordinariamente largo de Felipe I (1060-1108) el reino experimentó una modesta recuperación. En esta época se lanzó la primera cruzada para recuperar Tierra Santa, que había caído en manos sarracenas. Esta expedición, que culminó con la conquista de Jerusalén y la fundación de varios estados francos en Medio Oriente, involucró a la familia del rey, si bien él no participó de manera personal.

A partir del reinado de Luis V (1108-1137), la autoridad real adquirió mayor aceptación. Luis VI fue sobre todo un rey belicista. Su manera de recaudar dinero mediante el ataque a sus vasallos lo convirtió en un rey impopular, pero por otro lado fortaleció el poder real. Desde 1127 el rey contó con la asistencia del abad Suger, un eficiente estadista. Luis VI derrotó tanto militar como políticamente a muchos de sus vasallos. Frecuentemente los llamaba a la corte y a aquellos que no acudían se les confiscaban sus territorios y se lanzaban campañas militares en su contra. Esta política drástica impuso cierta autoridad real en París y las áreas circunvecinas. Cuando Luis VI falleció en 1137 había hecho bastante para fortalecer la autoridad de los Capetos.

Arquitectura gótica en Francia (siglos XII-XIII)

Gracias al consejo político del abad Suger, Luis VII (1131-1180) gozó de mayor autoridad moral que sus predecesores. El abad Suger arregló el matrimonio de Luis VII con Leonor de Aquitania, que se celebró en 1137. Esto convirtió a Luis VII en duque de Aquitania y le otorgó un poder considerable. Sin embargo, pronto afloraron las tensiones en la pareja. Por influencia de Leonor, el rey entró en guerra contra el conde de Champaña, conflicto en el que más de un millar de personas fueron quemadas vivas en Vitry. El rey, arrepentido del evento, hizo penitencia y viajó a Tierra Santa. Posteriormente, involucró al reino de Francia en la segunda cruzada, pero su relación con Leonor no mejoró. Su matrimonio fue anulado por el papa y Leonor pronto se casó con Enrique Fitzempress, duque de Normandía. Luis VII ahora enfrentaba a un vasallo mucho más poderoso que él, pues Enrique era el mayor feudatario de Francia al poseer Normandía y Aquitania y en 1154 se convirtió en el rey Enrique II de Inglaterra.

El abad Suger fue el artífice de la arquitectura gótica, nacido en el norte de Francia, en particular en las regiones de Isla de Francia y Picardía. Este estilo, que se difundió, sería el estándar de la mayoría de las catedrales europeas en la Baja Edad Media.

Felipe II AugustoEditar

 
Conquistas de Felipe II Augusto.
 
Felipe Augusto victorioso tras la batalla de Bouvines de 1214, tras la cual anexó Normandía y Anjou a los dominios reales.

El reinado de Felipe II Augusto (1179-1223) fue un paso importante en el historia de la monarquía francesa, pues fue testigo de la expansión del poder e influencia real. Sentó las bases para el surgimiento de monarcas mucho más poderosos, como San Luis y Felipe el Hermoso.

Felipe II ocupó una parte importante de su reinado en combatir al imperio angevino, que incluía Inglaterra y la mitad del reino de Francia y era quizás la mayor amenaza para un rey de Francia desde el origen de la dinastía de los Capetos. Felipe II se alió con Ricardo Corazón de León en contra del padre de éste, Enrique II de Inglaterra, y juntos lanzaron un ataque decisivo sobre el castillo de Enrique en Chinon y lo retiraron del poder. Ricardo remplazó a su padre como rey de Inglaterra. Felipe y Ricardo combatieron juntos en la tercera cruzada; sin embargo, su alianza y amistad se rompió durante la cruzada. Los dos reyes se enfrentaron posteriormente en Francia y Ricardo estuvo cerca de derrotar a Felipe II.

Además de sus batallas en Francia, ambos reyes intentaron colocar a sus respectivos aliados en el trono del Sacro Imperio Romano Germánico. Felipe II apoyó a Felipe de Suabia, de la casa de Hohenstaufen, mientras que Ricardo Corazón de León apoyó a Otón IV, miembro de la casa de Welf. Otón IV se coronó emperador, lo que significó un gran peligro para Felipe. La corona de Francia se salvó gracias a la muerte de Ricardo durante una batalla en el Lemosín.

Felipe II confiscó las posesiones de Juan sin Tierra, el sucesor de Ricardo, en Francia. Juan intentó recuperar sus posesiones en la batalla de Bouvines (1214), donde fue derrotado. Felipe II pudo entonces anexarse Normandía y Anjou, además de capturar a los condes de Boulogne y Flandes, aunque Aquitania y Gascuña permanecieron fieles al rey de Inglaterra. Tras la batalla de Bouvines, el aliado de Juan, Otón IV, fue derrocado del Sacro Imperio Romano por Federico II, aliado de Felipe Augusto. El rey de Francia desempeñó desde entonces un rol crucial en la política de la Europa occidental tanto en Inglaterra como en Francia.

Felipe Augusto fundó la Universidad de la Sorbona y convirtió a París en una ciudad de erudición. También amplió las murallas de la ciudad, pavimentó los caminos y construyó el castillo del Louvre.

El príncipe Luis (futuro Luis VIII, 1223-1226), se involucró en la guerra civil inglesa conocida como la primera guerra de los barones (1215-1217). Mientras los reyes de Francia se enfrentaban a los Plantagenet tanto en Francia como fuera de ella, la Iglesia los convocó a la cruzada albigense contra los cátaros, movimiento cristiano arraigado en el sur de Francia que fue considerado herético. La guerra, que se libró entre 1209 y 1244, terminó con la erradicación del catarismo y la expansión de los dominios reales en el sur.

San LuisEditar

 
San Luis zarpa de Aigues Mortes rumbo a la séptima cruzada.

Luis IX, conocido como San Luis, sólo contaba doce años cuando se convirtió en rey de Francia. Su madre, Blanca de Castilla, ejerció el poder como regenta. La autoridad de Blanca encontró fuerte oposición de los barones franceses, pero consiguió mantenerse en el poder hasta que su hijo pudo gobernar por sí mismo.

 
La Santa Capilla del palacio de la Cité, obra maestra del gótico radiante.

Con Luis IX, Francia se convirtió en un reino centralizado. A menudo, a San Luis se le ha considerado como un representante de la fe católica y un reformador preocupado por sus gobernados. Sin embargo, su reinado estuvo lejos de ser perfecto. En 1229, el rey luchó contra la huelga de la Universidad de París, lo que provocó daños en el Barrrio Latino de la ciudad. San Luis libró también una guerra contra el Condado de Tolosa y combatió la resistencia en el Languedoc. El conde Raimundo VII de Tolosa firmó el tratado de París en 1229. Su hija, Juana, no tuvo herederos, por lo que el condado pasó a manos del rey de Francia. El rey Enrique III de Inglaterra no reconoció la posesión de los Capetos sobre Aquitania y esperaba recuperar Normandía y Anjou para restaurar el Imperio Angevino. Desembarcó en 1230 en Saint-Malo con un gran ejército. Bretaña y Normandía se rindieron de inmediato. Esta invasión inglesa evolucionó en la guerra de Saintonge (1242). Finalmente, Enrique III fue derrotado y tuvo que reconocer el dominio francés, si bien el rey de Francia no pudo tomar Aquitania. Luis IX, además de poseer el título real, se convirtió en el mayor propietario de tierras en Francia si bien enfrentó cierta oposición en Normandía. En esos tiempos se fundó el Consejo del rey, que posteriormente se transformaría en el parlamento. Después del conflicto con el rey de Inglaterra, ambos establecieron una relación de cordialidad.

San Luis fue un mecenas del arte gótico. Durante su reinado se construyó la Santa Capilla de París, una de las obras cumbres del gótico radiante. También se le atribuye la Biblia Morgan. San Luis participó en dos cruzadas. En la séptima cruzada (1248-1250) atacó Egipto y logró conquistó la ciudad de Damieta, pero fue derrotado y hecho prisionero en Fariskur en 1250. La octava cruzada fue lanzada sobre Túnez en 1270, donde el rey francés falleció de una enfermedad ese mismo año.

Felipe III y Felipe IVEditar

 
El palacio de los papas en Aviñón. Durante el reinado de Felipe IV la sede papal se mudó a esta ciudad francesa, donde permanecería por 67 años.

Felipe III ascendió al trono a la muerte de San Luis en 1270. Fue llamado "el atrevido" en referencia a sus habilidades en combate y equitación y no precisamente por su capacidad de gobernar o su temperamento. Felipe III tomó parte en un desastre cruzado más: la cruzada aragonesa, que le costó la vida en 1285.

Felipe IV (1285-1314) realizó varias reformas administrativas. Fue responsable de la supresión de los Caballeros Templarios, firmó la Vieja Alianza con Escocia y estableció el Parlamento de París. Felipe IV, a diferencia de los primeros Capetos, fue tan poderoso que pudo nombrar papas y emperadores. La sede papal fue trasladada a Aviñón y todos los papas contemporáneos fueron franceses.

Los tres hijos varones de Felipe IV que alcanzaron la edad adulta reinaron en cortos períodos sucesivos entre 1314 y 1328. Ninguno de sus hijos tuvo hijos varones, por lo que en 1328 se extinguió la casa de los Capetos directos.

Los primeros Valois y la guerra de los cien añosEditar

A la muerte de Carlos IV, último rey de la casa de los Capetos directos sin hijo varones en 1328, hubo dos pretendientes al trono francés: Eduardo III de Inglaterra, nieto de Felipe IV de Francia, y Felipe de Valois, nieto de de Felipe III de Francia. La asamblea de notables del reino eligió a Felipe de Valois (Felipe VI) por ser francés, descender de los Capetos por vía masculina y ser de mayor edad que su joven rival inglés. Felipe VI fue el primer rey de la casa de Valois, una rama colateral de los Capetos que reinaría en Francia hasta 1589.

 
Eduardo III de Inglaterra cuenta los muertos tras su victoria en la batalla de Crécy.
 
Juan II de Francia es capturado en la batalla de Poitiers.
 
Juana de Arco entra victoriosa en Orleans.

Las tensiones entre las casas de Plantagenet y Valois alcanzaron su punto máximo en la llamada guerra de los cien años (en realidad una serie de varios conflictos armados entre 1337 y 1453), en la que los Plantagenet, gobernantes en Inglaterra, reclamaron para sí el trono francés. La guerra comenzó cuando Eduardo III de Inglaterra, duque de Guyena, invadió Francia por Flandes en 1337.

La guerra no se desarrolló en todo el país, pero allí donde se presentó llevó desolación, muerte, pillaje, guerras civiles y epidemias. Las bandas de mercenarios, en ausencia de intendencia militar y sueldo regular, saqueaban las regiones donde se estacionaban. Durante este conflicto interminable el territorio francés fue campo de encarnizados combates entre los reyes de Francia y los de Inglaterra. Los ingleses se beneficiaron de la superioridad táctica de su ejército, en particular de sus arqueros, e infligieron a la caballería francesa –muy superior en número– dos estrepitosas derrotas en Crécy (1346) y Poitiers (1356); en esta última el rey Juan II de Francia fue hecho prisionero por el príncipe negro, Eduardo de Woodstock. El delfín Carlos se vio obligado a firmar el tratado de Brétigny en 1360, en el que concedió a los ingleses una tercera parte del reino de Francia y se comprometió a pagar un rescate de 3 millones de escudos –el equivalente al ingreso real de dos años– para la liberación del rey. Éste murió en Londres en 1364 sin que el rescate hubiera sido pagado en su totalidad.

Carlos V, hijo de Juan II, fue un buen estratega: la paz le permitió reconquistar los territorios cedidos y confió a grandes capitanes, como Du Guesclin, la reconquista del territorio retomando una a una las plazas fuertes del enemigo mediante una estrategia de sucesivos asedios. En 1377 los ingleses no controlaban más que Bayona, Burdeos, Brest, Calais y Cherburgo.

La recuperación fue provisional. La locura de Carlos VI sumió al país en la guerra civil entre Felipe II de Borgoña, tío del rey, y Luis de Orleans, hermano del rey. Este último tomó el control del Estado y se alió con señores del suroeste hostiles al rey de Inglaterra, conocidos como los armagnacs, quienes combatirían a los borgoñones. El duque de Borgoña, también conde de Flandes, comerciaba con los ingleses en esa región.

