Monarquía tradicional

La monarquía tradicional se entiende como una monarquía regida por los principios del tradicionalismo o la tradición, entendida como la implementación del reinado social de Jesucristo, en contraposición a las monarquías heterodoxas de tipo absolutista, constitucionalista o parlamentario, se trata de una monarquía confesional combinada con fuertes poderes reales, con algunos controles y contrapesos proporcionados por la representación organicista, y con una sociedad jerárquica estructurada sobre una base corporativa (gremios, nobleza, etc). La monarquía, entonces, significa la unificación de estos dos, el trono y el altar, en un sentido espiritual y moral.

Corona, institución fundamental en una Monarquía.

El concepto tradicionalista de gobierno monárquico abrazó una doctrina de poder público integral e indiviso; se rechazó la división de poderes legislativo,[1]​ ejecutivo y judicial (en su sentido liberal).[2]​ En algunos escritos esto se denomina literalmente regla "absoluta", lo que llevó a algunos historiadores a concluir que la monarquía tradicional era una rama del absolutismo;[3]​ muchos otros, sin embargo, subrayan que los dos no deben confundirse.[4]​ Ni el rechazo de la división de poderes ni la teoría de la soberanía política no compartida tienen que llevar a la doctrina de los poderes reales ilimitados; muy por el contrario, la mayoría de los planteamientos tradicionalistas afirmaron enfáticamente que un rey solo puede gobernar dentro de límites estrictos,[5]​ determinadas principalmente por 3 factores: la ley natural definida en el orden divino, las leyes fundamentales del Reino, y el autogobierno[6]​ de los grupos que forman la sociedad, llamados Cuerpos intermedios.[7]​ Un rey que trasciende estos límites se convierte, no sólo en un tirano, sino también en un hereje,[8]​ y puede ser derrocado.[9]​ Esto en base al legitimismo donde no solo debe ser por origen, si no también por ejercicio.[10]

Además, se enfatiza con el principio foral y el de subsidiariedad (resumida en la dicha de que: lo que puede hacer una entidad más pequeña, dentro de sus posibilidades, no lo haga una entidad más grande),[11]​ haciendo que se delegue más poder en los Municipios, en lugar de concentrarse el poder en un Parlamento estatal, terminando así la corrupción del poder central, con todo lo que ella acarrea en el Estado unitario y centralista, que en el peor de los casos desemboque en totalitarismos.

También está fuera de la doctrina monárquica tradicionalistas la idea de que todo lo que meta la Nación está en manos de los partidos políticos, los partidos en una Monarquía Tradicional pueden existir siempre y cuando se autofinancien y no tengan costos para los contribuyentes, sin embargo, por principio, la representación no puede ser por partidos, porque estos no reflejan la estructura social, sino los intereses políticos de los grupos que buscan el acceso al gobierno, y lo que las Cortes (representante de la soberanía social) significan es precisamente la contraposición de la sociedad al poder, para que las leyes que se dicten y que aquella tiene que cumplir lo sean con su colaboración y conformidad, entonces la representación política recomendada sería por medio de asociaciones y corporaciones (territoriales e institucionales principalmente) en las que la sociedad se organiza espontáneamente en su variedad y que expresan la vivencia de los problemas que la ley debe regular o dar solución en su caso.[12]

Entonces, estos son los rasgos principales de la monarquía:[13]

El sistema tradicional, natural per se, podría definirse como un conjunto de familias gobernadas por una familia. Y la monarquía tradicional viene a ser la prolongación natural de las sociedades que, mediante su desarrollo natural a través de cuerpos intermedios, poseen a la familia como base y culminación. La familia por culminación vendría a ser la Familia Real. El reino, por tanto, ve en los reyes aquellos que tienen la vocación divina del gobierno, y sobre ellos pesa la responsabilidad del bien de sus súbditos (al igual que sobre el padre pesa el bien de sus hijos). Hechas estas aclaraciones, es claro que la monarquía preferiblemente es por atributo hereditario, no sólo por razones prácticas (los reyes electivos serían difíciles de obedecer, pudiendo no tener la conciencia del reinado desde niños, pudiendo deber antes a los intereses de sus electores que a su reino) sino porque en la Familia Real, mediante la transmisión biológica, se transmite toda la Tradición de los reinos gobernados. Así, el príncipe es consciente que por sus venas corre la sangre de los padres del reino y es preparado, por tanto, para estar a la altura de su estado, siendo entonces personal y hereditario (preferiblemente).

Primeramente, toda monarquía que quiera ser restaurada como concepto en el cual queda materializada la Tradición, debería ser religiosa, y énfasis en la católica en el mundo hispano, pues católica sería la esencia de las Españas, siendo la defensa de la Fe la causa y fin de la propia monarquía hispánica por tradición. Además, la monarquía tradicional en Occidente debería estar integrada en la Cristiandad (materialización civil de la unidad católica). Para ello debe ser un régimen en el cual la gracia pueda operar, es decir, debe ser un régimen natural.

Por eso debe estar integrada en el orden natural de la Creación, de tal suerte que respete el origen divino del poder y, por tanto, la subordinación indirecta de lo civil a lo religioso. Por ello, no se concibe la monarquía tradicional sin su esencia religiosa, y en el caso occidental, siendo católica.

La consecuencia del espíritu desvinculandor e individualista engendró el apartamiento de la sociedad respecto del hombre concreto. La sociedad tradicional sería algo que, impalpablemente, estaba entre los hombres constituyendo su profesión, su familia, su pueblo. No obstante, la sociedad moderna habría convertido al hombre en una criatura al servicio del Estado, el cual le haría creer que es dueño de la libertad que el propio Estado le otorga por Contrato social. Libertad que para obtenerla ha sido despojado de sus libertades concretas. La monarquía tradicional entonces viene a diferenciar que el concepto de sociedad no es sólo el Estado, sino que hay sociedades previas al mismo. El rey, por tanto, sabe que está sustentado por unas sociedades, que configuran otras sociedades, dando todo ello lugar a un sistema presidido por el propio monarca. La monarquía tradicional entonces es social (no colectivista) porque constituye pues el Régimen contrario a la libertad abstracta, y garante de las libertades concretas.

Se definiría además a la monarquía católica como un sistema representativo. Anclado y basado en el principio de subsidiariedad que cristaliza en los fueros. Los fueros son la manifestación legal y política de la visión de la comunidad a manera de “corpus mysticum” de que hablan nuestros clásicos políticos. Los fueros son un concepto fundamental en la monarquía pues es el revestimiento legal de esas sociedades de las que hablamos en el epígrafe anterior. Por los fueros, las sanas costumbres cristalizan en leyes que pasarán a formar parte de la esencia de la sociedad. Siendo misión de la política no definir abstracciones irrealizables, sino hacer posible para cada hombre el ejercicio de la libertad en elegir su destino trascendente, desenvolviendo su naturaleza libérrima de modo que no sea lesivo para sí ni perjudicial para el orden social; lo cual sólo será posible cuando se articule la convivencia humana en sistemas orgánicos de libertades concretas. La realidad histórica y la raigambre metafísica del hombre proclaman su condición de ser concreto, capaz de usar apenas de libertades políticas concretas. Siendo entonces la Monarquía tradicional también representativa.

Se puede resumir los principios de la Monarquía Tradicional en:

  • Se dictan y respetan los fueros y autonomías locales de cada territorio, los cuales redundan en beneficio de los súbditos.
  • Se convocan Cortes en las cuales el pueblo se halla representado al igual que el resto de los estamentos.
  • La Monarquía, en tanto en cuanto es sucesoria, en teoría impide que lleguen al poder los irresponsables. Así pues, no se reina por interés sino por deber. Ese deber se asume desde el momento mismo del nacimiento, que consiste en formarse para gobernar como rey sabio y prudente que sabe escuchar y preocuparse de las necesidades de sus súbditos.
  • Si un ministro, consejero o miembro de la nobleza no se comporta como no debiera, no gozaría del status, antes bien puede ser encarcelado, desterrado, sus bienes confiscados e, incluso, castigado con la pena máxima por alta traición, que en algunos casos puede ser la pena de muerte.
  • El Rey rendirá cuentas ante Dios. En el caso católico, la Santa Sede vela por el cumplimiento de lo prescrito por la Divinidad.
  • Los súbditos más pobres no deberían carecer nunca de lo necesario gracias a la obligación de dar limosna y a que se respetan las tierras del común. En ellas, el pueblo puede apacentar ganados, hacer leña y cazar.
  • El pueblo vive en libertad gracias a los principios de la religión.
  • Todos son iguales a los ojos de Dios.
  • A mayor rango, más se exige de cada uno en cumplimiento a la Ética de las virtudes.
  • El Rey no actúa según sus intereses personales, sino que ha sido educado para atender a los intereses de los demás, o es presionado a abdicar o incluso destituirle.
"No se trata, bien entendido, de identificar monarquía y absolutismo, pues desde el punto de vista de la filosofía social el absolutismo es incluso antecedente lógico de la democracia, en cuanto transfiere simplemente la soberanía del rey al pueblo, agudizando, eso sí, la secularización del poder que ya había conocido aunque de manera más restringida el absolutismo monárquico. (...) Más aún, el gobierno monárquico –antes se apuntaba– es limitado, de hecho y en teoría, por las convivientes sociedades autónomas que cumplen sus fines propios dentro de la sociedad, y por los fueros que recogen sus libertades. Puede, incluso, «reunir en una carta general todas esas libertades concretas que constituyen en su conjunto el orden interno, consuetudinariamente vigente en el país, en el que quizá no queden en la práctica más que unas determinadas y muy reducidas funciones a la normal actividad del monarca» (...) La monarquía como forma política no es otra cosa que la continuidad de una sociedad, que está constituida por familias, a través de la continuidad de una familia, la familia real, que simboliza y actualiza la continuidad de todas y cada una de las familias y en la que –de alguna manera– participa la providencia ordenadora de Dios a través de ese orden que da continuidad"
Miguel Ayuso, Las Formas de Gobierno y sus Transformaciones

FundamentosEditar

Si bien, la monarquía no siempre ha sido tratada en el pensamiento tradicionalista con el mismo énfasis debido a la diversidad de tradiciones. En general, el enfoque en las regalías disminuyó con el tiempo; Si bien la piedra angular de las teorías lanzadas a mediados del siglo XIX, a mediados del siglo XX dio paso a la sociedad como objeto de atención primaria. Como excepción, también hubo teóricos contados entre los tradicionalistas que se mantuvieron cerca de adoptar un principio accidentalista.[14]​ Sin embargo, generalmente se asume que el monarquismo formó uno de los puntos clave de la teoría, con la monarquía abordada como un cuerpo social último y unido[15]​ y no pocas veces visto en términos trascendentes.[16]​ Como rey[17]​ se suponía que iba a encabezar la estructura política, en general la soberanía se colocaba exclusivamente en él. La mayoría de los tradicionalistas afirmaron que la soberanía fragmentada, por ejemplo, compartida con una nación o sus órganos representativos en la monarquía constitucional,[18]​ no es posible,[19]​aunque algunos afirmaron que mientras un rey disfruta de soberanía política,[20]​ una sociedad disfruta de una soberanía social separada, entendida como la capacidad de gobernarse a sí misma dentro de límites tradicionalmente desarrollados para sus componentes.[21]

San Agustín dejo las primeras nociones de una monarquía tradicional católica en su De Civitate Dei , dentro del contexto del Imperio Romano recientemente convertido que se encontraba en serias dificultades políticas y militares. Si bien la "Ciudad de los hombres" y la "Ciudad de Dios" podrían tener diferentes propósitos, ambas fueron establecidas por Dios y sirvieron a su última voluntad. Aunque la "Ciudad del Hombre", el mundo del poder secular, puede parecer impío y gobernado por pecadores, fue colocada en la Tierra para proteger la "Ciudad de Dios". De modo que, los monarcas habían sido colocados en su trono para los propósitos de Dios, y cuestionar su autoridad equivalía a cuestionar la de Dios

El intento de Gregorio VII de deponer al emperador dio por resultado que los partidarios del pontífice sostuvieran el argumento de que la autoridad del emperador es condicional y en consecuencia las obligaciones de sus súbditos no llegan a ser absolutas. La naturaleza condicional o contractual de la obligación política lo sugería también la antigua tradición transmitida por los Padres de la Iglesia (representado por el Agustinismo político), y en especial el principio de que el derecho y el gobierno deben contribuir a la justicia. En consecuencia, hay una diferencia fundamental entre un verdadero rey y un tirano, lo que implica que hay condiciones en las que está justificada la resistencia al tirano. Esa posición es defendida por el erudito escolástico Manegold de Lautenbach en su Liber Ad Geberhardum (escrita entre 1080 y 1085). Su argumento es que el mal de la tiranía es mayor en la misma proporción en que es venerable la verdadera monarquía. Pero la esencia de esta es el cargo y no la persona; de ahí que el derecho del individuo a ocuparlo no puede ser absoluto. Manegold utilizó este principio para demostrar que la deposición podía estar justificada cuando un rey había destruido aquellos bienes para la conservación de los cuales estaba instituida su magistratura, y en base a ello regular.

 
El poder de la República en su cenit. Libertad dorada, la Elección Real de 1573, de Jan Matejko. Hubo algunas monarquías tradicionales electivas como Polonia-Lituania, Venecia o Génova. Se basó principalmente en la filosofía de Aristóteles, la religión católica y la práctica aristocrática.[22]

En está monarquía, el rey es el depositario de la soberanía política del Estado, pero el calificativo tradicional que se le une, significa que, el poder que ostenta está limitado por arriba, por las leyes naturales y divinas que no puede traspasar, y por abajo, por la soberanía social que las Cortes representan. En la monarquía bajo una égida tradicional, el rey reina y gobierna, pero su poder está limitado por las asambleas - es decir, los tribunales , las asociaciones profesionales y el municipalismo - constituidas por representantes de los órganos intermediarios, de los grupos naturales que componen la Comunidad, que son responsables de la administración de los asuntos estatales.[23]​ Por lo tanto, puede verse como un reino templado, aquel en el que la autoridad del monarca se limita a uno o más poderes,[24]​ tenido por Santo Tomás de Aquino como el mejor entre las formas de gobierno.[25][26]​ Y como ese régimen político en el que existe la preocupación de que la sociedad se vea mejor representada también se llama monarquía representativa[27]​ y como tal también debe ser visto como una monarquía hereditaria,[28]​ en este sentido, como casi todos lo son (sin embargo, también podría haber monarquía electiva legitimada por una tradición de democracia de los nobles).

El ejercicio de la soberanía política se distribuye en tres funciones independientes entre sí, pero coordinadas en su titular, el rey: la legislativa, la judicial y la de gobierno o administración.

La función legislativa la ejerce el rey con la asistencia de las Cortes. La composición de Estas plantea el problema de la representación social en las mismas.

La función judicial se ejercita en nombre del rey, pero se aplica, por su carácter eminentemente jurídico, por un cuerpo de magistrados, peritos en derecho, que una vez nombrados se independizan hasta el punto de dirimir las contiendas que surjan con el mismo rey, sujeto a la ley igual que sus súbditos. Se suprime el ministerio de justicia, para asegurar la total imparcialidad de la función.

La función administrativa (la llamada ejecutiva en el sistema liberal) se lleva a cabo por el gobierno, cuyo presidente es libremente elegido y depuesto por el rey, no necesitando sus decretos llevar la firma regia.

Al rey le corresponde la dirección de la alta política nacional y el mantenimiento del esquema constitucional de Dios, Patria, Fueros, Rey, que es por su propia enunciación inalterable. Está asistido de un consejo real y puede llamar a consulta a los presidentes de las cortes, de la justicia y del gobierno. Si el rey es el que se desvía del ideario indicado, decae de su soberanía y surge en el pueblo el derecho de rebeldía.[29]

Así se conformó el ideario de monarquía tradicional: legitimidad dinástica,[30][31]​ unidad religiosa (unidad católica en la mayoría de casos), monarquía federativa y misionera —en palabras de Francisco Elías de Tejada—, con derechos forales de las regiones. Su lema era «Dios, Patria, Rey». Con una defensa una política de defensa de la tradición medieval influenciada en el pensamiento de Jaime Balmes.

La conciencia imperial misma implica necesariamente los fundamentos monárquicos del sistema estatal. A partir de esto, como una especie de subconjunto, la monarquía debe contener también las ideas que enriquecen el pensamiento imperial. “El ethos imperial contiene las virtudes del servicio, el coraje, el deber, el honor, la moderación, el compromiso y la lealtad. El habito de la deliberación, la iniciativa, la responsabilidad, el espíritu de equipo y la conquista del liderazgo. El espíritu imperial es el espíritu del caballero".

En cuanto a la representación en Cortes, piden una representación corporativa, no individualista como la del régimen parlamentario. Las Cortes tradicionales deberían ser la representación de las clases, los gremios y corporaciones, con mandato imperativo. Los carlistas defendían la expansión del principio foral a toda España y la subordinación del poder político a la autoridad de la Iglesia en lo relacionado con la religión y la moral (defendiendo el Estado confesional).

La doctrina política tradicionalista es teocentrista; proviene del reconocimiento de que todo el orden humano debe basarse en Dios, como lo enseña la Iglesia Católica. Dios, con especial énfasis en Jesucristo, es considerado el principio, el medio y el objetivo de la política.[32]​ Este concepto general fue abordado con varios detalles, aunque una afirmación ampliamente adoptada es que el propósito de la política es establecer una Realeza Social de Jesucristo, una comunidad que se adhiera estrictamente a los principios cristianos[33]​ planteados por la Doctrina social de la Iglesia en busca de la restauración del sacramento sacramental del trono y el altar.

Se supone que un régimen político ideal es un medio para lograr este objetivo;[34]​ una monarquía tradicionalista se conoce como katechon, la entidad que defiende el cristianismo y lucha contra el anticristo.[35]​ Se supone que una monarquía así, también es misionera, ya que se centra en la difusión del cristianismo. Algunos teóricos tradicionalistas españoles consideraron este rasgo como el núcleo mismo de la Hispanidad,[36]​ un alma metafórica de la tradición cultural hispana.[37]

Para la monarquía tradicional es importante que la realización de una civilización esté determinada por la existencia de individuos que, por su autoridad nacida o adquirida con ellos, encarnan la realidad de un poder espiritual superior en el orden mundano. Para ello, la aristocracia, la élite intelectual líder de la nación, la capa portadora de cultura, actúa esencialmente como un puente que conecta las ideas espirituales más elevadas con la sociedad (algo similar la elite de intelectuales que propuso Platón con la Sofocracia). Son los mediadores de la voluntad de Dios. Su trabajo es cumplir aproximadamente con la vida que está “más allá de la vida” para salvaguardar a sus súbditos y reaccionar contra quienes atentan contra este orden natural, por lo que es notorio que en cada orden social tradicional, sea cristiano como la Monarquía Hispánica o no cristiano como el Imperio Incaico o Al-Ándalus, exista una estrecha cooperación entre el reino y la institución religiosa, como la iglesia católica, las huacas o las mezquitas, donde los sacerdotes forman los cimientos espirituales y morales del sistema de la ley y el rey, y la élite política es la que dirige la nación como sus cumplidores políticos, una elite que debe estar comprometida con sus responsabilidades que fundamentan los privilegios obtenidos, los cuales se perderían al corromperse el aristocrata ante la falta de legitimidad de ejercicio (indispensable para el cumplimiento de sus obligaciones de un noble con Dios y su patria) y evitándose que la elite degenere en oligarquía, puesto que los nobles son reconocidos por los servicios que han prestado al pueblo.

CaracterísticasEditar

En historiografía hay abundantes referencias a la naturaleza teocrática del tradicionalismo, especialmente en su encarnación carlista,[38]​ y esta opinión incluso ha llegado a los libros de texto universitarios,[39]​ aunque algunos estudiosos demuestran cautela[40]​ y algunos reservan el término solo para ciertas ramas del tradicionalismo.[41]​ Los estudiosos que se centran en el pensamiento político español no confirman tal calificación,[42]​señalando que una monarquía tradicional debe ser gobernada por un rey y varios cuerpos intermedios laicos, no necesariamente por una jerarquía religiosa, y que el estado y la Iglesia tienen que seguir siendo dos instituciones distintas y complementarias.[43]​ Los monárquicos tradicionalistas confirmaron enfáticamente que un estado debe basarse en la ortodoxia cristiana,[44]​ que la política y la religión son inseparables en términos de sus principios y que la Iglesia podría y debería influir en la política, pero su opinión predominante era que la Iglesia también debería mantenerse clara del ejercicio del poder político directo.[45]​ Sin embargo, en términos de praxis, los tradicionalistas defendían una serie de acuerdos que respaldaban la participación de la Iglesia en las estructuras de poder, ya sea el restablecimiento de la Inquisición a principios del siglo XIX[46]​ o la presencia predeterminada de jerarcas en órganos como Cortes o el Consejo Real mas tarde.[47]​ Aunque son instituciones distintas e independientes, no se supone que el estado y la Iglesia estén separados; la monarquía tradicionalista es un estado confesional, en el que la Iglesia disfruta del apoyo político, económico[48]​ y de otro tipo del estado, y el estado disfruta del apoyo pastoral de la Iglesia. Se supone que la Iglesia conserva la autonomía económica; las expropiaciones de propiedades religiosas, llevadas a cabo a mediados de las décadas del siglo XIX por las Revoluciones Liberales, fueron vistas como un asalto a las leyes fundamentales. Ciertas áreas de la vida pública, especialmente la cultura y la educación, fueron abordadas como controladas conjuntamente por el estado y la Iglesia, aunque las visiones sobre los medios y regulaciones específicas para tal fin podrían haber diferido.[49]​ La ortodoxia pública común requiere que ninguna libertad de religión o libertad de prensa absoluta está permitido,[50]​ aunque se admiten confesiones distintas del catolicismo romano si se practican en privado[51]​ dentro de los límites de la libertad religiosa que enseña la Iglesia católica.[52]​ La visión tradicionalista de la religión y la Iglesia era incompatible con los principios conservadores, liberales o demócratas cristianos, tachados de anticristianos y revolucionarios o Catolicismo liberal en los sectores mas radicales,[53]​ aunque mediados del siglo XX también resultó aparentemente incompatible con la perspectiva oficial de la Santa Sede, y la publicación de Dignitatis Humanae en el Concilio Vaticano II fue un duro golpe para el tradicionalismo mas radical. Algunos de sus expertos permanecieron al borde de romper la lealtad a los papas[54]​ con el Sedevacantismo, e incluso hubo indicios de que emergía un anticlericalismo tradicionalista.[55]​ Hasta el día de hoy, agrupaciones monárquicas tradicionalistas siguen simpatizando mucho con el tradicionalismo religioso de la FSSPX o la FSSP, lo que demuestra que aunque el tradicionalismo a veces se acercó al ultramontanismo en su rechazo al galicanismo absolutista, de ninguna manera pueden igualarse.[56]

 
Los estados rinden homenaje al Kaiser Maximiliano I, de Petrus Almaire. No se trata de representar un homenaje real (el Papa en el primer plano de la derecha nunca habría rendido homenaje al emperador), sino una visualización de las concepciones imperiales de poder en la sociedad tradicional de corte estamental, están todas las clases representadas, desde el campesinado hasta el clero.

A diferencia de las cuestiones de la monarquía o de la sociedad, esto de un estado tiene por lo general[57]​ha restado importancia a los monárquicos tradicionalistas; el fenómeno incluso ha llevado a uno de sus teóricos actuales a hacer una reserva de que los tradicionalistas no son enemigos del Estado.[58]​ De hecho, vieron al Estado como una estructura secundaria y subordinada a una sociedad[59]​ y se cuidaron de criticar todos los casos de reversión del orden, ya sea la “estadolatría moderna” de Hobbes y Maquiavelo[60]​ o los totalitarismos del siglo XX[61]​ (estando en contra del monarco-fascismo[62]​ o el socialismo monárquico, propuesto por revisionistas como Carlos Hugo). Se supone que el estado es una superestructura ligera sobre las estructuras sociales existentes, una especie de sociedad de sociedades;[63]​ no es la encarnación de la soberanía en el sentido bodiniano, sino más bien una función combinada de los componentes sociales que la componen.[64]​ En la descripción más precisa disponible, un Estado sólo puede ejercer aquellos derechos que no pueden ser ejercidos efectivamente por los órganos intermediarios que gobiernan diversas estructuras sociales,[65]​ típicamente tareas relacionadas con la política exterior, defensa, dinero, justicia, etc.[66]​ El principio rector del estado es el de subsidiariedad o devolución.[67]​ Según los tradicionalistas, un Estado, se desarrolló conforme al derecho natural a lo largo de los siglos; por tanto, está definido por la historia y la tradición. Siempre que se refieren a una constitución, por lo general se refieren a un proceso histórico,[68]​ no a un conjunto documentado de principios acordados. Esto último se considera generalmente no sólo innecesario, sino también inaceptable como encarnación de teorías erróneas de la modernidad, principalmente la de una soberanía nacional y la de un contrato social roussoniano de corte iuspositivista.[69]​ Un Estado, en función de la sociedad, no se considera una cosa voluntarista y contractual que necesita ser reconocido en un trato formal; sus principios están definidos por Leyes Fundamentales tradicionales, que no son un acuerdo, sino el resultado de un desarrollo que se produce de acuerdo con el orden natural[70]​ (poniéndolos en oposición al anarquismo y propuestas libertarias de monarquía[71]​). En el caso de algunos teóricos, los principios anteriores se abordaron con cierta flexibilidad; pocos tradicionalistas tendieron a ver el documento constitucional como la encarnación del desarrollo tradicional y contribuyeran a su redacción,[72]​ poniéndolos también en contra de la Monarquía constitucional.