Aprovechando la confusión de la guerra civil, los ingleses lanzaron una chevauchée devastadora a través de Francia. Después de evitar París atravesaron Picardía en dirección del puerto de Calais y se encontraron en Azincourt con la flor y nata de la caballería francesa en 1415. Los franceses sufrieron una nueva y devastadora derrota frente a un ejército inglés, cansado y menos numeroso. Los armagnacs fueron aplastados. El duque de Borgoña, Juan Sin Miedo, aprovechó la situación para apoderarse de Champaña y después de París. Su hijo, Felipe el Bueno, obligó al rey Carlos VI a firmar el 21 de mayo de 1420 el tratado de Troyes, en el cual se estipulaba: que el hijo del rey, el delfín Carlos, quedaba desheredado; Enrique V de Inglaterra se convertía en regente de Francia y se casaría con Catalina, la hija del rey francés, y a la muerte de Carlos VI, el reino de Francia pasaría al hijo de Enrique V y Catalina.

A la muerte de Carlos VI en 1422, Francia quedó dividida en tres: el norte y el oeste bajo el control del hermano de Enrique V, Juan de Lancaster, duque de Bedford, en calidad de regente del joven rey inglés, el futuro Enrique VI; el noreste, donde el duque de Borgoña era semiindependiente, y la región al sur del Loira, donde el delfín toma el título de Carlos VII, cuya legitimidad es puesta en duda por la propaganda inglesa.

La clave del conflicto es entonces el despertar nacionalista frente al sufrimiento del pueblo francés. Los ingleses, con su estrategia de pillaje, recogieron el odio del pueblo y sólo fueron apoyados por artesanos y universitarios de las grandes ciudades. Ese nacionalismo lo encarnaría Juana de Arco, una joven campesina que catalizaría la voluntad de echar a los ingleses de Francia al recibir el mando de las campañas militares. Después de una campaña victoriosa en el Loira, Juana liberó Orleans y aplastó a los ingleses en la batalla de Patay. Posteriormente cabalgó a Reims, donde logró la coronación de Carlos VII el 17 de julio de 1429. Durante el invierno de 1429, Juana se apoderó del poblado de Saint-Pierre-le-Moûtier, pero fracasó en la aldea de La Charité-sur-Loire antes de ser capturada en Compiègne el 24 de marzo de 1430. El fin del conflicto estaba próximo: Carlos VII sella la paz con los borgoñones en 1435 mediante el tratado de Arras. Privados de su poderoso aliado, los ingleses son expulsados de Francia en 1453 tras la batalla de Castillon.

Tras la guerra, los reyes de Francia recuperaron su prestigio y autoridad. Sin embargo, mantuvieron la rivalidad con los duques de Borgoña Felipe el Bueno y Carlos el Temerario, quienes incorporaron los Países Bajos a sus posesiones y se colocaron entre los soberanos más poderosos de Europa. A la muerte del Temerario, sus posesiones, que provenían de la familia de los Capetos, fueron anexadas por Luis XI, pero los Países Bajos pasaron a manos de la hija de aquél, María de Borgoña, quienes las entrega a su esposo Maximiliano de Austria. Esta partición de las posesiones borgoñonas fue fuente de conflicto entre las casas de Francia y Austria.

La Edad Media termina con el fin de la independencia de los grandes principados que eran el ducado de Borgoña (1482) y el ducado de Bretaña (vencido en 1488, reincorporado en 1491 y formalmente unido al reino en 1532).

Edad ModernaEditar

Afirmación del poder realEditar

 
Francia en 1477

Desde finales del siglo XV hasta mediados del siglo XVI, la política exterior francesa estuvo dominada principalmente por las guerras de Italia. Los Valois pretendían hacer valer los derechos heredados de sus ancestros sobre el reino de Nápoles y el ducado de Milán. En 60 años, los Valois conquistaron y perdieron cuatro veces Nápoles y seis veces el ducado de Milán. Finalmente, abandonaron sus ambiciones en Italia. Existen varias explicaciones sobre la utilidad de estas expediciones que terminaron inevitablemente en fracasos, entre ellas el atractivo de las riquezas y cultura de las prestigiosas ciudades italianas, así como la voluntad de controlar rutas que permitieran amenazar los intereses de los Habsburgo en el sur. En el siglo XVI, las estrategias militares se centraron en la idea de la frontera ofensiva, que consistía en ocupar puntos de apoyo para evitar el avance del enemigo más que expandir el territorio del reino.

 
Francisco I de Francia

En 1519, Carlos I, rey de España desde 1516, heredó las posesiones de los Habsburgo (Imperio de Austria, Países Bajos, Franco Condado). Francia era el obstáculo a vencer para unificar territorialmente sus territorios. El emperador disponía también de reservas inagotables de oro y plata de las colonias españolas de América. Francisco I de Francia se presentó en vano a la elección del Sacro Imperio Romano Germánico para limitar la influencia de los Habsburgo y fracasó también en el intento de tejer una alianza con Enrique VIII de Inglaterra.[28][29]​ A partir de 1521, Francia entabló una guerra larga y difícil en Italia, que comenzó con el desastre de Pavía en febrero de 1525, donde Francisco I fue hecho prisionero. El rey se vio obligado a firmar el tratado de Madrid en 1526, que amputó un tercio del territorio de Francia, pero reemprendió la guerra una vez liberado. En 1529, en la paz de Cambrai, abandonó la soberanía de Flandes y Artois, dos posesiones de Carlos V, mientras que éste renunció a Borgoña.[30]​ Aunque combatió la reforma protestante en su reino, Francisco I se alió a los príncipes protestantes alemanes e incluso al sultán del imperio Otomano, Solimán el Magnífico, en contra de los Habsburgo.[31][32][33]Enrique II continuó la lucha de su padre, y recuperó el Boulonnais y el pale de Calais de los ingleses. A cambio de su apoyo a los príncipes protestantes alemanes, en guerra contra el emperador Carlos V, obtuvo el derecho de ocupar Calais, Metz, Toul y Verdún. En 1559, el tratado de Cateau-Cambrésis estableció finalmente la paz entre Francia y España.

En el siglo XVI la guerra se transformó considerablemente. La artillería, cuyo rol fue determinante en las batallas navales y en los asedios, comenzó a utilizarse en los combates en campo raso. Francia, para conservar su poder en el juego europeo, no solamente tuvo que mantener un ejército permanente (las compagnies d'ordonnance creadas por Carlos VII), sino también poseer una artillería sólida y construir fortalezas capaces de resistir a las nuevas técnicas de guerra.[34]

Castillos renacentistas del Loira: Montsoreau, Blois, Chenonceau y Chambord.

El renacimiento italiano llegó a Francia por medio de las guerras de Italia.[35]​ Francisco I llevó a Leonardo da Vinci a su corte. En esta época se construyeron los castillos del Loira: Blois, Chambord, Chenonceau y Montsoreau.[36][37]​ La escultura, la pintura y la arquitectura francesas se transforman bajo la influencia del modelo italiano y dan origen al renacimiento francés, cuya escuela más reconocida sería la de escuela de Fontainebleau. Francisco I fue el primer rey de Francia en comprender que el resplandor artístico de un país es un elemento de gloria y poder. Comprendiendo la importancia de las posesiones coloniales, Francisco I financió expediciones lejanas. En 1534 el bretón Jacques Cartier descubre Nueva Francia, que más tarde sería Canadá.[38]

Todo lo anterior costó bastante caro. La talla (impuesto) se multiplicó cuatro veces a lo largo del siglo XVI, al pasar de 5 a 20 millones de libras. No obstante, los recursos fiscales fueron insuficientes para financiar los gastos. Los reyes de Francia recurrieron a los préstamos –la deuda se duplicó entre 1522 y 1550–; a la bancarrota en 1558 y 1567, lo que permitió anular ciertas deudas, pero sobre todo renegociar los pagos, y la venalidad de los cargos. Un cargo era una función pública cuyos titulares fueron inamovibles desde 1467 y eran vendidos en nombre del rey. Si bien la venalidad existía desde el siglo XV, Luis XII y Francisco I la desarrollaron de manera sistemática. Con la venalidad se instauró poco a poco la herencia oficializada con la creación de la paulette en 1604, un impuesto anual que era 1/60 del valor de compra del cargo. Las ventajas fueron evidentes al procurar a los reyes entradas rápidas de dinero, pero también hubo inconvenientes.

Durante el reinado de Francisco I Auvernia se incorporó definitivamente al dominio real. Enrique IV adquirió Bresse, Bugey, el país de Gex, lo que lo colocó en situación de entorpecer las comunicaciones entre las posesiones de los Habsburgo. En un primer tiempo, rechazó unir a la corona sus feudos personales bajo pretexto de preservar los intereses de su hermana. El parlamento de París rechazó, en 1590, registrar las cartas que separaban los bienes patrimoniales de la familia de Navarra y el dominio real. Después de la muerte de su hermana, Enrique IV aceptó la integración de sus feudos al dominio real. También en el siglo XVI se forjó la teoría de la inalienabilidad de dominio real: el rey no podía dar en infantazgo feudos a sus hijos menores.

Las guerras de religiónEditar

 
La masacre de San Bartolomé.

Los reinados de los tres hijos de Enrique II, Francisco II (1559-1560), Carlos IX (1560-1574) y Enrique III (1574-1589) estuvieron marcados por las guerras de religión entre protestantes y católicos. La reforma se había expandido progresivamente en Francia a partir de 1520, hasta el punto de que en 1562, año de inicio de las ocho guerras de religión, una décima parte de la población era protestante. El calvinismo, cuyos seguidores en Francia fueron llamados hugonotes, tuvieron en Normandía y el suroeste del país sus principales bastiones.

Personajes clave de las guerras de religión: Catalina de Médici, Enrique III, Enrique de Guisa y Enrique IV.

Los hijos de Enrique II fueron reyes débiles, y la reina viuda Catalina de Médici asumió el poder como regenta de los dos primeros. A ella se atribuye la instigación de la masacre de San Bartolomé el 24 de agosto de 1572 y los días siguientes, cuando los protestantes fueron atacados en sus propias casas, lo que ocasionó varios miles de víctimas en París y las provincias. La guerra civil fue también una gran amenaza para la unidad territorial. Los protestantes prometieron a Isabel I de Inglaterra restituirle el pale de Calais a cambio de su intervención, mientras que la reacción de los católicos, encabezados por la Liga Católica, obtuvo el apoyo de Felipe II de España. Además, la agitación permitió a las partes implicadas arrogarse parcelas de las regalías del Estado. Los príncipes católicos fueron muy poderosos en las regiones donde obtuvieron el gobierno, como los Guisa en Borgoña y los Montmorency en Languedoc. El edicto de Beaulieu de 1576 permitió a los protestantes celebrar su culto públicamente con excepción de París. Pudieron ocupar ocho plazas fuertes y se beneficiaron de las cámaras paritarias (chambres mi-parties, cortes de justicia con mitad de magistrados protestantes y mitad católicos) en los parlamentos. Los protestantes pudieron así constituir un Estado hugonote dentro el Estado francés.

Las guerras de religión terminaron con la guerra de los tres Enriques. El duque Enrique I de Guisa, jefe de la Liga Católica, se confrontó con el rey Enrique III por los acuerdos de éste con los hugonotes. El poder de Guisa, aliado de España y con un fuerte apoyo popular, llegó a ser una amenaza para el rey, quien ordenó asesinarlo en 1588. En represalia, el monje Jacques Clément asesinó al rey seis meses después. El trono, sin heredero de la rama de los Valois, pasó entonces a una rama colateral, los Borbones, en la persona de Enrique IV, en otro tiempo rey de Navarra. Sin embargo, al ser protestante, Enrique IV no fue reconocido por los católicos de la Liga, por lo que tuvo que convertirse al catolicismo en 1593.

Una vez consolidado su poder, Enrique IV puso fin a las guerras de religión al promulgar el edicto de Nantes en 1598, en el que se reconocía al catolicismo como la religión oficial de Francia, pero se otorgaban derechos civiles y privilegios a los protestantes. Ayudado por su ministro Sully, Enrique IV se esforzó por volver a levantar el reino, duramente afectado por las guerras de religión. Cuando Enrique IV fue asesinado por un católico fanático en 1610, legó en su hijo Luis XIII un reino considerablemente reforzado.

El Gran SigloEditar

 
Ganancias territoriales de Francia entre 1552 y 1798

Con Gran Siglo (Grand Siècle) se designa al siglo XVII, que constituye uno de los períodos más ricos de la historia de Francia. Con el fin de las guerras de religión se restableció la autoridad real. Durante este período, marcado por la monarquía absoluta, el reino de Francia marcó de manera duradera a Europa gracias a su expansión militar o su influencia cultural cada vez más dominante. La lengua, el arte, la moda y la literatura francesas se difundieron por toda Europa.

Luis XIIIEditar

 
El cardenal Richelieu en el asedio de la Rochela

Luis XIII tenía solamente nueve años cuando su padre Enrique IV fue asesinado en 1610. Su madre, María de Médici, ejerció la regencia con sus favoritos y descuidó la educación del joven rey. Luis XIII apartó del poder a su madre en 1617 al asesinar a su favorito Concini. Desde 1624, Luis XIII reinó en colaboración estrecha con su principal ministro, el cardenal Richelieu, a quien apoya contra las intrigas de los nobles, quienes estaban resentidos por haber sido excluidos del poder. Luis XIII condujo una política de domesticación de los grandes señores del reino (por ejemplo, el asunto del conde de Chalais en 1626), de endurecimiento hacia los protestantes, a quienes consiguió arrebatar las plazas fuertes que el edicto de Nantes les había otorgado. Instaló intendencias de justicia, policía y finanzas en las provincias. Al contrario de los oficiales, los intendentes tenían cargos revocables. Fueron indispensables en las regiones fronterizas o en las zonas ocupadas por los franceses y aseguraron el orden al luchar contra los pillajes de los soldados franceses y al conseguir la fidelidad de los nobles y las ciudades. El rey acentuó la centralización al favorecer el taller de acuñación de moneda de París en detrimento de los de provincias.

En 1620 continuaron los conflictos religiosos. Los hugonotes proclamaron una constitución para la "República de las Iglesias Reformadas de Francia" y el ministro Richelieu utilizó toda la fuerza del Estado para detenerlos. Obligó a los protestantes a desmantelar su ejército y fortalezas. Este conflicto terminó con el asedio de La Rochela (1627-1628), en el que los hugonotes y sus aliados los ingleses fueron derrotados. La paz de Alais de 1629 confirmó la libertad religiosa, pero desmanteló las defensas militares de los hugonotes.

Desde 1635, Luis XIII y el cardenal de Richelieu entran a la guerra de los treinta años al lado de los príncipes protestantes alemanes con el fin de reducir el poder de los Habsburgo, tanto en España, la primera potencia europea de la época, como en Austria, la cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico. Para debilitar a los Habsburgo, los franceses ocuparon plazas fuertes y aseguraron los pasos que los conectaban con sus aliados en Alsacia, Lorena y el Piamonte. El aumento considerable de la presión fiscal a causa de la guerra provocó numerosos levantamientos populares, como la de los crocantes de Saintonge-Périgord (1636-1637) y la de los va-nu-pieds de Normandía (1639), severamente reprimidas.[39]

Luis XIVEditar

 
Cardenal Mazarino.

A la muerte de Luis XIII en 1643, su hijo Luis XIV contaba cuatro años. Su madre Ana de Austria asumió la regencia junto al cardenal Mazarino. Este último es quien gobierna de manera efectiva hasta 1661, fecha de su muerte, incluso después de la mayoría de edad de Luis XIV. Mazarino continuó el esfuerzo bélico iniciado por Richelieu. Las tropas francesas ganaron victorias decisivas que permitieron poner fin a la guerra de los treinta años en 1648. El tratado de Münster de 1648 otorgó a Francia casi toda Alsacia, confirmó la posesión de los tres obispados y concedió tres fortalezas a Francia en la rivera derecha del Rin: Landau, Philippsbourg y Brisach. Mazarino también continuó la política de control de los pasos hacia el Sacro Imperio Romano Germánico. El conflicto continuaría con España hasta 1659. Con la paz de los Pirineos, el dominio real se extendió con la adquisición del Rosellón, el Artois y ciertos lugares de Hainaut, como Thionville y Montmédy, se fijaron los Pirineos como la frontera entre Francia y España y Luis XIV se casó con la infanta de España María Teresa de Austria.[40]​ Durante la minoría de edad del rey tuvo lugar la Fronda (1648-1653), una serie de rebeliones originadas por el aumento de impuestos que colocaron al gobierno en contra de príncipes, las cortes y la mayor parte del pueblo. La Fronda fue el último intento de la nobleza para contrarrestar el poder del rey y su fracaso fortaleció aún más a la monarquía.[41]

 
Luis XIV.
 
Plaza fuerte de Neuf-Brisach, una de las fortalezas de Vauban, principal ingeniero militar de Luis XIV.

A la muerte de Mazarino en 1661, Luis XIV declaró que gobernaría solo, es decir, sin primer ministro. Exigió a sus secretarios de Estado una estricta obediencia y les prohibió decidir sin él. Para asegurar la obediencia se sus ministros, los eligió de entre la burguesía, como es el caso de Colbert y Le Tellier. El reino de Luis XIV marcó una centralización extrema del poder real. Las grandes decisiones se tomaban por el consejo superior, que se reunía dos o tres veces a la semana y no contaba más que con 3 a 5 ministros. Los intendentes se convirtieron más que nunca en la voz del rey en las provincias. Desde el inicio de su reinado personal en 1661. Luis XIV reinstauró la autoridad real. Los gobernadores de las provincias, procedentes de la alta nobleza, dejaron de tener ejército a su disposición y debían residir en las cortes, lo que hacía más difícil el clientelismo. Con Colbert, el rey emprendió una reforma judicial e hizo redactar una serie de ordenanzas o códigos aplicables en todo el reino. Al no estar seguro de la fidelidad de los oficiales que tenían cargos hereditarios, el rey confió las funciones de éstos a comisarios con cargos revocables. Este procedimiento terminó por obligar a los oficiales a obedecer al rey. La nobleza perdió todo poder político y su mayor preocupación fue desde entonces el ser notada por el rey. Para ello, debía hacer gastos excesivos y solicitar pensiones al rey para asegurar su estilo de vida fastuoso.

 
El palacio de Versalles, símbolo de la monarquía absoluta y del poderío francés durante el Antiguo Régimen.

Luis XIV creía que la guerra era la vocación natural de un rey. Sin embargo, al comienzo de su reinado el ejército era aún una empresa privada monopolizada por la nobleza. Bajo la égida de Le Tellier y después de Louvois, los oficiales fueron controlados por administradores civiles que aplicaron reglamentaciones estrictas y los despojaron de gran parte de su poder. Los esfuerzos para modernizar y disciplinar al ejército permitieron a Luis XIV ganar importantes victorias en la primera parte de su reino personal. La guerra de devolución (1667-1668) le permitió conquistar nuevas plazas fuertes al norte de Francia, como Dunquerque, Lila y Douai.[42]​ Los tratados de Nimega de 1678 pusieron fin a la guerra franco-neerlandesa.[43]​ Luis XIV no pudo derrotar a los Países Bajos, pero adquirió el Franco Condado de España[44]​. Por medio de intercambios de plazas fuertes se regularizó la frontera norte. En los años 1680 y 1681 Luis XIV llevó a cabo una "política de reuniones", mediante la cual se adueñó de las zonas rurales que rodeaban las plazas fuertes adquiridas en los tratados con otros países. En pleno período de paz se anexó, entre otros, Nancy y Estrasburgo. Esta política involucró a Francia en dos conflictos. Tras la guerra de las reuniones (1684-1685), Francia ganó Luxemburgo a España y Estrasburgo al Sacro Imperio.[45]​ La guerra de la Liga de Augsburgo (1688-1697) confirmó la posesión francesa de Alsacia, pero Francia tuvo que evacuar Luxemburgo, Cataluña y el Palatinado.[46]

El 22 de octubre de 1685, mediante el edicto de Fontainebleau, Luis XIV revocó el edicto de Nantes de 1598.[39]​ El protestantismo fue proscrito en Francia, sus iglesias y escuelas fueron destruidas y sus fieles tuvieron que convertirse al catolicismo o emigrar. Entre 140 000 y 160 000 eligieron esta opción.[39]

En 1701 comenzó la guerra de sucesión española. El hijo de Luis XIV, Felipe de Anjou, fue designado heredero al trono de España como Felipe V. El emperador Leopoldo se opuso a que los Borbones extendieran su poder en Europa y reclamó el trono español para sí mismo.[47]​ Leopoldo contó con la alianza de Inglaterra y las Provincias Unidas de los Países Bajos. Los aliados vencieron en la batalla de Blenheim (1704) y tuvieron algunas victorias pírricas en las sangrientas batallas de Ramillies (1706) y Malplaquet (1709), en las que perdieron demasiados hombres como para poder continuar la guerra. Comandados por Villars, los franceses se recuperaron en batallas como Denain (1712). Finalmente, se alcanzó un acuerdo con el tratado de Utrecht de 1713. Felipe de Anjou fue confirmado como Felipe V de España, pero renunció al trono de Francia.[47]

El Siglo de las LucesEditar

Luis XVEditar

 
El duque Felipe de Orleans.
 
Luis XV.

Luis XV reinó de 1715 a 1774. Al contar con cinco años a la muerte de su bisabuelo Luis XIV, el poder fue confiado a un consejo de regencia dirigido por el duque Felipe II de Orleans. Éste hizo que el parlamento de París anulara el testamento del difunto rey, que limitaba su poder. A cambio, restituyó al parlamento el derecho de amonestación, un poder que Luis XIV le había retirado y que el parlamento utilizaría durante todo el siglo XVIII como medio de impugnación a la monarquía. La época estuvo marcada por la relajación de la moral, el auge económico y la especulación. El gusto por los productos exóticos favoreció el desarrollo de los puertos del Atlántico. Los comerciantes de productos coloniales, la monarquía y los traficantes de esclavos hicieron grandes fortunas y los colonos importaban productos fabricados en Francia. En esta época se desarrolló el puerto de Nantes y los traficantes de esclavos construyeron imponentes edificios en Nantes, Burdeos y La Rochela. Bajo la regencia del duque de Orleans, Francia entró en la guerra de la Cuádruple Alianza contra España. Felipe V de España se retiró del conflicto, confrontado con la realidad de que España ya no era una gran potencia en Europa.

Cuando el regente murió en 1723, Luis XV se apoyó en uno de sus ministros, Fleury, su antiguo preceptor y en quien tenía toda su confianza, hasta la muerte de éste en 1743, fecha en la que el rey tomó las riendas del poder. En su reinado, Francia se expandió. En 1735, tras la guerra de sucesión polaca, Lorena, principado soberano varias veces ocupado por Francia, es donado a Estanislao Leszczyński, suegro de Luis XV que había sido expulsado del trono polaco por Rusia y Austria. A su muerte en 1766, Lorena entró al dominio real. Córcega, independiente de facto desde 1755, es cedida simbólicamente a Francia por la república de Génova en 1768 y después sometida militarmente tras la batalla de Ponte Nuovo en mayo de 1769. Años antes, en 1762, la región de Dombes se había integrado también al dominio real. Durante los reinados de Luis XV y Luis XVI se llevó a cabo una política de simplificación y regularización de las fronteras, con la cual se intercambiaron plazas con los estados vecinos para evitar exclaves franceses fuera de las fronteras y enclaves extranjeros en Francia. En 1789 no existían más que tres enclaves extranjeros en territorio francés: Aviñón y el Condado Venesino, que pertenecían al papa, el principado de Montbéliard y la república de Mulhouse.

En el siglo XVIII se forja la teoría de las fronteras naturales de Francia: el Océano Atlántico, los Pirineos, el Mediterráneo, los Alpes, el Mosa y el Rin. Sin embargo, esta teoría no parece que fuera en ese momento la doctrina oficial del Estado, pues Luis XV rechazó varias veces la anexión de los Países Bajos Austriacos (la Bélgica actual), que quedaban dentro de esos límites.