Su comprensión de la sociedad se basa en el concepto de organicismo: la sociedad está formada por una multitud de comunidades, funcionales[73]​ o naturales,[74]​ siendo la familia el componente principal y más importante,[75]​ y no un conjunto de individuos. Estas comunidades se describen como unidas en una estructura de múltiples capas[76]​ organizadas por principios teleológicos, jerárquicos y en constante interacción entre sí.[77]​ Los individuos se expresan ante todo como miembros de esas comunidades,[78]​ no como ellos mismos,[79]​ ya que un hombre no existe aislado.[80]​ tradicionalistas opusieron su visión de la sociedad, principalmente contra la liberal,[81]​ supuestamente basada en principios erróneos de los individuos y sus libertades, ejercidos en la búsqueda de sí mismos; Se descarta el concepto de "derechos humanos".[82]​ Otra diferencia clave entre las visiones tradicionalistas y no tradicionalistas, especialmente las liberales de la sociedad, surgió de la idea de un contrato social, un concepto considerado absurdo como por defecto sujeto al rechazo;[83]​ la sociedad tradicionalista se formó en el curso del desarrollo histórico,[84]​ volviendo natural la monarquía tradicional como obra del desarrollo orgánico de la tradición política de una nación premoderna. Un punto más de discusión fue que una sociedad tradicionalista estaba unida por la ortodoxia común - esto en el caso occidental, la cristiana -[85]​ mientras que una sociedad liberal era simplemente un mecanismo técnico que permitía el compromiso entre muchos sistemas morales normativos que se alejen del Realismo moral por el Subjetivismo moral.[86]​ Finalmente, el ideal de monarquía tradicional era una sociedad estamental jerárquica ,[87]​ el concepto inicialmente apuntaba a la comprensión feudal del sistema de hacienda, luego desarrollado por diferentes autores con diferente grado de detalle en sistemas más complejos de grupos sociales, denominados estratos, clases, corporaciones, etc .; estaban unidos por un papel funcional o por sus intereses específicos.[88]​ Esta perspectiva enfatizó la jerarquía y los roles en lugar de enfatizar la movilidad, cuando todos los individuos son iguales y teóricamente pueden caber en cualquier lugar con el principio de Justicia social, puesto que un sistema cerrado, donde el rol estuviera determinado por el nacimiento y, como resultado, la riqueza de una persona, crearían un elusivo “sistema de castas” injusto con la Dignidad humana. En el espíritu de la doctrina social de la iglesia católica, influyente en el idearía la monarquía tradicional, la igualdad de oportunidades está basada en el ideal de justicia social y no por un pensamiento igualitario de izquierda que violaría la naturaleza humana, buscando así una meritocracia que preserva el orden natural de la jerarquía, pero con suficiente esfuerzo social. La subordinación del sistema jerárquico, por lo tanto, permanece naturalmente, pero junto con el ideal de mérito, crea un sistema donde el desempeño, el talento y la diligencia crean una estructura jerárquica interoperable acorde con las habilidades humanas, que se adquiere de forma orgánica, basada en el mérito, lo cual no significa, un cierre político como en el feudalismo, ni económico como el capitalismo, sino una libertad real basada en el orden de la naturaleza donde el objetivo es que, la monarquía al reconocer y dominar la naturaleza espiritual del hombre, una persona pueda confiar en los miembros de la comunidad social, desarrollar sus habilidades inherentes y así ayudarse mutuamente a ascender en la escalera de la pirámide social, todo en la primacía espiritual, moral y material de la nación, cuya jerarquía este impregnada de pensamiento social,[89]​ algo que fundamentaría el ideario mellista del "sociedalismo".[90]

Esto se complementa con la noción de soberanía social.[91]​ Afirman que los componentes comunitarios de la sociedad que se interponen entre un individuo y un rey - llamados cuerpos intermedios - son completamente autónomos[92]​ y autogobernados dentro de sus propios límites. Ni el rey, ni el estado ni la administración política tenían derecho a manipularlos y sus poderes estaban restringidos por esos mismos establecimientos autónomos.[93]​ En efecto, este concepto convirtió a la monarquía tradicional en una especie de federación de entidades geográficas, agrupaciones profesionales o asociaciones funcionales, cada una de las cuales se gobierna a sí misma en oposición a una sociedad regulada por reglas universales cada vez más homogéneas. A principios del siglo XIX, esto se parecía más a una estructura feudal irregular enfrentada a proyectos de modernización impulsados por la uniformidad, a principios del siglo XXI parece bastante comparable a la devolución, la subsidiariedad y el neomedievalismo en su encarnación posmoderna.[94]​ La soberanía social tampoco debe confundirse con la soberanía nacional. En el pensamiento tradicionalista, la nación era un concepto marginal, que se consideraba originario de una falacia revolucionaria y que transmitía una teoría defectuosa de la legitimidad construida de abajo hacia arriba. Si se utiliza el término "nación", este representa una comunidad unida por una tradición común más que por una etnia, ya que la gente no pertenecía a varias naciones sino a varias tradiciones[95]​ o, según algunos, a varias patrias.[96]​ Para la monarquía tradicional, el principio de las nacionalidades y la soberanía nacional se impuso en la modernidad contra la común lealtad a un Monarca supranacional que representa la universalidad cristiana más allá de las fronteras de cada pueblo y nación, poniéndolos en oposición a la ideología del Nacionalismo, al que pensadores monárquicos tradicionales como Charles Maurras acusaban de "nacionalitarismo".[97]

Aunque según la lectura tradicionalista toda la soberanía política recae en un rey, sus poderes son limitados y no se le considera libre para declarar a voluntad su propia comprensión de estas limitaciones; se supone que debe tener en cuenta la opinión de los cuerpos intermedios.[98][99]​Tal visión no parecía necesariamente compatible con la teoría de la soberanía real no compartida. Las teorías tradicionalistas intentaron resolver el problema mediante diferentes soluciones; una de ellas fue que la sociedad no está compartiendo el poder, sino que está representada frente al poder. El pensador político español del siglo XIX, Vázquez de Mella, doctrinaba que la monarquía tradicional, con los consejos , comunidades y cofradías , las Juntas forales y Diputaciones, los Tribunales de los diferentes reinos , provincias y terratenientes, constituía el “organismo tradicional sobre el suelo de la patria levantaba las generaciones”. Apoyado por la Tradición, “que es el sufragio universal de los siglos”.

Esto estaba en vigor en la "España y Portugal de las Cortes", la "Francia de los Estados Generales ", la "Inglaterra del parlamento "[100]​ y la "Alemania de la Dieta ". Durante la monarquía representativa de la finca, los cuerpos representativos de la finca incluían representantes del clero , señores feudales seculares, gente del pueblo (comerciantes, artesanos). Estos órganos fueron: en Suecia, el Riksdag (desde 1434 ); en Dinamarca-Noruega - la Rigsdag ( 1468 - 1660 ); en Polonia-Lituania, el Sejm (desde el 14 hasta el siglo 15), en Hungría el Cómite y otros. Los órganos de representación de la hacienda fueron convocados por los monarcas para aprobar sus políticas en los poderes públicos más importantes.[101]

De acuerdo con la lectura tradicionalista imperante, la representación debe ser canalizada por cuerpos intermedios a lo largo de lo que generalmente se considera un patrón corporativo. Los tradicionalistas prefirieron llamarlo una representación orgánica.[102]​Los organismos intermediarios definidos de manera diferente[103]​ eran libres de encontrar su propia manera de designar a sus representantes a lo largo de patrones estructurales definidos de manera diferente.[104]​ Este mecanismo se oponía a la representación ejercida por medio del sufragio popular individual, un concepto liberal defectuoso inventado para servir, o bien a la burguesía,[105]​ o a la "plebe",[106]​ explotando la atomización de los individuos, conduciendo inevitablemente a la corrupción, la partidocracía, la oligarquía y el caudillismo[107]​ sin representar adecuadamente los intereses sociales. Sin embargo, algunos tradicionalistas adoptaron la idea de elecciones no corporativas, aunque generalmente muy limitadas por los requisitos del censo. Los órganos habitualmente denominados como representantes de la sociedad fueron, en primer lugar, las Cortes bicamerales[108]​ y luego el Real Consejo.[109]

Una cuestión algo confusa es la de la monarquía tradicional y la democracia.[110]​ Entendidos en los términos vigentes en la actualidad, los dos son claramente incompatibles, ya que el primero identifica al orden divino y el segundo al pueblo como fuente de poder público.[111]​También en términos de praxis, la mayoría de los tradicionalistas generalmente rechazaron la democracia como un sistema inestable y no funcional,[112]​ a nivel del discurso público popular, la prensa tradicionalista usualmente ha denigrado la democracia. Sin embargo, algunos teóricos clave admitieron que podría estar operativo en el nivel más bajo de la comunidad, por ejemplo, en el caso de un municipio,[113]​ sin embargo, las elecciones parlamentarias populares fueron rechazadas por no ser genuinamente democráticas, entendiéndola como un principio de representación y reconocimiento legal,[114]​ poniéndolos a su vez en contra de la Monarquía parlamentaria.

Igualmente vago es el enfoque tradicionalista de la dictadura. En principio, ferozmente hostiles a los regímenes tiránicos o despóticos que ejercen el poder más allá de los límites apropiados, algunos teóricos tradicionalistas reconocieron el derecho soberano de coaccionar[115]​ y acordaron - generalmente como último recurso aplicable in extremis - al gobierno dictatorial. Algunos incluso han desarrollado sus propias teorías de la dictadura; el de la década de 1840 se asemejaba a una praxis pretoriana,[116]​ mientras que el de la década de 1920 estaba mucho más cerca de un paradigma autoritario.[117]​ La relación entre monarquía tradicional y dictadura se puede resumir en la frase de Luis Hernando de Larramendi: "La dictadura no la ha inventado ningún Papa, ningún Rey, ningún cuerpo social natural. La dictadura es invención democrática. [...] Como la democracia no sirve para gobernar, para los momentos difíciles, en que algún principio de eficacia es indispensable, porque las circunstancias no dan tregua, no esperan; se inventó la dictadura. En la Roma demagógica se instituyó con carácter legal. Todas las llamadas constituciones democráticas del siglo XIX y del siglo XX tienen la institución de la dictadura legal: eso que se llama suspensión de las garantías constitucionales."[118]

 
Fernando el Católico confirma los fueros de Vizcaya en Guernica en 1476. Predominantes en España, Portugal y partes de Francia, su equivalente a los fueros sería el custumalde la Inglaterra medieval.

La adopción tradicionalista de identidades legales locales separadas fue proporcional a los esfuerzos modernizadores de los gobiernos liberales, que en el transcurso del siglo XIX acabaron sistemáticamente con los asentamientos específicos del territorio arraigados en el feudalismo que impedían la homogeneidad de un estado moderno.[119]​ El tema de los fueros, regulaciones tradicionales específicas para algunas, si no la mayoría de las áreas, comenzó a aparecer en la década de 1840 en el tradicionalismo español; en la década de 1870 se convirtió en un tema destacado en el carlismo; a finales del siglo XIX el restablecimiento de los fueros, el foralismo, se convirtió en una de las piedras angulares de toda la teoría y lo sigue siendo hasta la actualidad.[120]

En la monarquía tradicional, los fueros se consideran reglas primarias que constituyen el estado y de ninguna manera una especie de privilegio, otorgado por la autoridad central a entidades territoriales específicas.[121]​ fueros podrían aplicarse a cualquier tipo de entidad, desde un municipio a una región , aunque algunos teóricos se centraron más bien en provincias más pequeñas[122]​ y algunos más bien en regiones más grandes.[123]​ Según la lectura tradicionalista, un conjunto idéntico de reglamentos específicos no es aplicable a todas las entidades que forman una categoría específica, por ejemplo, en todas las provincias; Los fueros son específicos de la entidad, lo que significa que una provincia puede disfrutar de algunos establecimientos que no están vigentes en otra provincia. Este mecanismo refleja una teoría de que los fueros son personificaciones legales de la identidad local que va mucho más allá de las regulaciones jurídicas; se compone de historia, cultura y hábitos comunes.

Sin embargo, los teóricos siempre han luchado para asegurarse de que su comprensión de la identidad local no se confunda con conceptos no necesariamente idénticos, como el regionalismo, aunque los tradicionalistas fueron cautelosos al respaldar solo el regionalismo foralista y descartar el regionalismo basado meramente en principios geográficos, nacionalistas o económicos,[124]​ también descartando las soluciones federalistas como tecnocráticas,[125]​ con mucho énfasis en una tendencia específica dentro del liberalismo que abrazó soluciones federativas; esto es aún más cierto en el caso del cantonalismo, una teoría avanzada brevemente a mediados del siglo XIX por la izquierda liberal radical.

En principio, se rechazaron las soluciones autónomas por reflejar la lógica de arriba hacia abajo errónea y anteponer un estado a una entidad local, pues el federalismo, en su noción tradicional, a partir de realidades concretas diferentes, favorecía la creación natural de un tejido de “jerarquía social” (familias, corporaciones, municipios, etc) que, en volandas de una fe común, tenía una vocación ascendente hacia la unidad. En cambio, el federalismo moderno es visto como su antípoda, pues destruiría la concreta “jerarquía social” (y todas sus instituciones nacidas desde abajo) y la sustituiría por abstractas “identidades nacionales” orquestadas a través de partidos políticos, que acrecientan su poder e influencia destruyendo todas aquellas instituciones que favorecerían la jerarquía social vertebradora, construyendo en el proceso entes artificiosos pidiendo autonomismo, con el único objetivo de crear centros de poder que les permitan alejarse de la Monarquía;[126]​ algunos también vieron la autonomía de Cataluña o País Vasco en España con las cartas autonómicas como anti-foral, porque los fueros eran específicos de la provincia,[127]​ criticando la praxis actual de la autonomía como cada vez más infectada con la mentalidad racionalista y el derecho positivo.[128]​ Este federalismo liberal sólo produciría un conjunto de centralismos disgregadores antitéticos con la Monarquía Tradicional,[129]​ el cual pudiera incentivar el separatismo, claramente incompatible con la legitimidad, como el Independentismo catalán.[130]

Ante todo ello, se hace precisa una aclaración sobre el término federativo, que no es federal, sino foral. El Estado federal no dejaría de ser una forma de Estado a superar, mientras que el principio foral es el de la tradición monárquica. Y siendo representativa porque el modo de gobernación de las Monarquías Tradicionales dieron particular peso a las Cortes, para votar los tributos y aprobar las leyes fundamentales.

Debido a condiciones económicas enormemente cambiantes, desde los restos del feudalismo tardío de finales del siglo XVIII con la revolución industrial hasta la globalización postindustrial de principios del siglo XXI, en varios momentos monárquicos tradicionales provocaron comentarios económicos aplicables a condiciones específicas, pero que no llegaron a una teoría general. Sin embargo, movimientos como el carlismo, el miguelismo o el monarquismo mexicano se pronunciaron en defensa de ciertas características del régimen histórico, especialmente las grandes propiedades religiosas, sujetas a un proyecto de expropiación masiva lanzado por los gobiernos liberales.[131]​ En las condiciones de la economía agrícola española, estos terrenos eran normalmente accesibles a las masas rurales mediante acuerdos específicos y bastante asequibles. Los propietarios de la nueva burguesía reformatearon el uso de las parcelas sobre una base puramente comercial; el resultado fue el surgimiento de los "sentimientos radicalmente anticapitalistas",[132]​ dirigidos contra el nuevo "agrarismo militante".[133]​ Igualmente desagradable fue la abolición de los gremios en 1834 , órganos defendidos incluso 100 años después.[134]​ Por último, la oposición a eliminar las costumbres locales arraigadas en el derecho feudal, las exenciones fiscales u otras tarifas locales,[135]​ y la hostilidad (mas popular que teórica),[136]​ a la urbanización e industrialización por gran parte del tradicionalismo enfrentó al reino de la burguesía.[137]​ Pocos tradicionalistas aceptaron la desamortización y, en consonancia con el naciente orden capitalista, declararon la propiedad privada individual como fundamento inviolable de una sociedad; sus esfuerzos, típicos de mediados del siglo XIX, se resumen como intentos de fusionar el impulso capitalista con estructuras jerárquicas de la sociedad predominantemente rural.[138]​ Poco a poco, la propiedad privada se fue incorporando por completo como piedra angular de la economía tradicional, especialmente rural, y las propiedades familiares de tamaño medio en Vascongadas y Navarra se presentaron como un entorno económico ideal. Sin embargo, nunca se ha marginado el concepto de economía colectiva, ya sea en términos de propiedad, uso o administración. En condiciones rurales, dio como resultado un enfoque en bienes comunes como pastos, prados y bosques;[139]​ en condiciones industriales, ello evolucionó hacia un intento de replicar el orden familiar rural en el marco de una empresa industrial, con empleadores y empleados unidos en una fórmula de gestión conjunta.[140]

 
La relación del distributismo con el socialismo y el capitalismo, ambos incompatibles a la economía de una Monarquía tradicional debido a que el sistema capitalista surgió en un entorno secular que separó la religión del estado de la mano de Adam Smith, siendo el lucro individual la meta de este modo de producción, y no el bien común, entendido como el fin de cada una de las personas que existen en la comunidad,[141]​ lo que choca con el bien común socialista de corte materialista y opuesto a "ideas utópicas" de moralidad universal a través del concepto del movimiento real,[142]​ en el que las luchas de clases condicionen en absoluto la abolición de toda forma de la sociedad anterior y de toda dominación en general[143]​ que va a terminar con las tradiciones de las sociedades como una necesidad histórica de emancipación y aseguramiento del interés general.

Algo que caló en propuestas de economía heterodoxa como el Distributismo, formulado por los monárquicos católicos ingleses de G. K. Chesterton y Hilaire Belloc, con la Rerum novarum aceptada como sustituto de la propia receta socioeconómica de una monarquía tradicional,[144]​ donde también podrían haber abogado por la redistribución de la riqueza como medio para resolver problemas sociales siempre y cuando no sea bajo una Revolución comunista, al cual que ven su deseo de abolir la propiedad privada por medio del estado como un atentado al Destino universal de los bienes, donde la Dictadura del proletariado es contrario a los derechos naturales que tiene una Aristocracia con la soberanía social.[145]​ Durante el franquismo, los teóricos carlistas clave lamentaron los sindicatos verticales del Fascismo clerical como una distorsión patética del sistema gremial (oponiéndose a la Socialización fascista), pero parece que, además de los juanistas, también aceptaron “premisas del neocapitalismo”.[146]

El sistema económico de una Monarquía tradicional tendría entonces estas características, las más importantes de las cuales son:

  1. Combinar el interés público y privado, siempre destinados al bien común.
  2. Integración entre la satisfacción de los aspectos físicos y morales.
  3. Reconocimiento de la propiedad pública y privada, pero con énfasis en la familia como unidad y no el individuo.
  4. Respaldo de la libertad económica, pero disciplinada en límites morales y regulada estatalmente solo en circunstancias practicas.
  5. Economía no basada en intereses, con consecuente rechazo a la usura.
  6. Economía ética y co-operación entre las clases sociales (rey, clero, aristocracia, trabajadores, campesinos, empresarios, etc).

En términos de sustancia, habría tres cuestiones principales que se interponían entre los tradicionalistas y los absolutistas. Primero, el primero se mantuvo fiel a la tradición política de su país, mientras que el segundo abrazó las novedades del siglo XVIII importadas de Francia. En segundo lugar, el primero rechazó los principios de la Ilustración como usurpación humana impía mientras que el segundo los adoptó como fundamento teórico del absolutismo ilustrado. En tercer lugar, el primero consideraba al monarca encargado de la ejecución de poderes, limitado por el orden natural, la tradición y las reglas divinas, mientras que el segundo tendía a verlo como una fuente de poder público.[147]

HistoriaEditar

Desarrollo de la Monarquía TradicionalEditar

La forma de gobierno que concentra los poderes del Estado en un solo monarca han sido propuestos desde la Antigüedad, pero la noción cristiana tradicional de que la monarquía termine enlazando la universalidad con la unidad, como el gobierno de la Iglesia, fundado por el Hijo de Dios; y el de Saul, primer monarca nombrado por el mismo Rey de los reyes, surge en Occidente cuando la monarquía pura es moderada por la ley fundamental. Los antecedentes de la monarquía tradicional cristiana, puede remontarse a finales del siglo V, momento en que la relación entre los dos poderes aparece definida en la forma de la Doctrina de las dos espadas por el papa Gelasio I en su carta al emperador de Oriente Anastasio I, en la que se formaliza la teoría de la supremacía del poder espiritual (el Papa) sobre el temporal (el emperador -bizantino o germánico- y por consecuencia, los monarcas). Los Papas de Roma, debido a la lejanía del poder imperial (radicado en Constantinopla desde las reformas de Constantino -siglo IV- y que incluso buscó la ubicación de Rávena -en Italia, pero distanciada de Roma- en determinados periodos en que se constituía el Imperio de Occidente) empezaron a perfilar la doctrina de la delimitación de dos poderes, no autónomos, sino coordinados: el espiritual para el Papa y el temporal -subordinado- para el Emperador. Gelasio advierte a Anastasio de que Roma (es decir, el Papa como cabeza de la Iglesia) puede juzgar a los obispos y patriarcas, sin necesidad de que ningún concilio lo autorice; y de que sus sentencias son inapelables. Aunque reconoce que ambas potestades son las encargadas de regir al pueblo de Dios, argumenta que la carga que pesa sobre los sacerdotes es mayor en cuanto que ellos deben responder también en el juicio de Dios por las almas de los reyes. De esta forma se pusieron los cimientos de una doctrina que, en Occidente, justificaba genéricamente la pretensión pontificia de disputar al emperador el dominium mundi entre ambos poderes universales, además de utilizarse en conflictos puntuales como la querella de las investiduras; mientras que en Oriente la mayor presencia política de la figura imperial otorgó un mayor espacio al cesaropapismo que a la teocracia, aunque tampoco exento de graves conflictos (querella iconoclasta y el cisma de Oriente). Dentro de la disputa de las investiduras, que continuó mucho tiempo después de la muerte de Gregorio VII, en 1085. El conflicto se cierra con la firma del Concordato de Worms, celebrado entre el emperador Enrique V y el papa Calixto II. En ese contexto, Honorio de Augsburgo escribe una obra de gran influencia en los años siguientes para la literatura política medieval: la Summa gloria de Apostolico et Augusto. Realizada hacia el año 1123, es el primer escrito en el que se sostiene de modo definido que la autoridad temporal deriva de la espiritual y hace referencia a las disputas entre el imperio y el papado: como el sol es superior a la luna y el espíritu al alma, así el sacerdocio es superior al imperio. Su prueba principal deriva de una interpretación de la historia hebrea de que no existió poder regio hasta la coronación de Saúl y que este fue ungido por Samuel, que era sacerdote, ya que los judíos habían estado gobernado por sacerdotes desde la época de Moisés. De modo semejante, sostenía que Cristo había instituido el poder sacerdotal en la Iglesia y que no había existido rey cristiano hasta la conversión de Constantino. Por consiguiente, fue la iglesia la que instituyó la monarquía cristiana para protegerla de sus enemigos. Según Honorio, los emperadores, desde Constantino en adelante, tenían su autoridad imperial por concesión pontificia. Paralelamente a esta afirmación, sostuvo que los emperadores debían ser elegidos por los papas, con el consentimiento de los príncipes. No obstante su encuadramiento en el agustinismo político más extremo, también sostuvo que en materia estrictamente secular los reyes debían ser obedecidos por los sacerdotes.

Tomás de Aquino consideraba la posibilidad de deposición del rey, e incluso del regicidio como tiranicidio cuando el rey era un usurpador, y por tanto no un verdadero rey, pero prohibía, como hacía la Iglesia, que ningún rey legítimo fuera depuesto por sus súbditos. El único poder en la tierra capaz de deponer a un rey era el Papa, como vicario de Cristo. El razonamiento era impecable: si un súbdito pudiera deponer a su superior por alguna mala ley ¿Quién sería el que pudiera juzgar que tal ley es mala? Si el súbdito pudiera juzgar a su propio superior entonces cualquier autoridad superior legítima podría ser depuesta por el juicio arbitrario de un inferior y entonces toda ley estaría constantemente cuestionada.