Escuela militar, París.
Plaza de la Bolsa, Burdeos.
Plaza Estanislao, Nancy.

En 1740, estalló la guerra de sucesión austriaca. La guerra se desarrolló en América del Norte, la India y Europa y se acordaron términos no concluyentes en el tratado de Aquisgrán (1748). Prusia se convertía en una amenaza, ya que había ganado territorio sustancial a expensas de Austria. Esto llevó a la revolución diplomática de 1756, en la cual las alianzas de la guerra anterior se invirtieron en su mayoría. Francia era ahora aliada de Austria y Rusia, mientras que Gran Bretaña era aliada de Prusia. Este fin del conflicto no fue visto como una paz, sino como una mera tregua.

La guerra de los siete años (1756-1763) enfrentó a Francia contra Gran Bretaña. En Norteamérica, Francia tuvo ciertos éxitos temporales en alianza con varios pueblos amerindios, pero fue derrotada en la batalla de Quebec. En Europa, intentó en vano varias veces sojuzgar a Hanóver, y con sus aliados Rusia y Austria estuvo a punto de destruir a Prusia, pero la alianza anglo-prusiana fue salvada por el milagro de la Casa de Brandeburgo. En el mar, Francia sufrió derrotas en Lagos y la bahía de Quiberon en 1759, y un bloqueo forzó a los buques franceses a permanecer en puerto. La paz se concluyó en el tratado de París (1763) en el que Francia perdió su imperio con la pérdida de Nueva Francia y la India, donde sólo conservó Yanaon, Chandernagor, Karikal, Mahé y Pondicherry, frente a su rival la Gran Bretaña.

El problema más grande del Estado es el déficit presupuestario crónico, que hace al rey dependiente de los hombres de finanzas y manejadores de dinero. Otra fuente de parálisis fue la oposición del parlamento, que se coloca como defensor de las leyes del reino y como un poder de contrapeso. Oponiéndose a toda tentativa de reforma del reino, el parlamento contribuye a la crisis de la monarquía absoluta durante el reino de Luis XVI.

Luis XVIEditar

 
Luis XVI.

El nieto de Luis XV, Luis XVI, llegó al poder en 1774. De naturaleza tímida, vivió en una corte penetrada por las intrigas y las camarillas. Su reinado estuvo marcado por una política veleidosa. Frente a las presiones de la corte, de los parlamentos y de la nobleza, el rey es incapaz de tomar las medidas necesarias para subsanar una deuda pública y un déficit presupuestario desmesurados.

Habiendo perdido su imperio colonial, Francia vio una oportunidad de vengarse de Gran Bretaña al firmar una alianza con los estadounidenses en 1778 y enviar un ejército y una armada a las Trece Colonias. El almirante Grasse derrotó a una flota británica en la bahía de Chesapeake mientras que el conde de Rochambeau y el marqués de Lafayette se unieron a las fuerzas estadounidenses para derrotar a los británicos en Yorktown. La guerra concluyó con el tratado de París (1783) y la independencia estadounidense, pero con grandes deudas para Francia.

Pese a los intentos de centralización administrativa, el país no estaba unificado. Existían aduanas interiores entre las provincias y no había unidad de pesos y medidas. Todo esto trabó el desarrollo económico de Francia en una época en que Inglaterra estaba en pleno despegue industrial. Los impuestos no se recaudaban de la misma manera en todo el país, aun cuando los intendentes supervisaban la repartición y la recaudación. Pese a los esfuerzos emprendidos por Francisco I con la ordenanza de Villers-Cotterêts, las leyes no eran las mismas en todo el reino. El norte estaba aún regido por el derecho consuetudinario (usos y costumbres), con poco más de 300 costumbres, mientras que el sur estaba regido por un derecho escrito, inspirado en el derecho romano. El Antiguo Régimen tenía por costumbre no suprimir nada, sino superimponer. De esta manera, en la década de 1780 existía una maraña de circunscripciones con tamaños y funciones diferentes: diócesis de la Antigüedad, bailías y senescalías de la Edad Media y generalidades del siglo XVI. Por ejemplo, un habitante de Saint Mesnin residía en la bailía de Semur, pagaba sus impuestos en la oficina de recaudación de Semur, estaba supeditado al subdelegado de Vitteaux y al obispo de Dijon. Si tenía algún asunto con aguas o bosques, debía dirigirse a Avallon; si tenía necesidad de justicia consular, su viaje lo llevaba a Saulieu. Esta confusión se explica por la manera en que se formó el dominio real. Con cada adquisición, los reyes prometían respetar los privilegios y las costumbres de las provincias y las ciudades. Al alba de la revolución, las particularidades regionales seguían muy vivas.

La Ilustración francesaEditar

Líderes de la Ilustración francesa: Voltaire, Montesquieu, Rousseau y Diderot

Desde finales del siglo XVIII y durante todo el siguiente Francia sería epicentro de tendencias intelectuales que se conocen bajo el término de la Ilustración, antesala de la Revolución francesa y la Revolución industrial.

Los "filósofos" fueron intelectuales franceses que dominaron la Ilustración francesa y fueron influyentes en toda Europa. Sus intereses eran diversos, y había expertos en ciencia, literatura, filosofía y sociología. Su objetivo era el progreso humano. Al concentrarse en ciencias sociales y materiales, creían que una sociedad racional era el único resultado lógico de una población librepensadora y congruente. También defendían el deísmo y la tolerancia religiosa. Muchos creían que la religión era una fuente de conflicto desde tiempos eternos y que el pensamiento lógico y racional era el camino a seguir para la humanidad.

En la primera mitad del siglo XVIII el movimiento estuvo dominado por Voltaire y Montesquieu, pero el movimiento creció a medida que el siglo avanzaba. En general, los filósofos se inspiraron en los pensamientos de René Descartes, el escepticismo de los libertinos y la divulgación de la ciencia de Bernard de Fontenelle. Las disensiones sectarias dentro de la iglesia, el debilitamiento gradual del monarca absoluto y las numerosas guerras de Luis XIV permitieron que su influencia se extendiera por Europa, en lo que se conoce como despotismo ilustrado. Entre 1748 y 1751 los filósofos alcanzaron su período más influyente, con Montesquieu (El espíritu de las leyes, 1748) y Jean Jacques Rousseau (Discurso sobre los efectos morales de las artes y las ciencias, 1750).

El filósofo Denis Diderot fue el editor el jefe de uno de los mayores logros de la Ilustración, la Enciclopedia (1751-1752), una obra de consulta con 72000 artículos que provocó una revolución en el aprendizaje en el mundo ilustrado.

Edad ContemporáneaEditar

Revolución francesaEditar

Fue un proceso social y político que se desarrolló entre 1789 y 1799 cuyas principales consecuencias fueron la abolición de la monarquía absoluta y la proclamación de la República, eliminando las bases económicas y sociales del Antiguo Régimen. Si bien la organización política de Francia osciló entre república, imperio y monarquía durante 75 años después de que la Primera República cayera tras el golpe de estado de Napoleón, lo cierto es que la revolución marcó el final definitivo del absolutismo y dio a luz a un nuevo régimen donde la ciudadanía, y en algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron en la fuerza política dominante en el país.

Asamblea Nacional y Asamblea Constituyente (1789-1791)Editar

 
El juramento del juego de pelota, 20 de junio de 1789
 
Toma de la Bastilla, 14 de julio de 1789
 
Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano de 1789

Incapaz de establecer un impuesto universal, Luis XVI convocó a los Estados generales el 5 de mayo de 1789 en Versalles.[48]​ El tercer estado logró tener doble representación, pero sus votos no se contaron doble. Por esta situación, el tercer estado rompió con los Estados generales y con el apoyo de algunos miembros del clero y la nobleza decidió constituirse en Asamblea Nacional, un cuerpo legislativo erigido en representante de la nación.

Luis XVI cerró la sala de los Estados, en un intento por evitar que la Asamblea se reuniera. Ésta, con apoyo de algunos miembros de la nobleza y el clero, logró reunirse y proclamar el juramento del juego de pelota en un edificio cercano en Versalles, el 20 de junio de 1789, en el cual sus miembros juraron mantenerse juntos hasta dotar al reino de una constitución.[49]​ El 9 de julio la Asamblea adoptó el nombre de Asamblea Nacional Constituyente.

Ante la inestabilidad política y la crisis económica, París cayó en la anarquía. La concentración de tropas reales en Versalles, París y alrededores, y el despido del ministro de economía Necker por haber apoyado a la Asamblea hicieron temer que se preparara un golpe de Estado. Los electores parisinos se reunieron el 13 de julio para formar milicias burguesas, cuyo símbolo era la escarapela bicolor, los colores tradicionales de París.[50]​ Al día siguiente, 14 de julio de 1789 los insurgentes, apoyados por estas milicias, se lanzaron a tomar la prisión de la Bastilla, que servía de depósito de armas y municiones y a la vez era un símbolo de la tiranía monárquica. Este evento se celebra cada año como la fiesta nacional de Francia. Los insurgentes se dirigieron después el ayuntamiento de París y ejecutaron a su gobernante, Jacques de Flesselles.

 
Marcha de mujeres hacia el palacio de Versalles.

El 15 de julio Bailly, entonces presidente de la Asamblea, es designado primer alcalde de París bajo una nueva estructura de gobierno conocida como la Comuna de París. Las milicias burguesas cambian su nombre a Guardia Nacional, cuyo comandante es Lafayette.[51]​ El rey aceptó el nuevo orden nacido de la revolución al visitar la Asamblea el 16 de julio de 1789, y al día siguiente el ayuntamiento París, donde aceptó portar la escarapela bicolor.[52]​ El 27 de julio, la escarapela bicolor se cambia a tricolor a propuesta de Lafayette, donde la franja blanca representaba al rey.[50]​ Esta sería el antecedente de la bandera de Francia. A pesar de alcanzarse la paz entre el rey y los insurgentes, en el interior del país estallaron violentas rebeliones campesinas llamadas "el gran miedo".[53]​ Además, varios miembros de la nobleza, el clero e incluso de la burguesía, no dispuestos a aceptar los cambios, partieron al extranjero en busca de apoyo para combatir la revolución: son los llamados emigrados.[54][55]​ En agosto, la Asamblea publicó varios decretos, entre los que destacan el reconocimiento al rey y la abolición de los privilegios, el feudalismo, la servidumbre y el diezmo, así como la declaración de los derechos del hombre y el ciudadano.[51]​ En octubre de 1789 una multitud encabezada por mujeres marchó al palacio de Versalles para protestar por la escasez de pan; tras lo cual la familia real y la Asamblea fueron obligadas a establecerse en el palacio de las Tullerías, en París.[56]

El año siguiente —1790— la Asamblea remplazó las antiguas provincias por 80 departamentos de tamaño y población similar,[57]​ eliminó las aduanas internas,[58]​ estableció el sistema métrico como unidad de medida,[59]​ eliminó los gremios y estableció la libertad de empresa[58]​ y la igualdad de derechos para católicos, protestantes y judíos,[60]​ nacionalizó las propiedades de la Iglesia y redactó la constitución civil del clero.[61]​ Estas medidas fueron rechazadas en gran medida por la mayor parte del clero en Normandía, Bretaña y Vendée, regiones donde la población civil, profundamente católica, se mostró hostil a la revolución. El clero refractario —que no juró la constitución— fue perseguido.

En junio de 1791 la familia real salió en secreto de París con rumbo a la frontera nororiental con el objetivo de reunirse con tropas realistas, pero sólo pudo llegar a Varennes, donde fue descubierta, obligada a regresar a París y permanecer en el palacio de las Tullerías en una suerte de prisión domiciliaria.[62][63]​ La fuga de Varennes provocó una división entre los revolucionarios, entre los que querían mantener la monarquía y los que querían abolirla.[58]​ En la masacre del Campo de Marte del 17 de julio de 1791 Lafayette, bajo las órdenes de la Asamblea, disparó contra una multitud que demandaban la república.[58]​ Tras la masacre, la Asamblea ordenó el cierre de periódicos radicales, como el Amigo del pueblo de Marat, y persiguió a políticos republicanos, hasta que aplicó la amnistía en septiembre.[64]

La Asamblea redactó la constitución el 3 de septiembre de 1791, de corte monárquico, que establecía la división de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial; ratificaba los decretos de 1789 y 1790, establecía el sufragio censitario y la educación laica.[65]​ La soberanía recaía en el pueblo y ya no en el monarca, que pasaba a ser "rey de los franceses" en lugar de "rey de Francia", era la cabeza del poder ejecutivo, su posición era bastante limitada, pero tenía poder de veto.[65]​ Luis XVI juró la constitución el 13 de septiembre.[66]

Asamblea Legislativa (1791-1792)Editar

 
La reina María Antonieta frente a la muchedumbre en el palacio de las Tullerías, el 20 de junio de 1792.
 
Asalto a las Tullerías el 10 de agosto de 1792.

El 1 de octubre de 1791 se formó la Asamblea Legislativa, elegida entre 4,3 millones de hombres que pagaban cierta cantidad mínima de impuestos.[67]​ El 20 de abril de 1792 la Asamblea votó por declarar la guerra a Austria, lo que sería el inicio de las guerras revolucionarias francesas.[68]​ A finales de ese mismo mes, Francia invadió y conquistó los Países Bajos Austriacos.[68]

La Asamblea estaba compuesta por la derecha: el club de feuillants —monárquicos portavoces de la alta burguesía—, la izquierda, procedente de los clubes de los jacobinos (izquierda moderada) y cordeliers (izquierda radical) —burguesía media y cercanos al pueblo llano—, y el grupo más grande, llamada el centro o "partido constitucional".[69]

El 12 de junio de 1792 el rey vetó los decretos de la Asamblea sobre la deportación del clero refractario y la creación de un campamento de la guardia nacional para defender París.[70]​ Esta actitud provocó una manifestación hacia el palacio de las Tullerías el 20 de junio de 1792. En este episodio cobraron relevancia los sans-culottes, milicias populares que obligaron al rey a portar el gorro frigio, pero el monarca no dio marcha atrás en su veto.[71]​ La entrada de Prusia a la guerra del lado de Austria el 6 de julio hizo que la Asamblea ignorara el veto real y convocara a todos los voluntarios a defender París. El manifiesto de Brunswick, redactado el 25 de julio de 1792, fue una amenaza prusiana a la población de París si el rey de Francia y su familia eran lastimados, terminó por derrumbar la reputación del rey, a quien acusaron de colaborar con el enemigo.[71]​ El 10 de agosto de 1792 ocurrió un ataque violento de ciudadanos y miembros de la guardia nacional contra el palacio de las Tullerías.[71]​ Este ataque organizado por la comuna de París masacró a la guardia suiza y obligó a la familia real a refugiarse en la Asamblea.[71]​ Ésta suspendió temporalmente la función constitucional al rey y convocó a elecciones.[71]​ Desde entonces, la Asamblea pierde poder y la comuna, dominada por jacobinos y aliada de los sans-culottes y declarada rebelde,[71]​ ejerce un gobierno de facto.[72]

A inicios de septiembre de 1792, cientos de parisinos enardecidos por la derrota francesa en Verdún, las rebeliones en el oeste y rumores de conspiraciones entre prisioneros y políticos y el enemigo extranjero, atacaron las prisiones y ejecutaron entre 1000 y 1400 prisioneros.[73][74]​ Marat, político radical republicano y cercano a los estratos sociales más bajos, incitó a que en las provincias se siguiera el ejemplo de París.[74]​ Tanto la Asamblea como la Comuna de París fueron incapaces de evitar las masacres.[68]​ Las elecciones se llevaron a cabo entre el 2 y el 19 de septiembre.

Convención NacionalEditar

Dominio girondino (1792-1793)Editar
 
Batalla de Valmy, primera gran victoria de la Francia revolucionaria.
 
Ejecución de Luis XVI el 21 de enero de 1793.
 
Guerra de Vendée, la principal insurgencia contrarrevolucionaria en el oeste de Francia.
 
Arresto de los girondinos el 2 de junio de 1793.

Tras las elecciones de septiembre de 1792, la Convención Nacional sustituyó a la Asamblea Legislativa. La Convención tuvo su primera reunión el 20 de septiembre, cuando se estableció la primera república francesa[50]​, que coincidió con la primera gran victoria francesa en Valmy bajo el mando de Dumouriez. La convención estaba formada por la derecha o girondinos (la mayoría antiguos jacobinos), la izquierda o montañeses (jacobinos y cordeliers), y la mayoría, llamada el centro o llanura, sin una ideología definida. La Convención creó la república y el calendario republicano, que remplazaba al calendario gregoriano cristiano y el año 1792 fue renombrado como el año I.[75][71]

La época de la Convención Nacional estuvo marcada por las guerras revolucionarias, que amenazaron la existencia de la república tanto en el extranjero como en el interior y por la rivalidad entre girondinos y montañeses. Los girondinos, que dominaron los primeros meses gracias al apoyo de la llanura, pugnaban por el respeto a las instituciones, detener las agitaciones de los sans-culottes, contener a la Comuna de París y crear un gobierno descentralizado. Acusaban a los montañeses por las matanzas de septiembre y de querer instaurar una dictadura, al tiempo que alentaban rebeliones contra gobiernos promontañeses en provincia.[76]​ Establecieron medidas a favor de emigrados y sospechosos e intentaron salvar la vida del rey, acciones que los montañeses juzgaron contrarrevolucionarias.[76]

En el aspecto militar, parecía que se alcanzaría la paz, pero los girondinos buscaban extender la revolución fuera de Francia.[77]​ El exrey Luis XVI fue juzgado, sentenciado y ejecutado en la guillotina en enero de 1793, tras lo cual inició la guerra de la primera coalición (1792-1797), a la que además de Austria y Prusia se integraron Gran Bretaña y España. Francia fue invadida por cuatro países al mismo tiempo. La leva de 300 000 hombres provocó disturbios y del 10 al 15 de marzo de 1793 estalló la guerra de Vendée, una insurrección en defensa de la religión católica y la monarquía.[78][79]​ Francia sufrió una derrota ante Austria en Neerwinden en marzo de 1793 y el general Dumouriez se pasó al bando enemigo.[78]​ Su deserción y la guerra civil comenzaron a poner a la llanura del lado de los montañeses:[80]​ se agravaron las leyes contra emigrados y refractarios, se redactó la ley del máximo general —que establecía precios máximos a los productos básicos—, se organizó el tribunal revolucionario y el 6 de abril se creó el Comité de Salvación Pública, compuesto por 9 y después por 12 miembros de la Convención, que se encargaría de las funciones ejecutivas.[80][68]

Los montañeses tramaron un golpe de Estado con el apoyo de los sans-culottes y la Guardia Nacional que se hace efectivo con la insurrección del 31 de mayo y el decreto del 2 de junio de 1793 que expulsó a los girondinos y ordenó su arresto.[81]

Dominio jacobino (1793-1794)Editar
 
Robespierre
 
Ejecución de émigrés en la guillotina, durante el reinado del terror
 
Ahogamientos de Nantes de 1793, parte de la represión contra los rebeldes contrarrevolucionarios
 
Festival del Ser Supremo en París, 8 de junio de 1794

Los montañeses llegaron al poder y establecieron un gobierno extremadamente centralizado en el que las decisiones eran tomadas por el Comité de Salvación Pública. Robespierre, procedente del club de los jacobinos, terminaría por dominar el comité y fijar la agenda de la Convención. El gobierno jacobino, que contaba con el apoyo de las masas,[82][83]​ adoptó medidas económicas urgentes para lidiar contra la escasez de alimentos, se castigó con pena de muerte el acaparamiento y la especulación, se aplicó el control de precios, se hicieron ciertas concesiones a las clases populares, se abolió la esclavitud y se redactó una nueva declaración de derechos del hombre y del ciudadano. El 24 de junio de 1793 se adoptó la constitución del año I, democrática y descentralizada que establecía el sufragio universal masculino y el derecho a la insurrección, que sin embargo nunca llegaría a entrar en vigor al declararse el gobierno en estado revolucionario hasta que se alcanzase la paz. Se instauró la leva en masa, que reclutó 420 000 soldados y el ejército aumentó a más de 600 000 hombres.[84]

Durante el gobierno del Comité de Salvación Pública hubo movimientos de descristianización que intentaban remplazar la fe católica: son las religiones del culto de la razón (1793-1794), que incluía iconoclasia, cierre de iglesias o su reconversión a templos de la razón,[85]​ y el culto del ser supremo —una religión deísta no cristiana—; esta última una iniciativa de Robespierre de 1794.[86]

En el verano de 1793, en la mayoría de los departamentos había oposición al curso que había tomado la revolución. Varias rebeliones estallaron: Lyon, Toulon, Marsella, Burdeos, Bretaña y Caen,[68]​ mientras que en Vendée los rebeldes ganaban importantes batallas. Algunos girondinos sobrevivientes alentaron rebeliones y Marat fue asesinado el 13 de julio. Para combatir la contrarrevolución, la Convención aprobó la Ley de sospechosos el 17 de septiembre de 1793, que ordenó el arresto de los opositores al gobierno.[87]​ Este decreto sería una de las causas de la sentencia a muerte ante el tribunal revolucionario de unas 17 000 personas hasta julio de 1794, dentro de la fase conocida como el reinado del terror.[88][89]​ Los criterios para ser juzgado por el tribunal eran vastos y ambiguos y el juicio era inapelable.[68]

La guerra civil terminó con la derrota de los vendeanos en la batalla de Le Mans el 12 de diciembre de 1793,[90]​ al mismo tiempo que se sofocaba la rebelión de Toulon apoyada por los británicos. Un mes antes se habían sofocado las rebeliones de Normandía, Burdeos y Lyon. La represión que siguió fue brutal.[91]​ Algunos historiadores consideran que la guerra civil costó 450 000 víctimas.[92][93]

Además de una dura represión contra los rebeldes, el terror se convirtió en un arma contra los rivales políticos de Robespierre y lo mismo fueron ejecutados rebeldes como las facciones montañesas de extrema izquierda (los exagerados de Hébert) y moderadas (los indulgentes de Danton).[94]​ Con la ley de 22 de pradial (10 de junio de 1794) la persecución se hizo aún más severa y se limitaba la capacidad del acusado para defenderse.[95]

Mientras tanto, la guerra marchaba bien. Francia obtuvo victorias contra Austria y Gran Bretaña en mayo y junio de 1794, lo que abrió Bélgica a la conquista francesa.[68]​ En un año, los jacobinos habían derrotado la contrarrevolución, pero perdieron apoyo popular al no cumplir demandas básicas de las clases bajas, mientras que sectores de la burguesía y el campesinado se enriquecieron con la venta de bienes del Estado.[96]

Reacción termidoriana (1794-1795)Editar
 
La caída de Robespierre.

La reacción termidoriana fue un movimiento de respuesta al terror, así llamada por el mes del calendario republicano en que comenzó, en 1794. Robespierre comenzó a enfrentar una creciente oposición de la llanura en el seno del Comité de Salvación Pública y cuando en un discurso amenazó con empezar una purga contra miembros de la Convención, ésta ordenó su arresto el 9 de termidor del año II (26 de julio de 1794). Robespierre, 21 de sus aliados, entre ellos Saint-Just y Couthon, fueron decapitados dos días después, y al día siguiente 71 miembros de la Comuna de París, lo que ponía fin al terror y a la insurrección de la comuna.[97]

Tras la caída de Robespierre, los republicanos conservadores dominaron la Convención Nacional. Durante este gobierno termidoriano se abrogan las leyes del terror, se liberan a numerosos “sospechosos”, se restablece la libertad de culto, se toleran manifestaciones monárquicas y se busca la paz con los rebeldes (los chuanes), se excluye a los montañeses y los sans-culottes pierden influencia.[98][99]​ El club de los jacobinos fue cerrado en noviembre de 1794 y en el invierno se desató el terror blanco contra los jacobinos y sus aliados.[100]​ Ante la carencia de alimentos por la guerra y el alza de precios, el gobierno era impopular y estallaron varias insurrecciones populares, de las cuales la más importante fue la ocupación de la Convención por sans-culottes el 20 de mayo de 1795 que contó con el apoyo de los montañeses, pero los rebeldes fueron derrotados, tras lo cual se desató una ola de represión.[101]​ La Convención promulgó la tercera constitución de Francia el 22 de agosto de 1795, en la que regresaba el sufragio censitario y se establecía que el poder legislativo sería bicameral y el ejecutivo lo ejercería un directorio de cinco personas.[102]​ La nueva constitución era regresiva en cuanto a derechos, como la asistencia pública, la educación básica y el trabajo.[102]​ Si bien los termidorianos buscaban anular conquistas democráticas, tampoco deseaban el retorno del Antiguo Régimen, de cuya caída se habían beneficiado.[103]​ Un desembarco de emigrados en Quiberon fue derrotado en julio de 1795, y una rebelión monárquica fue sofocada en París el 5 de octubre. Se firmó la paz con Prusia, Países Bajos y España entre abril y julio de 1795.[103]

Directorio (1795-1799)Editar

 
El general Napoleón Bonaparte en el Consejo de los Quinientos.