El problema central de la iglesia medieval con el pensamiento aristotélico, radica en la distancia ideológica de la teoría política del estagirita respecto a la doctrina del pecado original del sacerdotalismo gregoriano. El fundamento de las relaciones humanas y los vínculos de dominio de unos hombres sobre otros, de acuerdo a la visión teológica del gobierno, se basaba en el hecho de que el pecado hacía de la ecclesia el ámbito en el que los hombres se reúnen en este mundo en búsqueda de su salvación. Pero desde la perspectiva aristotélica, las relaciones de dominación no tienen su origen en un dato de la historia de la salvación, sino en la politicidad, impulso natural que mueve a los hombres a reunirse en la polis en búsqueda de su felicidad, posible en este mundo. Así, la polis aristotélica -o la civitas- se erigía como sustitutiva de la ecclesia, como un nuevo ámbito de relaciones humanas que dejaban de ser pensadas como posibles dentro de una comunidad de origen sobrenatural. En lo sucesivo, los vínculos humanos serían colocados en una comunidad natural. De esta manera, quedó planteada la idea de la naturaleza como un orden independiente en una Monarquía Tradicional Pagana, con fines propios y con leyes concebidas para alcanzarlos, quitando la política del ámbito de la eclesiología. En ese contexto aparece Tomás de Aquino, cuyos estudios y obras literarias, que son ante todo teológicas y filosóficas, abarcaron el orden político. El aquinate se centró en el estudio de las funciones del regnum, las leyes humanas y la propiedad privada en torno a la noción de ley natural. Sus rationes rerum civilium (teorías políticas) se hallan dispersas en cuatro obras:[148]​ el opúsculo De regimine Iudaeorum (El Gobierno de los Judíos), dedicado a la Duquesa de Brabante y escrito entre los años 1261 y 1272; otro opúsculo inacabado, De regno, Ad regem Cypri (Del reino, para el rey de Chipre), probablemente dedicado al rey de Chipre Hugo II de Lusignan y escrito entre los años 1265 y 1267;[149]​ un comentario parcial de Política de Aristóteles, Sententia Libri Politicorum; y el tratado de las leyes comprendido en la Secunda Secundae de la Summa Theologiae (Suma teológica), escrito entre los años 1265 y 1274. La filosofía política de Aristóteles, tal como fue adaptada por Tomás de Aquino, proporcionó el marco conceptual para situar al gobierno civil en un orden cósmico mayor, de modo que reinara un clima de concordia entre el poder espiritual de la Iglesia y el poder temporal representado por los príncipes de los distintos reinos terrenales. De acuerdo al aquinate, todo el conocimiento humano forma una sola pieza conformado por tres partes (ciencia, filosofía y teología) que no se encuentran en oposición ni buscan propósitos contrapuestos, sino que se complementan. Esas tres partes siguen un orden de jerarquía desde el más ínfimo de los seres hasta el único perfecto y completo que es Dios: están las ciencias particulares, cada una de las cuales tiene un objeto particular; por encima de ellas, está la filosofía, una disciplina que trata de formular los principios universales de todas las ciencias por medio de la razón, mientras que en la culminación del sistema se encuentra la teología. Basada en la revelación de Dios, la fe es la realización plena de la razón.[150]

Ese esquema de conocimiento constituye un orden cósmico que se estructura según cuatro formas de razón orientadas a un mismo fin: la ley eterna (representa los principios de un orden cósmico gobernado por Dios), la ley natural (aquel aspecto de la regulación divina al que la razón humana puede acceder y es común a toda la humanidad), la ley divina (dirigida a la vida eterna y a la relación de la humanidad con Dios, es un don de la gracia de Dios más que un descubrimiento de la razón natural) y la ley humana (la convención humana capaz de complementar o modificar en sus aspectos secundarios a la ley natural).[151]​ Con dicho aporte del Tomismo, el orden político está inserto en el orden eterno y universal de la creación y la ley humana no es más que una participación en la ley eterna, pues todo el conjunto del universo está regido por la razón divina que tiene el carácter de ley. La ley natural se asienta en la razón natural, aun sin ayuda de la revelación divina, y está presente en todos los hombres (cristianos o paganos).[152]​ Esa razón natural se manifiesta en la inclinación a buscar el bien y evitar el mal, a obtener y conservar en la existencia terrenal y pecadora cierto grado de seguridad y comodidad materiales para la suficiencia de la vida; siempre y cuando la multitudo se someta a algo por lo que se rija la mayoría (el gobierno del príncipe), para evitar su dispersión en muchos núcleos sin llegar a un fin común.

El gobierno temporal no depende del cristianismo, es un orden natural que tuvo que haber existido antes de la "Caída del hombre", aunque la propensión de los seres humanos al pecado haya requerido la coerción a fin de mantener la paz y el orden de un modo que no era preciso en la condición anterior a la expulsión del paraíso.[153]​ Con independencia de que ese gobierno temporal sea encabezado por un cristiano o un pagano, "todo lo que se halla ordenado a un fin avanza unas veces rectamente y otras no; por ello la sociedad en ocasiones es bien dirigida y en ocasiones mal. Cada cosa está bien regida cuando se la conduce al fin que le conviene".[154]​ De esa manera, los súbditos cristianos de un príncipe pagano no estarían dispensados de obedecerle, si cumpliera con los principios de la ley natural. En ese orden de ideas, la Iglesia puede -con razón- dispensar a los súbditos de obediencia a un príncipe hereje que busca su bien individual; en cuanto la herejía es una desviación sobre el contenido de la fe, que se manifiesta en la falsificación de la verdad de la que depende la salvación. Sin embargo, la Iglesia no podría hacer lo mismo con un príncipe pagano que cumpliera con los preceptos de la ley natural.[155]

El concepto de la ley natural fue un constructo intelectual tomista que serviría para negociar los límites entre la ley divina y la ley humana en una Monarquía Católica, sin menoscabar la integridad y la autoridad del poder eclesiástico y el poder civil. La ley humana deriva de la natural, a la cual complementa de una forma más específica (regula la vida de una sola especie de criaturas) y efectiva (tomando en cuenta las propiedades distintivas de esa especie), para proveer a las especiales circunstancias de la vida humana. La funcionalidad de esta definición se vislumbra, más que en cualquier otro lugar, en la concepción tomista de la propiedad. Dios tiene dominium sobre la naturaleza de las cosas materiales, pero el hombre tiene un dominium efectivo sobre el uso que se les da. En la ley natural no existe ningún principio que determine si la posesión es, o debería ser, privada o comunal, pero la propiedad privada existe en virtud del Ius Gentium.[156]​Por lo tanto, si la propiedad privada era una convención humana, su regulación estaba dentro de las cosas temporales y por fuera del poder eclesiástico. La única limitación que plantea para el gobernante, es que no puede tomar propiedad de sus súbditos mediante los impuestos más allá de lo que sea necesario.[157]

Con dicha filosofía desarrollada, Santo Tomas en su carta al rey de Cypress, identificó a la monarquía como la mejor y la peor forma de gobierno; mejor cuando el rey actuó por el bien común, y peor cuando no lo hizo. Pero, por supuesto, los reyes y las reinas no son más que hombres y mujeres con túnicas reales, y la codicia rabia en sus corazones no menos en los corazones de los comunes, y es probable que un rey no menos que un plebeyo sea gobernado por pasiones rebeldes. Entonces, así como una democracia necesita un límite monárquico, la monarquía necesita límites aristocráticos y democráticos. En cuanto a cómo se debe lograr esto, Santo Tomás dice:[158]

"En consecuencia, la mejor forma de gobierno es en un estado o reino, en el que uno tiene el poder de presidir todo; mientras que bajo él hay otros que tienen poderes de gobierno: y sin embargo, un gobierno de este tipo es compartido por todos, tanto porque todos son elegibles para gobernar, como porque las reglas son elegidas por todos. Porque esta es la mejor forma de gobierno, siendo en parte reino, ya que hay uno a la cabeza de todos; en parte aristocracia, en la medida en que varias personas tienen autoridad; en parte democracia, es decir, gobierno del pueblo, en la medida en que los gobernantes pueden ser elegidos entre el pueblo y el pueblo tiene derecho a elegir a sus líderes."
Santo Tomas de Aquino, ST I-11, 105.1

Santo Tomás define el proposito de la monarquía como dar unidad al pueblo para dirigirlo a todos hacia el bien común, que es una “unidad de paz” y una preocupación por la justicia. "Paz" en este contexto significa mucho más que la simple ausencia de guerra. Más bien, es una armonía interna en el reino que dirige todos los niveles hacia la justicia, porque “Todo es incierto cuando hay un alejamiento de la justicia”.[159]​ La política tiende a ser divisoria por su propia naturaleza; incluso cuando las personas intentan actuar por el bien común, también tienden a interpretar ese bien de acuerdo con sus propias necesidades y deseos. Algún principio en el gobierno debe tener la posibilidad de interpretar el bien común desde el punto de vista de la sociedad en su conjunto, un bien que abarca a todos, desde el más bajo hasta el más alto. Sin embargo, el término “bien común”, por sí solo, tiende a ser bastante vago y necesita algo de desarrollo antes de que pueda ser útil. La Iglesia Católica ha desarrollado dos principios más para guiar a los gobernantes hacia el bien común. Estos principios no son meras abstracciones, no son el resultado de filósofos y teólogos aislados que dictan lo que creen que es bueno para la sociedad. Más bien, son el resultado de la reflexión de la Iglesia sobre sus años de experiencia con gobiernos de todo tipo. Estos principios serían subsidiariedad y solidaridad. La subsidiariedad es un principio que coloca a la jerarquía política en su cabeza; establece que los niveles superiores de gobierno existen solo para servir a los más bajos. Un nivel superior de autoridad sólo puede justificarse por la ayuda (subsidium) que otorga al nivel inferior, y especialmente a la unidad más baja de la sociedad, la familia. La familia real, la primera familia del reino, es en cierto sentido la última familia, y el rey, que es el mayor de todos, debe convertirse en el servidor de todos, de la misma manera que el papa es el servus servorum dei, "El siervo de los siervos de Dios". La solidaridad por otro lado sería el principio que requiere que toda acción del gobierno se evalúe sobre la base de cómo afecta a los ciudadanos más pobres, y si daña a este grupo, probablemente no sea una acción justa para empezar. Su firma es una “opción preferencial para los pobres” y constituye una especie de prueba de fuego para el bien común. Téngase en cuenta que Tomas no otorga deberes o autoridades específicas para cada elemento del gobierno. Y eso es correcto, porque la distribución real de la autoridad no es algo derivado de la ley natural. Más bien, es un juicio prudencial que cambia de una cultura a otra, y con el tiempo y las circunstancias. Porque el carácter de los pueblos y las naciones varía, y las necesidades de los tiempos cambian con los tiempos; por lo tanto, sus instituciones particulares deben evolucionar a partir de sus propias experiencias y necesidades. Volviendo entonces la doctrina de Monarquía Tradicional como algo adaptable incluso a pueblos no cristianos como una conclusión natural. Sin embargo, hay algunos principios generales que se deberían, aunque podrían modificarse para adaptarse a cualquier tradición política en particular. En lo que respecta al rey, necesita tener una autoridad real, una autoridad que se extienda a las funciones ejecutiva, legislativa y judicial. Por supuesto, él no debería ser la única autoridad en estas áreas, ni siquiera necesariamente la autoridad ordinaria; pero debería, en cierto sentido, ser la máxima autoridad. El gobierno del rey también necesita tener su propio flujo de ingresos, uno fijado en las leyes fundamentales e independiente de cualquier cuerpo legislativo. Un rey que tiene que pedir su pan a la legislatura no es rey, y quien tenga el poder de la bolsa pronto tendrá todos los demás poderes. La legislatura puede, por sí misma, complementar los ingresos constitucionales, tal vez para pagar una guerra o algún otro gasto extraordinario. y pueden controlar los fondos que recaudan. Pero para el presupuesto de los ingresos constitucionales, el rey debería ser la autoridad principal, o incluso la única. Otras autoridades podrían comentar, incluso pueden censurar a un rey, como cuando un rey descuida la defensa del reino para construirse palacios. Pero en el mundo práctico, el control del presupuesto es el control de todo lo demás. El rey también debería tener un veto absoluto sobre las funciones legislativa y judicial, pero también tiene que haber un medio difícil pero pacífico de eliminar a un rey; sin esto, los reyes mismos se convierten en la causa de las revoluciones. La cuestión más difícil concierne realmente a la aristocracia. Tanto Aristóteles como Aquino pensaban en la aristocracia en términos de virtud (con enfasis en las virtudes cristianas para Tomas) y logros más que en términos de nacimiento y riqueza. A este último lo consideraban una mera oligarquía. Sin embargo, los hombres a menudo confunden riqueza con valor, y esto es especialmente cierto en el caso de los hombres con exceso de riqueza y ausencia de valor. Sea cual sea el proceso, la función de la aristocracia es la virtud. Finalmente, está el problema democrático. La democracia funciona mejor a nivel local, y una democracia nacional sería vista casi como una contradicción en sí misma, ya que los asombrosos costos de las campañas nacionales impondrían un control oligárquico. Tampoco puede resolverse este problema con algún tipo de reforma de la financiación de campañas o incluso con la financiación pública de las elecciones, a menos que se estuviera dispuesto a prohibir todo discurso político, salvo el financiado con fondos públicos. Pero eso sería una forma de tiranía en sí misma. La mejor manera de reducir el costo de las elecciones entonces sería hacer que los distritos sean pequeños, lo que mantendrá el costo de la campaña bajo y, por lo tanto, menos susceptible al control oligárquico. Los distritos pequeños implican grandes legislaturas, y esto tiene la ventaja de hacerlos lentos y difíciles de manejar, capaces de acordar leyes solo cuando son más necesarias. Pero si uno quiere una legislatura pequeña y más ágil, entonces quizás sería prudente elegirla mediante elecciones indirectas, con electores elegidos a nivel de barrio, que luego se reúnen en una asamblea para elegir a los legisladores reales. En todo caso, las formas deliberativas de democracia, tales como el caucus o la asamblea municipal, deben favorecerse sobre las formas electorales, como el voto secreto. Pero sea cual sea el tamaño y la composición de la legislatura, ésta debe tener poderes claramente definidos y limitados; sin embargo, todas estas reflexiones, sean correctas o incorrectas, buenas o malas, quedarían estériles si no hay forma de concretarlas en el orden político existente. Ante ello, los sistemas políticos en la filosofía de la Monarquía Tradicional surgen no solo de la mera teorización, sino de la experiencia real. La tarea sería examinar la situación actual y ver qué se puede hacer, en momentos de crisis, para hacer que el sistema político sea más monárquico, lo que quiere decir más verdaderamente democrático.[160]​ Haciendo que en buena medida, muchas de estás monarquías tradicionales terminen tomando actitudes pragmaticas.

Primeros desafíos a la Monarquía TradicionalEditar

Tras la promulgación de la bula Unam Sanctam –y el episodio de Anagni que llevó a la muerte de Bonifacio VIII–, comenzó la crisis del sacerdotalismo gregoriano y la concepción de la plenitudo potestatis, expresada por algunos de los pensadores más importantes del Siglo XIV durante el Humanismo, lo que a su vez son los primeros pasos a la formación de la Modernidad.

Dante Aligheri es el primer autor que toma partido en contra el poder papal, en estos términos: “Alegan también, del texto de Lucas, lo que Pedro dice a Cristo: ‘He aquí dos espadas’ y afirman que por las dos espadas deben entenderse los dos regímenes; y como Pedro dijo que estaban allí donde él estaba, es decir, junto a él, arguyen que los dos regímenes, según autoridad, residen en el sucesor de Pedro. Y a esto se responde por destrucción del sentido en que se funda el argumento. Nos dicen que las dos espadas alegadas por Pedro significan los dos regímenes: lo que debe totalmente negarse, tanto porque dicha respuesta no era conforme a la intención de Cristo, cuando porque Pedro, según su costumbre, respondía súbitamente a la cosas de acuerdo con sus apariencias” (De la monarquía IX,2).

En esta misma línea de pensamiento se encuentra el franciscano y nominalista Guillermo de Ockham –en su lucha por la “pobreza franciscana”– intenta destruir el poder temporal del Papa a favor del emperador Luis II de Baviera, su protector. En uno de sus múltiples escritos combativos Ockham, al criticar la “donación de Constantino”, retoma el argumento: “El Papa no tiene por lo regular las dos espadas, a saber, la material y la espiritual, aunque eventualmente las tenga. Y para probar esto ni son suficientes aquellas palabras de Lucas (22, 38): ‘Señor, hay aquí dos espadas’. Porque al decir tales palabras entienden a la letra dos espadas materiales: entenderlas de la espada material y espiritual es interpretar de modo místico. Y el sentido místico, que no es el primero de algunas palabras de las Sagradas Escrituras, no puede aducirse para confirmar lo que viene en el contenido, a menos que se pruebe con claridad por otras palabras de la Escritura o por otra razón evidente. Luego para probar que el Papa tiene ambas espadas es menester recurrir a otra prueba”.

A finales del verano de 1301 la detención del obispo Saisset por orden del rey de Francia bajo la acusación de traición desencadena un grave conflicto con el Papa, porque la detención constituía una clara violación de los privilegios eclesiásticos, ya que únicamente el Papa podía juzgar a un obispo. El motivo inmediato del arresto fue forzar a una solución del conflicto por la jurisdicción de Pamiers que enfrentaba al Conde de Foix, que tenía el apoyo del rey, y a la Iglesia local que contaba con la intervención del Papa que había puesto esa diócesis bajo su protección directa. Sin embargo, el objetivo último del monarca capetino era arrancar a Bonifacio VIII el reconocimiento de la jurisdicción suprema del rey sobre todos sus súbditos, incluidos los miembros de la alta jerarquía eclesiástica local, es decir, un reconocimiento de la superioridad absoluta del rey sobre el Papa en el interior de su reino (precedente al Galicanismo y el Absolutismo contrarios a la Monarquía Tradicional). Como represalia, el 4 de diciembre de 1301 Bonifacio promulgó la bula Salvator mundi revocando todos los privilegios impositivos concedidos a la corona francesa y prohibía al clero local el pago de cualquier tributo. Al día siguiente, emite otra bula, Ausculta fili charissime (Escucha, hijo), en la que reprueba al rey francés por no haber tomado en cuenta otra bula, la Clericis laicos sobre los impuestos a los clérigos, y por no obedecer al obispo de Roma.C uando la bula Ausculta fili llegó a la corte francesa, el canciller capetino Pierre Flotte la hizo quemar y la sustituyó por una apócrifa titulada Scire te volumus. En esta se afirmaba que el papa ejercía el poder temporal sobre el rey y todos los franceses. Así, Flotte la hizo distribuir por el todo el territorio francés con el propósito de mover a la opinión pública en contra del Papa. A su vez, Felipe acusa de herejía al papa ante la reunión de los representantes del clero y de la nobleza y por primera vez de la ciudad de París, lo que constituye el nacimiento de los Estados Generales de Francia en abril de 1302, y además convoca un concilio general para juzgarlo durante el mes de junio. Las reuniones concluyeron con el envío de cartas de protestas al Sacro Colegio. En el Consistorio de Anagni, 25 de junio, fueron recibidos los embajadores del rey de Francia. Habló el cardenal Matteo d'Acquasparta e hizo una distinción: el papa tiene una jurisdicción sobre el poder temporal, la ratione peccati. Después habló Bonifacio VIII y dijo que el rey, como fiel, tiene que estar sometido cuando hay cuestiones de pecado. El canciller Flotte moriría en la batalla de Cortrique el 11 de julio de ese año, en medio del malogrado intento del rey capetino por someter al Condado de Flandes. El hecho sería visto como la oportunidad para un cambio de política por parte del monarca capetino por parte de los cardenales, quienes el 26 de julio se dirigieron en una carta a los nobles del reino denunciando la falsedad de la bula Scire te volumus y acusando de su autoría al fallecido canciller.[161]​ Tras la muerte de Flotte, Guillermo de Nogaret se convirtió en consejero principal del rey, confirmando la posición mantenida hasta ese momento. El papado respondió con la bula Unam Sanctam el 18 de noviembre de 1302, la que fue, tal vez, la expresión más radical del cesaropapismo en un documento oficial.

El propósito de la bula se asentaba sobre dos principios fundamentales: 1) el papa es supremo en la Iglesia y la sujeción a él es doctrina necesaria para la salvación, 2) hay dos espadas (la espiritual y la temporal), pero ambas están en la potestad de la Iglesia, "Una por mano del sacerdote, otra por mano del rey y de los soldados, si bien a indicación y consentimiento del sacerdote". Los argumentos se apoyan en la interpretación medieval de varias figuras bíblicas populares en la época: la esposa del Cantar de los cantares (6:8), la unión espiritual de la Epístola a los Efesios (4:5), una analogía entre la Iglesia y el Arca de Noé en el Diluvio universal, el pedido de socorro a Dios del Libro de los Salmos (21:21), la túnica de cristo, el primado de Pedro y su martirio y el rebaño de gentiles en el Evangelio de Juan (19:23, 21:17, 10:16 respectivamente), el hombre espiritual de la Primera epístola a los corintios, la piedra fundamental de la Iglesia en el Evangelio de Mateo (16:19), la resistencia a Dios en la Epístola a los romanos (13:2) y el origen de la creación del Génesis (1:1).[162]

Hegemonía de las Monarquías TradicionalesEditar

 
Un breve diagrama de flujo que representa el flujo de auctoritas en la transferencia del Mandato del Cielo en la transición de los ciclos dinásticos .

Tras consolidar el papado su poder frente a los monarcas de la época, en Europa existían monarcas fieles al Papa que se convirtieron en el brazo secular de la Iglesia Católica, en el marco de una permanente “alianza entre el trono y el altar”. Al rey que recogió esta función protectora, para hacer sobrevivir el ideal profundo del Imperio, se le dio el título de Cristianísimo, como en el caso de los Capetos de Francia, o sencillamente Católico, como se calificó a los primeros reyes de la España unificada. A lo largo de este período destacan cuatro soberanos como grandes protectores de la Iglesia, defensores de la Cristiandad en el exterior por medio de las armas y en el interior por la difusión de la fe: el carolingio Carlomagno, el sajón Otón III, el Capeto San Luis IX y el Habsburgo Carlos V.[163]

En el Renacimiento, muchos autores, como Nicolás de Cusa y Francisco Suárez seguían proponiendo teorías similares. La Iglesia era la garantía última de que los reyes cristianos seguirían las leyes y tradiciones constitucionales de sus antepasados , y las leyes de Dios y de la justicia. De una forma y de algún modo similar, el concepto chino del Mandato del Cielo, doctrina política confuciana para sustentar la Monarquía Tradicional China, que afirmaba que el cielo (天, Tian) otorga el mandato a un gobernante justo, el "Hijo del Cielo", requería que el emperador cumpliera apropiadamente los rituales, consultara a sus ministros y respetara las disposiciones de sus antecesores, de forma que se le hacía extremadamente difícil contravenirlas. Por lo que, el mandato depende de la actuación justa y capaz del gobernante. Si un gobernante era derrocado, esto se interpretó como una indicación de que el gobernante era indigno y había perdido el mandato. Mientras tanto, en Japón, el título de Hijo del Cielo era menos condicional que su equivalente chino. No había ningún mandato divino que castigara al emperador por no gobernar con justicia. El derecho a gobernar del emperador japonés, descendiente de la diosa del sol Amaterasu, era absoluto.[164]​ Sin embargo, en la praxis, los emperadores japoneses ejercían tradicionalmente poco poder secular. En general, era deber del emperador en funciones realizar rituales y hacer apariciones públicas, mientras que el verdadero poder (antes de la Restauración Meiji iniciando la modernización de Japón) estaba en manos de regentes, ministros de alto rango, un comandante en jefe de las fuerzas armadas del emperador conocido como el shōgun o incluso emperadores retirados, dependiendo del período de tiempo.

Algo similar también paso durante cientos de años después del Califato de Rashidun y hasta el siglo XX en el mundo musulmán. Lo que dice la doctrina islámica sobre quién está a cargo se basa en el versículo: "¡Oh creyentes! Obedezcan a Dios y obedezcan al Apóstol ya aquellos a quienes se les ha dado autoridad [uulaa al-amr] entre ustedes" (Corán 4:59).

 
ilustración de Ghazan Kan, una figura histórica del Imperio Mongol severamente reprendida por Ibn Taymiyyah, principalmente debido a su constante estado de hostilidad hacia los mamelucos de Egipto .