El directorio se componía de dos cámaras legislativas: el Consejo de los Quinientos y el Consejo de los Ancianos.[102]​ Ambas sesionaban en diferentes partes del palacio de las Tullerías. El poder ejecutivo, con sede en el palacio del Luxemburgo, era compartido por cinco directores elegidos de entre las cámaras. Para evitar una dictadura, un director y una tercera parte de las cámaras se renovarían cada año por medio de elecciones. La constitución establecía la separación estricta de poderes y éstos tenían funciones específicas[102]​ y no podían interactuar entre ellos. El problema fue que no se preveía ningún procedimiento en caso de desacuerdo entre los poderes.

Los cuatro años del directorio estuvieron marcados por la crisis financiera, la liberación económica, la corrupción, la prevalencia de la burguesía, las rebeliones y complots, los golpes de Estado y el combate tanto a jacobinos como a católicos y realistas.[104]​ De estos eventos, destacan la conspiración de los iguales, una rebelión protosocialista de 1796,[105]​ el golpe de Estado del 18 de fructidor del año V (4 de septiembre de 1797), que anuló la elección que daba la victoria a los realistas,[106]​ y las leyes de floreal del año VI (mayo de 1798), que invalidaron elecciones favorables a los jacobinos y desacreditaron al directorio.[107]​ Se reactivaron políticas de persecución contra emigrados y refractarios y nuevamente se intentó la descristianización de la sociedad.[108]​ La era del directorio fue la extensión de la reacción termidoriana con una nueva constitución que sería violada por el propio gobierno para establecer una dictadura.[109]

El directorio fue una época de agitación militar. En 1796 Francia pasó a la ofensiva contra Austria a través de Alemania, pero fue la campaña de Italia, comandada por el general Bonaparte, la que forzó la paz con Austria en 1797.[110]​ Las conquistas en Renania, Bélgica y gran parte de Italia conformaron repúblicas hermanas con instituciones calcadas de las francesas. Los Estados Pontificios fueron invadidos en febrero de 1798[111]​ y el papa Pío VI murió prisionero en Francia.[112]​ Ese mismo año Bonaparte emprendió la campaña de Egipto, a fin de cortar la comunicación de Gran Bretaña con la India, pero provocó la formación de la Segunda Coalición contra la república, conformada por Rusia, Gran Bretaña, el Imperio otomano, Nápoles y nuevamente Austria.[113][114]​ En 1799, cuando los ejércitos franceses experimentaban algunos reveses, el general Bonaparte regresó a Francia y apoyado por el director Sieyès, su hermano Lucien Bonaparte y republicanos revisionistas dio el golpe de Estado del 18 de brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799), que puso fin al directorio y a la revolución francesa.[115]

Francia napoleónicaEditar

El ConsuladoEditar

Tras el golpe de Estado de brumario que puso fin a la revolución francesa, se redactó la constitución del año VIII (24 de diciembre de 1799), que otorgó el poder de la república a un Consulado de tres personas.[116]​ En la práctica, el primer cónsul —el general Napoleón Bonaparte— ejerció poderes de dictador,[116]​ mientras que el poder legislativo tendría funciones meramente decorativas.[117]​ Bonaparte eligió a los ministros y a un consejo de Estado, que constituyó el brazo ejecutor de su gobierno. El general llegaba al poder en medio de una gran popularidad gracias a sus victorias militares durante la revolución. Ya como cónsul, aumentó su prestigio al vencer en la batalla de Marengo y lograr la paz con Austria (9 de febrero de 1801) y con el Reino Unido (25 de marzo de 1802). Se reconocieron las "fronteras naturales de Francia" hasta el Rin, así como las cuatro repúblicas hermanas: Bátava (Países Bajos), Helvética (Suiza), Cisalpina y Ligur (Italia).

Durante el Consulado, se abolió el sufragio universal y desaparecieron las elecciones locales en los departamentos franceses. Al mismo tiempo se estableció un Estado policial encabezado por el ministro Fouché; se censuró a la prensa, se derogaron varias leyes de la revolución, se mantuvo el control sobre los obreros y se aumentaron los impuestos. Por otro lado, se apoyó a la burguesía, la industria, el comercio y la agricultura, se sanearon las finanzas y se creó el Banco de Francia. Uno de los principales legados fue el código napoleónico, en vigencia desde el 21 de marzo de 1804, que desmanteló definitivamente las leyes feudales del Antiguo Régimen; era progresivo en comparación con las leyes europeas de la época, pero regresivo en cuanto a los derechos civiles de las leyes revolucionarias.

Bonaparte, enemigo tanto de los revolucionarios radicales como de la monarquía feudal, buscó, no obstante, la reconciliación y la paz en Francia. Se firmó con el papa el Concordato de 1801, que reconocía la preeminencia de la Iglesia católica, le devolvía algunos bienes incautados en la revolución y establecía un sueldo al clero por parte del Estado, mientras que el papa reconoció la autoridad civil para designar al alto clero. También se abolió el calendario republicano. Se otorgó amnistía a emigrados, pero la facción ultra realista continuó en el exilio.

Imperio napoleónicoEditar

 
Coronación de Napoleón.
 
Europa en 1812, con el Imperio francés (morado) en su apogeo, sus estados vasallos (azul), y sus aliados.
 
Batalla de Austerlitz.

Napoleón Bonaparte se proclamó emperador de Francia y se coronó el 2 de diciembre de 1804 en París en presencia del papa. La monarquía regresaba después de 12 años y se creó una nueva nobleza imperial entre los allegados al emperador.

El imperio no significó la paz. Por el contrario, Francia estaría permanentemente en guerra por los anhelos de Napoleón de extender su imperio sobre toda Europa. Las guerras napoleónicas serían la continuación de las guerras revolucionarias. Francia se convirtió en la primera potencia mundial. Napoleón demostró un talento militar inaudito, extendió la guerra en toda Europa y se adueñó de medio continente.

La guerra se reinició en 1805, esta vez contra Reino Unido, Austria, Rusia, Nápoles y Suecia, en la llamada tercera coalición. Francia y su aliada España sufrieron una estrepitosa derrota naval a manos de los británicos en Trafalgar, pero Napoleón derrotó a Rusia y Austria en la batalla de Austerlitz (2 de diciembre de 1805). Tras esta batalla, el Sacro Imperio Romano Germánico dejó de existir y Napoleón creó la Confederación del Rin, que comprendería 35 estados alemanes aliados de su imperio. En 1806 invadió el reino de Nápoles y le otorgó el trono a su hermano José Bonaparte, y poco después nombró rey de Holanda a su otro hermano, Luis.

 
Napoleón en Berlín.

Una cuarta coalición se materializó en 1806 entre Rusia, Reino Unido, Sajonia, Suecia y Prusia. Napoleón invadió Prusia en una guerra relámpago y tomó Berlín el 27 de octubre de 1806. En junio la coalición quedó rota tras la derrota rusa en Friedland. Se alcanzó la paz de Tilsit con el 7 de julio de 1807, en la que se pactó una alianza franco-rusa. Una consecuencia de esta guerra fue el bloqueo continental que pretendía arruinar la economía del Reino Unido.

 
Arco de triunfo del Carrusel (1806-1808), conmemoración de las victorias francesas durante las guerras napoleónicas.

Para hacer efectivo el bloqueo, Francia invadió Portugal, aliado de los británicos, en 1807. Francia había recibió el permiso de Carlos IV de España para atravesar su territorio, pero el tránsito de tropas terminó en la ocupación de España, cuya corona fue otorgada por Napoleón a su hermano José. La población se rebeló contra la ocupación francesa.

La quinta coalición, cuya cabeza fue el Reino Unido, logró atraer nuevamente a Austria a la guerra en abril de 1809, pero ésta fue vencida otra vez en una rápida campaña tras la cual cedió más territorio a los Estados clientes de Francia. Además, Napoleón conquistó los Estados Pontificios de su antiguo aliado Pío VII.

 
Napoleón en Moscú.

En 1812 el zar Alejandro I de Rusia dejó de colaborar con Francia y se acercó al Reino Unido. Napoleón respondió invadiendo Rusia con un ejército de 685 000 hombres, el mayor ejército hasta entonces jamás reunido. Los rusos basaron su defensa en la táctica de tierra quemada, y la misma Moscú fue abandonada e incendiada a la llegada del ejército francés. En octubre, Napoléon ordenó la retirada, que se llevó a cabo en medio del invierno. La guerra contra Rusia significó un desastre en pérdida de vidas (90% del ejército) y prestigio.

El zar continuó la guerra y a principios de 1813 se integró a la sexta coalición con el Reino Unido. En Prusia surgió un movimiento nacionalista y el rey se rebeló contra Napoleón. Austria se integró a la coalición en agosto. Napoléon logró reunir un ejército de 500 000 soldados, la mayoría adolescentes, e invadió Alemania. Aunque logró ganar algunas batallas, fue derrotado en Leipzig, en la batalla de las naciones, el 16 de octubre de 1813. Los aliados entraron en Francia a finales de 1813 y tomaron París el 30 de marzo de 1814. Napoleón abdicó la corona para él y su hijo y se exilió en la isla de Elba.

El Congreso de Viena le concedió a Francia sus fronteras de 1792, que incluían Savoya, Niza y el Sarre, y el país pudo conservar las obras confiscadas en el extranjero. Pero Napoleón abandonó Elba en 1815 y regresó al poder en el período conocido como los Cien Días (20 de marzo-18 de junio de 1815), hasta que fue derrotado definitivamente en Waterloo y enviado al exilio a la isla Santa Elena. Francia pagó duramente los Cien Días, pues perdió sus adquisiciones de 1792 y debió subsidiar la ocupación de 150 000 soldados extranjeros.

Restauración borbónicaEditar

 
Luis XVIII.

A la caída de Napoleón, el Congreso de Viena intentó restaurar el mapa político europeo. Sin embargo, se habían removido los cimientos de la vieja Europa, y ya no volvería a ser la misma. Se entronizó a Luis XVIII de la dinastía Borbón y hermano de Luis XVI. Regresaron los emigrados y los ultrarrealistas, quienes intentaron el regreso del Antiguo Régimen. Pero el nuevo rey fue conciliador, dictó una carta constitucional, que estableció una monarquía constitucional, y se mantuvieron algunas leyes de la revolución y el imperio. El poder legislativo estaba compuesto de dos cámaras: la Cámara de los Diputados, electa por sufragio censitario, y la Cámara de los Pares, electa por el rey y de carácter vitalicio y hereditario. La época se caracterizó por la disputa entre el partido de los ultrarrelistas y el partido de los doctrinarios, estos últimos de tendencia liberal.

 
Escuela nacional superior de bellas artes.

Francia mostró un perfil bajo en el exterior y sólo participó en algunas campañas menores: una intervención en España a favor del rey Fernando VII (1823), financiación de una intervención para restablecer la monarquía borbónica en Nápoles (1815), y la invasión de Argel (1830).

La restauración fue también un período de relativa paz y prosperidad. Florecieron las artes y la ciencia, y Francia mantuvo un rol de primera importancia con la fundación de instituciones tales como la Escuela Nacional de Cartas (1821), especializada en disciplinas auxiliares de la historia (1829); la Escuela Central de Artes y Manufacturas, en ingeniería, y la Escuela de Bellas Artes (1830).

Tras el regreso de Napoleón en los Cien Días y su derrota definitiva en Waterloo, el rey perdió actividad política. Al mismo tiempo, ocurrió un nuevo terror blanco, que procedió a la purga de militares napoleónicos.