Para los sunitas, "uulaa al-amr" son los gobernantes (califas y reyes), pero para los chiítas esta expresión se refiere a los imanes. Ibn Taymiyyah - un importante erudito de la escuela Hanbali del siglo XIV - dice en Tafsir para este verso "no hay obediencia en el pecado"; que la gente debe ignorar la orden del gobernante si desobedece la ley divina y no debe usar esto como excusa para la revolución porque deletreará la sangre de los musulmanes. Según Ibn Taymiyya, el dicho: "Sesenta años con un imán injusto es mejor que una noche sin un sultán", fue confirmado por la experiencia.[165]​ Creía que el mandato coránico de "ordenar el bien y prohibir el mal" (al-amr bi-l-maʿrūf wa-n-nahy ʿani-l-munkar, que se encuentra en: Corán 3:104, Corán 3:110 y otros versos) era el deber de todo funcionario estatal a cargo de otros musulmanes desde el califa hasta "el maestro de escuela a cargo de evaluar los ejercicios de escritura de los niños".[166][167]​ En el califato islámico temprano , el jefe de estado, el califa, tenía una posición basada en la noción de un sucesor de la autoridad política de Mahoma, quien, según los sunitas, era idealmente elegido por el pueblo o sus representantes,[168]​ como era el caso de la elección de Abu Bakar, Uthman y Ali como Califa . Después de los califas Rashidun , los califatos posteriores durante la Edad de Oro islámica tuvieron un grado mucho menor de participación democrática, pero dado que "nadie era superior a nadie más que sobre la base de la piedad y la virtud" en el Islam, y siguiendo el ejemplo de Mahoma, más tarde, los gobernantes islámicos a menudo sostenían consultas públicas con la gente en sus asuntos,[169]​ similar a una monarquía representativa, puesto que los estados islámicos siguieron un sistema de gobierno basado en la coexistencia del sultán (monarca) y los ulemas (eruditos legales) siguiendo las reglas de la sharia . Este sistema se asemejaba en cierta medida a algunos gobiernos occidentales al poseer una constitución no escrita (como el Reino Unido de la Carta Magna) y poseer ramas de gobierno separadas y compensatorias similares a la Monarquía Tradicional Católica, o los actuales EEUU, lo que proporcionaba la separación de poderes en el gobierno. Mientras que los Estados Unidos (y algunos otros sistemas de gobierno) tienen tres ramas de gobierno- ejecutivo, legislativo y judicial - las monarquías islámicas tenían dos - el sultán y los ulama. El poder legislativo del Califa (o más tarde, el Sultán o Emir) siempre estuvo restringido por la clase erudita, los ulema , un grupo considerado como los guardianes de la ley islámica. Dado que la ley vino de los juristas, esto impidió que el Califa dictara resultados legales. Las sentencias de la Sharia se establecieron como autoritativas basadas en el ijma (consenso) de los eruditos legales, quienes teóricamente actuaron como representantes de la Ummah (comunidad musulmana).[170]​ Después de que las facultades de derecho (madrasas) se generalizaron a partir de los siglos XI y XII d.C., un estudiante a menudo tenía que obtener un ijaza-t al-tadris wa-l-ifta.("licencia para enseñar y emitir opiniones legales") con el fin de emitir fallos legales.[171]​ En muchos sentidos, la ley islámica clásica funcionó como las leyes fundamentales y garantía de las tradiciones constitucionales de sus antepasados. Según Olivier Roy, esta "separación de facto entre el poder político" de los sultanes y emires y el poder religioso del califa fue "creada e institucionalizada ... ya a finales del siglo I de la Hégira ". La función religiosa del soberano era defender a la comunidad musulmana contra sus enemigos, instituir la sharia, garantizar el bien público ( maslaha ). El estado era un instrumento para permitir que los musulmanes vivieran como buenos musulmanes y los musulmanes debían obedecer al sultán si lo hacía. La legitimidad del gobernante estaba "simbolizada por el derecho a acuñar monedas y a que la oración del viernes ( Jumu'ah khutba ) se dijera en su nombre".[172]​ El filósofo islámico , Al-Farabi (c. 872-950), en una de sus obras más notables de Al-Madina al-Fadila , teorizó un estado islámico ideal que él comparó a la República de Platón. Al-Farabi se apartó del punto de vista platónico de sofocracia en el sentido de que consideraba que el estado ideal debía ser gobernado por el profeta, en lugar del rey filósofo previsto por Platón. Al-Farabi argumentó que el estado ideal era la ciudad-estado de Medina cuando estaba gobernada por Mahoma, como su jefe de estado, ya que estaba en comunión directa con Dios, cuya ley natural y divina le fue revelada. En ausencia del profeta, Al-Farabi consideró la Monarquía electiva o la democracia como lo más cercano al estado ideal, considerando el orden electivo del Califato Rashidun como un ejemplo dentro de la historia musulmana temprana. Sin embargo, también sostuvo que fue de la democracia que surgieron los estados imperfectos, y señaló cómo el orden republicano del califato islámico temprano de los califas Rashidun fue reemplazado más tarde por una forma de gobierno que se asemeja a una monarquía bajo las dinastías omeya y abasí.[173]​ Según Noah Feldman, profesor de derecho en la Universidad de Harvard , los juristas y eruditos legales perdieron su control sobre la ley islámica debido a la codificación de la Sharia por parte del Imperio Otomano a principios del siglo XIX.[174][175]​ Después de la Primera Guerra Mundial, la derrota y disolución del Imperio Otomano y la subsiguiente abolición del Califato por el liberal Mustafa Kemal Atatürk (fundador de la Turquía moderna), hizo que muchos musulmanes percibieran que el poder político de su religión estaba en retirada, lo que aunado a la hegemonía como potencia de Arabia Saudita y la propagación internacional del salafismo y el wahabismo, se instauraron Monarquías absolutas como contención a movimientos revolucionarios y democráticos apoyados por Irán o Egipto.

 
El mapa político de Europa occidental, en tiempos de Carlos V (1525), dibuja claramente los primeros estados-nación que han desarrollado monarquías autoritarias: Portugal, Francia, Inglaterra, España, incluida en el Imperio de Carlos V. Las monarquías escandinavas se están asentando. Europa Central y Oriental no tienen unidades políticas de dimensiones comparables, a excepción de Polonia. La Monarquía Tradicional en España irá definiendo su personalidad más acusadamente desde el reinado Felipe II. Sin embargo, cuando la monarquía sea excesivamente poderosa, la institución parlamentaria dejará de ser necesaria para un Rey, dejar de convocar Cortes es síntoma inequívoco de que la decadencia de la monarquía tradicional comienza, marcado en España y Francia con los Borbones, ya con monarquía absoluta. Por otro lado, que el Parlamento se convierta en un contrapoder absoluto al trono deriva en que la monarquía tradicional decaiga en una monarquía parlamentaria, establecido en Reino Unido con la Revolución inglesa. En ambos casos se da la consolidación del estado moderno. Además, si el monarca no alcanza fuerza suficiente, el pactismo y el mantenimiento de los privilegios feudales (estamentales y locales) será lo determinantes (como en el Sacro Imperio Romano Germánico)

La monarquía feudal (una etapa prototipo de la monarquía tradicional en su contexto histórico) se caracterizaba por una relación intermediada del rey con sus vasallos, a través de la red de relaciones feudo-vasalláticas, lo que daba a este muy poco poder por sí mismo, la configuración de una Monarquía Tradicional a partir de la Baja Edad Media fue incrementando el poder del rey, siempre en equilibrio con los estamentos representados en las instituciones parlamentarias para proteger a los cuerpos intermedios, a este suceso se suele categorizar en la historiografía moderna como monarquía autoritaria (noción que no se considera como representante de un sistema político plenamente articulado y definido con validez general), su propia naturaleza hace de las "monarquías autoritarias" una forma de transición, aunque muy prolongada en el tiempo, entre el concepto de monarquía feudal (con un poder que solo proviene del cumplimiento de las obligaciones de lealtad de la nobleza, cuyo control es problemático, y que genera poder para extenderse hacia abajo y someterse a la prelación de Papas y emperadores); y el de la monarquía absoluta (que no reconoce superiores ni comparte el poder con los súbditos), dando pie a la hegemonía de la Monarquías Tradicionales en Europa Occidental hasta el Antiguo Régimen.

La historia de Europa occidental en los siglos XIII, XIV y, en parte, XV dio ejemplos clásicos de la monarquía tradicional cristiana:

En España , Inglaterra , Alemania , Francia, las monarquías representativas del estado surgieron justo cuando el sistema feudal estaba en declive. Las instituciones representativas de los estados aquí presentaban claros rasgos de proximidad cronológica a la era feudal. El rasgo más característico en este sentido es el origen mismo de la composición de las asambleas representativas del estado, especialmente al inicio del período, es decir, en el siglo XIII: estas asambleas no eran diputados, no representantes electos de los señores feudales, el clero , las ciudades, sino todos los señores feudales, todos los clérigos vinculados por relación de vasallo con la corona, así como con los funcionarios de la ciudad (ya sea un alcalde, o están con su propia secretaría, o una secretaría). Estos últimos participaron en el encuentro como representantes del autogobierno, como contratistas reales, como una de las dos partes contratantes, señaladas en la carta comunal de su ciudad. Solo aquellos que pudieran indicar alguna relación directa con el rey tenían derecho a discutir asuntos públicos con el Rey. Arzobispos , obispos , abades, los monasterios independientes eran vasallos reales, y todos tenían derecho a un lugar en las instituciones representativas del estado; los sacerdotes rurales (y en la gran mayoría urbanos), los misioneros, los abades de los monasterios sin tierra no estaban conectados de ninguna manera con el poder real, y nunca participaban en estas reuniones. Los señores feudales seculares, tanto pequeños como grandes, consideraban que el rey era el señor supremo de sus tierras, y todos podían aparecer en la asamblea; por el contrario, los caballeros sin hogar, aunque su origen feudal estaba firmemente establecido, no podían tener nada que ver con la asamblea. Finalmente, las ciudades solo enviaban a sus representantes si disfrutaban de la libertad comunal, si tenían tiempo para abastecerse de una carta de autogobierno del rey.[176]​ La idea legal estatal de las instituciones representativas del estado era que los asuntos del estado debían regirse por una voluntad común que gobernara todo el territorio sin atentar la soberanía del rey. Pero dado que, según la ley feudal, las partículas de esta voluntad fueron cedidas por el soberano a: 1) a sus vasallos, que usan el poder en sus propiedades, y 2) a las ciudades que recibieron el autogobierno. Entonces para que la voluntad sea verdaderamente común, el soberano debía reunir a su alrededor a todos los porteadores y representantes de las autoridades, es decir, todos los vasallos y ciudades autónomas. Tal conjunto de todas las autoridades estamentales era la asamblea de representantes de la propiedad, presidida por el rey, al principio, es decir, en el siglo XIII. Posteriormente, el principio electoral comenzó a abrirse paso en los Landtags alemanes en los Estados Generales franceses. En primer lugar, este principio se reflejó en la representación de las ciudades: en lugar de autoridades de la ciudad, comenzaron a aparecer diputados electos de la ciudad en reuniones especialmente para este propósito. Sin embargo, pronto se susitaron defectos en este metodo de representación, por ejemplo, en Hungría (en la era de Luis el Grande , en el siglo XIV), los nobles, apareciendo en las reuniones de la Komitat en gran número, complicaron tanto el papeleo que fue necesario prescribir que no todos los nobles, pero solo sus suplentes, deben venir de ahora en adelante. Por otras razones (y más a menudo sin razones claramente susceptibles de rendición de cuentas), se produjeron los mismos cambios en las Landtags alemanas y en los Estados Generales. Aún así, en el parlamento inglés, la existencia del principio electoral (junto con el principio personal en la cámara alta) se puede comprobar desde los primeros tiempos de su existencia. El destino de las instituciones representativas de las clases en varios países europeos es muy variado. Podemos decir que solo un rasgo común los caracteriza: aproximadamente el mismo tiempo de nacimiento. En todos los demás aspectos, desde sus derechos políticos hasta su historia, se parecen poco entre sí (explicado en las particularidades de la tradición de cada reino). En España, donde (de hecho, en Castilla y Aragón) las instituciones representativas del Estado (las Cortes) ya estaban en su mejor momento en el siglo XII, es decir, algo antes que en otros lugares, se persuadieron del derecho a la resistencia legal por la fuerza, en caso de violación por parte del rey de los derechos y privilegios patrimoniales. Ni los Estados Generales franceses ni los Landtags alemanes tenían tal derecho a la resistencia armada, pero sí el parlamento inglés y las asambleas estatales húngaras (Komitats).

 
Cortes Catalanas, rasgo distintivo de la Monarquía Tradicional Española

En el Reino de Portugal, la Monarquía Tradicional nació justo en su fundación, en la época de su primer rey, y solo fue interrumpido por primera vez en la dinastía filipina , como refiere Alfredo Pimenta , para reiniciarse en 1640.[177]​ En ese momento, según António Sardinha , fue su punto culminante que sucedió en el período de la Restauración de la Independencia de Portugal,[178]​ no fue apoyado por uno de sus principales mentores sino por el principal, el el prestidigitador João Pinto Ribeiro , que proclamó que la monarquía vale "en virtud de lo propio, independientemente de la figura que lo encarne,[179]​ alejándose del absolutismo que solo surgió un siglo después en Portugal con el gobierno de José I , en manos del Marquês de Pombal.

La configuración de una Monarquía Tradicional, tal como se recuerdan, es a partir de la Baja Edad Media en España, aún así, tras la unión de Castilla y Aragón, se fue incrementando el poder del rey, siempre en equilibrio con los estamentos representados en las instituciones parlamentarias, que en España se denominaron Cortes (nobleza, clero y tercer estado -limitado a las ciudades, con presencia de una burguesía más o menos débil o pujante y un patriciado urbano ennoblecido-); mientras que la existencia de privilegios personales, familiares, estamentales, institucionales y locales (fueros y cartas pueblas de ciudades o territorios más amplios) hacían muy dispersa la acción del poder central, que ni siquiera se establecía en una capital política o corte permanente, sino que debía marcar su presencia física por todo el territorio mediante la corte itinerante. De hecho, la Monarquía Hispánica, primero con los Reyes Católicos y luego con los Habsburgo, era muy diferente al concepto de monarquía absoluta de los Borbones tal como se conformó en el reinado de Luis XIV (El Estado soy yo, formulaciones teóricas de Bossuet). La propia concepción del poder de la dinastía austro-borgoñona (incluyendo a la idea imperial de Carlos V) era mucho más respetuosa con las particularidades locales y estamentales, como evidenció la necesidad que tuvo el Conde Duque de Olivares de mostrar al rey Felipe IV lo poderoso que se haría si dejara de ser rey de cada uno de sus reinos y pasara a ser rey de España (según expone en su Gran Memorial de 1624).[180]​ La reflexión sobre estos asuntos de los pensadores españoles (especialmente de la Escuela de Salamanca) ha sido interpretada no tanto como una reacción contra un absolutismo español, sino como una respuesta a las tendencias protagonizadas por otros países europeos (por ejemplo, el Defensio Fidei de Francisco Suárez).[181]

Con más dificultades podría considerarse también a los dominios de Maximiliano I de Habsburgo como una monarquía autoritaria en el SIRG, que si se ha de esperar a una definición territorial de sus dominios, de hecho no se producirá nunca una monarquía autoritaria, sin embargo, termino siendo la alianza con la Iglesia Católica y el respeto de las peculiaridades locales (características de la Monarquía Tradicional) uno de los rasgos mas importantes de la dinastía Habsburgo en sus dominios, tanto en los Habsburgo de Madrid (Casa de Austria) como en los Habsburgo de Viena, incluso tras la decadencia de la doctrina de las dos espadas y cuando estos ya pudieron considerarse absolutistas en el siglo XIX (el Imperio austrohúngaro sobrevivió como un estado multinacional hasta 1918).

Pruebas del rechazo al absolutismo en las monarquías de la época pueden notarse en un episodio que uno de sus valiosos recuerdos evoca D. Eduardo de Hinojosa. Fue en el reinado de Felipe II. En presencia del soberano, un famoso predicador había afirmado desde el púlpito hacia abajo, "que los Reyes tienen poder absoluto sobre las personas de sus vasallos y sobre sus bienes". El Santo Oficio lo demandó por ello, obligándolo a retratarse en el mismo púlpito, con la expresa declaración de que sus palabras estaban equivocadas y que, a la inversa y según la instrucción literal de los teólogos inquisitoriales, "los Reyes no tienen más poder sobre sus vasallos de lo que se les permiten por los derechos divinos y humanos - y no por su libertad y voluntad absoluta".[182]

También, pueden definirse como autoritarias las monarquías escandinavas, ya bien entrado el siglo XVI.

En cambio, no consiguió conformarse como monarquía autoritaria la poderosa dinastía Jagellón polaca, sin embargo la Monarquía Tradicional en Polonia tuvo su propia peculiaridad de ser una Monarquía electiva con una tradición de Libertad Dorada para la aristocracia (szlachta), el cual tenía poder por sobre el Rey de Polonia y Gran duque de Lituania, mismo el cual era elegido entre distintas dinastías por medio de una democracia de los nobles, Polonia en los siglos XVI y XVII, como España, resistió las corrientes secularistas y anti-tradicionalistas que barrían Europa en ese momento. En el caso de Polonia, incluso más tarde se intentó llamarlo una "anomalía polaca", lo que significa que en Polonia nunca existió el absolutismo moderno, ni en la forma de "despotismo" clásico "o" ilustrado "(despotismo ilustrado). En lugar del absolutismo en Polonia, desde finales de la Edad Media, se formó la Rzeczpospolita (Res Publica), la "monarquía republicana de la nación polaca". La doctrina política de la Mancomunidad Polaco-Lituana era: «Nuestro Estado es una república bajo la presidencia del rey». en la que el poder supremo era el Gran Sejm, compuesto por tres "sejm estamentales" : el rey (elegido desde 1572), el Senado aristocrático y la "Caballería", es decir, la nobleza, de la Cámara de Diputados. La esencia del antiguo sistema polaco fue también un extenso autogobierno territorial (de la tierra), análogo al foralismo español. Al mismo tiempo que el defensor de la "monarquía limitada", la monarquía mixta continuó sin cambios en Polonia. El autor de la obra De optimo senatore - Wawrzyniec Goślicki (1530-1607), famoso en toda la Europa del Renacimiento, después de demostrar que el sistema de la monarquía tradicional polaca era un ejemplo modelo de régimen commixtum, concluyó con orgullo: "En resumen, los polacos tienen un rey como Platón, Aristóteles, Jenofonte y toda una hueste de filósofos y legisladores se imaginaban a sí mismos como gobernantes de un estado perfecto y de lo que la naturaleza y Dios mismo desean[183]

El caso del Zarato ruso, que comienza a formarse como imperio con Ivan IV el Terrible y terminará dando origen al sistema político de la autocracia (similar, pero distinto al absolutismo), responde a una base socioeconómica totalmente diferente, con campesinos sujetos a servidumbre, unas poderosísimas alta nobleza y alto clero terratenientes, y un papel marginal de las ciudades y la burguesía. Los historiadores de Moscú han encontrado autócratas rusos en el pasado distante, comenzando con San Vladimir y Vladimir Monomakh, su poder autocrático fue declarado otorgado por el Imperio Bizantino, y su árbol genealógico se derivó del romano César Augusto. El concepto de autócrata en relación con los gobernantes de Moscú se utilizó por primera vez bajo el Gran Duque de Moscú Iván III , quien a veces comenzó a usar el título "Señor y autócrata de toda Rusia" (junto con el ex "gobernante de toda Rusia", utilizado por Dmitry Shemyaka y Basilo "el oscuro") después de su matrimonio con la sobrina del emperador bizantino Constantino XI (el ultimo), Sophia Palaeologus, que dio lugar a reclamos sobre la continuidad de la herencia romana del estado ruso como Tercera Roma. Desde que se independizó de los khans de la Horda, en relaciones con otros soberanos, Ivan III comenzó a combinar el título de zar con el título de autócrata. Al mismo tiempo, durante la época de Iván III, este concepto de autocrata se utilizó únicamente para enfatizar la soberanía externa del soberano (independencia de cualquier otro gobernante), ya que era un papel de calco eslavo de uno de los títulos del emperador bizantino: Griego. αυτοκράτορ , literalmente "él se gobierna a sí mismo", "él mismo tiene el poder". Así, inicialmente un zar autócrata se entendían como un gobernante independiente de cualquier poder externo, sin rendir tributo ni vasallaje a nadie, es decir, ser un soberano. Sin embargo, ya bajo Iván el Terrible , debido a la centralización del poder y la disminución de los poderes de la aristocracia, la autocracia comenzó a usarse también para designar el poder interno ilimitado.

A pesar de ello, en Rusia, la monarquía tradicional o representativa tomó forma en gran medida en el siglo XVI durante el reinado de Iván IV el Terrible. El evento que realmente dio forma a la monarquía representativa del estado en Rusia puede considerarse la convocatoria del Zemsky Sobor en 1549, aunque el primer caso de la convocatoria del consejo con la participación de varios estados se mencionó por primera vez en 1211 en relación con el tema de la sucesión al trono en el principado de Vladimir-Súzdal (el gran duque Vsevolod convocó a todos sus boyardos de ciudades y volosts y al obispo Juan, abades, sacerdotes, comerciantes, nobles y todo el pueblo ). La era de la monarquía estatal-representativa en Rusia termina con la transición al absolutismo como consecuencia de las reformas de Pedro I.

Desde la época de Pedro el grande, el concepto de "autocracia" se ha ido identificando cada vez más con el concepto europeo de " absolutismo " (no utilizado en Rusia). Así, en el Reglamento Espiritual , redactado por Feofan Prokopovich y que recibió fuerza de ley el 25 de enero de 1721, se decía: "El poder de los monarcas es el poder autocrático, que Dios mismo ordena para la conciencia". Con la introducción del término "estado soberano", el concepto de "autocracia" finalmente se redujo para designar el poder interno ilimitado del emperador, basado en la teoría de su origen divino. Las últimas menciones del término "autocracia" en el sentido de "soberanía" se refieren al período del reinado de la emperatriz Catalina II . En particular, Speransky señaló que en el Código de Leyes "autocracia" se usa con dos significados diferentes: uno indica la independencia internacional externa, el otro indica el poder interno ilimitado del monarca. A principios del siglo XX, surgieron teorías que divorciaron los conceptos de "autocracia" y "absolutismo". Al mismo tiempo, los pensadores eslavofilos se apoyaban en la autocracia pre-petrina, en la que, en su opinión, se realizaba la unidad orgánica del soberano con el pueblo, mientras que veían al zarato pos-petrino como una forma burocrática y degenerada de monarquía ante la influencia del absolutismo. Los intelectuales conservadores (por ejemplo, Lev Tikhomirov) creían que en la Rusia post-petrina, el poder autocrático del monarca difiere del absolutismo, aunque adoptó algunos de sus elementos.[184]​ Los pensadores liberales moderados contrastaron la autocracia pre-petrina, basada en la idea del poder divino, con las formas petrina y pos-petrina basadas, desde su punto de vista, en la idea del bien común. Kostomarov dedicó una monografía especial al desarrollo de esta posición , en la que argumentó que el poder de los soberanos de Moscú era un reemplazo completo del despotismo del khan. Al mismo tiempo, sin embargo, Kostomarov admitió que en el siglo XIV, con la destrucción de la herencia en Rusia, parecería que debería haberse desarrollado una monarquía tradicional en la que el poder del monarca se compartiría con los boyardos (la aristocracia). Esto no sucedió y el poder aumentó hasta la autocracia total, gracias al egoísmo y la falta de cohesión entre los boyardos durante el Periodo Tumultuoso.[185]​ Desde este punto de vista, los boyardos son una fuerza que se opone a las aspiraciones comunes del pueblo y del príncipe, una fuerza sediciosa que muy a menudo viola la paz. Pero desde la época de Pogodin , se ha establecido una visión diferente del papel histórico de los boyardos, según la cual los boyardosno eran en absoluto enemigos de la unificación, sino asistentes activos de los príncipes de Moscú. Los trabajos de los profesores Klyuchevsky y Sergeevich están dedicados a esclarecer el papel histórico de los boyardos. Lo que Kostomarov pensó que era posible, es decir, el surgimiento en Rusia de una monarquía tradicional limitada por el gobierno de los boyardos, que en opinión de Klyuchevsky, resulta ser una realidad histórica, o al menos en gran medida. La Rusia moscovita resulta no ser tan ilimitadamente autocrática como se pensaba anteriormente, sino más bien monárquica-boyar, ya que el rey de toda Rusia no gobierna la tierra individualmente, sino a través y con la ayuda de la aristocracia boyar: casos individuales de enfrentamientos entre el monarca y esta aristocracia se citan incluso los intentos de limitar los poderes de los autócratas de Moscú.[186]

En el cristianismo medieval, doctrinas como la de las dos espadas y el agustinismo político, llevaron a la constitución de los dos poderes universales (pontificado e imperio), lo que incorpora la posibilidad de una duplicidad en el poder, y con ella la del equilibrio entre ambos dentro de un estado. Tras la Reforma protestante, esta duplicidad se mantuvo como característica de la tradición católica en la Europa del Sur, como la Monarquía Católica, mientras que en los países protestantes supuso una especie de retorno a la idea de un mero déspota inexpugnable, que pasó a ser de nuevo concebible con la doctrina del Derecho divino de los reyes, puesto que, frente a los formidables poderes de los barones feudales y del Papa, así como a los desafíos impuestos por la Reforma protestante, varios pensadores europeos, de inclinación estatocrática y proto absolutistas, concibieron una especie de 'tercera vía' entre el Imperio y el Papado . Defendieron una teoría que afirmaba definitivamente la autoridad y legitimidad de los monarcas, colocándolos por encima de la nobleza y el clero catolico, así como de los protestantes.[187]​ Antes de la Reforma, el rey ungido era, dentro de su reino, el vicario acreditado de Dios para propósitos seculares (ver la Controversia de la investidura ); después de la Reforma protestante, él (o ella si reinaba) se convirtió en esto en los estados protestantes también con fines religiosos. La Reforma Protestante no necesariamente cambió esta doctrina donde fue adoptada. Solo destacó una de sus consecuencias: el monarca por derecho divino debía obedecer a Dios, de lo contrario perdería su legitimidad.

El historiador católico español Juan de Mariana, de la Escuela de Salamanca planteó en su libro De rege et regis Institutione (1598) el argumento de que, dado que la sociedad se formó mediante un "pacto" entre todos sus miembros, "no cabe duda de que son capaces de llamar a un rey a cuenta".[188][189]​ Mariana desafió así las teorías del derecho divino al afirmar que, en determinadas circunstancias (siguiendo la linea de Santo Tomas de Aquino), el tiranicidio podría estar justificado. La refutación de Francisco Suárez, tambien de la Escuela de Salamanca, contenía la doctrina católica, que se puede resumir de la siguiente manera: el poder político de los reyes no se recibe directamente de Dios; es el pueblo organizado en comunidad política el que transmite poder a los reyes. El único poder que la Iglesia católica considera procedente de Dios es el poder espiritual del Papa, quien, cuando recibe las llaves de San Pedro, no considera que las recibe de la Iglesia misma, sino de Cristo. La Iglesia Católica, a través de los cardenales electores , designa solo a la persona del sucesor de Pedro. En el concepto católico, Cristo es quien le da poder espiritual, no por un nuevo acto, sino en virtud del acto único en el que se los entregó a Pedro y sus sucesores a orillas del lago Tiberíades. El cardenal Roberto Belarmino también "no creía que el instituto de la monarquía tuviera ninguna sanción divina" y compartía la creencia de Mariana de que había momentos en los que los católicos podían destituir legalmente a un monarca.[190]​ El derecho divino del monarca contradecía la doctrina de la Iglesia Católica al exagerar el distinto concepto cristiano de "derechos dados al rey por Dios", incluso cuando fue defendido por príncipes como Luis XIV, o por primeros ministros como el Marqués de Pombal, porque negaba el papel de esa Iglesia como intermediario espiritual entre el hombre común y Dios, confiriendo este atributo al monarca, además, en la jurisprudencia católica, el monarca siempre está sujeto a la ley natural y divina, que se consideran superiores al monarca. La posibilidad de que la monarquía decayera moralmente, anulara la ley natural y degenerara en una tiranía opresora del bienestar general fue respondida teológicamente con el concepto católico de tiranicidio extralegal, idealmente ratificado por el Papa.

Decadencia de las Monarquías TradicionalesEditar

"El mecanicismo que Lutero produce en las conciencias y el mecanicismo que Maquiavelo traslada a las conductas, es nuevo mecanicismo en la política cuando Jean Bodin seculariza el poder en su teoría de la «souveraineté». Para acabar con las pugnas entre católicos y protestantes en Francia surge un tercer partido, el de los «políticos», que proclama la neutralización del poder real separándose de cualquier contenido religioso y, por ende, la posibilidad de obedecer a un príncipe sin tener en cuenta a Dios, en relación directa y neutra del súbdito con el soberano. Como semejante corriente, defendida en Les six livres de la République, recogía la herencia absolutista de la escuela de Toulouse, degeneró en absolutismo”
Elías de Tejada, Qué es el Carlismo

La relación entre el poder del Estado y el de las instituciones religiosas (no solo cristianas) siempre había sido problemática. Por un lado, está el Estado que muchas veces quiso dominar (interfiriendo en ellas) y explotar las instituciones religiosas en su propio beneficio; por otro, están las iglesias que muchas veces han querido dominar y condicionar la vida política y social, alegando tener, en este sentido, un derecho divino sobre ella, en la Monarquía Tradicional prevaleció la concepción jerárquica eclesiástica que sostenía que Dios, a través de la Iglesia, gobernaba el mundo, ejerciendo dominio sobre todos los ámbitos de la cultura. Bajo esta enseñanza, la Iglesia regulaba las artes, la agricultura , el gobierno, la familia , las corporaciones profesionales y el sistema educativo. En el ámbito de la familia, era la Iglesia la que gestionaba y supervisaba, por ejemplo, el matrimonio , la procreación y la sexualidad . En el ámbito educativo, cada una de las universidades más importantes ha sido creada y apoyada por la Iglesia. Durante el Renacimiento, el surgimiento de una cosmovisión secularista acompañó el surgimiento de una clase de comerciantes adinerados, en la que buscaban que la cultura se debe emancipar del condicionamiento de la Iglesia. Algunos comerciantes se convirtieron en mecenas de las artes, independientes de la iglesia (pues hasta ese momento eran alentados por el principal mecenas de las artes, la Iglesia). El protestantismo luego hizo que el gobierno civil, las artes, la familia, la educación y la economía estuvieran oficialmente libres del control eclesiástico. Mientras que el protestantismo mantuvo una visión de la vida completamente holística a diferencia del eclesiástico, la Ilustración secular posterior buscó librar a la sociedad de la religión por completo. Todo ello en contraposición a una forma de monarquía tradicional que asume que Dios gobierna sobre el mundo a través de la iglesia, desarrollado en el mundo católico por la noción de Poder temporal de la Santa Sede, además de un deseo de rechazar un marco jerárquico de relaciones sociales (defendido por la Subsidiariedad como concepto de colaboración que sirve a la participación armónica de todos los sectores sociales en vista del bien único de la persona).

La creciente diferenciación de la sociedad fue el origen de la creciente complejidad y permeabilidad del orden social de la Edad Media. El esquema original simplemente no incluía muchas oficinas y funciones nuevas. Sin embargo, la subdivisión de la sociedad en estados nunca fue cuestionada hasta el siglo XVIII. Incluso la Iglesia se aferró obstinadamente a ella durante mucho tiempo. Ante ello, el Imperio, uno de los poderes universales de la Edad Media, pareció estar a punto de restaurarse de forma formidable Carlos V, pero su idea imperial (alimentada por el humanismo de Erasmo de Róterdam y Adriano de Utrecht) fracasó, en beneficio de los príncipes alemanes, tanto católicos (elector de Baviera) como protestantes (elector de Brandemburgo, luego rey de Prusia). El otro poder universal, el Papado, no logró convertirse en una potencia territorial, y su poder espiritual fue desafiado por la Reforma (en las monarquías protestantes que pone a los príncipes europeos al frente de sus iglesias nacionales) o el regalismo (en las monarquías católicas que pone al rey al frente de todas las instituciones sociales, económicas o incluso espirituales). Generando los primeros indicios de la decadencia de la Monarquía Tradicional.

En el protestantismo, el rasgo principal de los reyes es considerarse vicarios (o representantes, en inglés deputy) de Dios en la Tierra, razonamiento que se llevo a sus ultimas consecuencias con los reyes de la Casa de Estuardo en la Inglaterra anglicana y las tesis de los teólogos carolinos, quienes fundamentaban en la Biblia las concepciones de Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra, Carlos I de Inglaterra y Carlos II de Inglaterra. Iniciándose con la reina Isabel I, quien había impuesto a sus súbditos un juramento - Juramento de lealtad - en el que afirmaba su absoluta supremacía temporal y espiritual. Para el rey inglés, su autoridad real era de "derecho divino", afirmando haber sido elegido personalmente por Dios para gobernar a su pueblo. Su realeza era absoluta, independiente de cualquier poder o autoridad en la tierra. El rey era así una especie de lugarteniente de Dios en su reino, y solo ante Dios tendría que dar cuenta de la forma en que ejercía su poder. Además, cuando Martín Lutero escribió sobre la libertad del cristiano, la limitó exclusivamente a la relación entre el individuo y Dios. En la vida terrena, por el contrario, cada uno debía aceptar sin cuestionar el lugar que Dios le había asignado. Sin embargo, en la doctrina de Lutero, se notan algunas diferencias con respecto al esquema clásico defendida por la escólastica católica. La estricta separación entre la esfera espiritual y la esfera mundana que introdujo (posteriormente desarrollada en la doctrina de la soberanía de las esferas sociales) resolvió aparentemente el antiguo problema de quién (papa o emperador) tenía la preeminencia, que según el era a favor de la autoridad secular. Además, Lutero y sus sucesores pusieron el énfasis ya no en las relaciones subordinadas entre los estados, sino dentro de los estados: en la ecclesia los pastores dirigían la comunidad religiosa, en la política el soberano gobernaba a los súbditos y en la economía (la esfera familiar) el cabeza de familia tenía a su esposa, hijos y sirvientes. De esta manera todo hombre podría formar parte, al mismo tiempo, de los tres estados (considerando que entre los protestantes los pastores pueden casarse). En el punto de vista protestante, por lo tanto, los tres estados no estaban en una relación de subordinación entre ellos. En realidad, las relaciones de poder no se cuestionaron y el tercer estado siguió siendo, como antes, también el estado de los sujetos, que se establece en que cada esfera de la que se compone la vida (por ejemplo, estado, iglesia, familia, escuela, asociaciones, industria, ciencia, etc) viene directamente de Dios y es autónomo de los demás, por ende, soberano sobre sí mismo y directamente responsable ante Dios por la forma en que se lleva a cabo. De ello se desprende que la soberanía de cada esfera debe ser respetada, valorada y salvaguardada (así como criticada cuando sea necesario) por las demás esferas; una noción que sería rescatada posteriormente en el pensamiento liberal para desarrollar su filosofía política secular (en conflicto con la monarquía tradicional) cuestionándose la sociedad estamental en favor de la igualdad de los sujetos (o individuos) ante la ley y la separación iglesia-estado. Ante ello, gran parte de los intelectuales modernos, excluyen en sentido negativo, que existan esferas "superiores" en relación con otras "inferiores" y se reconoce positivamente la "soberanía legítima" de cada esfera, cada una de las cuales no está jerárquicamente sujeta a ninguna otra, sino que se relaciona en pie de igualdad con los demás ámbitos en un marco de cooperación. Dicha forma de pensar redujo y relativizó el poder de las iglesias y los estados tradicionales, impidiéndoles desarrollar formas de coacción o inmiscuirse en lo que está dentro de la competencia secular, a pesar de que fuese en base a formas tradicionales de gobiernos, lo que sería posteriormente aprovechado para desarrollar las primeras ideologías políticas modernas cuestionándose la racionalidad de las mismas, resaltando en estas primeras fechas el absolutismo, fundamentado en base al Regalismo, un conjunto de teorías y prácticas sustentadoras del derecho privativo de los soberanos sobre determinadas regalías (derechos y prerrogativas exclusivas de los reyes, inherentes a la soberanía del Estado); especialmente de las que chocaban con los derechos del papa, derivando en la defensa de la primacía del poder civil sobre el poder eclesiástico y el comienzo del moderno "estado-nación", en el que todas las lealtades y todo el poder se transfirieron al estado en la persona del rey, que podría decirse que defendía un estado “no confesional” y fue practicado por monarcas católicos y protestantes; a partir de ahí sólo quedaba un pequeño paso para sustituir al rey todopoderoso y absoluto por una oligarquía o una democracia, o más habitualmente, una república en su sentido moderno. Este regalismo fue una gran desviación de la norma de las monarquías tradicionales. En lugar de una autoridad plenaria, sometiendo a todos a la voluntad real, los reyes medievales tendían a tener una autoridad limitada como jefes de una rica red de instituciones sociales, cada una con su propio dominio, autoridad y dignidad. Por supuesto, estaba la Iglesia, pero también los gremios, las ciudades, los barones grandes y pequeños, las universidades y las asociaciones de todo tipo. La orden del rey podría funcionar como ley, pero había muy poco que realmente pudiera escribir en su escrito, dada la pluralidad de poderes que lo rodeaban. La gente era consciente de sus derechos y privilegios, y estuvo dispuesto a luchar por ellos, como paso con Ricardo II de Inglaterra cuando trató de imponer un impuesto de capitación (esencialmente, un impuesto sobre la renta) a la gente, y descubrió que en unas pocas semanas un vasto ejército campesino barrió el reino para capturar a ambos Londres y el rey, muestra de de las limitaciones de su poder, que sin embargo que estaban por empoderarse tras la reforma anglicana.[191]​ A pesar de coincidir el protestantismo con el regalismo en cuanto al control de las autoridades civiles sobre las autoridades eclesiásticas de la Iglesia y la nacionalización de ésta, ambos parten de una argumentación teológica que supera los límites del catolicismo tal como se definirá en el Concilio de Trento. El término regalismo se aplica a las monarquías que siguieron siendo católicas en estas fechas, pero que se desviaban de la concepción tradicional tomista o agustinista de la misma.

Por otro lado, en Francia, el derecho divino de los reyes fue defendido por Jean Bodin (1530 - 1596), un teórico político francés y de los primeros teóricos del absolutismo, influenciado por el calvinismo . Según él, los príncipes soberanos (reyes) fueron designados por Dios para gobernar a otros hombres. En los Seis Libros de la República (1576), construye una teoría de la “república”, en el sentido romano de “asuntos públicos”, es decir, del Estado, donde plantea el concepto de “poder de dar y violar la ley" que pertenecería al soberano, tenga o no el consentimiento de sus súbditos. Para Bodin, la república es la comunidad humana donde aparece la soberanía, la soberanía implica necesariamente el poder de hacer la ley, todos los demás poderes fluyen de ella según él, la soberanía tenía que ser absoluta, no podía compartirse y era un factor de unificación política: lo que hacía la “ciudad” era “la unión de un pueblo bajo un señor soberano";[192]​ a pesar de todo, aún Bodin ve dos límites a la monarquía: en el interior, el respeto por las leyes fundamentales; por fuera, el respeto por los tratados celebrados y el derecho común de todos los hombres, criticando a quienes quieren hacer del Estado una simple propiedad del monarca, buscando distinguir el absolutismo de la tiranía.[193]Jacques Bossuet defendió esta teoría para apoyar el absolutismo de Luis XIV de Francia, en su Política extraídas de las propias palabras de la Sagrada Escritura, explica que “hay algo religioso en el respeto que prestamos al príncipe. El servicio a Dios y el respeto a los reyes son cosas unidas […]. Por eso Dios ha puesto algo divino en los príncipes”. Esto significa que cualquier forma de gobierno es buena; y el príncipe es el ministro de Dios para el bien. Cualquier rebelión contra el soberano es, por tanto, una rebelión contra el mismo Dios, incluso si el príncipe no es cristiano, porque toda autoridad proviene de Dios. Además, según él, la esencia del poder es ser autoritario. La idea de que el poder político del soberano deriva de Dios permitió a Bossuet presentar al soberano como defensor del bien común, del orden divino y de sus súbditos. Este origen divino también estuvo ligado a la idea de la transmisión hereditaria del título real. El pensamiento político absolutista de hecho se opuso a las monarquías electivas del medioevo, pues el principio hereditario era la mejor forma de gobierno, porque le daría al rey un interés personal en trabajar por el bien del reino y promovería la lealtad popular.[194]​Pero fue en la Inglaterra protestante donde la teoría del derecho divino de los reyes encontró su máxima aplicación y fundamento teológico y jurídico-político, con el rey Jaime VI de Escocia y I de Inglaterra.

 
Paz de Westfalia, dio lugar al primer congreso diplomático moderno e inició un nuevo orden en Europa central basado en el concepto de soberanía nacional, iniciando la decadencia de la Monarquía Tradicional.

En el siglo XVI, el absolutismo triunfa en todo el continente, la Monarquía Tradicional iría perdiendo popularidad contra el absolutismo que el Renacimiento estaba engrosando y que la reforma protestante iba a arrojar victoriosamente al campo de las definiciones legales. La lucha religioso-nacional de este siglo también contribuye fuertemente al declive de las asambleas representativas del estado y a la concentración de toda la plenitud del poder estatal en manos de los reyes. En el siglo XVII, las asambleas de representantes del estado en Francia incluso dejan de reunirse, y en los estados alemanes, los Landtags pierden por completo su antiguo carácter de fuerza política activa tras la Reforma protestante y la Guerra de los Treinta Años, la cual impuso la formación del estado-nación moderno en la Paz de Westfalia, puesto que para debilitar al Sacro Imperio Romano Germánico, la principal autoridad transnacional de la época que disputaba ser un Imperio universal, se proclamó la primacía de los estados alemanes frente a poderes externos, como el Emperador o el Papa, puesto que se ambicionaba que la Iglesia también había de ser controlada por el estado moderno, tanto en su relación con el papado como en el control del clero local nacional. La convulsión de la Reforma tiene que entenderse en este contexto. Para el Sacro Imperio, la Paz de Westfalia supuso la pérdida de poder real del emperador y una mayor autonomía de los más de 300 estados resultantes. Frente a la visión española y del Sacro Imperio de una universitas christiana, triunfaron las ideas francesas que exaltaban la razón de Estado como justificación de la actuación internacional. El Estado sustituía a otras instituciones internacionales o transnacionales como la máxima autoridad en las relaciones internacionales. En la práctica esto suponía que el Estado dejaba de estar sujeto a normas morales externas a él mismo. Cada Estado tenía derecho a aquellas actuaciones que asegurasen su engrandecimiento. Consecuencias de la Paz de Westfalia fueron la aceptación del principio de soberanía territorial, el principio de no injerencia en asuntos internos y el trato de igualdad entre los Estados independientemente de su tamaño o fuerza, siendo el otro gran perjudicado el papado, que dejó definitivamente de ejercer un poder temporal significativo en la política europea. En el camino se van formando los estados-nación, en torno a conceptos de lengua, religión y mercados nacionales, conceptos problemáticos en esos siglos, pero sin cuyo desarrollo inicial sería incomprensible el surgimiento del nacionalismo en la Edad Contemporánea oponiéndose a la noción de una Monarquía Tradicional debido a su oposición a un monarca supranacional; será Brandemburgo, uno de los electorados semi-independientes, el que tras la traumáticas experiencias de la Reforma del siglo XVI y la Guerra de los Treinta Años del siglo XVII, se transforme en un reino viable (Prusia) para la conformación de un absolutismo alemán en el Siglo XVIII con Federico II el Grande, y conducirá, en beneficio de la dinastía Hohenzollern, y en perjuicio de los Habsburgo austriacos, la Unificación de Alemania en el siglo XIX con una Monarquía Constitucional. La creciente diferenciación de la sociedad fue el origen de la creciente complejidad y permeabilidad del orden social de la Edad Media. El esquema original simplemente no incluía muchas oficinas y funciones nuevas. Sin embargo, la subdivisión de la sociedad en estados nunca fue cuestionada hasta el siglo XVIII. Incluso la Iglesia se aferró obstinadamente a ella durante mucho tiempo.

En este contexto, el destino de las instituciones representativas de los cuerpos intermedios en varios países europeos es muy variado. Cuanto más se reemplazó el antiguo carácter personal de la reposición de las instituciones representativas del estado en favor del principio electoral, como reacción, más firme y autocrático actuó el poder real en todo el continente europeo. La pérdida de este derecho, así como de otros importantes derechos, se explica por la discordia social que prevaleció en las reuniones de clase desde sus inicios, se agravó con el tiempo y las dejó impotentes ante el poder real. En España, la más alta nobleza (brazo de nobles) no sabía cómo llevarse bien no solo con los representantes de la ciudad, sino también con los caballeros ordinarios; en Francia, los nobles buscaron oportunidades para ofender a la clase media; en las tierras alemanas, los gobernantes espirituales y seculares siempre transfirieron sus disputas entre terratenientes y vecinos a los Landtags. Gracias a este antagonismo interno, ya mostrado en las viejas disputas entre monarcas y el papado (o cualquier poder religioso) y que se acentúo aún mas tras las Guerras religiosas europeas, los monarcas levantaron cada vez más la cabeza, viéndose deseables y llamados mediadores en esta lucha entre clases como una tercera vía entre el conflicto de las aristocracias y el sacerdocio, agravado tras la Reforma luterana donde los intereses económicos de la burguesía y el campesinado terminaron desatendidos, aunque el primero queriendo sacar provecho del conflicto (pues en un primer momento la reforma dependía del poder laico y dio una justificación a ese poder) para augurar sus propios deseos económicos antagónicos a la política aristocrática y teocentrista, lo que daría pie a simpatías de los burgueses primero con el movimiento humanista del renacimiento y despues con la teología calvinista, sentando bases para las futuras Revoluciones burguesas con tendencias anticlericales y republicanas, aprovechándose en el proceso de los sentimientos cada vez mas insurgentes de un pueblo llano descontento (como habían demostrado las Guerra de los Campesinos). Cada vez más los organismos representativos, como los estados generales de Francia o los Landtags de Alemania, asumieron sólo un carácter consultivo, y cada vez más decisivamente los reyes castellanos y aragoneses empujaron a un segundo plano las asambleas de las Cortes durante la Decadencia española.

En Francia, el poder real buscaba una monarquía absoluta desde el final de la Guerra de los Cien Años, ello implicó la supresión o limitación de otras formas de poder; la de la Iglesia Católica, la del clero y la nobleza, así como la del parlamento, habiendo regencias como la de Luis XI de Francia cuya acción política se encaminó a la afirmación de la autoridad del monarca frente a los derechos de la nobleza y el clero derivados de privilegios feudales, en el proceso se granjeó la enemistad de parte de la nobleza tradicional por dicho deseo de expandir el poder de la Corona. Sin embargo, es en el siglo XVI, bajo la dinastía Valois, cuando Francia empezó los primeros pasos para la consolidación de un gobierno absolutista, así, François I puede imponer su autoridad en las áreas religiosa y financiera. Así, se impone el Concordato de Bolonia a pesar de la oposición del Parlamento. En cuanto al impuesto, el Rey de Francia logra prescindir de la opinión de los contribuyentes. Las ciudades o la Iglesia están obligadas a pagar, a conceder préstamos nunca reembolsados. También somete los parlamentos a su autoridad superior. François I se considera un prototipo de monarca "absoluto", pero no es lo suficientemente poderoso como para desafiar los privilegios medievales. La aparición de una burocracia de "oficina" caracterizó el establecimiento del absolutismo durante este período "para mantener al pueblo en su deber" como diría Richelieu.[195]​ Parte de la burguesía había adoptado la religión calvinista, llamados Hugonotes, mientras que el estado estaba fuertemente influenciado por el catolicismo . Para solucionar el problema, Enrique III , que era católico, se alió con Enrique de Borbón , líder de los hugonotes (protestantes de orientación calvinista). Después de la muerte del rey en 1589, Enrique "el buen rey" accedió a convertirse al catolicismo, esto lo llevó a asumir el trono; se le conoció como Enrique IV. El largo proceso de centralización del poder monárquico culminó con el rey Luis XIV , conocido como "Rey Sol", que reinó entre 1643 y 1715. Se le atribuye la famosa frase "el Estado soy yo". A diferencia de sus predecesores, rechazó la figura de un "primer ministro", redujo la influencia de los parlamentos regionales y nunca convocó a los Estados Generales, instaurando la Monarquía absoluta de derecho divino. La concepción de Luis XIV se inspira en la de Richelieu, pero se diferencia de ella porque para Richelieu, el rey debe estar rodeado por un equipo de gobierno homogéneo, dirigido por un ministro principal al que el rey debe apoyar contra todos. Luis XIV piensa que el rey solo encarna el poder y, por lo tanto, debe ejercerlo solo. "Le corresponde a la cabeza deliberar y resolver, y todas las funciones de los demás miembros consisten únicamente en la ejecución de los mandatos que se les han dado".[196]​ Es el único que conoce la razón de estado a la que obedece. En efecto, la razón de estado es un "misterio divino"; solo el rey puede saberlo porque hay un "misterio de la monarquía".[197]​ Es la forma más pura de absolutismo.