A la muerte sin hijos de Luis XVIII le sucedió su hermano Carlos X, cuyas ideas ultrarreaccionarias lo llevaron a enemistarse con la burguesía, con medidas como la indemnización de los nobles cuyas propiedades habían sido incautadas durante la revolución y el fortalecimiento de la Iglesia. En 1830, los ultras perdieron las elecciones legislativas, y su ministro Polignac promulgó ordenanzas, que entre otras cosas, disolvían la Cámara de Diputados y coartaban la libertad de prensa. Así estalló una nueva revolución.


Segunda República FrancesaEditar

Después de la abdicación de Luis Felipe a causa de los movimientos revolucionarios de febrero de 1848 con el objetivo preciso y absoluto de derrocar la monarquía y establecer definitivamente una república, se crea un gobierno provisional. De febrero hasta el 23 de abril de 1848, fecha de las primeras elecciones a la Asamblea nacional, el gobierno provisional de la República se compone de republicanos moderados, de radicales y de socialistas. Esa etapa se conoce como la «República Social y Democrática». En las elecciones generales, las primeras con sufragio universal masculino, el peso del voto campesino, tradicionalmente dominado por las clases más conservadoras, imprime a la política nacional un franco giro hacia la derecha. Unas primeras medidas impopulares adoptadas sin demora provocan manifestaciones de protesta en París del 23 al 26 de junio de 1848 (las «Jornadas de junio»). Se declara el estado de sitio y la revuelta es duramente reprimida. El 10 de diciembre de 1848, el primer Presidente de la República francesa es elegido por sufragio universal masculino: se trata de Luis Napoléon Bonaparte, sobrino de Napoleón Bonaparte. Ante la negativa de la Asamblea a modificar la Constitución para su reelección, prepara un golpe de Estado que lleva a cabo el 2 de diciembre de 1851. El 7 de noviembre de 1852, un nuevo plebiscito pone fin a la Segunda República e instaura el Segundo Imperio.

Segundo Imperio francésEditar

 
Ferdinand de Lesseps, diplomático francés que construyó el Canal de Suez.

Napoleón III de Francia, sobrino de Napoleón I, dio un golpe de Estado e instauró un nuevo Imperio. El nuevo Régimen intentó compaginar un gobierno autoritario y personalista con el mantenimiento de los principios liberales burgueses. Napoleón III ejerce el poder ejecutivo auxiliado por sus ministros. El poder legislativo se reparte en tres cámaras: un Consejo de Estado, designado por el emperador y encargado de elaborar los proyectos de ley; un Senado, guardián de la Constitución imperial y compuesto por senadores vitalicios también nombrados por Napoleón; y un Congreso, elegido por sufragio universal masculino pero sin iniciativa legal. Bajo una apariencia de participación popular, se mantenía un régimen conservador al gusto de la alta burguesía. La estabilidad política fue acompañada de una economía que propició el desenvolvimiento de todos los sectores productivos y el incremento de los apoyos sociales al régimen.

Para restaurar la grandeza de Francia, Napoleón III desarrolló una activa política imperialista llevando a cabo expediciones hacia África y Extremo Oriente, venció con Inglaterra a Rusia en la Guerra de Crimea, pero intervino sin éxito en México al intentar constituir un imperio liberal gobernado por Maximiliano I[118]​ y sucumbió tras la derrota sufrida por su ejército en el marco de la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Víctor Hugo fue un intelectual que denunciaba los desaciertos del régimen. Durante este periodo se registró la más radical transformación urbanística y de infraestructuras de la historia de París. Tras la abdicación de Napoleón III, surge brevemente la experiencia de la "Comuna de París" que instaura formalmente y definitivamente en Francia el régimen republicano. En Francia se inventa el globo aeroestático.

Tercera RepúblicaEditar

Durante las últimas décadas del siglo XIX, Francia al igual que las demás potencias europeas ve un ámbito de parcial desarrollo social y económico y a su vez se lanza a colonizar África (ocupando en norte, el Magreb; en el occidente, Sudán y Guinea; en el centro, el Congo; en el sur, Madagascar; y en el oriente, Somalia) y Asia (en el oeste, Líbano y Siria; en el sudeste, Indochina), entre otros. La situación de este proceso colonizador dio origen a numerosos conflictos como el incidente de Fachoda frente a Gran Bretaña por la posesión de una parte del Sudán, que se vio resuelto a través de la "Entente cordiale", o la Crisis de Tanger frente a Alemania, por la hegemonía en Marruecos, que también se solucionó favorablemente.

Primera Guerra MundialEditar

Por sus características, la I Guerra Mundial en parte puede resumirse como una Guerra entre Francia y sus aliados versus Alemania y sus aliados. Francia resultó vencedora en esta guerra que se desarrolló entre 1914 y 1918, y que le permitió recuperar las provincias de Alsacia y Lorena, anexionadas por Alemania desde la guerra franco-prusiana de 1870. Desde 1918, Francia tuvo el control de la región del Sarre hasta que en 1935, tras un plebiscito y respetando su resultado, se lo devolvió a Alemania. Los destrozos materiales dejaron la infraestructura del país en peor estado que la de Alemania, país que resultó derrotado en el conflicto.

Segunda Guerra MundialEditar

La II Guerra Mundial resultó ser el conflicto que marcó la geopolítica mundial que en parte está presente en la actualidad. Francia aunque finalmente resultó vencedora en el bloque aliado fue prácticamente derrotada al inicio de la guerra. Los hechos fueron que Francia y Reino Unido declararon la guerra a la Alemania nazi el 3 de septiembre de 1939[119]​ en virtud de un tratado suscrito con Polonia, cuyo territorio había sido invadido por la Wehrmacht, ejército alemán. Francia fue derrotada durante la primera parte de la guerra, lo que llevó a que la mitad norte y parte del oeste del país fuese ocupada por los alemanes y la mitad sur gobernada por el gobierno colaboracionista de Vichy. El país fue finalmente liberado gracias a los esfuerzos conjuntos de los aliados, de las tropas de la "Francia libre" y de la Resistencia organizada en el interior del país.

Post guerraEditar

Después de una depuración limitada de los elementos colaboracionistas, Francia emprendió una labor de reconstrucción y de relanzamiento de la economía en parte gracias al Plan Marshall. Además se convirtió en una de las cinco potencias con derecho a voto en el Consejo de seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y en una de las cuatro potencias vencedoras ocupantes de Alemania. Francia nuevamente tuvo bajo su control a la región del Sarre, desde 1945 hasta 1957 en que tras un plebiscito fue devuelto a Alemania.

Cuarta República FrancesaEditar

Tras terminar la guerra, se forma un gobierno provisional presidido por el general Charles de Gaulle, que da paso a la Cuarta república. La Cuarta república tuvo que hacer frente a la crisis de la descolonización, cuyas resoluciones más dramáticas acontecieron en Vietnam y Argelia, traumática para los colonos pero inmensamente más para los futuros ciudadanos de los nuevos Estados.

Francia y la construcción europeaEditar

Francia es uno de los seis estados fundadores de las comunidades europeas que dieron origen a la actual Unión Europea (UE).

Desde que en 1950, Robert Schuman, Ministro de Asuntos Exteriores, pronunció su célebre declaración, ambos países (Francia y Alemania) son considerados como el motor de la comunidad europea.

Dentro de los personajes claves de la Unión Europea, se destacan franceses como Jean Monnet, Jacques Delors y el propio Schuman.

Actualidad: Quinta repúblicaEditar

 
El Mayo Francés.

De 1959 a 1969, vuelve el general De Gaulle, que reformó la constitución para dar mayor estabilidad a los gobiernos (Quinta República) y tuvo que enfrentar los trascendentales acontecimientos de "mayo del 68", que tuvo repercusiones en demás países del mundo.

Francia se convirtió en potencia nuclear, y en el marco de la guerra fría, Francia se unió a la OTAN aunque se retiró de la estructura militar de la OTAN en 1966 bajo mandato de Charles de Gaulle, volviéndose a incorporar en 2009 durante la presidencia de Nicolás Sarkozy.

El gobierno socialista de François Mitterrand, se implantó en Francia desde comienzos de los años 1980, hasta mediados de los 1990, cuando fue reemplazado por la administración de Jacques Chirac.

Francia apoyo a Estados Unidos en la primera Guerra del Golfo (1990),[120]​ así como en el derrocamiento del régimen Talibán, sin embargo después Dominique de Villepin a la cabeza de la diplomacia francesa, lideró el bloque de países que se opuso a la invasión de Iraq de 2003,[121]​ amenazando con utilizar su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, llevando a un enfriamiento de las relaciones con la administración de George W. Bush.

En 2005, tras la muerte de dos jóvenes musulmanes de origen africano mientras escapaban de la policía, se produjeron numerosos disturbios por todo el país.

El candidato de la centroderecha, Nicolas Sarkozy, ganó los comicios electorales del 6 de mayo de 2007 para ocupar la Presidencia de la República Francesa, sucediendo a Jacques Chirac.[122]​ Sim embargo, Sarkozy pierde la reelección en 2012 frente al socialista François Hollande.

Emmanuel Macron (actual gobernante) se convierte en el 25º presidente de la República Francesa el 14 de mayo de 2017 en medio de un estado de emergencia debido a los recurrentes ataques terroristas perpetrados en suelo galo.

Véase tambiénEditar

BibliografíaEditar

  • Bainville, Jacques (1981), Historia de Francia. Traducción de Cora B. de Zaldívar, Ediciones Dictio, Buenos Aires.
  • Cole, Robert (1989), Historia de Francia. Segunda Edición, traducción de Olga Arévalo, Celeste Ediciones, Madrid. ISBN 84-8211-043-8
  • (en francés) Geneviève Bührer-Thierry, L'Europe carolingienne (714-888), Paris, SEDES, 1999, ISBN 2-7181-9058-2

NotasEditar

  1. Cole, Robert (1989), pp.4
  2. Oaks, L.S. (1976). Martin Hening, Anthony King, ed. The goddess Epona: concepts of sovereignty in a changing landscape (en inglés). Leiden, Países Bajos: Oxford University Committee for Archaeology. ISBN 9004043845. 
  3. Ebel, Charles (1976). «4 The Helenization of Transalpine Gaul». Transalpine Gaul The Emergence of a Roman Province (en inglés). Leiden, Países Bajos: E. J. Brill. ISBN 9004043845. 
  4. Hélix, Laurence (2011). Histoire de la langue française (en francés). Ellipses. p. 7. ISBN 9782729864705. «"Le déclin du Gaulois et sa disparition ne s'expliquent pas seulement par des pratiques culturelles spécifiques: Lorsque les Romains conduits par César envahirent la Gaule, au 1er siecle avant J.-C., celle-ci romanisa de manière progressive et profonde. Pendant près de 500 ans, la fameuse période gallo-romaine, le gaulois et le latin parlé coexistèrent; au VIe siècle encore; le temoignage de Grégoire de Tours atteste la survivance de la langue gauloise".» 
  5. Gagarin, M. (2010). Ancient Greece and Rome (en inglés). Volumen I. Nueva York: Oxford University Press. p. 51. ISBN 9781610690195. 
  6. Murray, Sarah (2007). Moveable Feasts: From Ancient Rome to the 21st Century, the Incredible Journeys of the Food We Eat (en inglés). St. Martin's Press. ISBN 9780312355357. 
  7. Gabriel, Richard A. (2007). The ancient world (en inglés). Greenwich Publising Group. p. 79. ISBN 0313333483. 
  8. Diódoro Sículo (2001). Biblioteca histórica. Gredos. p. 273. ISBN 9788424922924. 
  9. Phang, Sarah E. (2016). Conflict in Ancient Greece and Rome: The Definitive Political, Social, and Military Encyclopedia (en inglés). ABC-CLIO. p. 685. ISBN 9781610690195. 
  10. Gagarin, 2010, p. 51.
  11. Whitfield, Hugo Thomas Dupuis (2012). The rise of Nemausus from Augustus to Antoninus Pius: a prosopographical study of Nemausian senators and equestrians (Tesis) (en inglés). Ontario, Canadá: Queen's University. pp. 49-57. Consultado el 5 de julio de 2019. 
  12. Petit, Paul (1974). Histoire générale de l’Empire romain (en francés). Seuil. ISBN 2020026775. 
  13. Teyssier, Eric (2016). Los secretos de la Roma antigua. Madrid: Editorial EDAF. ISBN 9788441436596. 
  14. Teyssier, Eric (2018). The Roman empire: A hystorical encyclopedia (en inglés) 1. Santa Barbara, California, EEUU: ABC CLIO. p. 162. ISBN 9781440838088. 
  15. Montesinos i Martínez, Eric (2004). Terra sigilatta. Antigüedades romanas I. Madrid, España: Real Academia de la Historia. p. 22. ISBN 8495983400. 
  16. Ropero, Alfonso (2010). Mártires y perseguidores: Historia general de las persecuciones (Siglos I-X). Viladecavalls, Barcelona, España: Editorial CLIE. ISBN 9788482675701. 
  17. a b Daniélou, Jean; Marrou, Henri (1964). The christian centuries: A new history of the Catholic Church (en inglés). Volumen 1 The first six hundred years. Darton,Longman & Todd. p. 194. ISBN 9780809102754. 
  18. Donado Vara, Julián; Echeverría Arsuaga, Ana (2014). Historia medieval I. Madrid: Editorial Universitaria Ramón Areces. p. 102. ISBN 9788499611518. 
  19. Abramson, Julia (2007). Food culture in France (en inglés). Westport, Connecticut, EEUU: Greenwood Press. p. 8. ISBN 9780313327971. 
  20. a b Halsall, Guy (2007). Barbarian Migrations and the Roman West, 376-568 (en inglés). Cambridge University Press. p. 211. ISBN 9780521434911. 
  21. a b Fitzgerald, Allan, ed. (1999). Augustine Through the Ages: An Encyclopedia (en inglés). William B Eerdmans. p. 54. ISBN 9780802838438. 
  22. Fabbro, Eduardo (2006). «"Germanic Paganism among the Early Salian Franks."». The Journal of Germanic Mythology and Folklore 1 (4). ISSN 1555-6808. 
  23. Gobry, Ivan (1998). Les premiers rois de France (en francés). París, Francia: Tallander. pp. 44-50. ISBN 2235021719. 
  24. Mathisen, Ralph (1993). Roman Aristocrats in Barbarian Gaul: Strategies for Survival in an Age of Transition (en inglés). Austin, EEUU: University of Texas Press. ISBN 9780292758070. 
  25. a b (en francés) Clovis dans l'Histoire de France, Lycée Polyvalent Privé Le Rebours, URL último acceso el 15/04/2008
  26. La cronología del reino de Clodoveo I es incierta, en vista de la mediocridad de las fuentes históricas. Esta fecha se basa en la Historia Francorum, libro II de Grégoire de Tours, pero es discutida en la actualidad (Lucien Musset, Les Invasions, les vagues germaniques, PUF, collection Nouvelle Clio – la historia y sus problemas, Paris, 1965, 2.ª edición 1969, p 390-391)
  27. G. Bührer-Thierry, L'Europe carolingienne (714-888), 1999, p.19
  28. Knecht, R.J. (1994). Renaissance Warrior and Patron: The Reign of Francis I (en inglés). Cambridge University Press. p. 171. ISBN 9780521578851. 
  29. Knecht, 1994, p. 302.
  30. Knecht, 1994, p. 284.
  31. Knecht, 1994, p. 245.
  32. Knecht, 1994, p. 295.
  33. Bradford, James C. (2004). International Encyclopedia of Military History (en inglés). Nueva York: Routledge. ISBN 9781135950347. 
  34. Gilbert, Adrian (2000). The Encyclopedia of Warfare: From Earliest Time to the Present Day (en inglés). Londres, Reino Unido: Taylor & Francis. p. 77. ISBN 9781579582166. 
  35. Knecht, 1984, p. 99.
  36. Knecht, R.J. (1984). Francis I (en inglés). Nueva York, EEUU: Cambridge University Press. pp. 83-104. ISBN 9780521278874. 
  37. UNESCO Val de Loire (ed.). «Le Val de Loire siège du pouvoir Royal» [El Valle del Loira sede del poder real]. Valdeloire.org. 
  38. Knecht, 1984, p. 333.
  39. a b c Price, Roger (2016). Historia de Francia. Madrid, España: Ediciones AKAL. ISBN 9788446042624. 
  40. Maland, David (1983). Europe in the Seventeenth Century (en inglés). Reino Unido: MacMillan Education UK. p. 227. ISBN 0333335740. 
  41. Moote, A. Lloyd (1972). The revolt of the judges: the Parlement of Paris and the Fronde, 1643-1652 (en inglés). Princeton University Press. ISBN 9780691620107. 
  42. Phillipson, Coleman (2008). Termination Of War And Treaties Of Peace (en inglés). Clark, NJ, EEUU: Lawbook Exchange. p. 222. ISBN 1584778601. 
  43. Lynn, John A. (2013). The Wars of Louis XIV 1667-1714 (en inglés). Nueva York, EEUU: Routledge. p. 160. ISBN 9781138836556. 
  44. Lynn, 2013, p. 160.
  45. Lynn, 2013, p. 169.
  46. Lynn, 2013, p. 262.
  47. a b John B. Wolf, Louis XIV (1968), the standard scholarly biography online edition
  48. Prieto, Fernando (1989). La revolución francesa. Madrid, España: Ediciones Istmo. ISBN 9788470902024. 
  49. Prieto, 1989, p. 19 [1].
  50. a b c Lefèbvre, Georges (1960). La revolución francesa y el imperio (1787-1815). México: Fondo de Cultura Económica. ISBN 9789589093801. 
  51. a b Prieto, 1989, p. 21.
  52. Johnson, Alison (2013). Louis XVI and the french revolution (en inglés). Jefferson, CN, EEUU: McFarland and Company. pp. 72-75. ISBN 9780786473557. 
  53. Hanson, Paul R. (2004). Historical dictionary of the French revolution (en inglés). Oxford, Reino Unido: The Scarecrow Press. p. 147. ISBN 0810850524. 
  54. Hanson, 2004, p. 116.
  55. Ferrero, Guglielmo (1951). Les deux Révolutions (en francés). Livre de Poche. pp. 29-30. 
  56. Prieto, 1989, p. 25.
  57. Thompson, J.M. (1959). The French Revolution (en inglés). Basil Blackwell. pp. 90-111. 
  58. a b c d Prieto, 1989, p. 29.
  59. Hanson, 2004, p. 191.
  60. Hirsch, I.H. «The French Revolution and the Emancipation of the Jews». The Jewish Quarterly Review ([2]: University of Pennsylvania Press) 19 (3): 540-565. 
  61. Prieto, 1989, p. 28.
  62. Hanson, 2004, p. 321-322.
  63. Gütner, Darius von (2015). The French revolution (en inglés). Australia: Cengage Learning. pp. 132-133. ISBN 9780170243995. 
  64. Vovelle, Michel (1951). La chute de la monarchie (1787-1792) (en francés). Le Seuil. ISBN 9782757840832. 
  65. a b Hanson, 2004, p. 86-87.
  66. Hanson, 2004, p. 322.
  67. Godechot, Jacques (1965). «Les Révolutions (1770-1799)». The Jewish Quarterly Review (París, Francia: Presses Universitaires de France) 36. 
  68. a b c d e f g Shusterman, Noah (2015). De Franse Revolutie (en neerlandés). Ámsterdam, Países Bajos: Veen Media. 
  69. «L'Assemblée Législative». Histoire au fil de l'eau (en francés). Consultado el 7 de julio de 2019. 
  70. Godechot, Jacques (1988). La Révolution française: chronologie commentée, suivie de notices biographiques sur les personnages cités (en francés). París, Francia: Perrin. 
  71. a b c d e f g Soboul, Albert (1962). Compendio de historia de la revolución francesa. Colección Socialismo y Libertad. El Sudamericano. 
  72. Gillispie, Charles (2004). Science and Polity in France: The Revolutionary and Napoleonic Years (en inglés). Princeton, NJ, EEUU: Princeton University Press. p. 140. ISBN 0691115419. 
  73. Doyle, William (2002). The Oxford History of the French Revolution (en inglés). Oxford University Press. pp. 396-397. ISBN 9780191608292. 
  74. a b Laffont, Robert (1986). Septembre 1792 : logiques d'un massacre (en francés). Robert Laffont. pp. 35-37. ISBN 9782221178560. 
  75. Hanson, 2004, p. 272.
  76. a b Lefebvre, 1960, p. 97-100.
  77. Lefebvre, 1960, p. 97-98.
  78. a b Lefebvre, 1960, p. 101.
  79. Manfred, A.Z.; Smirnov, N.A. (1969). La revolución francesa y el imperio de Napoleón. Ciudad de México: Grijalbo. p. 44. ISBN 9684194633. 
  80. a b Lefebvre, 1960, p. 102.
  81. Lefebvre, 1960, p. 104.
  82. Manfred, 1969, p. 60.
  83. Hobsbawn, 2015, p. 77.
  84. Manfred, 1969, p. 55.
  85. Soboul, 1962, p. 214-215.
  86. Soboul, 1962, p. 248-249.
  87. Manfred, 1969, p. 54.
  88. Hobsbawn, Eric (2015). La era de la revolución 1789-1848. Ciudad de México, México: Ediciones Culturales Paidós. p. 76. ISBN 9786077470335. 
  89. Lefebvre, 1960, p. 124.
  90. Solé, Jacques (2008). Révolutions et révolutionnaires en Europe, 1789-1918 (en francés). París, Francia: Gallimard. pp. 556-557. ISBN 9782070340811. 
  91. Solé, 2008, p. 555-556.
  92. Linton, Marisa. «The Terror in the French Revolution». Kingston University. Consultado el 21 de julio de 2019. 
  93. Hussenet, Jacques (2015). Détruisez la Vendée! Regards croisés sur les victimes et destructions de la guerre de Vendée (en francés). La Roche-sur-Yon, Francia: Centre vendéen de recherches historiques. ISBN 9782911253348. 
  94. Manfred, 1969, p. 64-67.
  95. «The Law of 22 Prairial Year II (10 June 1794)». Liberté, Egalité, Fraternité. Exploring the French Revolution (en inglés). Consultado el 21 de julio de 2019. 
  96. Manfred, 1969, p. 60-64.
  97. Soboul, 1962, p. 258.
  98. Andress, David (2011). El terror, los años de la guillotina. Barcelona, España: Editora y Distribuidora Hispano Americana. ISBN 9788435026857. 
  99. Soboul, 1962, p. 271.
  100. Soboul, 1962, p. 267.
  101. Manfred, 1969, p. 75.
  102. a b c d Price, 2016, p. 120-121.
  103. a b Manfred, 1969, p. 76-77.
  104. Lefebvre, 1960, p. 76-77.
  105. Hollister, Charles Warren (1975). River through time: the course of Western civilization (en inglés). Wiley. p. 396. ISBN 9780471406952. 
  106. Doyle, 2002, p. 330.
  107. Manfred, 1969, p. 84.
  108. Hanson, 2004, p. 310.
  109. Lefebvre, 1960, p. 146-148.
  110. Manfred, 1969, p. 84-86.
  111. Lefebvre, 1960, p. 166.
  112. Lefebvre, 1960, p. 161.
  113. Manfred, 1969, p. 86-88.
  114. Doyle, 2002.
  115. Lefebvre, 1960, p. 167-169.
  116. a b Mignet, M. (1838). Historia de la revolución de Francia desde el año 1789 hasta 1814. Barcelona, España: Librería de J. Oliveres y Gavarró. p. 223. 
  117. Manfred, 1969, p. 92.
  118. El segundo Imperio francés, Planeta Sedna, URL último acceso el 11/05/2007.
  119. Historia de la Segunda Guerra Mundial, URL último acceso el 09/05/2007.
  120. 20 días que conmovieron al mundo, Expansión, URL último acceso el 14/05/2007.
  121. Se agrava el choque del eje franco-alemán contra Bush, Diario El Clarín, Buenos Aires, actualización 24/01/2003.
  122. Sarkozy ganó la segunda vuelta y Francia se corre más a la derecha, Diario El Clarín, Buenos Aires, actualización 07/05/2007.

Enlaces externosEditar