En España, aunque existió algún uso histórico del término absolutista (como la expresión poderío real absoluto, utilizada por Enrique III de Castilla -1393- y más frecuentemente por Juan II de Castilla), tal uso reflejaba poco más que la pretensión de los reyes de ser la fuente de la ley, con grandes salvedades y limitaciones. Hasta el siglo XVII no se suele hablar de absolutismo, utilizándose denominaciones alternativas, como la de monarquía autoritaria. La necesidad de mantener el ejercicio del poder real en pacto con las instituciones de representación estamental (las Cortes) permitió también la definición de estos sistemas políticos como un pactismo, para designar el pacto explícito o tácito entre rey y reino (entendido este en su representación orgánica y estamental), lo que limitaba decisivamente el poder regio en la Monarquía Tradicional Española (en la Corona de Aragón mucho más fuertemente que en la Corona de Castilla).[198]​ Sin embargo, la trayectoria hacia el absolutismo se puede trazar desde los inicios de la Decadencia española, muestra de ello fue cuando las asambleas de representantes de la hacienda fueron finalmente suprimidas por Felipe II (allá por el siglo XVI) y posteriormente las Reformas borbonicas y el Decretos de Nueva Planta anularían autonomías restantes con la centralización del estado e instaurando el Absolutismo español al que se oponían los austracistas con su defensa del foralismo en la Guerra de sucesión española. La monarquía de Felipe V de España, desde 1700 introdujo el absolutismo de origen francés propio de la dinastía Borbón, y la resistencia suscitada provocó que la Guerra de Sucesión, una verdadera guerra civil, en la que algunos territorios (especialmente Cataluña y Valencia) se caracterizaron por apoyar claramente al candidato Habsburgo. La conformación de un fuerte regalismo frente al papado alcanzó cotas incluso superiores a las obtenidas por el Patronato regio anterior.[199]​ Opuesta a la tendencia ilustrada (también denominada afrancesada, antes de que este término designara más concretamente a los partidarios de Napoleón), el germen del movimiento político, que posteriormente se conocerá como absolutismo español, fue la tendencia que se denominaba casticista, representada por clérigos e intelectuales (Fray Diego de Cádiz, Fernando de Ceballos, Lorenzo Hervás y Panduro o Francisco Alvarado -el Filósofo Rancio-) opuestos a las influencias extranjerizantes y anticlericales identificadas con la Enciclopedia francesa y el volterianismo; o concretadas en la política del marqués de Esquilache contra el que se hizo el motín de Esquilache (del que fueron culpados los jesuitas, que fueron expulsados de España, muestra del fuerte poder civil en manos del Rey, contrario al equilibrio con el poder clerical de la Monarquía Tradicional). En términos de afinidad a la cultura francesa, tanto "casticistas" como "afrancesados" dependían intelectualmente de la traducción o adaptación de los modelos franceses de cada una de las opciones políticas (másomenos reaccionarios -como el abate Augustin Barruel-, masomenos revolucionarios o bonapartistas). Las polémicas intelectuales fueron frecuentes, como la conocida como Pan y Toros, panfleto del liberal León de Arroyal. En dicho proceso se terminaría diluyendo la Monarquía Tradicional en España, volviéndose prácticamente irreconocible para principios del siglo XIX; siendo que cuando estallo la Guerra Peninsular hubo 2 tendencias, el grupo político de los absolutistas españoles (desde las Cortes de Cádiz hasta la configuración del carlismo) llamados realistas, que fue designado de forma peyorativa con el término serviles, especialmente por sus adversarios, los liberales españoles.[200]​ La denominada regencia de Urgel (formada por el marqués de Mataflorida -Mozo de Rosales-, el obispo de Tarragona -Jaime Creus Martí- y el barón de Eroles -Joaquín Ibáñez-) durante el Trienio liberal; y la formación de partidas absolutistas en zonas especialmente propicias (como las denominadas Los Apostólicos), en distintos momentos del reinado de Fernando VII; antecedieron a la posterior movilización de las fuerzas sociales reaccionarias (es decir, contrarias a la Revolución Liberal o defensoras de la continuidad del Antiguo Régimen) durante la Primera Guerra Carlista, irónicamente, movimientos a favor inicial del absolutismo español, identificados con el carlismo o tradicionalismo, terminaron identificándose posteriormente con el respeto a los fueros (del inicial lema Dios, Patria, Rey, se pasó al Dios, Patria, Fueros, Rey).[201]

 
Miguel I de Portugal "el tradicionalista", un hombre de aparentes ideales católicos tradicionales, fue uno de los últimos monarcas defensores de la doctrina de Monarquía tradicional que defendió de frente en Europa.

En Portugal, verdaderamente, nunca existió la Monarquía Absolutista porque el rey portugués siempre tuvo el poder limitado.[202]​ Sin embargo, también es cierto que el Reino de Portugal pasó por diversas etapas de desarrollo en un sentido creciente de autoridad y concentración de poder en manos de los reyes (hasta el surgimiento de la monarquía constitucional) dicha concentración que alcanzó su punto máximo en el reinado de Juan V.[203]​ Sin embargo, no se puede determinar con mucha precisión que la monarquía portuguesa se haya estructurado sobre una base absolutista después de eso. El Rey Dom Miguel I de Portugal considerado « el rey absoluto » representó ciertamente la legitimidad y la tradición monarquica portuguesa, la resistencia a una modernización importada que afrontaba los valores radicados en lo más profundo del alma del pueblo con los que se identificó; no era tanto la idea de libertad que motivaba el antagonismo de los miguelistas (tradicionalistas portugueses) a las huestes liberales de Pedro IV durante la Guerra Civil Portuguesa, pero si ante la idea revolucionaria de la ruptura con las instituciones del antiguo régimen, y en particular de la Iglesia. Más que el ′′absolutismo" (con el que Antonio Sardina se negaba a identificar como esencial en los miguelistas) lo que el Miguelismo / Legitimismo portugués y los seguidores de Dom Miguel defendían eran las Instituciones Tradicionales Portuguesas, entre ellas las Cortes Generales, los Municipios Forales y otros órganos de soberanía social, vistas por los tradicionalistas como la esencia de la legitimidad portuguesa, gozando de gran popularidad entre todas las clases sociales y sobre todo entre el pueblo que tenía fuertes motivos para oponerse a su hermano D. Pedro de Alcântara y su Carta Constitucional, siendo sus opositores una pequeña minoría de burgueses y militares. Además de esto, después de las guerras contra España y Francia , Portugal buscó en un rey la figura fuerte de un salvador. La enemistad hacia la Iglesia católica por parte de los sectores liberales también contribuyó a la fuerte oposición popular contra la Carta y contra el régimen constitucional.[204]​ D. Miguel también era admirador del canciller Metternich de Austria , aunque afirmaba no ser partidario de una monarquía absoluta, sino que simplemente tenía la intención de liberar a Portugal de las influencias extranjeras, principalmente de las ideas de la masonería , que consideraba nefastas, siendo perseguido por ella.[205]​ Aún así, su reinado es muy controvertido en la historia portuguesa. Según los liberales-constitucionalistas, D. Miguel era un usurpador del título monárquico de su sobrina D. Maria da Glória y era simplemente regente. A su vez, el llamado partido Miguelista respondió que D. Pedro I de Brasil había perdido el derecho a la Corona portuguesa y, por tanto, a designar un sucesor (en este caso, su hija, D. Maria da Glória) desde el momento cuando levantó las armas contra Portugal, declaró la independencia de Brasil y se convirtió en emperador de ese nuevo país. De hecho, de acuerdo con las Leyes Fundamentales del Reino, un príncipe heredero que levantara las armas contra Portugal o ascendiera al trono de un estado extranjero perdería el derecho al trono portugués. Según esta interpretación, D. Miguel sería así el legítimo sucesor de D. João VI, siendo legitimado por las Cortes tras la muerte de D. João, el 10 de marzo de 1826, de acuerdo con las leyes tradicionales vigentes antes y después la revuelta liberal de 1820. A raíz de esta polémica, para los liberales D. Miguel pasó a la historia como el Absolutista o el Usurpador (por supuestamente haberle arrebatado el trono que sería su sobrina, aunque no defendiera ideas absolutistas), mientras que los miguelistas le dan el sobrenombre de Tradicionalista (por haber sido aclamado en Cortes, aunque forzada por los acontecimientos, en relación con la tradición jurídico portugués).

Establecido el absolutismo en Europa, posteriormente el mandato del rey se extendió a tierras lejanas y las misiones se convirtieron en otro instrumento del poder estatal en el que un proto-nacionalismo dominaba la salvación. La actividad misionera estaba subordinada a los objetivos comerciales y políticos, haciendo que la obra de la Iglesia pareciera un mero instrumento de lo que luego se llamaría colonialismo. El control nacional de las misiones creó tremendos problemas jurisdiccionales, por lo que los nuevos creyentes no sabían en qué autoridad creer, ya que los obispos del país de origen competían con los vicarios de Roma (en el caso europeo). Y dichas misiones impidieron el desarrollo del clero nativo en el peor de los casos, ya que esto podría constituir una fuente de oposición al control real.[206]

En Inglaterra , el absolutismo se inició en 1509 con Enrique VIII, quien, apoyado por la burguesía , amplió los poderes monárquicos, disminuyendo los del parlamento y del clero al generar la Iglesia anglicana. En el reinado de la reina Isabel I , el absolutismo monárquico se fortaleció, habiendo comenzado la expansión marítima inglesa, con la colonización de América del Norte. Sin embargo, después de la Guerra Civil Inglesa, el absolutismo perdió impulso en Inglaterra, y el rey perdió poder gradualmente a favor del parlamento. La revolución de 1688, la Revolución Gloriosa , puso fin al absolutismo inglés, ante ello, solo en Inglaterra, la cámara baja en los siglos XIII, XIV y XV, a pesar de su variada composición, defendió firmemente sus derechos y, a pesar de la existencia de un conocido antagonismo en relación con la Cámara de los Lores , nunca extendió su mano amiga al poder real contra los legisladores hereditarios. Como resultado, el Parlamento inglés pasó ileso a los tiempos modernos tras la Revolución inglesa y fue la única institución en cuya vida se puede rastrear la transformación del principio feudal contractual en el derecho constitucional de los últimos siglos, sin embargo, ya no sería una Monarquía Tradicional, si no una Monarquía parlamentaria.

En relación con diferentes períodos de la historia rusa, los historiadores han entendido de manera diferente el contenido del concepto de autocracia y absolutismo. Por autocracia, los historiadores del siglo XV entendieron solo la ausencia de dependencia vasalla del Gran Duque de Moscú hacia el khan mongol de la Horda de Oro, y el primer autócrata en Rusia resultó ser Iván III Vasilyevich , quien derrocó el yugo de la Horda... Aplicado al primer cuarto del siglo XVI la autocracia ya se interpretó como "autocracia", cuando el poder del soberano de Moscú se extendió al territorio de toda la tierra rusa, donde los principados soberanos ya habían sido liquidados casi por completo. Solo bajo Iván IV Vasilievich la autocracia, en opinión de los historiadores, se convirtió en un régimen de poder soberano ilimitado: una monarquía ilimitada, sin embargo aún había representatividad con el Zemski Sobor convocando a las clases para reafirmar su soberanía socical, al menos hasta 1684 cuando tuvo lugar el último Zemsky Sobor en la historia de Rusia, el cual decidió la cuestión de la paz eterna con la Mancomunidad Polaco-Lituana. Después de eso, los Zemsky Sobors ya no se convocaron, lo que fue el resultado de las reformas de toda la estructura social de Rusia llevadas a cabo por Pedro I y el fortalecimiento del absolutismo. Generalmente se indican varias razones que causaron la monocracia y la autocracia (en su sentido moderno) de los soberanos de Moscú:

  1. influencias extranjeras, bizantinas y mongolas;
  2. asistencia a la unificación de Rusia por parte de diferentes clases de la población: clero, boyardos y gente zemstvo;
  3. condiciones de vida especiales del noreste de Rusia: el papel de las nuevas ciudades, origen patrimonial;
  4. cualidades personales de los príncipes de Moscú.
 
Crecimiento del Gran Ducado de Moscú de 1390 a 1525

Pero en su mayor parte, los historiadores argumentaron que a mediados del siglo XVI en Rusia no había de ninguna manera una monarquía absoluta, sino una tradicional y representativa del estado, que en Rusia no contradecía el régimen de poder ilimitado del zar,[207]​ se estableció que la autocracia rusa tenía dos características en diferente al absolutismo europeo occidental. Primero, su apoyo social era solo la nobleza de servicio, mientras que las monarquías occidentales también dependían de la clase burguesa emergente. En segundo lugar, los métodos de gestión no legales generalmente prevalecieron sobre los legales, la voluntad personal de los monarcas rusos fue más pronunciada. Al mismo tiempo, se expresaron opiniones de que la autocracia rusa es una variante del despotismo oriental. Andrey Fursov propuso ver en la autocracia un fenómeno que no tiene análogos en la historia mundial . La diferencia fundamental es que si el poder de los monarcas orientales estaba limitado por la tradición, el ritual, las costumbres y la ley; y el poder de los occidentales, incluso en la era del absolutismo, estaba limitado por la ley sobre la que se basaba todo el orden occidental (en Francia en los siglos XVII-XVIII, considerado un modelo de monarquía absoluta, el rey podía cambiar la ley, pero tenía que obedecerla), entonces el poder de los autócratas rusos era el poder de la superposición.[208]​ Sin embargo, al ser un fenómeno completamente original, la autocracia surgió bajo la influencia de las tendencias y fenómenos del desarrollo euroasiático general como una respuesta rusa a las influencias no rusas --eurasiáticas y mundiales-- (como muestra la regencia de Pedro I o Catalina II de Rusia con su despotismo ilustrado) y recibió su forma completa en interacción con las tendencias y fenómenos del desarrollo del capitalismo a nivel global. El comienzo de la formaciión de la autocracia sería la interacción de los príncipes rusos con la Horda. Rusia no pudo tomar prestada de la Horda la experiencia del poder superpuesto; no existía tal poder en la Horda. Pero la superposición era el poder de los khans de la Horda sobre Rusia, sobre los príncipes rusos, uno de los cuales, funcionalmente, dotaron de este poder. La inclusión de Rusia en el orden de la Horda cambió el equilibrio de poder en el triángulo de poder príncipe-boyardos-veche. Primero, habiendo encontrado en la persona de la Horda y sus sirvientes ese instrumento de violencia que no tenían antes, los príncipes fortalecieron drásticamente su posición en relación con los boyardos y los veche. En segundo lugar, dado que dentro del sistema de la Horda había competencia por la etiqueta, aquellos principados donde el príncipe y los boyardos no se oponían, sino que actuaban en unidad, tenían las mejores posibilidades. La "Hordeización" de Rusia condujo al surgimiento del poder Horda-Moscú, mutante en su forma. Tenía nuevas cualidades que no se encontraban originalmente ni en los poderes nómadas ni en la Rusia premongola, osea, ajeno a la tradición rusa. Primero, el gobierno central, siguiendo las instrucciones del khan, se convirtió en el único importante y real. En segundo lugar, el poder, la fuerza, la violencia se han convertido en el factor principal de la vida. En tercer lugar, este poder resultó ser el único sujeto que se encontraba en la capacidad de poder de virrey sobre toda la tierra rusa, de la misma manera, cómo la Horda misma la dominaba. Estas cualidades no fueron tomadas directamente del otro lado, sino que surgieron, aunque no necesariamente, pero naturalmente en el proceso y como resultado de la interacción del poder khan de la Horda, por un lado, y el orden ruso, la sociedad cristiana , en el otro. Las relaciones supralegales y decididas entre la Horda y Rusia duraron 250 años, un período suficiente para desarrollar formas estables de relaciones y prácticas; se considera notable que las dinastías mongolas yuan en China y los ilkanatos (Hulagus) en Persia se convirtieron en los gobernantes internos directos de estos países, experimentando la influencia local, sus órdenes, leyes, etc... prácticamente asimilando sus tradiciones, mientras que la Horda de Oro realizaba una explotación externa y remota, cobrando tributo, es decir, ejerciendo una actitud suprajurídica de voluntad fuerte. Posterior a la influencia mongola ajena a la monarquía tradicional rusa, el zarato se vuelve en imperio ruso en el gobierno de Pedro el Grande, quien lleva a cabo una reforma masiva de la administración estatal, siendo notoria una reforma de la administración de la iglesia ortodoxa rusa en el espíritu de Cesaropapismo, cuyo objetivo es eliminar la jurisdicción de la iglesia autónoma del Estado, generando la subordinación de la jerarquía de la iglesia de Rusia a la voluntad del emperador, Pedro I abolió el patriarcado y también restauró la Orden Monástica(el órgano judicial central más alto para el clero ruso), que ahora recibía las funciones de realizar todos los asuntos administrativos, financieros y judiciales de la administración de la iglesia, incluida la recaudación de ingresos monetarios y en especie recibidos de la explotación de campesinos monásticos. En 1725, en el contexto de un creciente control estatal sobre la iglesia, la Orden Monástica fue abolida y sus funciones fueron transferidas al Santo Sínodo, creado en 1721, como el cuerpo central de autoridad eclesiástica. Estos procesos prepararon objetivamente la secularización de las tierras de la iglesia, anunciada por Pedro III en el Manifiesto sobre la secularización de las tierras de la iglesia.[209]​ Los campesinos comenzaron a dividirse en siervos (terratenientes), monásticos y campesinos estatales, las 3 categorías se registraron en censos y se gravaron con un impuesto de capitación. Desde 1724, los campesinos propietarios podían salir de sus aldeas para ganar dinero y para otras necesidades únicamente con el permiso escrito del maestro, presenciado por el Comisario Zemsky y el coronel de ese regimiento que se encontrara en la zona. Así, el poder del terrateniente sobre la personalidad de los campesinos recibió una oportunidad aún mayor de fortalecerse, tomando a su disposición inexplicable tanto la personalidad como la propiedad del campesino privado. Este nuevo estado del trabajador rural recibe desde entonces el nombre de alma "sierva" o "revisionista" y en gran medida disminuyo la representación de los cuerpos intermedios de Rusia ante un alza en los poderes de los terratenientes, lo que formalizó la servidumbre e intensificó la explotación feudal. En 1722, Pedro I emitió el Decreto de Sucesión al trono donde se amplió al máximo la gama de posibles contendientes al trono. De hecho, el monarca podía nombrar a cualquiera como su heredero. Si por alguna razón no tuvo tiempo para hacer esto, la cuestión del heredero legal resultó estar abierta. Con la máxima gubernamentalización de la vida pública, la ausencia incluso en el embrión de la actividad política legal, los golpes de Estado se convirtieron en la única forma de resolver las contradicciones entre los principales componentes del absolutismo ruso: el poder autocrático, la élite gobernante y el poder de la nobleza gobernante. En las condiciones de una monarquía absoluta, la era de los golpes de palacio resultó ser la única forma efectiva de retroalimentación entre el poder supremo y la sociedad ante la falta de representatividad, más precisamente, la nobleza de su elite. Historiadores como Sergei Solovyov enfatizan la naturaleza revolucionaria de las reformas de Pedro con el objetivo de modernizar la forma de vida en 1695-1715 y para 1715-1725 enfocados en el sistema de gobierno. En general, las reformas de Pedro tenían como objetivo fortalecer el estado e introducir a la élite en la cultura europea, al tiempo que fortalecían el absolutismo, mismas transformaciones de Pedro se lograron mediante la violencia contra la población, su total sumisión a la voluntad del monarca y la erradicación de toda disidencia. Incluso Pushkin, que admiraba sinceramente al zar, le escribió que muchos de sus decretos eran "crueles, caprichosos y, al parecer, estaban escritos con un látigo", como si "escaparan de un terrateniente autocrático impaciente".[210]​ Poco a poco, entre la nobleza , fue tomando forma un sistema diferente de valores, cosmovisión, ideas estéticas, que diferían radicalmente de los valores y cosmovisión de la mayoría de los representantes de los demás estamentos, por lo que Pedro había creado un "estado policial bien ordenado"[211]​ que llegaría a ser elogiado por Voltaire[212]​ y sirvió de inspiración para Iósif Stalin.[213]

 
Castigo con un Knut (látigo), el cual dejo de aplicarse en nobles rusos con los excesivos privilegios otorgados en la Carta a la nobleza.

El Golpe de palacio en 1762 entronizo como zarina a Catalina la Grande, quien, tras las manifestaciones masivas de campesinos monásticos en la década de 1760, llevó a cabo una secularización completa de las tierras de la iglesia[214]​ y cerca de dos millones de almas de campesinos monásticos fueron transferido a la jurisdicción de la Facultad de Economía. A partir de ese momento, los campesinos monásticos pasaron a ser llamados campesinos económicos.[215]​El alto clero (episcopado) perdió su existencia autónoma debido a la secularización de las tierras de la iglesia (1764), lo que dio a las casas de obispos y monasterios la oportunidad de existir sin la ayuda del estado e independientemente de él. Después de la reforma, el clero monástico pasó a depender del estado que lo financiaba, así, el clero pasó a depender de las autoridades seculares, ya que no podían realizar actividades económicas independientes. Además, en 1773, se promulgó una ley sobre la tolerancia absoluta de todas las religiones, que prohibía al clero ortodoxo interferir en los asuntos de otras confesiones;[216]​ las autoridades seculares se reservan el derecho de decidir sobre el establecimiento de templos de cualquier religión.[217]​ Antes del reinado de Catalina, para convertirse en siervos, las personas cedían sus libertades a un terrateniente a cambio de su protección y apoyo en tiempos de dificultad. Además, recibieron tierras para cultivar, pero se les gravó un cierto porcentaje de sus cosechas para dárselas a sus propietarios, estos eran los privilegios a los que tenía derecho un siervo y que los nobles estaban obligados a cumplir. Todo esto era cierto antes del reinado de Catalina, y este es el sistema que heredó en el que se aprobaron una serie de leyes que agravaron la situación de los campesinos: Según el decreto de 1765, por desobediencia abierta, el terrateniente podía enviar al campesino no sólo al exilio, sino también a trabajos forzados, y él mismo fijaba la duración del trabajo forzado; los terratenientes también tenían derecho a devolver a los exiliados de los trabajos forzados en cualquier momento (un castigo normalmente reservado para los criminales convictos),[218]​ o el decreto del 22 de agosto (2 de septiembre) de 1767 "De estar para ayudar a las personas y campesinos en la obediencia y obediencia a sus ayudantes, y de no entregar peticiones a las propias manos de Su Majestad"[219]​ prohibió a los campesinos quejarse de su amo; los desobedientes fueron amenazados con el exilio a Nerchinsk (pero podían ir a los tribunales). Aunque hubo algunos derechos otorgados al siervo, como que si un noble no cumplía con su parte del trato, los siervos podían presentar quejas en su contra siguiendo los canales adecuados de la ley (aunque a cambio ya no podían apelar directamente a ella),[218]​ bajo Catalina "la servidumbre se desarrolló en profundidad y amplitud", lo que fue "un ejemplo de una flagrante contradicción entre las ideas de la Ilustración y las medidas gubernamentales para fortalecer el régimen de siervos".[220]​ Varios historiadores comparan la situación de los siervos de esa época con los esclavos.[221]​ Tras ello surgió la Guerra de los Campesinos 1773-1775 (el apoyo de varios grupos, incluyendo los campesinos, los cosacos y los cristianos ortodoxos de los Viejos creyentes), el cual trajo un cambio en la naturaleza de las protestas sociales por su adquisición de un carácter de clase y anti-noble. La revuelta reveló la debilidad de las autoridades locales y su incapacidad para hacer frente a los disturbios campesinos, como consecuencia se dio una reforma regional, cuyos objetivos eran fortalecer el control administrativo y policial del gobierno a nivel local, crear nuevas instituciones y modernizar las relaciones sociales de clase (la reforma fue precedida por una serie de notas presentadas al gobierno por parte de la nobleza, en las que se recomendaba multiplicar la red de instituciones y "capataces de policía" en el país)[222]​ que en muchos aspectos se alejan del corporativismo entre clases de una monarquía tradicional en que el nivel de la justicia y de la ley proclaman la igualdad, puesto que se creó un sistema burocrático más uniforme y armonioso, pero los historiadores señalan una serie de deficiencias de la reforma provincial llevada a cabo bajo Catalina II. Entonces, N.I. Pavlenko escribe que la nueva división administrativa no tuvo en cuenta los vínculos existentes de la población con los centros comerciales y administrativos, ignoró la composición étnica de la población (por ejemplo, el territorio de Mordovia se dividió entre cuatro provincias)[223]​ y las innovaciones en el tribunal fueron "muy controvertidas en esencia", y los contemporáneos escribieron que llevaron a un aumento en el tamaño del soborno , ya que ahora era necesario dar un soborno no a uno, sino a varios jueces, cuyo número aumentó muchas veces.[224]​ Además, abolió el hetmanato[225]​ y se eliminó la orden especial del Báltico, que otorgaba derechos más amplios a los nobles locales para trabajar y la personalidad de un campesino que la de los terratenientes rusos (algo que se alejaba de la defensa de las autonomías de una monarquía tradicional). En la historia de Rusia, la nobleza nunca ha sido bendecida con una variedad de privilegios como bajo Catalina II, mas específicamente tras la Carta a la nobleza que creo una asamblea para nobles que si bien se dedicaron a resolver problemas sociales locales, también que se les prohibió discutir cuestiones de estructura estatal (aunque tras la reforma de 1861, así como del surgimiento de los órganos de autogobierno zemstvo, sus objetivos se redujeron a resolver cuestiones y problemas relacionados exclusivamente con la nobleza). A pesar de ello, en la era de Catalina II, la desigualdad de propiedad aumentó enormemente entre los nobles: en el contexto de grandes fortunas individuales, la situación económica de parte de la nobleza se deterioró, casi 2/3 de todos los terratenientes en 1777 tenían menos de 30 almas de siervos y 1/3 de los terratenientes tenían menos de 10 almas; muchos nobles que deseaban ingresar a la administración pública no tenían los medios para comprar ropa y calzado adecuados.[226]​ Su legado se puede resumir con esta cita, durante el reinado de su nieto Nicolás I, del barón Brunnov, quien preparó un informe que decía: “No podemos dejar de admitir que los métodos elegidos por la emperatriz Catalina para cumplir sus planes están lejos de ser coherentes con la naturaleza de la honestidad y el honor, que ahora son la regla invariable de nuestra política..."[227]​. Con todo ello, de acuerdo con los tradicionalistas mas radicales, como los cismáticos viejos ortodoxos, Catalina II, junto con Pedro I, fueros considerada como el "zar-anticristo".[228]​ La definición oficial del sistema estatal ruso como "autocracia" y del emperador ruso como "autócrata" persistió hasta la revolución rusa.

Con la conclusión del tratado Kuchuk-Kainardzhiyskiy (1774), Rusia obtuvo acceso al Mar Negro y Crimea. Por lo tanto, no era necesario preservar los derechos especiales y el sistema de control de los Cosacos de Zaporozhia . Al mismo tiempo, su forma de vida tradicional a menudo generaba conflictos con las autoridades. Ante ello, Catalina II ordenó la disolución de Sich de Zaporozhia , que fue realizada por orden de Grigory Potemkin para pacificar a los cosacos por el general Peter Tekeli en junio de 1775. El Sich se disolvió, la mayoría de los cosacos se disolvieron y la propia fortaleza fue destruida. En 1787, Catalina II, junto con Potemkin, visitó Crimea, donde fue recibida por la empresa Amazonica creada para su llegada. En el mismo año, se creó el Ejército de los Fieles Zaporozhianos, que más tarde se convirtió en el ejército cosaco del Mar Negro, y en 1792 se les concedió el Kuban para uso eterno, donde se trasladaron los cosacos, fundando la ciudad de Yekaterinodar. Las reformas en el Don crearon un gobierno civil militar inspirado en las administraciones provinciales de Rusia central. En 1771, el kanato de Kalmyk finalmente se anexó a Rusia.

En 1861, se llevó a cabo una reforma campesina en Rusia , que abolió la servidumbre. La principal razón de esta reforma fue la crisis del sistema de servidumbre. En un ambiente de malestar campesino, especialmente intensificado durante la guerra de Crimea, el gobierno encabezado por Alejandro II fue a abolir la servidumbre. En algunas localidades, los campesinos se dedicaban a la artesanía y al comercio. Contrariamente a la opinión implantada en la historiografía soviética, los campesinos no siempre ni en todas partes se esforzaron por liberarse de la servidumbre, y entre estas razones estaba el miedo a perder el patrocinio de sus terratenientes. Entonces, de acuerdo con la observación de un contemporáneo, se negaron a pasar a la posición de los obligados por el decreto de 1842, "porque temen más al poder policial que al terrateniente, y, además, temen perder en el terrateniente no sólo a un patrón, sino también a una persona que está obligada a cuidar su alimentación y necesidades ". Los terratenientes en situaciones difíciles ayudaron a los campesinos repartiendo pan, ganado y dinero. Las cuentas de gastos almacenadas en los archivos estatales de la región de Kursk indican que la mayoría de las veces el ganado se proporcionaba a los campesinos de forma gratuita o en forma de préstamo. Al mismo tiempo, los historiadores conocen muchos casos de explotación cruel de los campesinos y tiranía de los terratenientes.[229]​ En la historiografía, hay una fuerte opinión de que la reforma ha contribuido a la formación de la llamada "franjas a rayas" - una disposición especial de parcelas de un propietario intercaladas con parcelas de otras personas. De hecho, el área rayada se desarrolló gradualmente a lo largo de los siglos y fue el resultado de la redistribución regular de las tierras comunales, especialmente cuando las familias de los hijos mayores se separaron. Lo que realmente arruinó las parcelas campesinas después de la reforma de 1861 fue que el terrateniente en varias provincias en algunos casos producía parcelas de tierra de los campesinos si el tamaño de la parcela era mayor que el tamaño de la parcela per cápita asignada a ese zona. El terrateniente, por supuesto, podría haber cedido un terreno, pero a menudo no lo hizo. Fue en las grandes propiedades donde los campesinos sufrieron esta reforma y recibieron asignaciones casi iguales a la tasa más baja.[230]​ Dicho mosaico de propiedad surgió en Rusia durante la redistribución irregular de tierras comunales del campesinado, lo que aunado a posteriores impuestos, termino avocándolos a la miseria, y teniendo que proletarizarse en las ciudades, que en el peor de los casos les hizo terminar explotados en las industrias de la clase burguesa.[231]

El estado absolutista sería un proceso importante para la modernización administrativa de ciertos países. En el campo militar, aunque tuvo algunas debilidades, fue responsable de cambios importantes. La centralización administrativa y financiera prácticamente extinguió a los ejércitos mercenarios, sin prescindir, sin embargo, del empleo de extranjeros. Creó una burocracia civil que ayudó mucho al mantenimiento de las fuerzas armadas. Desarrolló formas obligatorias de alistamiento que servirían como base para el servicio militar moderno. Al regular el alistamiento, redujo los viejos abusos. Financiaba y suministraba cantidades cada vez mayores. Finalmente, permitió la construcción de decenas de modernas fortificaciones. Sin embargo, con el absolutismo, el rey concentró todos los poderes, creando leyes sin la aprobación de la sociedad, además de impuestos y otros tributos según la situación, como un nuevo proyecto o guerra que surgiera. Además, el monarca interfería en los asuntos religiosos, en algunos casos controlando el clero de su país. Absolutismo y despotismo, aunque similares, difieren en que el absolutismo tiene una base teórica (Jean Bodin, Thomas Hobbes, Nicolás Maquiavelo) y el despotismo es una especie de corrupción del absolutismo, donde el monarca actúa deliberadamente sin ninguna preocupación teórica, social, política o religiosa; aunque pudiera recibir influencia de principios liberales en el Despotismo ilustrado.

Declive de las MonarquíasEditar

 
Escudo tradicionalista con las flores de lis, muy usadas como símbolo del legitimismo monárquico contra las republicas.

Algunos relacionan el renacimiento del tradicionalismo en Europa durante el siglo XIX con el creciente descontento con las reformas cada vez más absolutistas del siglo XVIII.[232]​ Algunos ven las referencias absolutistas en el Manifiesto persa (su artículo 134 contenía un extenso elogio de "monarquía absoluta" y "soberano absoluto") como un malentendido lingüístico,[233]​ dado que, según se informa, el párrafo en cuestión está claramente dirigido contra el poder monárquico absoluto e ilimitado, más bien representando la ejecución soberana de poderes indivisos limitados por la ley divina, la justicia y las reglas fundamentales del estado.[234]​ Algunos señalan que el absolutismo podría haber servido como una especie de íncubo para el tradicionalismo, ya que los pre-tradicionalistas apoyaron firmemente a Fernando VII durante su purga de afrancesados , revolucionarios y liberales impulsada por los absolutistas; sin embargo, aunque ambos pretendían restaurar el antiguo regimén, los tradicionalistas españoles soñaban con volver al régimen pre-borbónico,[235]​ no al despotismo ministerial de finales del siglo XVIII.[236]

Para las fechas de la Revolución Francesa y las Guerras revolucionarias francesas, se encontraba en la mayor parte de Europa no un régimen monárquico tradicional, sino un absolutismo regalista y cesarista, que conservaba algunos principios religiosos, abajo en el orden social, pero que no los expresaba en el orden político, ni por sus tendencias ni por sus propósitos, la sociedad nueva que se formaba por la Revolución en presencia del antiguo régimen, trató de establecer una doctrina sincrética que diera por un momento enlace, al menos aparente, a los representantes de los dos principios, el del régimen que caía y el del que se levantaba, y vino la teoría de las dos Cámaras, una que representaba el principio aristocrático, que llamaban arcaico, y otra que representaba el principio innovador y popular, y nacieron dos partidos, a semejanza de las dos Cámaras: uno que representaba los principios del antiguo régimen, y otro que representaba las reformas del nuevo en son de la modernidad, triunfando estos últimos con la Primera República Francesa y dejando sepultada cualquier oportunidad de restauración de monarquía tradicional con la represión a movimientos reaccionarios como la Contrarrevolución de la Vendée, la instauración del Imperio Frances manteniendo el legado de conceptos revolucionarios como la soberanía nacional dentro del nuevo régimen monárquico, y la Restauración Francesa que condujo al advenimiento de una monarquía constitucional. Posteriormente la obra política de la Revolución francesa lego principalmente la destrucción de toda aquella serie de organismos intermedios- patrimonios familiares, gremios, universidades autónomas, municipios con bienes propios, administraciones regionales, el mismo patrimonio de la Iglesia- que como corporaciones protectoras se extendían entre el individuo y el Estado. Para los monárquicos tradicionalistas, el observar como había un poder que asume toda la soberanía tras las revoluciones liberales, les hizo pensar que el estado moderno no era más que un bárbaro absolutismo con otro nombre. El fin del antiguo régimen y la introducción del liberalismo, primero a nivel europeo tras las Revoluciones de 1848 y después a nivel global tras la Guerra Fría, pone fin a al régimen monárquico histórico, real y tradicional, creando el problema internacional que todavía hoy perdura como es la decadencia del movimiento monárquico tradicional.

La Primera Guerra Mundial, hasta entonces conocida como la Gran Guerra, genero la atroz consecuencia de la caída de cuatro imperios o "coronas religiosas" (el Imperio ruso de tradición ortodoxa, el Imperio alemán de tradición protestante, el Imperio otomano de tradición musulmana y el Imperio austrohúngaro de tradición católica), siendo el golpe de gracia de los que eran el reducto de lo que ya no tenía cabida en los tiempos modernos, la alianza entre el Trono y el Altar (religión y monarquía), que caracterizaba los últimos reductos de monárquicos tradicionales para esas fechas; además, termino poniendo a un imperio en el fin de su apogeo como potencia primordial (Reino Unido) y dando inicio a un nuevo imperio de carácter republicano, puritano y capitalista como eran los EEUU en camino a ser una Superpotencia internacional.[237]​ Por otro lado, el estallido de la Revolución Bolchevique generando el auge del Movimiento socialista a nivel internacional, y la creación de la Sociedad de Naciones encaminando a un Nuevo Orden Mundial, donde los estados imperiales eran el reducto de lo que ya no tenía cabida en los tiempos modernos, inauguro la hegemonía del republicanismo cívico a nivel mundial y el laicismo se empoderaba como una tendencia. La Segunda Guerra Mundial solo terminaría por acabar a las ultimas monarquías existentes en Europa y Asia Oriental, y la derrota de las Potencias del Eje defensora del Fascismo (donde hubo algunas tendencias monarco-fascistas), termino dividiendo al mundo entre 2 propuestas revolucionarias, el Bloque capitalista y Bloque comunista, y genero como consecuencia la perdida de representación política del monarquismo en general, y al movimiento tradicionalista en particular. Los últimos reductos monárquicos en el Mundo Árabe serían en su mayor parte desprestigiados tras las derrotas en las Guerras Arabe Israelies (surgida como consecuencia de la famosa Declaración Balfour, que sería el inicio de la futura creación del estado sionista de Israel en Tierra Santa, visto como una república ilegal e ilegítima por los movimientos monárquicos tradicionales, tanto católicos como musulmanes, además del judaísmo tradicionalista), y tras la Revolución egipcia de 1952, se suscitaría la Guerra Fría Árabe, una serie de conflictos en el mundo árabe entre las nuevas repúblicas bajo el liderazgo de Gamal Abdel Nasser de Egipto, defendiendo el nacionalismo árabe, el socialismo árabe y el pan-islamismo, contra los reinos más tradicionalistas, liderados por el rey Faisal de Arabia Saudí, que sin embargo, apoyaba el modernismo islámico con la doctrina wahabista y el salafismo para fundamentar la Monarquía absoluta.

 
Escudo de armas usado por el Carlismo, movimiento que pide la restauración de la Monarquía Tradicional en España.

En la actualidadEditar

"Europa es mecanismo, neutralización del poder, coexistencia de credos, paganización de la moral, absolutismo, democracias, liberalismos, guerras nacionales o de familias, concepción abstracta del hombre, Sociedad de Naciones, ONU, parlamentarismo, constitucionalismo liberal, protestantismo, repúblicas, soberanías ilimitadas de príncipes o de pueblos. La Cristiandad era organicismo social, visión cristiana del poder, unidad de fe católica, poderes templados, cruzadas misioneras, concepción del hombre como ser concreto, cortes representativas de la realidad social entendida en cuerpo místico, sistema de libertades concretas. O sea, dos civilizaciones y dos culturas contrarias: Europa, la civilización de la Revolución; la Cristiandad, la civilización de la Tradición cristiana."
-Elías de Tejada, Qué es el Carlismo

Durante gran parte del siglo XIX e incluso a finales del siglo XX, los monárquicos tradicionalistas siguieron subrayando su posición equidistante contra una monarquía tanto Constitucional como Absoluta, al reclamar que la Monarquía Tradicional y auténtica fue sacrificada por el Regalismo y la doctrina de Razón de Estado, influyente en el pombalismo portugues, las Reformas borbonicas españolas o el josefinismo austríaco y galicanismo francés que instauraron el absolutismo ilustrado,[238]​ y por el republicanismo de las Revoluciones Liberales que seguiría degenerando el monarquismo con "republicas coronadas", en referencia a la Monarquía constitucional y parlamentaria. Apoyándose en las tesis de Julio Meinvielle de "Tres revoluciones: protestante, liberal y comunista". El movimiento pidiendo la restauración de una Monarquía Tradicional tuvo gran fuerza en Brasil entre 1920 y 1930, con la Ação Imperial Patrianovista , que creía en una "democracia orgánica" o "imperio orgánico".[239]​ Creían en un estado confesional católico y estaban dirigidos por Arlindo Veiga dos Santos , fundador de la acción.[240]​ El movimiento siempre estuvo vinculado a Pedro Henrique de Orléans y Bragança, entonces jefe de la Casa Imperial brasileña.

La doctrina sigue siendo defendida actualmente por el carlismo en España y Latinoamérica, por el miguelismo en Portugal, por el legitimismo en Francia, por el jacobismo en Reino Unido, por el neoborbonismo en Italia, por los Rojaliści en Polonia,[241][242]​ y más tarde por el integralismo lusitano en Portugal. Sin embargo, en tiempos contemporáneos, solamente Bután (hasta 2008 cuando acepto una constitución) y en menor medida algunos sultanatos musulmanes como Omán o algunos reinos africanos como Suazilandia, reacios a modernizarse, pueden considerarse como cercanos a lo que alguna vez planteo la Monarquía Tradicional. Siendo la Ciudad del Vaticano la única teocracia (además de católica) vigente en la actualidad.

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. esto no significa que un rey fuera considerado la fuente de la ley. El enfoque tradicionalista más habitual es que un rey simplemente está definiendo leyes que ya existían en el orden divino, siendo Dios la única fuente de la ley natural.
  2. para Balmes, ver, por ejemplo, González Cuevas 2016, para Gil Robles, ver, por ejemplo, Montoro Ballesteros 1970, pp.96, 98
  3. Luis Lorente Toledo, Bandos y proclamas del Toledo decimonónico, Toledo 1996, ISBN 9788487100376, p. 86; Isidoro Moreno Navarro, La antigua hermandad de los negros de Sevilla: etnicidad, poder y sociedad, Sevilla 1997, ISBN 9788447203628, p 287; José Luis Ortigosa, La cuestión vasca: desde la prehistoria hasta la muerte de Sabino Arana, Madrid 2013, ISBN 9788490114254 , p 243; José Luis L. Aranguren, Moral y sociedad. La Moral española en el siglo XIX, Madrid 1982, ISBN 9788430612123, pp. 72–73, Antonio Fernandez Benayas, Catolicismo y Politica, Madrid 2008, ISBN 9781409226789, p. 176, José Antonio Vaca de Osma, Los vascos en la historia de España, Barcelona 1995, ISBN 9788432130953, p 140; Antonio Jiménez-Landi, La Institución Libre de Enseñanza y su ambiente: Los orígenes de la Institución, Madrid 1987, ISBN 9788430635139, p. 411, Isabel Enciso Alonso-Muñumer, Las Cortes de Cádiz, Madrid 1999, ISBN 9788446008897, p. 46
  4. Manterola 1871, pág. 198, referido después de Bartyzel 2015, p. 122
  5. Bartyzel 2015, pág. 115
  6. en ocasiones definidas como autonomía o autarquía, Alvaro d'Ors, Autarquía y autonomía , [en:] La Ley 76 (1981), págs. 1-3, en la literatura más antigua la misma denominación la utilizan Gil Robles, José J. Albert Márquez, Hacia un estado corporativo de justicia. Fundamentos del derecho y del estado en José Pedro Galvao de Sousa , Barcelona 2010, ISBN 9788415929284 , p. 99
  7. Bartyzel 2015, págs. 54–4
  8. Magin Ferrer 1871, págs. 49–50, referido después de Bartyzel 2015, pág. 119
  9. que en el caso del tradicionalismo carlista ocurrió en el caso de Juan III, quien se vio obligado a abdicar en la década de 1860, o Carlos Hugo, quien fue rechazado como monarca en la década de 1970.
  10. http://www.hispanidad.info/legitimismo.htm
  11. https://carlismo.es/el-federalismo-culminacion-del-principio-de-subsidiariedad/
  12. https://www.carlistas.es/2019/01/04/6-de-enero-dia-de-la-monarquia-tradicional/
  13. https://circulohispalense.wordpress.com/2018/12/10/la-monarquia-que-anhelamos/
  14. González Cuevas 2008, pág. 1165. Durante los períodos de desorientación, por ejemplo, durante la Dictablanda , también los tribunos tradicionalistas acérrimos en ocasiones avanzaron ideas no ortodoxas, como "República en el Municipio, República en la Región o Nación, y Monarquía en la Confederación", comparar El Cruzado Español 28.03.30, disponible aquí
  15. en la doctrina tradicionalista un monarca no era representativo del pueblo (la nación), sino que ambos eran componentes del mismo ser, Bartyzel 2015, p. 61; otro planteamiento es que un monarca es ambientación de la unidad, Luis Hernando de Larramendi Ruiz, Cristiandad, Tradición, Realeza , Madrid 1951, p. 132
  16. a veces la comprensión tradicionalista de los conceptos políticos asume una dimensión trascendental, por ejemplo, la monarquía se denomina corpus mysticum, Miguel Ayuso Torres, Un aporte para el estudio de la filosofía jurídico-política en la España de la segunda mitad del siglo XX , [en:] Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada 5 (1999), pág. 81
  17. un nombre genérico que en principio podría significar también reina; otros términos monárquicos, como "emperador", son poco comunes en la literatura tradicionalista
  18. Por ejemplo, Enrique Gil Robles distinguió entre dos tipos de monarquía constitucional: la monarquía democrática (España según la constitución de 1869; su artículo 32 declaraba la soberanía de la nación y asignaba el papel ejecutivo al rey) o la monarquía doctrinaria (España según la constitución de 1876; su el artículo 18 declaraba que los poderes residían conjuntamente con Cortés y el rey), Manuel Alberto Montoro Ballesteros, La idea de democracia en el pensamiento de don Enrique Gil y Robles , [en:] Revista de estudios políticos 174 (1970), págs. 101-2
  19. Vincente Pou, La España en la presente crisis , Montpellier 1842-3, p.168, referido después de Bartyzel 2015, p. 120
  20. Víctor Pradera, El Estado Nuevo , Madrid 1935, citado después de Bartyzel 2015, p. 123
  21. González Cuevas 2008, págs. 1165–6
  22. http://www.ptta.pl/pef/pdf/o/orzechowski.pdf
  23. https://www.integralismo.org.br/?cont=781&ox=316
  24. Diccionario teológico y de sueños, de João Domingos Soares De Oliveira, Clube de Autores, 21/08/2008, p. 74
  25. https://distributistreview.com/archive/real-catholic-monarchy
  26. Según Santo Tomás de Aquino, quien, en Sobre el gobierno de los príncipes , en vista de tal tipo de monarquía, la llamada monarquía templada, afirma que la monarquía, es decir, el gobierno justo de una sola persona, es la mejor forma de gobierno, señalando que "las provincias y ciudades gobernadas por un solo rey disfrutan de la paz, florecen en la justicia y se regocijan en la opulencia". También en el trabajo antes mencionado, Aquino reflexiona sobre que la monarquía, incluso cuando ha caído, es la mejor forma de gobierno y que el gobierno de una sola persona se corrompe con menos facilidad en tiranía que el gobierno de muchos. - La monarquía tradicional, de Victor Emanuel Vilela Barbuy, en Cristianismo, patriotismo y nacionalismo, 16 de mayo de 2010
  27. Monarquía en la que reina y gobierna el rey, con su poder limitado por las asambleas donde están presentes los representantes de los grupos sociales naturales - la monarquía de la realeza y las Cortes Generales - inspirada en la doctrina social de la Iglesia sustentada en la tradición, con vigencia representación de la sociedad, podemos hablar de monarquía representativa - La monarquía representativa, de Guilherme Koehler, Promotheo Liberto, 30 de abril de 2014 .
  28. "El régimen tradicional por excelencia representa el repudio del nefasto dominio de las ideologías y la plena aceptación del Orden Natural en la Sociedad y en su evolución" - Yves de la Brière. Quels sont nos devirs envers la cité ?. París: Ediciones Flammarion, 1930, p. 150.
  29. https://www.carlistas.es/2019/01/04/6-de-enero-dia-de-la-monarquia-tradicional/
  30. http://www.hispanidad.info/legitimismo.htm
  31. J. Bartyzel, Legitymizm , [en:] Political Encyclopedia , vol. 1, ed. J. Bartyzel, B. Szlachta, A. Wielomski, Radom 2007, p. 194.
  32. Bartyzel 2015, pág. 14
  33. Rodríguez Núñez 2013, págs. 255–57
  34. Algunos tradicionalistas clave no distinguieron en absoluto entre política y religión, por ejemplo, Lluis de Llauder consideró el carlismo como la obra de la divina providencia y sus endavours políticos una especie de evangelización, Jordi Canal i Morell, El carlisme català dins l'Espanya de la Restauració: un assaig de modernització politica (1888-1900) , Barcelona 1998, ISBN 9788476022436 , p. 257
  35. Bartyzel 2015, págs. 79–82
  36. o uno de sus componentes clave, constitución histórica de la nación española - unidad católica, monarquía y fueros, para el caso de Gil Robes ver González Cuevas 2008, p. 1165
  37. Ramiro Maeztu, Defensa de la Hispanidad , Madrid 1998, ISBN 9788432131875 , p. 73
  38. véase, por ejemplo, José Álvarez-Junco, Spanish Identity in the Age of Nations , Oxford 2011, ISBN 9780719075797 , p. 234; la opinión es repetida también por académicos expertos en historia de España, ver, por ejemplo, Raymond Carr, Modern Spain, 1875-1980 , Oxford 1980, ISBN 9780192801296 , p. 1
  39. „pensamiento teocrático y antirracionalista llmado tradicionalismo”, Bermejo López, María Luisa, Ana Jiménez de Garnica, Alejandro Cana Sánchez, Juan Antonio Soria Álamo, Martínez Monasterio, Miguel, Santamaría Morales, Joaquín (eds.), Historia del mundo contemporáneo, Madrid 2010, ISBN 9788436949131, p. 47
  40. theocratic tone of Traditionalist thought”, William James Callahan, Church, Politics, and Society in Spain, 1750-1874, Harvard 1984, ISBN 9780674131255, p. 81, the rule of Carlos V on conquered territories "approached the norm of theocracy", Stanley G. Payne, Spanish Catholicism, Madison 1984, ISBN 9780299098049, p. 81
  41. especialmente para Integrismo, William A. Christian Jr, Moving Crucifixes in Modern Spain , Princeton 2014, ISBN 9781400862627 , p. 4, Stanley G. Payne, Catolicismo español , Madison 1984, ISBN 9780299098049 , p. 114
  42. Alexandra Wilhelmsen, Defensa del carlismo de la Iglesia en España, 1833-1936 , [en:] Faith and Reason 14 (1990), págs. 355–370
  43. quizás excepto algunos integristas, que rechazaron la dicotomía funcional, aunque no institucional, entre el estado y la iglesia, González Cuevas 2008, pp. 1164-1165
  44. compárese un documento de 1963 titulado El Carlismo y la Unidad Católica , dirigido a la Santa Sede firmado por José María Valiente y varios otros líderes carlistas, pero probablemente redactado por Raimundo de Miguel López y Alberto Ruiz de Galarreta, Bartyzel 2015, p. 288
  45. Documento de 1963 El Carlismo y la Unidad Católica , dirigido a Vaticvan, firmado por Valiente pero probablemente redactado por Raimundo de Miguel López y Alberto Ruiz de Galarreta, Bartyzel 288
  46. Eusebio Fernández García, Tradición y libertades (el "Manifiesto de los Persas" y sus recuperaciones tradicionalistas) , [en:] Revista de Historiografía 20 (2014), p. 144, Ayuso Torres 2015, págs. 32–33
  47. Mariano García Canales, La democracia y el repliegue del individuo: organicismo y corporativismo , [en:] Espacio, Tiempo y Forma 27 (2015), p. 47
  48. las opiniones exactas podrían haber diferido. Uno de los documentos programáticos tradicionalistas exigía que se eliminara la sección "culto y clero" del presupuesto estatal; se suponía que la Iglesia tenía suficientes derechos y medios propios que hicieran innecesaria la asistencia oficial, comparar El Cruzado Español 23.05.30, disponible aquí
  49. por ejemplo, a principios del siglo XIX se suponía que toda la educación estaba controlada por la Iglesia; a finales del siglo XIX, algunos teóricos, por ejemplo, de Mella, creían que el estado debía mantener las estructuras educativas (aunque se suponía que eran seculares)
  50. Fernández García 2014, pág. 142
  51. para Rafael Gambra ver Gabriel de Armas, Rafael Gambra y la unidad católica de España , [en:] Verbo 39 (1965), p. 553. Hay visiones ligeramente diferentes sobre Elías de Tejada; algunos afirman que se oponía a la libertad religiosa, ver Miguel Ayuso Torres, Francisco Elías de Tejada en la ciencia jurídico-política , [en:] Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada 3 (1997), p. 30, otros sostienen que se oponía a la igualdad de fe, Jacek Bartyzel, Elías de Tejada y Spinola Francisco , [en:] servicio legitymizm , disponible aquí
  52. https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html
  53. Francisco Canals Vidal, Politica española: pasado y presente , Barcelona 1977, p. 291, referido después de Bartyzel 2015, p. 286
  54. compárese con Rafael Gambra, La declaración de libertad religiosa y la caida del régimen nacional , [en:] Boletín de la FN.FF 36 (1985), págs. I – IX; más tarde se refirió al Consejo como Los heraldos del anticristo, véase Boletin de Comunion Catolico-Monarquica 11-12 (1985), disponible aquí . Véase también Francisco Elías de Tejada, Nota sobre la libertad religiosa en España [manuscrito, Sevilla 1965], a partir de Bartyzel 2015, p. 290
  55. por ejemplo, en El Pensamiento Navarro Rafael Gambra arremetió contra los clérigos por convertir sistemáticamente los sermones en conferencias políticas subversivas, aparentemente sin reacción por parte de las autoridades eclesiásticas oficiales, referidas después de Mediterráneo. Prensa y radio del Movimiento 23.03.75, disponible aquí . Las opiniones de Gambra sobre el cardenal Tarancón fueron extremadamente críticas y no se abstuvo de burlarse en público del jefe de la iglesia española, comparar un artículo con el título ya abusivo La 'cana al aire' del cardenal Tarancón , [en:] Fuerza Nueva 06.08.77. Ver también Ayuso Torres 1999, p. 85
  56. en el caso de Donoso, algunos estudiosos ven el tradicionalismo formateado como "ultramontanismo": en su caso, "consiste en la afirmación de que el orden social e histórico debe estar subordinado a la autoridad de la Iglesia Católica Romana y articulado en una jerarquía de orden divino", José Ferrater Mora, Diccionario de la filosofia , vol IV, Barcelona 2009, ISBN 9788434487970 , págs. 3554–5
  57. algunos autores afirman que el estado previsto por Pradera era todavía mucho más fuerte que el previsto por la mayoría de los carlistas, y la "soberanía" estaba reservada solo para este mismo estado, ver Martorell Pérez 2009, pp. 359-60
  58. Ayuso Torres 1999, pág. 82
  59. opinión explícita de Vázquez de Mella, ver González Cuevas 2008, p. 1165; Según Gil Robles, el surgimiento de un estado potente, como la mayoría de los países europeos de finales del siglo XIX, incluida España, se debió a la descomposición de la sociedad, incapaz de gobernarse a sí misma, García Canales 2015, págs. 21–36
  60. Rafael Gambra (ed.), Vázquez de Mella. Textos de doctrina política , Madrid 1943, p. 21
  61. Martin Blinkhorn, fascistas y conservadores. La derecha radical y el establishment en la Europa del siglo XX , Londres 2003, ISBN 9781134997121 , p. 126, Blinkhorn 2008, págs. 163-182, Jacek Bartyzel, Tradycjonalizm (hiszpański) wobec faszyzmu, hitleryzmu i totalitaryzmu , [en:] Pro Fide Rege et Lege 71 (2013), pág. 26
  62. https://circulohispalense.wordpress.com/2019/07/09/el-fascismo-una-alternativa/?fbclid=IwAR2g_at0EjBJP0wCQg176LSnLNuoea7_T6R1QBEglTbRmi_4-bF5DKT16t8
  63. José Luis Orella Martínez, Víctor Pradera; un intelectual entre los ismos de una época , [en:] Navarra: memoria e imagen , vol. 2, Pamplona 2006, ISBN 8477681791 , págs. 257–268
  64. Juan Vallet de Goytisolo, Poderes políticos y poderes sociales , [en:] Verbo 1990, referido después de Bartyzel 2015, p. 109
  65. Angel Luis Sánchez Marín, La teoría orgánica de la sociedad en el krausismo y tradicionalismo español , [en:] Eikasia 58 (2014), págs. 349–368
  66. Stanley G. Payne, Navarrismo y españolismo en la política navarra bajo la Segunda República , [en:] Príncipe de Viana , 166–67 (1982), p. 901
  67. José Fermín Garralda Arizcun, Europa y el retorno del principio de subsidiariedad , [en:] Verbo 387-388 (2000), pp. 593–630, también Rafael Gambra, Aspectos del pensamiento de Salvador Minguijon , [en:] Revista internacional de sociologia 67 (1949), pág. 414, referido después de Bartyzel 2015, p. 74
  68. Miguel Ayuso Torres, "Constitución" y "Nación": una relación dialéctica con la "Tradición" como clave , [en:] Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada 11 (2005), p. 115
  69. Bartyzel 2015, pág. 62
  70. ver, por ejemplo, la opinión de Balmes referida por González Cuevas 2016, pp. 137-158
  71. https://www.mises.org.es/2015/08/anarquia-y-monarquia/
  72. Por ejemplo, Donoso co-redactó la constitución de 1845, Aparisi, quien redactó su propia propuesta en 1871, y Pradera co-redactó una versión primoderiverista en 1928
  73. formado por el papel desempeñado por un grupo en una sociedad y relacionado con la estructura ocupacional, por ejemplo, agricultura, comercio, finanzas, militares, académicos
  74. formada por geografía, como municipios, comarcas, provincias, regiones
  75. Gambra 1949, pág. 414, referido después de Bartyzel 2015, p. 74, Llergo Bay 2016, págs. 175–182
  76. Gil Robles distinguió entre líneas de división horizontales y verticales; las primeras son en su mayoría unidades territoriales, familia, municipio, región, provincia, etc., mientras que las segundas son en su mayoría funcionales, como gremios, asociaciones, partidos, etc., García Canales 2015, pp.26, 46
  77. ver referencias a “jerarquización teleológica”, Gambra 1949, p. 414, referido después de Bartyzel 2015, p. 74
  78. Gil persiguió un concepto de relación dual; cada individuo está vinculado 1) a grupos a los que pertenece y 2) a toda la sociedad, Mariano García Canales, La teoría de la representación en la España del siglo XX: (de la crisis de la restauración a 1936) , Madrid 1977, ISBN 9788460010531 , pág. 45, García Canales 2015, pág. 25
  79. Bartyzel 2015, pág. 14
  80. Sánchez Marín 2014, págs. 349–368
  81. para Gil Robles ver García Canales 2015, p. 26
  82. los "derechos humanos" se consideran usurpación de un hombre; los únicos derechos que existen son los de la ley natural, creados por Dios, y son sus derechos los que hay que respetar. Pradera consideró la visión de Rousseau como una herejía secular, otra versión del pelagianismo, Francisco J. Carballo, Recordando a Víctor Pradera. Homenaje y crítica , [en:] Aportes 81 (2013), p. 118. Elías de Tejada a su vez yuxtapuso los fueros comunitarios españoles con las libertades individuales francesas, Samuele Cecotti, Francisco Elías de Tejada. Europa, Tradizione, Libertà , [en:] Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada 11 (2005), p. 206
  83. García Canales 2015, pág. 26
  84. García Canales 2015, págs. 21–36
  85. González Cuevas 2008, pág. 1164, Rodríguez Núñez 2013, pág. 260, Ayuso Torres 1999, pág. 85
  86. Gambra 1949, pág. 414, referido después de Bartyzel 2015, p. 74
  87. Bartyzel 2015, pág. 54, González Cuevas 2016, págs. 137-158
  88. para el caso de Vázquez de Mella ver González Cuevas 2009, p. 47
  89. https://zoldinges.net/2019/06/10/a-monarchizmus-filozofiaja-adalekok-a-hungarista-kiralykerdeshez-iii-resz/
  90. https://circulohispalense.wordpress.com/2019/12/03/fundamentos-teoricos-del-sociedalismo/?fbclid=IwAR09fPT6vag3Mmcrs3WiKXQ66aE8KOzWCWB8djXxLycq9PBilN0CnIOnZ3Y
  91. para el caso de Gil Robles ver González Cuevas 2009, p. 46, González Cuevas 2008, pág. 1165
  92. los términos utilizados fueron "autónomo" o "autarquico", en ambos casos significando autogobierno, Alvaro d'Ors, Autarquía y autonomía , [en:] La Ley 76 (1981), págs. 1-3
  93. Gambra 1943, pág. 20
  94. Por ejemplo, una visión del orden europeo posmoderno como un reino de soberanías compartidas, ejercidas por diferentes entidades, que se superponen parcialmente, se cruzan y coexisten en varios niveles, el concepto denominado Neo-Medievalisation, Pertti Joenniemi (ed.), Neo -Nacionalismo o regionalidad , Estocolmo 1997, ISBN 9789188808264
  95. Elías de Tejada, Gambra, Puy 1971, págs. 89-90, también Ayuso 2005, pág. 116. Para Elías de Tejada la nación era una tradición común, Estanislao Cantero Núñez, Francisco Elías de Tejada y la tradición española , [en:] Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada 1 (1995), p. 132
  96. Álvaro d'Ors, Una introducción al estudio del Derecho , Madrid 1963, p. 161, referido después de Bartyzel 2015
  97. La insuficiencia del nacionalismo: «Evaluación histórico-política desde el tradicionalismo católico»
  98. Carballo 2013, págs. 119–121
  99. "gremios, hermandades, agrupaciones, cámaras, comunidades y cofradías" - Gonzalo Fernández de la Mora, Elías de Tejada, el hombre y sus libros , [en:] Francisco Elías de Tejada y Spínola (1917-1977). El hombre y la obra , Madrid 1989, p. 12, Sergio Fernández Riquelme, Sociología, corporativismo y política social en España. Las décadas del pensamiento corporativo en España: de Ramiro de Maeztu a Gonzalo Fernández de la Mora, 1877-1977 [Tesis doctoral Universidad de Murcia] 2008, p. 562
  100. nació la costumbre inglesa -que, en los acrónimos XIX y XX, pasaría a la historiografía en general- de definir la monarquía inglesa como una forma de gobierno templada o mixta (prerrogativas del poder real condicionado por un régimen bicameral y periódico poder parlamentario ), en contraste con la monarquía absoluta francesa (prerrogativas del poder real no condicionado por un poder parlamentario bicameral y periódico), que es tratada como " despótica " - La distinción enciclopédica entre "Monarquía absoluta" y "Despotismo", por Alexander Martins Vianna, Revista Espaço Academic, No. 83, Brasil, abril de 2008 .
  101. https://leksika.com.ua/15540128/legal/stanovo-predstavnitska_monarhiya
  102. Gambra 1949, pág. 414, referido después de Bartyzel 2015, pp.60, 74
  103. según de Mella había 7 clases por representar, Llergo Bay 2016, p. 96, según Gil Robles eran 3, Felipe Alfonso Rojas Quintana, Enrique Gil y Robles: la respuesta de un pensadór católico a la crisis del 98 , [en:] Hispania Sacra 53 (2001), p. 224, Montoro Ballesteros 1970, pág. 93, según Pradera había 6, Orella Martínez 2006, pp. 257–68, según Donoso había 3, Bartzel 2015, p. 54
  104. González Cuevas 2009, pág. 44, González Cuevas 2008, pág. 1165
  105. para Gil Robles ver Rojas Quintana 2001, págs. 213-228
  106. que fue considerada como dictadura de la plebe, Montoro Ballesteros 1970, pp. 99-100
  107. ver Gil Robles, Oligarquía y caciquismo. Naturaleza. Primeras causas. Remedios. Urgencia de ellos (1901)
  108. apodado "Cortes organicista" o "Cortes corporatista", García Canales 2015, págs. 21–36
  109. González Cuevas 2016, págs. 137-158
  110. LA MONARQUÍA EN LA «DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA»
  111. véase, por ejemplo, La actualidad del Dios-Patria-Rey , [en:] Boletín carlista de Madrid 69 (2002), a partir de Bartyzel 2015, p. 124
  112. según los persas la democracia era un sistema inestable, Fernández García 2014, p. 141
  113. véanse, por ejemplo, referencias a la democracia en Acta de Loredan , a las que se hace referencia después de Bartyzel 2015, p. 123
  114. García Canales 2015, págs. 21–36. Véase también la declaración de 2010 de José Luis Gambra, que dice "Católico, sin duda; demócrata también, pero no a la manera en que estamos acostumbrados, con elecciones de partidos obsequiosos en los programas y tiránicos en el poder, sino a la manera de las cortes, cuyos miembros son elegidos por estamentos, entre personas conocidas que, a modo de compromisarios, defienden los intereses de municipios, gremios, regiones y reinos, y no los del partido ", disponible aquí
  115. "el derecho que corresponde a la persona superior de una sociedad para obligar a los miembros de ella a los actos conducentes al fin social, en cuanto, por naturaleza o circunstancias, sean incapaces esos miembros de ordenarse a dicho fin o bien", citado después Montoro Ballesteros 1970, pág. 95, ver también Rojas 2001, p. 221, Javier Esteve Martí, El carlismo ante la reorganización de las derechas. De la Segunda Guerra Carlista a la Guerra Civil , [en:] Revista de Historia Contemporánea 13 (2014), págs. 128–9
  116. para el caso de Donoso ver González Cuevas 2016, pp. 137–58
  117. para el caso de Pradera ver González Cuevas 2009, p. 79
  118. Cristiandad, Tradición, Realeza
  119. los más conocidos son los relacionados con la economía (barreras aduaneras o especiales, reglas de tributación separada, regulaciones comerciales específicas) y las reglas militares (servicio, servicio). Sin embargo, es posible que también se hayan referido a otras áreas, por ejemplo, ningún protestante o judío tenía derecho a establecerse en Navarra salvo en casos específicamente aprobados.
  120. Elías de Tejasa, Gambra, Puy 1971, esp. capítulos 6-10, págs. 57–91
  121. Ayuso Torres 1999, pág. 81
  122. según Pradera los municipios se agrupan naturalmente en comarcas, no en provincias; de hecho, no reconoció las “provincias” oficiales, y cuando defendió los derechos “provinciales” se refirió a “regiones”, Carballo 2013, págs. 109-10
  123. el caso de Vázquez de Mella, quien tendía a ignorar las provincias
  124. Elías de Tejasa, Gambra, Puy 1971, p. 76
  125. José María Codón Fernández, Tradición y monarquía , Madrid 1961, pp. 337–339, referido a partir de Bartyzel 2015, p. 141
  126. https://carlismo.es/juan-manuel-de-prada-autonomismo-y-federalismo/
  127. el caso de Víctor Pradera
  128. Ayuso Torres 1999, pág. 82
  129. https://carlismo.es/juan-manuel-de-prada-autonomismo-y-federalismo/
  130. el último tradicionalista registrado asesinado por ETA fue Alberto Toca Echeverría, asesinado en 1982. Para una monografía sobre la guerra de ETA contra el tradicionalismo, véase Víctor Javier Ibáñez, Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo , sl 2017
  131. González Cuevas 2016, págs. 137-158
  132. González Cuevas 2016, págs. 137-158. Llauder veía los problemas sociales como parte de una cuestión religiosa, resultado del liberalismo impío que permitía el lucro desvergonzado, traído a España por especuladores extranjeros y judíos. La economía española fue descrita como un feudalismo del dinero, con judíos que atacan a los ancianos y los caciques a sus vasallos, Jordi Canal i Morell, El carlisme català dins l'Espanya de la Restauració: un assaig de modernització politica (1888-1900) , Barcelona 1998, ISBN 9788476022436 , págs. 267–227
  133. González Cuevas 2016, págs. 137-158
  134. los tradicionalistas abogaron por la reintroducción de los gremios 100 años después de su abolición en 1834, compare Erik Nörling, La Obra Nacional Corporativa. El proyecto fracasado de estructura sindical tradicionalista en el primer franquismo, 1936-1939 , [en:] Aportes 22 (2007), págs. 98-117
  135. El traslado de la aduana estatal de la frontera entre Vascongadas y Castilla a la costa se consideró una ruptura dramática del orden tradicional, véase, por ejemplo, Carlos Larrinaga Rodríguez, Comercio con América y traslado de aduanas. El nacimiento del liberalismo económico en Guipúzcoa en la primera mitad del siglo XIX , [en:] Anales de Historia Contemporánea 21 (2005), págs. 323–344. Ya en la década de 1950, los tradicionalistas solicitaron a Franco que restaurara un llamado Concierto Económico , una especie de autonomía fiscal vasca, Iker Cantabrana Morras, Lo viejo y lo nuevo: Díputación-FET de las JONS. La convulsa dinámica política de la "leal" Alava (Primera parte: 1936-1938) , [en:] Sancho el Sabio21 (2004), pág. 165. En general, los tradicionalistas tendieron a un alto proteccionismo, apoyando medidas que impidan la penetración en el mercado español de productos y capitales extranjeros, incluidos el comercio, los ferrocarriles y la banca, comparar Acta de Loredan , González Cuevas 2008, p. 1164, Canal 1998, pág. 268. Para una muestra de propaganda tradicionalista proteccionista ver El Siglo Futuro , 03.01.1895, disponible aquí.
  136. comparar Francisco Javier Caspistegui Gorasurreta, "Esa ciudad maldita, cuna del centralismo, la burocracia y el liberalismo": la ciudad como enemigo en el tradicionalismo español , [en:] Actas del congreso internacional "Arquitectura, ciudad e ideología antiurbana , Pamplona 2002, ISBN 8489713510 , págs. 71 a 86. Durante la Tercera Guerra Carlista, algunas unidades carlistas de forma espontánea y sin ningún propósito militar específico demolieron vías de ferrocarril, práctica condenada por el demandante, que intentó llegar a un acuerdo con las empresas ferroviarias.
  137. una teoría seguida por historiadores relacionados con el Partido Carlista presenta al carlismo como un movimiento de protesta social, fundamentalmente hostil al capitalismo y al dominio de la burguesía, una especie de protosocialismo inconsciente; sin embargo, los estudiosos de esta escuela en busca del Socialismo autogestionario afirman que el "carlismo genuino" no tuvo nada que ver con el tradicionalismo, compara numerosas obras de José Carlos Clemente
  138. ver el capítulo sobre Balmes y "tradicionalismo evolutivo" en González Cuevas 2016, pp. 137-158
  139. el tema de los comunes subrayado en Steven Henry Martin, The Commonality of Enemies: Carlism and anarchism in modern Spain, 1868-1937 [tesis de maestría], Peterborough 2014, pp. 26–47, MacClancy 2000, p. 38, Renato Barahona, Vizcaya en la víspera del carlismo: Política y sociedad, 1800-1833 , Reno 1989, ISBN 0874171229 , 9780874171228, p. 170
  140. González Cuevas 2009, págs. 81–82. Sin embargo, Pradera se mostró reacia a aceptar el concepto de propiedad de acciones de los empleados, ver Orella Martínez 2012, p. 259
  141. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-879X2016000100013#:~:text=%22El%20bien%20com%C3%BAn%20%2Ddice%20expl%C3%ADcitamente,que%20existen%20en%20la%20comunidad%22.&text=As%C3%AD%2C%20pues%2C%20su%20uni%C3%B3n%20es,ordenaci%C3%B3n%20de%20los%20bienes%20particulares.
  142. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/formacion-virtual/20100720062844/boron.pdf
  143. http://www.centroedumatematica.com/aruiz/libros/Ocaso%20de%20una%20utopia/Capitulo_03/Parte_08_03.htm
  144. González Cuevas 2008, pág. 1165
  145. los problemas económicos según lo previsto por Pradera discutidos en detalle por Carballo 2013, págs. 132-142; Por otro lado, otros tradicionalistas se opusieron casi explícitamente al principio de redistribución de la riqueza, criticando la idea de que "Estado tiene derecho a participar de las utilidades de la riqueza y del trabajo de los ciudadanos", ver El Cruzado Español 23.05.30, disponible aquí.
  146. González Cuevas 2008, pág. 1171
  147. comparar numerosas referencias en Elías de Tejasa, Gambra, Puy 1971
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  175. La forma en que los académicos islamicos perdieron su exaltada condición de guardianes de la ley es una historia compleja, pero se puede resumir en el adagio de que las reformas parciales a veces son peores que ninguna. A principios del siglo XIX, el imperio otomano respondió a los reveses militares con un movimiento de reforma interna. La reforma más importante fue el intento de codificar la Shariah. Este proceso de occidentalización para modernizar el Imperio, ajeno a la tradición jurídica islámica, buscaba transformar la Shariah de un cuerpo de doctrinas y principios a ser descubiertos por los esfuerzos humanos de los eruditos en un conjunto de reglas que pudieran consultarse en un libro. [...] Una vez que la ley existió en forma codificada, sin embargo, la ley misma pudo reemplazar a los eruditos como fuente de autoridad.

  176. https://bigenc.ru/domestic_history/text/3637925
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  179. http://cristianismopatriotismoenacionalismo.blogspot.com/2010/05/monarquia-tradicional.html
  180. La voluntad o decisión de incrementar la capacidad de rey para intervenir en cada reino, fue notablemente menor entre los Habsburgo que entre los Borbones, aunque siempre tuvo momentos de mayor o menor intensidad, y llegó a explicitarse en documentos entre los que destaca el Gran Memorial del Conde-Duque de Olivares a Felipe IV en 1624:

    Tenga Vuestra Majestad por el negocio más importante de su monarquía el hacerse rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente Vuestra Majestad con ser rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto por reducir estos reinos de que se compone España al estilo y las leyes de Castilla sin ninguna diferencia, que si Vuestra Majestad lo alcanza, será el Príncipe más poderoso del mundo.

  181. Artola, op. cit.
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  231. Los campesinos vieron que estaban dotados de arena y pantanos y unas parcelas de tierra dispersas en las que era imposible cultivar ... cuando vieron que esto se hacía con el consentimiento de las autoridades estatales, cuando vieron que no había nada que misterioso artículo de la ley, que asumieron como protector de los intereses del pueblo ... luego se convencieron de que no tienen nada con qué contar con el poder estatal, que solo pueden contar con ellos mismos.

    -из речи «народника» И.Н. Мышкина на процессе «193-х» (1877)

  232. Teoría desarrollada en Elías de Tejasa, Gambra, Puy 1971, p. 29. También los estudiosos no partidistas señalan que la oposición a dar prioridad a los intereses de la Casa de Borbón sobre los de España "es lo que da lugar al nacimiento del tradicionalismo del siglo XVIII", Francisca Paredes-Méndez , Mark Harpring , José Ballesteros , Voces de España , Boston 2013, ISBN 9781285530246 , p. 199
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  235. según Elías de Tejada, la Hispanidad nació en la Edad Media, culminó durante la temprana España de los Austrias y decayó debido a la tradición centralista francesa importada por los Borbones, Cecotti 2005, p. 205
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  238. De Tocqueville, Alexis. Dos cartas a Alexis Stoffels, 4 de enero de 1856. [Sl]: Liberty Fund. Ayudados por el derecho romano y sus intérpretes, los reyes de los siglos XIV y XV lograron fundar la monarquía absoluta sobre las ruinas de las instituciones libres de la Edad Media. Solo los ingleses se negaron a adoptarlo, y solo ellos conservaron su independencia.
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BibliografíaEditar

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Enlaces externosEditar